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  • Jorge Notaro*

Dictadura, delitos y capital financiero. Uruguay, 1973 – 1984



Ilustración: "El Jugador" de Julio Castillo


Introducción


Durante la última dictadura se registró el aumento de la apropiación del excedente y de poder del capital financiero. Los poderosos construyeron normas que legitimaron sus intereses para realizar una gran estafa a la sociedad uruguaya.


En este artículo se analiza el papel que tuvo el capital financiero en los delitos cometidos durante la última dictadura. Se pueden diferenciar tres grupos. El primero y más general es la contribución del capital financiero como sostén de la dictadura. Para permanecer en el poder la dictadura tuvo como condición necesaria el financiamiento externo de bancos transnacionales y organismos financieros, apoyo que le permitió comprar lealtades, remunerar a la burocracia militar y policial, implementar políticas antipopulares y llevar a cabo una campaña sistemática de violación de los derechos humanos (Bohoslavsky, 2001:116).


El segundo y más concreto son los delitos cometidos directamente por las Fuerzas Armadas. Según el detallado análisis de Blixen y Patiño (2023) el capital financiero no tuvo un papel relevante. Los autores destacan los asesinatos, la apropiación de los bienes de los prisioneros, el chantaje, las coimas, la apropiación de fondos públicos y el contrabando. Se menciona la utilización del Riggs National Bank de los Estados Unidos para depositar dólares robados trasladados en valijas, y la colaboración de algunos banqueros como Posadas Belgrano, que no fueron importantes en la larga lista de delitos cometidos. En estos grupos de delitos no se incluye el lavado del dinero del narcotráfico porque ocurrió algunos años después. Al sistema financiero se le asignó una función de muralla que impidiera esas operaciones, rechazando los depósitos que no pudieran documentar su origen en operaciones legales. Cuando el dinero ingresa al sistema financiero es “blanqueado”, no habrá controles posteriores y podrá circular legalmente. Pero contradiciendo el poema de Nicolás Guillén, la muralla se abrió “al veneno y al puñal”, no resistió los cañonazos de los millones de dólares. Así lo señaló Oppenheimer (2001) destacando el papel del City Bank desde la década de los años noventa. Según la misma fuente, el jefe del cártel de Juárez, Amado Carrillo Fuentes, lavó dinero en Chile, Argentina e inició sus operaciones en Uruguay en 1997, contratando los servicios del estudio Posadas, Posadas y Vecino (2001:36). También se menciona la colaboración de la sucursal argentina de la consultora Deloitte.


El tercero es el proceso para transformar al país en una plaza financiera internacional adecuando la regulación y las políticas a este objetivo, lo que implicó la creciente apropiación del excedente y el aumento de poder del capital financiero, y finalmente, la socialización de los costos del fracaso del proyecto. La dictadura implementó una estrategia de supervivencia del capital financiero, principalmente con la llamada “compra de carteras”. En este plano se centrará el artículo, comenzando por definir las categorías básicas.


Las categorías de análisis


Se diferencia el sistema financiero del capital financiero. El primero es un conjunto de instituciones a través de las cuales circula el segundo; lo integran desde su origen los bancos, la bolsa de valores y la de mercancías. Se fueron incorporando instituciones públicas como los bancos centrales y al finalizar la segunda guerra mundial, los organismos financieros internacionales controlados por los Estados Unidos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. En el siglo XXI se agregaron las empresas financieras que administran patrimonios, las de seguros y que no están sujetas a las regulaciones nacionales como los llamados eurobancos instalados en paraísos fiscales; los fondos de pensiones y de inversión; instituciones internacionales como el Banco de Pagos Internacionales (Duménil y Lévy, 2009, 186:188).

El capital financiero surgió del desarrollo del “capital ficticio” definido por Marx en el siglo XIX, que desde comienzos del siglo XXI multiplicó su magnitud y la acumulación en títulos de deuda pública y creó una clase de acreedores del Estado (Chesnais, 2019).


A las características identificadas por Lenin (1957) del capitalismo en su fase imperialista, en el siglo XXI se agrega la financierización, que se puede definir como el dominio económico y político del capital de préstamo o capital a interés, que se apropia de valor sin abandonar la esfera de los mercados financieros (Chesnais, 2017). Desde fines del siglo XX el programa de la alianza de clases dominantes con la hegemonía del capital financiero priorizó la liberalización de los mercados cambiarios y de capitales, adecuando las economías a sus necesidades (Chesnais, 2019). Dirige el proceso de acumulación por su mayor poder económico y político, en las economías nacionales así como en la economía mundial (Álvarez Peralta y Luengo Escalonilla, 2011).


Las 28 instituciones financieras de mayor capital disponen de unos 50 billones de dólares, equivalente al 66% del PIB mundial. Se produjo un cambio radical en las formas de apropiación de ingresos registrándose como principales la especulación con derivados, los intereses de deuda pública y tasas sobre tarjetas de crédito (Dowbor, 2016).


