• Gustavo Fernández*

Orígenes del movimiento sindical uruguayo


Prólogo

Este articulo acerca del movimiento obrero uruguayo es un resumen de una investigación que recorre desde los primeros sindicatos y la influencia de las diversas corrientes de pensamiento, pasando por la inmigración y la línea internacionalista, las características originarias de nuestro movimiento obrero, el desarrollo económico-industrial y político en el Uruguay de fin del siglo XIX, las primeras huelgas sindicales, el primer 1º de mayo en el Uruguay, la intensa actividad del Centro Internacional de Estudios Sociales (CIES), la fundación de la Federación Obrera Regional Uruguaya (FORU), y la conquista de las 8 horas, que no por lo breve deja de ser un completo pantallazo histórico del período 1870-1920.

Los primeros sindicatos y la influencia de las corrientes de pensamiento

En 1865 surge un emprendimiento de organización de los tipógrafos, quienes por la naturaleza propia del trabajo que les tocaba desempeñar se encontraban en permanente contacto con las ideas renovadoras y los acontecimientos internacionales más que cualquier otro sector de trabajadores. Sin embargo en esta primera etapa lo que surgió fue “una sociedad de socorro mutuo...” (1), la cual estaba claramente influenciada por las ideas mutualistas de Proudhon, que para ese entonces se estaban difundiendo en nuestro continente. Pero no es la única de su tipo en esos años, surgirán varias experiencias similares en otros sectores de trabajo. “A las sociedades de socorro mutuo les siguieron pronto -también la creación de- sociedades de resistencia... cuya meta era la defensa de determinados intereses de la clase obrera...” (2). No fue sino hasta 1870 que se pudo cristalizar a partir de esta experiencia el surgimiento del primer sindicato: la Sociedad Tipográfica Montevideana.

“En 1872 se funda la Sección Uruguaya de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) cuya incipiente actividad no dejó de alarmar a la prensa burguesa. Tenía su sede en la calle De la Florida Nº 216 (hoy Florida) de Montevideo y era su secretario -en ese entonces- Francisco Calcerán...” (3). Esta Sección de la AIT en Montevideo la compone un grupo de trabajadores de origen europeo y mexicanos (4) y en sus estatutos plantean como objetivo central el “fomentar la asociación entre todos los trabajadores de ésta localidad, a fin de realizar su emancipación económica y social...”. Textualmente, éste párrafo estará incluido en los estatutos de la Federación procedente.

Hacia junio de 1875 “se realizó el primer mitin de la Internacional en Montevideo, al que asistieron de 1500 a 2000 personas” (5). Este mitin es un llamado a la organización obrera y, lógicamente es un punto de inflexión para la reorganización del movimiento sindical local. Ya el 25 de ese mismo mes, una reunión de 800 obreros dejará fundada la Federación Regional de la República Oriental del Uruguay, conocida más singularmente con el nombre de Federación Montevideana (6), que no es sino la forma que adopta la AIT montevideana, su órgano de prensa será “El Internacional”. En sus estatutos se habla de

“Librarnos de toda tiranía, así social como económica, cualquiera sea su nombre y cualquiera sea la forma en que se halle constituida. Hacer que el capital, las primeras materias y los instrumentos de trabajo, vayan a parar a manos de los que directamente los utilizan, o sea, a manos de los trabajadores organizados en asociaciones libres, agrícolas e industriales, a fin de librarse de la esclavitud del salario y conseguir que la sociedad llegue a ser una libre federación de libres asociaciones obreras...”.

Nuestra Federación Regional entonces, no es sino la continuación de la Sección montevideana de la AIT, de hecho la Federación Regional pasó a ser la expresión de la AIT en Uruguay. Nucleó, entre otros, al sindicato de tipógrafos, de tendencia bakuninista, sumado a los vínculos que ya existían para entonces con la Sección Mexicana de la AIT, de la misma orientación. Al haber sufrido la AIT en 1872 su gran escisión entre esta corriente y los marxistas en el Congreso de la Haya, tuvo como consecuencia la creación posterior de la Internacional Anti autoritaria con sede en Suiza, y la disolución en 1876 de la Asociación continuada por Marx. Aunque ya existía un fuerte vínculo con la AIT anti autoritaria, la Federación Regional no tuvo posibilidad de asistir a la reunión de Berna, considerada el VIII Congreso de la AIT, que se celebró en octubre de 1876, no obstante envía “...un saludo fraternal de parte de hombres que desean fortificar nuestra Asociación y establecer relaciones regulares con vosotros a fin de que marchemos unidos y de acuerdo para la gran obra que habéis iniciado y en la que queremos trabajar con vosotros...”. Será en el Congreso de 1877 de la Internacional Jurasiana (anti autoritaria) celebrado en Verviers, que la Federación Regional fue reconocida y admitida formalmente como filial.

