Fascistas, golpistas, ¿no pasarán? O del huevo de la serpiente que eclosiona en Brasil

October 22, 2018

 Dibujo: Matías Larrama

 

El golpe político y el (re)ascenso de las derechas en Brasil

 

“Fascistas, golpistas, no pasarán!”. Con este grito, millones de brasileñas y brasileños, en las calles y en las plazas de todo Brasil, vimos en vivo, el día 17 de abril del 2016, la aprobación, por el Congreso Nacional, del proseguimiento del proceso de impeachment para el Senado Federal de la presidenta Dilma Roussef, del Partido de los Trabajadores (PT), presidenta democráticamente reelegida en 2014 con 54 millones de votos. A las 23:47 de la noche, horario de Brasília, el campo popular brasileño no lo podría creer, al que muchos decían por las calles ¡no hay riesgo de que el Senado lo apruebe! El 31 de agosto del mismo año, el Senado Federal aprobó el impeachment de Dilma Roussef, que perdió su mandato presidencial, cargo que pasó a ser ocupado por Michel Temer, su vice-presidente, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), partido que asume la delantera en la implementación del golpe político parlamentario en el país.

 

De los 367 votos de los diputados favorables al impeachment, uno (01) se destacó por ser un voto dedicado al Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra. El voto correspondía al de Jair Bolsonaro, en este entonces diputado federal por el Partido Social Cristiano (PSC) que, al votar, pronunció: “Perdieron en 64, perdieron ahora en 2016. Por la familia, por la inocencia de los niños en el aula, que el PT nunca tuvo, contra el comunismo, por nuestra libertad, contra el Foro de São Paulo, por la memoria del Carlos Alberto Brilhante Ustra, el pavor de Dilma Roussef, por el ejército de Caxias, por las Fuerzas Armadas, por Brasil arriba de todo, y por Dios arriba de todo, mi voto es sí.”

 

Las fuerzas políticas que impulsaron el golpe en Brasil articularon, de un lado, a la derecha “tradicional”, opositora, representada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y el PMDB, ambas nutriéndose del anhelo de instaurarse en el poder por la vía del impeachment. De otro, la derecha más conservadora, representada por el Partido Ecológico Nacional (PEN), el Partido Social Liberal (PSL) y el PSC, una derecha que se mantenía más subterránea y que, ante el contexto de crisis política del PT, se deparó con una coyuntura política favorable para insertarse en el campo de disputa hegemónica. Este segmento de la extrema derecha operó en un movimiento endógeno y exógeno al Congreso Nacional en favor del impeachment, sellando acuerdos internos con parlamentarios, al mismo tiempo en que impulsó un discurso político-ideológico anti-petista que generó eco en determinados sectores de la sociedad.

 

La declaración de Bolsonaro al dar su voto favorable al impeachment reúne un conjunto de elementos que caracterizan a un discurso fascista y que estructuraron y estructuran el proceso del golpe político y el de las elecciones presidenciales del 2018. Aquí plantearé algunos elementos para promover el debate y, sobre todo, para retomar la necesaria revisión teórico-política del fascismo de forma de comprender, en clave latinoamericana, hasta qué punto es válido afirmar que los fascistas no avanzaron o no pasarán.

 

 

Golpe político y el auge de la ultra derecha en Brasil

 

En su profundo análisis acerca del fascismo italiano, Antonio Gramsci enfatizó que las matrices del fascismo eran producto de la historia nacional, de la geopolítica de la 1ª Guerra Mundial y de las transformaciones en las relaciones productivas del capitalismo (Gramsci, 1975). En esa dirección, el pensador italiano distinguió al menos tres niveles del fascismo (Liguori y Voza, 2017): como ideología, al pretender eliminar el conflicto social por medio de la hipóstasis de la nación; en tanto canon o forma de dominio y como producto de una fase histórica abierta por la crisis orgánica del capitalismo. Para Gramsci (1975) el fascismo estaba asociado a la desagregación política de un determinado bloque histórico, es decir, a la crisis de hegemonía de las fuerzas progresistas, antes consideradas clases dirigentes. Al analizar Italia y el ascenso de Mussolini, Gramsci advirtió sobre las consecuencias de la separación entre clases y partidos, lo que permitió al fascismo consolidarse como una técnica de gestión de nuevas formas de conflicto, manifiestas en una autonomía de la política frente a la economía (Liguori y Voza, 2017). Retomar el análisis gramsciano es fundamental para interpretar la dialéctica de la disputa hegemónica en un contexto de golpe político e identificar qué factores determinan el avance de las fuerzas políticas conservadoras, además de la amenaza de instauración del fascismo en Brasil.