En septiembre de 2021 la deuda mundial alcanzó una magnitud sin precedentes con 296.000 billones de dólares, que significan el 353% del PIB, generando preocupación por la incertidumbre sobre la futura capacidad de pago. En los países dependientes —definidos con el eufemismo “subdesarrollados”—, siguió aumentando la importancia relativa de la deuda en moneda extranjera en el total de deuda. La expansión del capital financiero alcanzó también el aumento de la deuda de los hogares, principalmente hipotecaria, como resultado del mayor precio de las viviendas (Institute of International Finance, 2021).


El proyecto de plaza financiera internacional


Hasta 1978 la dictadura logró dos resultados económicos perseguidos: el crecimiento del PIB y el equilibrio externo. La exclusión social y política de los trabajadores asalariados mediante la brutal represión de sus actividades, se completó con la exclusión económica con la transferencia de ingresos hacia el capital, que desde 1973 hasta 1980 se estima en el equivalente al 80% del PIB o a dos veces y media la masa salarial de 1968/1971. Esos ingresos se repartieron entre las diversas fracciones de capital local y extranjero (Notaro, 1984:78).


En junio de 1975 la liberalización del mercado cambiario y de capitales puso en marcha el proceso hacia la creación de una plaza financiera. Se fortaleció el sistema financiero, se reguló el funcionamiento de Casas Bancarias, aumentó la captación de depósitos en moneda extranjera y de depósitos de no residentes. Las tasas de interés reales fueron positivas, lo que desestimuló la fuga de capital y la especulación con moneda extranjera. (Notaro, 1984:43).


La estabilización de precios, condición necesaria para que el país construyera una plaza financiera, no se había logrado. El 16 octubre de 1978 se implementó un cambio profundo en la política económica que adoptó como cimiento la definición de un cronograma cambiario, conocido como la “tablita”, que anunciaba la cotización del dólar a la que el BCU se comprometía a comprar y a vender cada día durante algunos meses, en un contexto de libre movimiento internacional de capital y alto grado de apertura comercial. Se esperaba que el ingreso de capital aumentara, estabilizando el tipo de cambio y reduciendo las tasas de interés internas al nivel de las externas, cambios que sumados a la liberalización de las importaciones llevarían a la estabilidad de los precios internos y permitiría un tipo de cambio fijo, creándose así las condiciones necesarias y suficientes para la instalación de un centro financiero internacional en el país.


Los mercados no funcionaron como esperaba la tecnocracia de la dictadura, la devaluación establecida en el cronograma fue menor que el aumento de precios internos, se perdió competitividad con el atraso cambiario, se sumaron la reducción de la protección del mercado interno y la eliminación de la promoción de exportaciones. El nivel de actividad de la industria manufacturera cayó en 1981 y al año siguiente la economía ingresó en una fase recesiva con aumento del desempleo.


Las tasas de interés domésticas se ubicaron por encima de las internacionales, aumentó el costo real del crédito y la rentabilidad de la intermediación financiera, estimulando el ingreso de capital y aumentando los pasivos externos con relación al producto. Los stocks de difícil realización, el endeudamiento y la incapacidad de pagos llevaron a capitalizar los intereses vencidos, generando nuevos requerimientos de financiamiento externo sin contrapartida en expansión del nivel de actividad (Notaro, 2016:95).


Con el descenso de la inflación a 20% en 1980 comenzaron a manifestarse dificultades para el pago de los créditos, la política cambiaria perdía credibilidad, los depósitos se convertían a moneda extranjera y los bancos trasladaban el riesgo cambiario obligando a los deudores a convertir su deuda a moneda extranjera, el endeudamiento de las empresas con el sistema bancario alcanzó 80% del pbi en 1982.


El aumento del déficit en cuenta corriente y la fuga de capital deterioraron el nivel de reservas y culminaron en la incapacidad de pagos externos a fines de 1982. El 25 de noviembre el bcu dejó de vender moneda extranjera a la cotización establecida en el cronograma y se produjo una devaluación de algo más de 100% (1).


Con la devaluación se agudizaron las dificultades financieras de un sector de deudores, de los cuales el caso extremo es el de los que desarrollan actividades para el mercado interno y tienen pasivos en moneda extranjera. El libre funcionamiento de los mercados hubiera llevado a la quiebra a las instituciones de intermediación financiera y para asegurar la supervivencia del capital financiero se requirió un aumento de la intervención estatal.


La gran estafa


A principios de 1982, el City Bank y el Bank of America ofrecieron al BCU la venta de una parte de su cartera, o de lo contrario pedirían a la justicia la liquidación de los deudores en mora. Si el BCU compraba esa cartera, evitaría las quiebras y las casas centrales de ambos bancos concederían préstamos al BCU para financiar la operación (Stolovich et al, 1986) (2). Algo parecido a un chantaje.