En el período que se comprende dentro de 1880-1884 se registra la creación de secciones de la Federación Regional en las localidades de Las Piedras y Paysandú, lo que supone que esta Federación obrera, que en los hechos hasta entonces, era solo montevideana tal cual se le llamaba ordinariamente, se encontraba, antes de su disolución, en un proceso de extensión hacia otros departamentos del país.

El 13 de diciembre de 1885 -según algunas fuentes: secundando a la Federación Regional-, se crea, con iniciativa de un acuerdo entre obreros y artesanos, la Federación de los Trabajadores del Uruguay, cuyo órgano de prensa será “Federación de los Trabajadores”. La línea será básicamente la de la federación del ´75. “Esta Federación celebró en 1886 su primer Congreso Nacional Obrero, que puso entre sus reivindicaciones principales la jornada de 8 horas...” (7). Ya entrando en la década de los `90 varios gremios fuertes -entre ellos los Tipógrafos- habrían conquistado la jornada de 8 horas, sirviendo de estimulo para esta lucha que estaba ya para entonces entre las primeras reivindicaciones de la totalidad de los sindicatos obreros que nucleaba esta Federación. Junto a la demanda de la reducción de la jornada de trabajo, estaba el aumento de salario, descanso dominical, condiciones de salubridad, mejores condiciones de trabajo entre otras cosas.

En agosto de 1895 comienza a salir “El Defensor del Obrero”, publicación del socialismo científico que logra fundar en abril de 1896 el Centro Obrero Socialista, el cual nucleará a una pequeña porción de los socialistas de la época, quienes se proponen “crear una central sindical adscripta a esta tendencia. En el mismo año y con propósitos análogos se crea la efímera Federación Obrera del Uruguay (FOU) a partir de la coordinación de 18 gremios...” (8). Ni el Centro Obrero ni la FOU tuvieron mucha trascendencia y su poco peso gremial produjo su temprana disolución. Veremos que en marzo de 1905 se vuelve a impulsar bajo influencia socialista la Unión General de Trabajadores (UGT), también de poco porte influyente.

El cristianismo de tipo social tuvo también en esos tiempos su débil pero presente vertiente en la organización de los trabajadores del país orientándose conforme a la doctrina social de la Iglesia. Ya en 1885 se constituirá el Circulo Católico cuyo esfuerzo dará como resultado la fundación en 1904 de la Unión Demócrata Cristiana, la cual según algunas fuentes, contaba en principio con 8 gremios asociados y algunos sindicatos autónomos. Esta entidad “...operó en el plano estrictamente organizativo a través de las Uniones Gremiales, organizaciones sindicales por oficio, que entraron en competencia con las sociedades de resistencia orientadas por los anarquistas y con las sociedades de obreros dirigidas por los socialistas...” (9)

En 1898 se surge, de la línea de federalista del movimiento sindical, el Centro Internacional de Estudios Sociales (CIES) que tiene un rol dinamizador del debate coyuntural y estratégico de esos años, y durará hasta 1928. En 1904 hay intentos de crear una federación nacional pero sólo queda articulada la Federación de los Trabajadores del Puerto de Montevideo, empero quedarán las condiciones para que en agosto de 1905 se levante una verdadera federación que signó la conducción del movimiento obrero de una buena parte de nuestra historia, la Federación Obrera Regional Uruguaya, la cual, en línea directa con la primera federación del `75, seguirá la misma impronta internacionalista de influencia libertaria.