 

Entre los sectores conservadores que rápidamente se posicionaron en la disputa político-ideológica, se destaca el Movimiento Escuela Sin Partido, creado en 2004(3), responsable de Proyectos de Ley (PL)(4) que tienen por objetivo combatir lo que denominan “el adoctrinamiento ideológico” y eliminar el debate de carácter ideológico del ambiente escolar y universitario, por medio de la restricción de contenidos del currículum y basado en el argumento de una pretendida neutralidad del conocimiento. En su página web(5) plantean el combate a la teoría crítica marxiana, al socialismo, al comunismo y al pensamiento educativo-pedagógico de Paulo Freire(6). Además de Karl Marx y Paulo Freire, la ofensiva va en contra del debate, en el ámbito de las escuelas, acerca del género, la diversidad sexual y de los derechos de la comunidad LGBTQ, o mismo el abordaje sobre la democracia y la participación política. Por tal razón defienden una reforma curricular, que elimine asignaturas como Sociología y Filosofía, consideradas “peligrosas” por su contenido “ideológico”.

 

Los ataques y persecuciones políticas del Movimiento Escuela Sin Partido son dirigidos, a menudo, a los sindicados de profesores (de la educación básica y universitaria), a los partidos de la izquierda brasileña, sobre todo al PT, al Partido Comunista de Brasil (PCdoB) y al Partido Socialismo y Libertad (PSOL), además de las organizaciones y movimientos populares, especialmente el Movimiento Sin Tierra (MST). Y si bien el Movimiento Escuela Sin Partido existe hace más de una década, su vertiginosa visibilidad se dio en el momento previo al golpe político del 2016. Jair Bolsonaro está entre las figuras políticas que encabezan el discurso ideológico de ese movimiento, uno de los mayores fomentadores de ideas fascistas que atentan, directamente, a los derechos de la comunidad LGBT y de los movimientos feministas. Jair Bolsonaro menosprecia los derechos humanos al defender el uso radical de la tortura (incluso con un discurso de veneración a regímenes dictatoriales), al defender la disminución de la mayoridad penal, el armamento civil, además de diseminar discursos de odio y criminalización de las luchas sociales, en especial, del MST, y de fomentar permanentemente la misoginia y la cultura de la violación.

 

En las elecciones de 2018, Jair Bolsonaro se candidateó a la presidencia por el PSL e incluso antes de oficializar su candidatura ya figuraba en segundo lugar en las encuestas políticas previas(7). El inesperado auge político de la derecha y, en particular, de la ultra derecha, sorprendió la izquierda brasileña. Al inicio había dudas si efectivamente se trataba de un discurso con características fascistas. Sin embargo, inmediatamente otros grupos se posicionaron, por ejemplo Libres, tendencia política interna del PSL(8), y del PEN, que cambió su sigla partidaria a Patriota. Este último es responsable de la difusión de videos en las redes sociales que no dejaron margen a cualquier otra duda: no sólo es un discurso fascista, sino que además se aproxima a la ideología neonazista. La antropóloga Adriana Dias realizó un amplio estudio acerca de la diseminación de grupos neonazistas brasileños.

 

Conforme Dias (2007) existen más de 4 mil páginas web neonazistas en dominio brasileño, autonombradas de células o brazos de grupos neonazistas estadounidenses, de Rusia, Ucrania y del Este Europeo. Entre aquellos que lideran la lista, están Combate 88, White Power São Paulo, White Power Sul, War (White Arian Resistance), Front 88, Kombat Rac, Impacto Hooligan y Azov, considerados los más extremistas y con fuerte actuación en las regiones sur y sureste de Brasil. Además de la negación del holocausto, éstos grupos fomentan un discurso de odio hacia los brasileños del nordeste del país, racista hacia los indígenas y la población negra, y son sumamente homofóbicos y misóginos. Adriana Dias enfatiza que la elección de Donald Trump, en Estados Unidos y la visibilidad política de Bolsonaro en Brasil, impulsaron el crecimiento del neonazismo en el país. Destaca lo que ella denomina como mapa de la intolerancia, que expresa una expansión de simpatizantes del neonazismo en Brasil: entre 2002 al 2009 el número de sitios que vehiculizan informaciones de interés neonazista subió 170%, es decir, de 7.600 a 20.502. En el mismo periodo también se incrementó en 42.585% los comentarios de simpatizantes del nazismo en esos fórums.

