Por un marxismo sin citas a Marx. Entrevista a Juan Geymonat*

October 2, 2017

 Ilustración: Ramiro Alonso

 

Hemisferio Izquierdo (HI): ¿Qué significado histórico tuvo la publicación del Tomo 1 de El Capital en 1867?

 

Juan Geymonat (JG): El Capital es la síntesis de una vida; de la vida de un militante convencido y entregado a la posibilidad objetiva de superación del capitalismo. De alguien que no pretendió especular sobre esta superación o asignarle un sentido trascendental, sino que ideó esta superación a partir de las propias criaturas y estructuras engendradas por el modo de producción capitalista. El Capital es una obra sobre el despliegue de la materialidad social y su forma de existencia particular bajo las relaciones capitalistas. Aunque definirlo así parezca rimbombante, clasificarlo como un libro de economía, de filosofía, de historia, y hasta de antropología, sería una visión extremadamente parcelada de esa obra.

 

Solo el primer tomo vio la luz durante la vida de Marx y fue incluso corregido y prologado para otras ediciones por él mismo. Los demás volúmenes (2 tomos) fueron editados por Engels una vez muerto Marx. Existe un cuarto tomo publicado por Kautsky que se conoce como Teorías de la Plusvalía. Aunque en general, cuando se refiere a la obra se alude al primer tomo de Marx y los otros dos publicados por Engels.

 

Pese a no ser un libro de agitación strictu sensu, como corolario de una obra más basta de un pensador entregado a la causa de la emancipación humana, El Capital se transformó seguramente en uno de los libros más influyentes sobre la humanidad. Claramente, no por el libro en sí. Sino por lo que los hombres y mujeres, revolucionarios y revolucionarias de todo el mundo han hecho apelando a su nombre.

 

Pero la obra tampoco es leída, citada y comentada, solo esto. Algo del libro en sí también hay. En pleno siglo XXI, y pese a que la revolución pasó de moda, la obra de Marx tuvo insólitos picos de venta en varios países de Europa a raíz de la crisis. Sigue representando parte de una explicación -por cierto molesta- para los avatares del capitalismo contemporáneo.

 

 

HI: ¿Cuáles fueron los principales hallazgos/innovaciones de Marx con respecto a los economistas clásicos?

 

JG: Lo primero que hay que decir, es que Marx pasó muchos años estudiando a los economista clásicos. En gran medida su teoría tiene una deuda con ellos. Sobre todo con Ricardo. Así como mantiene una deuda filosófica con Hegel.

 

El tomo del cual se cumplen 150 años en su primer edición, se subtitula Crítica de la Economía Política. Marx no partió de cero, ni fundó algo totalmente nuevo, sino que, por decirlo de algún modo, logro poner a la propia economía de los clásicos contra los clásicos mismos. Marx se propone en El Capital, no una nueva economía política, no un acto fundacional de una nueva ciencia, sino una crítica estrictamente inmanente; partiendo del propio objeto, en su caso del propio modo de producción capitalista. Pero no para esgrimirle una crítica a partir de un bagaje conceptual externo. No de juzgarlo desde tal o cual paradigma, sino de comprender su movimiento contradictorio. De comprender el conjunto de fuerzas que operan de forma contradictoria en el desarrollo y la esencia plena del proceso general de acumulación de capital. A partir de allí es que Marx esgrime su crítica a la economía política.

 

Hay otro elemento cardinal en esta empresa de Marx, y es su concepción y convicciones políticas. Profundamente fundadas en el análisis científico de la sociedad de clases, pero no por ello menos pasionales o motivacionales. En mucha de la correspondencia e intercambios con Engels respecto a la preparación de El Capital, Marx define a su obra como un arma política, como un golpe contra la burguesía, etc. Este aspecto, por lo general olvidado o descuidado a la hora de presentar un Marx 100% científico, tiene una importancia central para la obra. Diríamos incluso, que pese a ser un elemento en apariencia extra-científico, tiene una importancia científica central. Porque es lo que permite a la ciencia sobreponerse a su objeto, idear su destrucción. Es en definitiva la fuerza que hace que la crítica inmanente no se quede perpleja ante sí, sino que se convierta en motor de la praxis política.