Indudablemente que al hablar de los primeros pasos del movimiento obrero y sindical en Uruguay se debe hacer referencia a la gran influencia de los anarquistas,

“...por varios años... no es posible hablar del movimiento anarquista en Uruguay como un movimiento aparte de la organización de los trabajadores, y no es posible hablar del movimiento sindical como una cuestión separada por completo de la actuación de los anarquistas... los ácratas consiguieron grandes éxitos en el terreno de la organización sindical...” (10)

Extendiéndose su influencia predominante y, si se quiere, ‘hegemónica’

“hacia las primeras dos décadas del siglo XX puede afirmarse que existió una importante implantación del anarquismo a través de la FORU en los sindicatos por oficio predominantes entonces, pero también en ‘centros de estudios’, ateneos y bibliotecas. Esta estructura organizativa convivía en una estructura económica con un desarrollo fabril aún débil, con predominio de talleres y la producción artesanal, aunque algunos ‘servicios’ -tranvías, ferrocarriles- llegaban a tener importante concentración de trabajadores...” (11)

Estas primeras federaciones y sindicatos obreros enarbolarán en sus estatutos y declaración de principios las consignas que jubilosamente difundirá la primera internacional: “No más derechos sin deberes, ni más deberes sin derechos; la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”. Bajo el influjo e influencia de la AIT, se impulsarán en todos los rincones del mundo estas organizaciones que definen, a partir del debate que se da en su seno, el espíritu, las características y la línea que las motoriza y guía. Acá en Uruguay, en los comienzos de la organización obrera, será la influencia bakuninista de corte federalista que se impuso por sobre la centralista, y desde la aparición de la AIT montevideana hasta la etapa posterior al 5º Congreso de la FORU (1919), cuando ésta se divide, predomina ésta línea en el país. Pero no obstante ésta influencia, la organización obrera surge de la autóctona y natural necesidad de oponerse con mayor capacidad de fuerza en la contienda por resolver las contradicciones que surgen de las relaciones entre el capital y el trabajo. Así lo reflejaban los primeros manifiestos obreros:

“Unámonos... para que por medio de la unión seamos más felices de lo que podríamos obtener siendo solos... debemos demostrar que tenemos fuerza moral para vencer la opresión a que estamos sometidos, y esto tan sólo se obtiene por medio de la unión... hagámonos fuertes, para destruir, sin más espera, el régimen de vida que llevamos...” (12)

La inmigración y la línea internacionalista

Debemos la organización de nuestro movimiento obrero, en parte significativa, a la influencia del internacionalismo, donde además de la influyente AIT, cumplirá un rol sumamente importante como usina ideológica, el gran contingente de inmigrantes de las distintas nacionalidades empujados por la persecución, la guerra y el hambre, encontrando en los países de nuestro continente y en Uruguay particularmente, donde serán -ya los inmigrantes llegados de Europa, ya los deportados de países vecinos, fundamentalmente de Argentina víctimas de la Ley de Residencia promulgada en 1902- bien recibidos en nuestro puerto merced a la apertura de fronteras que, Batlle y Ordóñez, tenía hacia los deportados y perseguidos. Nuestro país se convertirá en terreno fértil para el asentamiento y la proyección militante de cientos de inmigrantes y deportados. Cargaban con pocas cosas en sus bolsos, pero traían consigo una vasta experiencia que volcaron en la tarea de organización de los trabajadores de nuestro medio donde también difundían sus ideas. En efecto la lucha era internacionalista para aquellos obreros extranjeros y debía darse en cualquier rincón del mundo sin consideración de fronteras impuestas.

“A fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, nuevas oleadas de población europea llegan al Río de la Plata. Son sobre todo campesinos y obreros españoles, italianos, franceses, alemanes, polacos y rusos. Algunos vienen a ‘Hacer la América’. Otros son revolucionarios o sindicalistas perseguidos por su participación en las luchas sociales que sacuden a Europa por aquellos años: franceses que huyen de la represión que siguió a la Comuna de Paris de 1871; polacos y rusos perseguidos por la policía zarista. Y son, sobre todo, anarquistas o anarco sindicalistas españoles e italianos. Son portadores de la experiencia de lucha y de los anhelos de emancipación social que sacuden a la sociedad europea. Muchos de ellos son obreros autodidactas, gentes de voluntades fuertes que llegarían al Río de la Plata para seguir luchando por sus ideales de justicia y libertad. Organizadores de periódicos, bibliotecas, grupos de teatro, sindicatos y ‘sociedades de resistencia’...” (13).