 

El crecimiento de la extrema derecha y de un discurso social racista y discriminatorio favoreció el fortalecimiento de los grupos neonazistas. Es posible interpretar que estos grupos cementan una base ideológica absorbida por el discurso de la extrema derecha en el afán de atraer la atención político-ideológica de un potencial segmento electoral. Un ejemplo de esa simbiosis política fue el acto en apoyo a Bolsonaro realizado por grupos neonazistas y neofascistas en la entrada del Museo de Arte de São Paulo (MASP), en abril de 2011. Denominado como “acto cívico”, el evento fue convocado por el grupo neonazista White Pride World Wide: “vamos dar nuestro apoyo al único diputado que choca de frente con estos libertinos y comunistas. Será un manifiesto cívico, por lo tanto, lleven la familia, esposas, hijos y amigos”(9). Es menester destacar la ausencia, en la legislación brasileña, de una ley que tipifique el crimen de odio, lo que conlleva a la impunidad de estos grupos.

 

 

Las elecciones presidenciales en Brasil

 

La impopularidad de Michel Temer, de 96%, expresa el rechazo nacional a su política de austeridad con amplio apoyo parlamentario. Ello posibilitó al bloque democrático-popular un mayor margen en la movilización nacional en favor de la elección de Lula da Silva en las elecciones presidenciales de 2018. Sin embargo, ante la inminente derrota electoral de la derecha, esta consolidó el golpe político en el campo jurídico, es decir, impidiendo la candidatura de Lula da Silva. Juristas brasileños han denunciado ampliamente la segunda fase del golpe político como lawfare(10), es decir, el uso indebido de recursos jurídicos para fines de persecución política. El 7 de abril del 2018, Lula da Silva se presentó en la sede de la Policía Federal, confirmando su prisión política.

 

La prisión de Lula da Silva fue un segundo golpe político para la democracia brasileña y un total desprecio por el deseo popular, dado que era el candidato preferido del pueblo brasileño. Bajo la consigna “!Elecciones sin Lula es fraude!”, el campamento Lula Libre y la Marcha Nacional Lula Libre, articulados por el PT, el MST y el Levante Popular de la Juventud, constituyeron un momento político decisivo en la reivindicación del registro de la candidatura de Lula da Silva en el Tribunal Electoral. Con la negativa de la candidatura, el PT finalmente registró a Fernando Haddad (PT) y a Manuela D’Avila, del PcdoB, a la vice-presidencia.

 

Por otro lado, la candidatura por el PSL de Jair Bolsonaro y su candidato a vice-presidente, el general Hamilton Mourão, demarcaron el tono fascista de la ultra derecha de cara a la contienda presidencial. El slogan de su campaña política “Brasil arriba de todo. Dios arriba de todo” es de inspiración nazista. En la Alemania nazista, Hitler repetía en sus discursos “Deutschland über alles” – Alemania arriba de todo – frase que incluso estuvo presente en el himno nacional alemán hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, el discurso político de Bolsonaro de combate a la corrupción, de odio hacia el comunismo y a los homosexuales se asemeja al discurso de Hitler en Alemania. Ahora bien: ¿qué otros elementos figuran en el discurso político de Bolsonaro y que caracterizan a un fascismo a la brasileña?

 

Un elemento histórico que fundamenta al discurso político fascista de Bolsonaro consiste en lo que ha representado la dialéctica de la “Casa-Grande y la Senzala” y la falsa democracia racial que aún no fue superada en la cultura política nacional. La historia de 380 años de esclavitud cobra su precio en un racismo enraizado en el imaginario social de la sociedad brasileña e institucionalizado en el Estado, que determina la posición a ser ocupada en el (no) acceso a los derechos conforme el color de piel y la clase social. En esa dirección, pese a la política de conciliación de clases que caracterizó a los gobiernos del PT, algunos programas, por ejemplo el Programa Beca Familia(11), y de aquellos relacionados a la democratización del acceso a la educación superior, como el Programa Nacional de Educación en la Reforma Agraria (PRONERA), el ProUni y la política de cuotas universitarias permitieron la inserción de jóvenes negros, indígenas, campesinos y de las capas populares a las universidades públicas, reducto histórico de la élite brasileña o, en las palabras del MST, el latifundio del saber y del conocimiento. Asimismo, también en el marco de los gobiernos del PT fueron aprobadas la Resolución Nº 175/2013 para la unión estable entre personas del mismo sexo y la Ley Complementaria 150, en 2015, que asegura a las trabajadoras domésticas derechos laborales, como el aguinaldo, el Fondo de Garantía por Tiempo de Servicio (FGTS), el adicional nocturno, el seguro-desempleo, jornada semanal de 40h, entre otros derechos.