 

La ciencia económica actual, es un perfecto ejemplo de la perplejidad y la impotencia ante el objeto. Una ciencia que celebra la victoria pírrica de anticiparse a movimientos estrictamente particulares; de prever con éxito y mediante complejos modelos las variaciones en la tasa de interés o el crecimiento del PBI, pero que queda totalmente ajena al movimiento de la totalidad, encerrada en sus propios límites. Viendo como la acumulación de capital a escala global genera las desigualdades más brutales y obscenas, y sin otra sugerencia -por cierto extremadamente utópica- que un sistema impositivo global.

 

Por último es importante, subrayar algunos hallazgos y formulaciones de Marx que hacen al movimiento esencial del modo de producción capitalista, y que tienen vigencia al día de hoy. Entre ellos, la tendencia de los capitales parciales a centralizarse y concentrarse, la reproducción de la pobreza relativa conforme se acumula capital a escala global, la tendencia del modo de producción capitalista a avanzar sobre la mercantilización de las distintas esferas de la vida, así como de las distintas zonas geográficas del globo, el crecimiento permanente de la productividad del trabajo, o la eliminación de trabajo simple por tecnología, entre otros muchos elementos.

 

No obstante, la comprensión del modo de producción capitalista que se propuso Marx, no fue la comprensión de un conjunto de aspecto estáticos, fijos, sino de categorías que encerraban en sí mismas tensiones y contradicciones. En este sentido es extremadamente fiel a la tradición dialéctica de Hegel, donde la verdad no es algo primero y fijo, sino siempre resultado, producto de tendencias contradictorias, y posibilidad de ser otra cosa. Esta forma de aprehender el modo de producción capitalista es lo que hace que El Capital sea aún hoy un libro de vigencia para entender la realidad.

 

 

HI: ¿Por qué y cómo habría que seguir leyendo El Capital?

 

JG: Hay dos formas de leer El Capital o más bien, dos formas de buscar enseñanzas en esta obra. La primera es leerlo como un conjunto de postulados que rigen lo real, aunque no desde el principio de los tiempos, si desde inicios del capitalismo industrial. Asociado a esta lectura está la idea de que cualquier problema puede ser tratado a partir de esta obra, o a lo sumo a partir de obras de Marx y Engels complementarias. Hay que ser categórico en esto: es una estupidez. Una estupidez que por cierto ha costado bastante caro y que ha hecho del pensamiento inspirado en Marx algo sospechoso de sectarismo y doctrina, además de estéril. Algo que ha limitado fuertemente el desarrollo científico, la comprensión de la realidad, y la eficiencia política.

 

Hay otra forma de leer El Capital que implica subrayar dos elementos. El primero es el que hace al método. A lo que anotábamos líneas atrás como la crítica inmanente del modo de producción capitalista, la formulación de la verdad como categorías contradictorias y en pleno desarrollo, y lo concreto como un conjunto de mediaciones y determinaciones. Una verdad que es captada como la estructura de un movimiento tendencial, antes que como la descripción fija de un objeto.

 

Lo segundo que es importante subrayar es que El Capital, aún reuniendo los otros dos tomos de la obra publicados por Engels, es una obra que da cuenta del núcleo íntimo, esencial, del movimiento del modo de producción capitalista. No es un libro sobre todos los acontecimientos que suceden en la sociedad capitalista, no vamos a encontrar respuestas a la especificidad de la condición periférica de los países lationamericanos, no vamos a encontrar una teoría acabada del Estado, ni muchas otras cosas decisivas para la comprensión de la realidad concreta, y fundamentales para el accionar político.