La repercusión de los hechos internacionales influirá en el arraigo y desarrollo de las ideas socialistas de nuestros países latinoamericanos en general, “...en la década del sesenta se han producido dos hechos importantes en Europa: por un lado, en 1864 se funda la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), más conocida como Primera Internacional y en 1871 se produce la primera insurrección proletaria, la Comuna de París. Ambos hechos, junto con la persecución a los socialistas en la Alemania de Bismark en la década del setenta, tendrán gran influencia en América Latina” (14). El continente entero será caja de resonancia de las polémicas y los debates entre Marx con Proudhon primero y con Bakunin después en el seno de la 1ª Internacional; los hechos de Estados Unidos en 1886 en la lucha por las 8 horas y la resonante y sentida ejecución de los mártires de Chicago en 1887 que, si bien no repercutieron en lo inmediato, signaron el eje transversal de la primer reivindicación histórica de la clase obrera; la influyente presencia ideológica y organizativa de Erico Malatesta, principal referente internacional del anarco-comunismo, agitador, propagandista y organizador obrero, en Europa y los países del Río de la Plata (llega a Buenos Aires en 1885 y a Montevideo en 1889); o las consecuentes movilizaciones en repudio al asesinato de Francisco Ferrer y Guardia, en la Barcelona inquisitorial de 1909; el proceso de la Revolución Mexicana de 1910 con las contagiosas ideas de Flores Magón y Emiliano Zapata, como así con el heroico accionar de Pancho Villa; la 1ª Guerra Mundial en 1914, la Revolución Rusa en 1917 y la Semana Trágica en el Buenos Aires de enero de 1919, entre tantos otros hechos de los que podemos seguir narando largo y tendido.

Papel no menor cumplirá también, y debemos señalarlo, la importante repercusión política y la campaña de solidaridad por “Libertad a Sacco y Vanzetti” que tuvieron eco en Uruguay de la década del 20, o la campaña de apoyo a la revolución española de 1936 donde se tradujo en esfuerzo de propaganda, de apoyo solidario y aporte de un numeroso contingente de compañeros de las distintas matrices político-ideológicas que partieron hasta la península a protagonizar aquella histórica gesta. No son pocos los compañeros y las compañeras que engrosaron en España la Columna Internacional.

Sin duda que fueron todos estos vivaces episodios -de los que nos encargaremos en otra oportunidad- que motivaron la formación ideológica y que moldearon el originario encuadre, solidario, clasista y combativo del movimiento obrero en nuestro país.

Características originarias de nuestro movimiento obrero

Algunas de las características que atravesaron nuestra rica historia de luchas obreras y populares serán: huelgas muy duras, feroz represión, listas negras y despidos masivos, consecuentemente la desarticulación de fuertes sindicatos que por muchos años, a veces décadas, no podrán rearmarse nuevamente. Clausura de centros de estudios sociales, periódicos y sindicatos que no obstante se reagruparán y volverán a aparecer ya sea pública o clandestinamente, intentos de cooptación de los dirigentes y sectores importantes de la militancia sindical por parte de empresarios y los gobiernos. No faltaron por supuesto las huelgas triunfantes donde las patronales debían retroceder, y por supuesto las huelgas en solidaridad a los conflictos hermanos de gremio a gremio.

Metodológicamente se caracterizaba por la acción directa, la inserción en el movimiento sindical de una influyente camada de socialistas de matriz libertaria, traerá en consecuencia el rechazo de la participación estatal en los conflictos obreros, las tácticas de sabotaje, el boicot hacia las patronales, piquetes contra los rompehuelgas, la agitación permanente, la propaganda, la movilización y la huelga general. Cualidades de un movimiento obrero rico en solidaridad, en luchas, en organización. Nuestro movimiento obrero avanzará con grandes sacrificios, se abrirá camino de la experiencia misma, del ensayo y error, y fermentará a partir de inmensos costos.

“La influencia argentina se hizo sentir intensamente en el Uruguay. Los grupos anarquistas y socialistas de inmigrantes se formaron a ambas orillas del Río de la Plata. Pero el movimiento sindical nunca llegó a adquirir el desarrollo del argentino, debido al hecho de que en el Uruguay, país ganadero y agrícola en mayor grado aún que en Argentina, el proletariado era poco numeroso. En cambio, el Uruguay fue una de las primeras naciones latinoamericanas que tuvo un gobierno que hoy llamaríamos populista (el de Batlle y Ordóñez)” (15).

Inteligentemente el populismo sabrá capitalizar las luchas obreras, proyectándose a la aprobación de leyes sobre derechos que en los hechos ya estaban ganados por los sindicatos. De esto se desprende una de las características de nuestro movimiento sindical, que aún hoy perdura, por períodos será diezmado por la represión cruda y llana de gobiernos como el de Juan Cuestas, Claudio Williman o Feliciano Viera después, y por otros cooptado por el populista gobierno de Batlle y Ordoñez, no pudiendo desarrollar -salvo en algunos sectores industriales- más que una pequeña parte de su enorme capacidad potencial, quedando sus logros y conquistas como si fueran producto de las regalías del Estado benefactor lo que sin duda fueron posibles como fruto de las huelgas y las duras movilizaciones obreras.