 

Es menester destacar que el acceso a la educación universitaria es una base fundamental para la movilidad social, a la vez que promueve la ruptura con determinados monopolios del conocimiento y permite ingresar a otras esferas del espacio público. Si observamos procesos revolucionarios la Revolución Cubana y la Revolución Sandinista, la educación constituyó el corazón de la reforma intelectual y moral, en clave gramsciana, en la construcción de una conciencia crítica y en la formación del sujeto histórico-político del proceso revolucionario, en la concepción teórica y en la elaboración de las estrategias políticas para consolidar la democracia, y en la aprehensión de los derechos humanos, civiles y políticos. Hacer la apuesta en la formación educativa de una sociedad constituye un camino necesario para la permanencia del legado, de una memoria histórica de procesos políticos de largo aliento, en que personas lleven consigo, por décadas, la consciencia histórica del papel político de la educación para la construcción y consolidación de procesos emancipatorios.

 

En una sociedad que se estructura bajo el racismo y el clasismo, fue inadmisible que la juventud contemplada por estos programas estuviese en los mismos espacios que aquella proveniente de la clase media y rica. ¡Y qué decir con respecto a los derechos laborales para las trabajadoras domésticas, lugar mayormente ocupado por las mujeres negras, clara expresión de que la senzala persiste en la “dependencia para empleadas domésticas” de los departamentos y casas de las zonas más ricas de las ciudades brasileñas. En un país en que todavía no se consolida, en la conciencia social, el significado humano y político de la Ley Aurea(12), ¿cómo avanzar en una reforma intelectual y moral de base popular, tomando en las manos las políticas públicas?

 

En base a estos elementos propios de la historia política brasileña, es posible afirmar que el discurso anti-PT accionado por Jair Bolsonaro expresa el odio de clase de las élites nacionales y de la pequeña burguesía brasileñas frente al “atrevimiento” del PT que abrió caminos para que pobres, negros, indígenas y mujeres pudiesen salir de la posición social que históricamente les fue asignada. Un discurso basado en la inferiorización de la población negra e indígena(13): “si asumo, los indios no tendrán ni un centímetro más de tierra”(14), o aún al afirmar que la población negra sólo sirve para procrear, además de compararles a animales de carga(15). El carácter misógino y homofóbico también da la tónica del discurso de Bolsonaro, es decir, una narrativa política que enfatiza la supremacía blanca patriarcal heteronormativa. Y pese la amplia denuncia por parte de los partidos de izquierda, movimientos populares, movimiento de mujeres, indígenas, quilombolos, artistas e intelectuales, entre otros sectores en el ámbito nacional e internacional, en las elecciones presidenciales se logró garantizar una segunda vuelta, pero con un porcentaje sorprendente de votos para Jair Bolsonaro (46%) frente a Fernando Haddad (29,3%).

 

Frente a este escenario, ¿sería posible afirmar que 49.276.896 de los electores (que corresponde a los 46%) son fascistas? Desde mi punto de vista, ese resultado más bien debe volverse un insumo para retomar el estudio teórico y político del fascismo, para una traductibilidad, una interpretación crítica del reascenso de las derechas en América Latina y de la ultra derecha en Brasil. Por otro lado, no debemos tener recelo en afirmar que Bolsonaro logró articular la convergencia de una moral social identificada con su discurso fascista, misógino, homofóbico, racista y clasista, es decir, un discurso que anhela un gobierno que legitime sus propios valores. En otros términos, debemos admitir que Brasil es un país conservador, racista, clasista, misógino y homofóbico, lo que expresa la falacia del mito de la democracia racial tal cual fue analizada por Florestan Fernandes (1995).