 

Por otro lado, la estructura esencial a la que decimos llega Marx en esta obra, no es un conjunto de tendencias que se expresan de forma acabada y tal cual son en la realidad concreta. Puesto que lo concreto, es la amalgama de un conjunto cuasi infinito de fuerzas. Claro que hay tendencias y fuerzas que operan en la realidad que guardan un carácter más determinante que otras y de allí que el conjunto categorial que analiza Marx como esencia del modo de producción capitalista sea de estricta importancia. No obstante existen fuerzas específicas que operan como contra tendencias. Por otra parte, esta totalidad, si se quiere esencial, también está en movimiento, en tensión; y también se define en función de la interacción de sus elementos. Por lo que no hay ninguna razón de peso para sostener con coherencia que la forma en que se determina el núcleo esencial del capitalismo, y la forma en cómo este determina otros aspectos de la realidad, sea algo dado de una vez y para siempre. O para decirlo de otra manera, algo libre de examen.

 

Nada más anti- marxista que tomar los postulados de Marx para “verificar” su certeza en la realidad. Para hacer tautología y escolástica del marxismo. El “buen” marxista, por el contrario, debe ser alguien extremadamente inquieto por echar luz sobre las mediaciones que operan en lo concreto, por comprender por qué pese a que la estructura esencial del capitalismo se mueve en tal o cual dirección, o lleva implícita tal o cual aspecto, la expresión concreta del mismo se ve opacada. Por ponerlo en ejemplo, más que por ir a verificar la explotación del trabajo y la existencia del plusvalor, por preocuparse de las tendencias concretas que llevan a la oscilación de la tendencia al incremento de la explotación. Más que por corroborar o no la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, por preocuparse de los factores contrarrestantes, etc. Y claramente, por estar siempre atento a como las transformaciones concretas de la realidad imponen formas de organización y previsiones disruptivas de distinta índole en el accionar político de la lucha de clases.

 

Lo mismo que anotamos para la actitud científica del marxismo corre para el accionar y la lectura política. Quien vaya a El Capital a buscar y repetir frases, y aplicar categorías con forceps a la realidad para justificar determinadas praxis políticas definidas de ante mano, quedará condenado -en el mejor de los casos- a existir como un personaje pintoresco y gracioso. El análisis marxista, aún en el compendio de su obra aporta poco a la hora de la creación política. Porque las circunstancias políticas y las determinaciones que juegan a ese nivel de concreción son de una variabilidad enorme. La crítica de la realidad concreta es el único camino a transitar. Nuevamente a pesar de Marx.

 

El Capital, tampoco es una obra que establezca las mediaciones para la construcción del socialismo, y tampoco es muy factible sostener que esto podrá ser de la misma forma en Finalndia que en Uruguay. Por lo que la creatividad y el análisis concreto, si bien no son causas suficientes, son elementos extremadamente necesarios para la construcción de una sociedad sin clases.

 

En líneas generales, si hay un legado en Marx, ese legado es, claramente, no repetir. O al menos, no repetir porque sí. Muchos herederos, curiosos, simpatizantes, o como se los quiera llamar, han seguido por este camino. Lenin y su revolución “a contra pelo de la historia”, Rosa Luxemburgo, los disidentes soviéticos Lukacs, Gramsci, y Korch, y porque no los soviéticos Bujarin y Preobrazhensky, los teóricos del capital monopolista como Baran y Sweezy, Ernest Mandel y su teoría de las ondas largas, los dependentistas como Marini, y los críticos actuales a estas escuelas como Iñigo Carrera, los contemporáneos Shayk, Harvey, Moseley, Dumenil, entre un larguísimo etcétera. Todos los que se atrevieron a pensar más allá de Marx, tienen su influencia en la generación de una gran corriente que puede denominarse marxista (claramente a pesar del propio Marx).

 

Pero los avances en el conocimiento de la realidad no son sólo marxistas. Si hay otro legado importante de Marx, es que el desarrollo de la ciencia positiva no puede ser descartado, tratado como una simple mentira o con descalificaciones de “ciencia burguesa”. Vaya si habrá que aprender de esta “ciencia burguesa”. Vaya si habrá que ejercitar una crítica, que supone necesariamente un aprendizaje y una retotalización de sus elementos.

 

 

* Juan Geymonat es docente de Extensión Universitaria (SCEAM-UdelaR) y Facultad de Ciencias Sociales (UdelaR). Es militatente de ADUR-PITCNT.

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