El BCU accedió y en octubre del mismo año comenzó la compra de carteras, de estos dos bancos y de otras 21 instituciones financieras, por un total de 588 millones de dólares. Los costos de la cartera incobrable de la banca privada se transfirieron hacia el Estado uruguayo que contrajo una deuda para comprar una cartera que, en ese momento resultaba de difícil cobro y con el correr del tiempo fueron, en su mayor parte, incobrables. El City Bank y el Bank of America, como el resto de las instituciones financieras que participaron de la operación, aumentaron sus ganancias por los nuevos préstamos concedidos al BCU


Se sustituyeron los mercados por la regulación estatal en la fijación del nivel de la tasa de interés y la estructura del crédito, refinanciando la cartera de los deudores bancarios y postergando reiteradamente la liquidación como pérdida. Aumentó la participación directa del sector público en las corrientes financieras tanto a través de los bancos como de los valores públicos. El BCU intervino los directorios encargados de la gestión de las instituciones de intermediación en dificultades, respaldó las gestiones de venta y avaló su deuda externa.

El capital financiero supo convertir la catástrofe generada por la ruptura del cronograma cambiario, en una oportunidad para hacer buenos negocios. Se consolidó la hegemonía del capital financiero asegurando la supervivencia de las instituciones de intermediación así como la recuperación de los préstamos de los acreedores externos y de los depósitos bancarios de residentes en el país o en el exterior, en todos los casos, con altos niveles de rentabilidad. Cambiaron las normas y las medidas de política económica y se sustituyó el liberalismo por una intensa intervención estatal. Compartiendo el punto de vista de Ruggiero se puede decir que los poderosos construyeron normas que legitimaron sus intereses para realizar una gran estafa a la sociedad uruguaya.



* Jorge Notaro es Economista.



Notas


1. El viernes 26 la cotización del dólar establecida en el cronograma era de $13,90, ese día se decretó un feriado y el mercado cambiario no operó, reabrió el lunes 29 fluctuando en torno a los $20, siguió aumentando hasta un máximo de $44 y durante 1983 se estabilizó en torno a los $33.


2. En la obra citada se publica la lista de los deudores



Bibliografía


Álvarez Peralta, I. y Luengo Escalonilla, F. (2011) “Financiarización, acumulación de capital y crecimiento salarial en la UE-15” En Investigación Económica, vol LXX, número 276, abril – junio 2011, pp.125 – 162, Facultad de Economía, México D. F.

Blixen, S. y Patiño, N. (2023). Intrigas cruzadas. Mafia y terrorismo en las Fuerzas Armadas. Montevideo, Ediciones de Brecha.

Bohoslavsky, J.P. (2016). Los prestamistas de la muerte. En Bohoslavsky, J.P. (editor). El negocio del terrorismo de Estado. Los cómplices económicos de la dictadura uruguaya. Pp.102:121. Montevideo, Penguin Random House.

Chesnais, F. (2017). Las dimensiones financieras del impasse del capitalismo. En

http://elporteno.cl/2017/12/23/las-dimensiones-financieras-del-impasse-del-capitalismo/

Chesnais, F. (2019). La théorie du capital de placement financier et les points du système financier mondial où se prépare la crise à venir. Alencontre.

Dowbor , L. (2016). El capitalismo cambió las reglas, la política cambió de lugar. En

http://nuso.org/articulo/el-capitalismo-cambio-las-reglas-la-politica-cambio-de-lugar/

Duménil, G. y Lévy, D. (2009) “Las finanzas capitalistas: relaciones de producción y relaciones de clase” en de Brunhoff, Suzanne; François Chesnais; Gérard Duménil; Michel Husson y Dominque Lévy Las finanzas capitalistas. Para comprender la crisis mundial. Pp. 151:203. Buenos Aires, Herramienta.

Lenin, V. I. (1957). [1917]. El imperialismo, fase superior del capitalismo (ensayo popular). Beijing: Ediciones en lenguas extranjeras.

Notaro, J.(1984). La política económica en Uruguay. 1968 – 1984. Montevideo. Ediciones de la Banda Oriental.

Notaro, J. (2016). La estrategia y la política económica de la dictadura, 1973 – 1984” en Bohoslavsky, J.P. (Ed). El negocio del terrorismo de Estado. Montevideo, Penguin - Random House, 83-99.

Oppenheimer, A. 2001. Ojos vendados. Estados Unidos y el negocio de la corrupción en América Latina. Buenos Aires. Editorial Sudamericana.

Stolovich, L.; Rodríguez, J.M.; Olesker, D.; Porto, L. y Pomi, G. (1986). Compra de carteras. Crisis del sistema bancario uruguayo. Estudio y documentos. Montevideo. Ediciones de la Banda Oriental


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