 

 

Símbolos del fascismo

 

Quisiera destacar algunos episodios políticos previos y posteriores a la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 2018:

  1. La prisión política de Lula da Silva: el lawfare constituyó la simbología del poder omnipresente de la Justicia brasilera y de su capacidad de frenar o mismo aniquilar la democracia, encarcelando a un potencial candidato de la izquierda. La sentencia condenatoria de Sergio Moro no planteó pruebas capaces de sostener la tesis de corrupción pasiva, lo que hiere un principio básico del derecho relacionado a la teoría de la comprobación de un crimen. La acción jurídica tuvo amplio apoyo mediático y reiteradas veces, tanto el juez Sérgio Moro, como políticos vinculados a la oposición golpista, afirmaron tener convicción del crimen [¡en lugar de pruebas!].

  2. El asesinato de la concejal Marielle Franco, del PSOL, en marzo del 2018: crimen bárbaro de repercusión internacional, sobre todo por su simbología, dado que Marielle, mujer negra y lesbiana, era una voz política fundamental en la defensa de los derechos humanos y en la denuncia permanente de la violación de derechos para la población negra y LGBT, además de la violencia policiaca en las periferias urbanas. Una semana antes de las elecciones, dos hombres (uno de ellos, el candidato electo a a diputado estadual por Río de Janeiro, Rodrigo Amorim del PSL, que vestía una camiseta con la foto de Bolsonaro) partieron en dos partes una placa de calle en homenaje a Marielle Franco y postearon en las redes sociales una foto que muestra orgullosamente la placa rota, como quien alza un trofeo. Romper la placa simboliza un segundo asesinato de Marielle Franco, al negar la existencia de su memoria política, a la vez en que se saluda a la muerte de luchadores sociales.

  3. Incendio del Museo Nacional de Rio de Janeiro: si consideramos que la tónica del discurso fascista de Bolsonaro es la negación de la historia, no hay símbolo mayor de lo que representó el incendio del más importante museo nacional. Bolsonaro y sus seguidores niegan el proceso de colonización de Brasil, la existencia de la dictadura militar, de la esclavitud, entre tantas y tantas otras afirmaciones que atentan contra la memoria histórica del país. Por otro lado, también es doloroso constatar que una amplia porción de la sociedad brasileña ignora su propia historia, reproduciendo los discursos de que no hubo dictadura militar en Brasil. O aún aquellos que salen a las calles pidiendo el regreso de la dictadura militar, con pancartas que dicen: “el error de la dictadura fue torturar y no matar”.

  4. El anti-feminismo: además de Jair Bolsonaro, otros candidatos políticos, hombres y mujeres, sostuvieron sus campañas políticas con un discurso frontal en contra del feminismo. Incluso se realizó el 1º Congreso Antifeminista de Brasil, organizado por Sara Winter, ex integrante del Femen y que fue candidata a diputada federal por el DEM.

  5. Asesinato de Romualdo Rosário da Costa, algunas horas después de las elecciones: conocido como Mestre de Capoeira Môa do Katendê, fue asesinado con 12 cuchilladas por un elector de Bolsonaro, al declarar su voto a Fernando Haddad.

  6. Cánticos en las estaciones de metro que prometen matar homosexuales.

  7. Aprobación del Decreto Presidencial Nº 9.527, de 15 de octubre del 2018, en que se determina una Fuerza Tarea de Inteligencia para “el enfrentamiento del crimen organizado en Brasil, con las competencias de analizar y compartir datos y de producir relatorías de inteligencia con el objetivo de subsidiar la elaboración de políticas públicas y la acción gubernamental en el enfrentamiento de organizaciones criminales que afrontan el Estado brasileño y a sus instituciones”(16). El Decreto nos hace recordar a los Actos Institucionales durante la dictadura militar en Brasil, bajo la responsabilidad del Destacamiento de Operaciones de Información – Centro de Operaciones de Defensa Interna (DOI-CODI).

 

Al incitar el odio durante toda su campaña electoral, incluso con gestos que aluden a una ametralladora, Jair Bolsonaro autorizó, en el plano simbólico, un plano de exterminio de todos aquellos que materializan la objetivación del odio, especialmente el MST(16), los partidarios del PT y LGBT. Eso demuestra que la barbarie está más allá de argumentos racionales, una vez que no hace falta incluir en un plano de gobierno propuestas que hacen referencia directa a planteos genocidas. Basta con decir que “bandido bueno es bandido muerto” o que “prefiero un hijo muerto que maricón”.

 

Según la ONG Transgender Europe (TGEu) y el Grupo Gay de Bahía(17), Brasil es el país donde más travestis y transexuales son asesinados en el mundo. La misma fuente indica que, en 2017, se registraron 445 homicidios. Asimismo, según la Secretaría de Derechos Humanos de la República (SDR), hubo un incremento de 94% de las denuncias de violencias hacia gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y travestis entre 2015 y 2016, con casos que incluyen abusos psicológicos, discriminación y violencia sexual(18). Después del 7 de octubre de 2018, se intensificaron los discursos de odio, los símbolos del nazismo y los ataques a electores del PT y a la población LGBT en diferentes ciudades de Brasil.

 

 

La eclosión del huevo de la serpiente

 

En la década de 1980 del siglo XX, Florestan Fernandes (1981) analizó la larga tradición del potencial fascismo en América Latina, considerando una tendencia a veces ignorada por los intelectuales, que centraron esfuerzos en analizar los casos de Italia y Alemania. En su análisis, el fascismo puede ascender en el contexto del uso estratégico del espacio político y de una supuesta democracia de corte republicano y constitucional, que legitima un estado de excepción por medio de leyes y decretos, con apoyo directo del Poder Judicial, que pasa a determinar las reglas jurídicas de forma despótica. En ese sentido, Florestan argumentó que el fascismo se instala como una realidad histórica al introducirse en la lógica constitucional y legal del Estado, al ser sancionado por las costumbres y por las leyes, operando como fuerza social.

 

Bajo la premisa de Florestan, cabe preguntarse: ¿Logramos que no pasen los golpistas y los fascistas en las elecciones del 2018? Para pensar esta pregunta, es central demarcar cuales son los bloques políticos hegemónicos en el Congreso Nacional y en el Senado y su base político-ideológica:

  1. Bancada Ruralista: campo hegemónico de las entidades vinculadas al sector empresarial del agronegocio, como el Frente Amplio de la Agropecuaria Brasileña (FAAB), entidad que aglutina otras tres preexistentes, la Confederación de la Agricultura y Pecuaria de Brasil (CNA), la Sociedad Rural Brasileña (SRB) y la Organización de las Cooperativas Brasileñas (OCB), ésta considerada una de las entidades más fuertes de la burguesía agraria brasileña;

  2. Bancada Evangélica: campo hegemónico de diputados vinculados a iglesias cristianas católica y evangélicas(19), y que articula pautas políticas de combate a la igualdad de género, al matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo, combate a la eutanasia y en contra de la legalización del aborto;

  3. Bancada Armamentista: campo hegemónico de diputados vinculados a los órganos de seguridad pública (fuerzas armadas y policía). Defienden la reducción de la mayoridad penal, acción más ostensiva de la policía militar en el combate a la violencia en las periferias, revocación del estatuto del des-armamento, además de criticar la defensa de los derechos humanos.

 

En el Congreso Nacional y el Senado lograron hegemonía las fuerza de derecha y las pautas políticas alienadas con el discurso político de Bolsonaro. Por lo tanto, independiente del resultado electoral de la 2ª vuelta de las elecciones del 28 de octubre, los huevos de la serpiente eclosionaron, garantizando la presencia de golpistas y fascistas en el Estado. Obviamente anhelamos una victoria política de la democracia, aunque eso no nos brinde la seguridad necesaria de la gobernabilidad.

 

Frente al quiebre de los mecanismos institucionales para el ejercicio de la democracia y el ascenso de la derecha conservadora fascista, el bloque democrático-popular se encuentra en una encrucijada política, dado que parte de la crisis de representatividad institucional del Estado es resultante de la estrategia política de conciliación de clases del PT. En el escenario del impeachment, una de las estrategias articuladas por el MST y otras organizaciones populares y sindicales para enfrentar el golpe y el avance de la ultra derecha fascista fue recuperar la experiencia del Frente Popular(20). En ese sentido, existen en Brasil tres grandes frentes que articulan agendas políticas permanentes, sea para avanzar en el análisis coyuntural de los dilemas de la democracia brasileña en el contexto del golpe, como también en el conjunto de manifestaciones y actos políticos anti-fascistas: el Frente Brasil Popular, el Frente Nacional de Movilización Pueblo Sin Miedo y el Frente de la Izquierda Socialista.

 

Tenemos desafíos por delante, entre ellos, la reconstrucción de la unidad popular y de una nueva estrategia política para la clase trabajadora; retomar el trabajo de formación de base para fortalecer la organización de la clase trabajadora en el campo y la ciudad; desarrollar procesos de formación política para ampliar y fortalecer los cuadros políticos y organizativos; construir la solidaridad de clase y reafirmar la democracia como proyecto político

 

Los vientos del fascismo soplan y cada vez con más fuerza, en una tendencia que no se limita al contexto brasileño, dado que estamos ante un retorno de las derechas en escala internacional. Curiosamente, el reposicionamiento de las derechas encuentra terreno favorable en las contradicciones y crisis de dirección política de los gobiernos progresistas latinoamericanos, notoriamente en su estrategia de pactos conservadores, precisamente por la imposibilidad de diálogo entre clases antagónicas.

 

Florestan Fernandes (2008) advirtió que cualquier perspectiva de desarrollo en Brasil se depara con intereses de clase. Históricamente, la ausencia de procesos revolucionarios, a propósito del proceso independentista, en una revolución burguesa o una revolución popular agrava la supremacía de los intereses de clase de determinado círculo social, conllevando a procesos de adaptación a la estructura y a la dinámica del poder. En un país caracterizado por un largo periodo colonial, en el cual el latifundio y la esclavitud se consolidan como matriz cultural y político-económica, regulada por un Estado esclavista que perduró 380 años, es más que esperable la metamorfosis de la aristocracia agraria en una burguesía agraria vinculada al capitalismo transnacional, característica de la clase política hegemónica en Brasil en nuestros días. También se espera que las contradicciones de la evolución histórica del capitalismo se expresen en el mundo rural y que la cuestión agraria permanezca como problemática irresuelta en el marco de un proyecto popular emancipatorio.

 

La lucha de clases se organiza en el ámbito de las contradicciones de las relaciones sociales y político-económicas del capitalismo y de transición al socialismo. En el caso brasileño, el escenario de la lucha de clases está caracterizado por el enfrentamiento entre fuerzas políticas de dirección burguesa (con hegemonía en el contexto de alianza nacional-popular) y aquellas de carácter conservador, en sintonía con los intereses de la burguesía local y del capital transnacional. En esa dirección, la lucha de clases acontece por una vía institucional dada la ausencia de una fuerza política social de carácter popular con capacidad de disputar el Estado. En ese aspecto reside el gran límite de una política de conciliación de clases, una vez que no es suficiente tomar el poder (en realidad el gobierno) cuando no se promueve una transformación radical de los mecanismos de reproducción de la hegemonía burguesa.

 

El Estado brasileño históricamente tuvo como papel sustituir a las clases sociales con potencial de dirección política, centrando en sí la regulación de la agenda política de las clases económicamente dominantes, es decir, de tener una función de dominio y no de dirección política. Por lo tanto, en este país las transformaciones siempre fueron resultado de un desplazamiento de la función hegemónica de una a otra clase dominante, éstas oscilantes en los diferentes periodos históricos, empero siempre complementarias en sus alianzas políticas. En esa dirección, cupo al Estado la tarea de controlar a los sectores populares, en lo que Gramsci (1975) traduce como revolución pasiva, que presupone el fortalecimiento del Estado en favor de las fuerzas hegemónicas y el ejercicio del transformismo como modalidad de desarrollo histórico que excluye, como condición sine qua non, a las masas populares.

 

Veremos si al final de la segunda vuelta electoral, valdrá para nosotros la clásica frase de Gramsci: ante el pesimismo de la razón, el optimismo de la voluntad.

 

 

* Socióloga brasileña, doctora en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Docente en el Programa de Pós-Graduação em Sociologia, de la Universidade Estadual do Ceará (UECE). Investigadora del Programa Alternativas Pedagógicas y Prospectiva Educativa en América Latina (APPeAL-UNAM). Es autora de numerosos trabajos sobre educación y movimientos sociales, entre otros, el libro "Educación, resistencia y movimientos sociales: la praxis educativo-política de los Sin Tierra y de los Zapatistas" (Ciudad de México: LIBRUNAM, 2015). Correo electrónico: lia.pbarbosa@gmail.com

 

 

Notas

(1) Y 137 en contra.

(2) Torturador de la dictadura militar brasileña, exjefe del Destacamiento de Operaciones de Información – Centro de Operaciones de Defensa Interna (DOI-CODI), órgano subordinado al Ejercito, de inteligencia y represión durante los años de la dictadura militar en Brasil (1964-1985).

(3) Su ideador es Miguel Nagib, abogado y Procurador del Supremo Tribunal de São Paulo. Hoy día cuenta con el apoyo de la derecha brasileña, además de otras fuerzas políticas articuladas por las iglesias evangélicas y otros sectores conservadores del país.

(4) PL 193/2016, PL 1411/15 y PL867/2015.

(5) Sitio web del Programa Escuela Sin Partido: http://www.programaescolasempartido.org/

(6) De igual manera, estimulan a sus seguidores a denunciar con videos u otros medios digitales, lo que nombra “adoctrinamiento marxista”. En esa dirección, la página posee un banco de datos de artículos que se posicionan frontalmente en contra de una educación para la conformación de una conciencia crítica y para la emancipación humana.

(7) En encuesta del Instituto Datafolha, realizada a fines de 2017, Lula da Silva asumía el liderazgo de las intenciones de votos para la Presidencia, con 36%, en 2º lugar estaba Jair Bolsonaro, con 18% y en 4º lugar, Gerardo Alckimin (PSDB), con 7% de intenciones de voto.

(8) En enero de 2018, el Libres comunicó su desvinculo con el PSL en razón de la aproximación del partido con Jair Bolsonaro.

(9) Neonazistas ajudam a convocar “ato cívico” pró-Bolsonaro em São Paulo. Disponible en: https://noticias.uol.com.br/politica/ultimas-noticias/2011/04/06/neonazistas-ajudam-a-convocar-ato-civico-pro-bolsonaro-em-sao-paulo.htm. Traducción propia.

(10) Juristas denunciam “lawfare” no Brasil através de carta internacional. Disponible en: http://www.redebrasilatual.com.br/politica/2018/01/juristas-denunciam-lawfare-no-brasil-atraves-de-carta-internacional

(11) Programa que logró sacar de la pobreza a 40 millones de brasileños.

(12) Ley Imperial nº 3.353, sancionada en 13 de mayo de 1888, y que determina la extinción de la esclavitud en Brasil.

(13) Incluso, en los inicios del pensamiento social brasileño, que sería una génesis de la sociología brasileña, Olivera Vianna publicó Poblaciones Meridionales, escrito en que afirma que el retraso político-económico de Brasil al inicio del siglo XX era consecuencia de la presencia de la “raza” negra e indígena en nuestra formación histórica.

(14) Bolsonaro: “se eu assumir, índio não terá mais 1cm de terra”. Disponible en: http://www.esquerdadiario.com.br/Bolsonaro-Se-eu-assumir-indio-nao-tera-mais-1cm-de-terra

(15) Disponible en: http://www.esquerdadiario.com.br/Bolsonaro-diz-que-negros-nao-fazem-nada-e-nem-para-procriadores-servem-mais

(16) Traducción libre.

(17) http://www.jornaldaparaiba.com.br/politica/bolsonaro-defende-porte-de-arma-para-todos-e-fuzil-contra-o-mst.html

(18) Entidad que levanta datos relacionados con el asesinato de la población LGBT’s de Brasil desde hace 38 años.

(19) Brasil é o país onde mais se assassina homossexuais no mundo. https://www12.senado.leg.br/radio/1/noticia/brasil-e-o-pais-que-mais-mata-homossexuais-no-mundo.

(20) Entre ellas: Asamblea de Dios, Iglesia Internacional de la Gracia de Dios, Iglesia Bautista, Iglesia Universal del Reino de Dios, Iglesia Cristiana Maranata, Iglesia Presbiteriana, Iglesia Luterana, Iglesia Metodista, Sara Nuestra Tierra, entre otras.

(21) Predominante durante la década de 1930, época de ascenso del fascismo.

 

Referencias bibliográficas

Dias, Adriana Abreu Magalhães (2007). Os anacronautas do teutonismo virtual: uma etnografia do neonazismo na internet. Tesis de Maestría. Instituto de Filosofia e Ciências Humanas, Universidade Estadual de Campinas.

Fernandes, Florestan (2008). Mudanças sociais no Brasil. São Paulo: Editora Global.

Fernandes, Florestan (1981). Poder e contrapoder na América Latina. Rio de Janeiro: Zahar Editores.

Fernandes,Florestan (1995). A integração do negro na sociedade de classes. São Paulo: Editora Global.

Gramsci, Antonio (1975). Quaderni del Carcere. Roma: Einaudi.

Liguori, Guido; Voza, Pasquele (2017). Dicionário Gramsciano. São Paulo: Boitempo.

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