Desarrollo económico-industrial y político en el Uruguay de fin del S. XIX

El movimiento obrero uruguayo, como en otros países, surgirá de las reestructuras del mundo de la industria, la economía y los acontecimientos políticos mundiales que repercuten a nivel local. La estructura productiva del Uruguay de la segunda mitad del siglo XIX es consecuencia directa de la formidable expansión económica a que dio lugar la Revolución Industrial en algunos países europeos a lo largo del siglo. Siglo que internamente en nuestro país estuvo signado por hechos de importancia ‘Nacionales e históricos’. Este se destacó por la guerra por la ‘independencia’, comandadas por el traicionado General Artigas, la ‘Cruzada Libertadora’ florista, la última intervención armada brasilera que decidió su triunfo, las masacres de indios como en ‘Salsipuedes’, la Jura de la Constitución y, entre otras cosas, las batallas por cuotas de poder entre blancos y colorados, nacionalistas y derecha liberal respectivamente. “…En lo que hace al movimiento popular, a las ideas socialistas, al movimiento obrero que está surgiendo, tenemos aquí en concreto la presencia de gobiernos especialmente hostiles, arbitrarios y propensos a la prepotencia. Un ambiente social donde derechos y libertades fundamentales brillan por su ausencia...” (16)

El ciclo de las ‘revoluciones’ nacionalistas, (o mejor dicho ‘guerras civiles’) cierra en 1904 con la muerte de Aparicio Saravia. Los enfrentamientos se dan esta vez en Mansavillagra, Fray Marcos, Masoller y la sangrienta batalla de Tupambaé. Un período de enfrentamientos armados queda atrás. Estos enfrentamientos violentos ocurridos por las pujas de poder gubernamental nada tenían que ver con el desarrollo del movimiento obrero el cual no encuentra su raíz en estos episodios, muy por lo contrario los sindicatos se abrían camino en medio de esta disputa que en nada los contemplaba más que como campo de reclutamiento.

El proceso económico del Uruguay del siglo XIX fue desde el pique totalmente dependiente y subordinado al poderoso imperio Británico -aunque si bien en mayor medida, no únicamente-, inicia a partir de 1870 un proceso conocido como de “modernización”, es decir, de tránsito hacia el modo capitalista de producción. Este proceso se cerrará con la crisis de 1890.

“La creciente demanda de los países europeos provocó el mejoramiento de la producción ganadera en función de las exigencias de aquellos mercados. Fue una etapa del ‘crecimiento hacia fuera’, basado en una especialización monoproductiva, y la integración al mercado internacional siguiendo el esquema de la distribución internacional del trabajo como exportador de productos primarios e importador de productos manufacturados (...) los caracteres de la producción ganadera -latifundista- que exigía una limitada mano de obra, la escasa incidencia que esa actividad tiene en la creación de actividades complementarias, explican la existencia de una importante población marginal -sobrante laboralmente- y la migración (campo-ciudad) hacia los centros urbanos (especialmente Montevideo), creando una oferta de fuerza de trabajo que el escaso desarrollo de la industria -en esos momentos- no pudo absorber, actuando como factor depresivo de los salarios...” (17).

Esta migración produce la proliferación del problema habitacional en zonas urbanas, creándose los conventillos donde vivían en condiciones degradantes, los obreros y sus familias.

Este proceso junto a la inmigración extranjera fueron elementos determinantes para la concentración obrera en los centros fabriles urbanos, que ya en 1876 se cuantificaban en

“137 establecimientos industriales, -pero que desde esa fecha a 1900- unos 577 establecimientos se suman a los anteriores... Un mayor avance sin embargo se registrará entre 1901 y 1914, pues en solamente 13 años se crean 1.272 establecimientos... su índice de crecimiento era gigantesco... La primera Guerra Mundial... promovió activamente la industrialización“ (18).

El comienzo del siglo XX imponía el modelo capitalista denominado Estado de bienestar social, como estrategia de control y dominación a la vez de buscar contención de las crecientes luchas por las características de una degradante situación social. Basado en el keynesianismo, este modelo planteaba el desarrollo de una economía dirigida desde el Estado, con fuertes políticas sociales que amortiguaban el golpe de la continuidad de las injusticias producto del sistema capitalista como eje rector de las políticas de gobierno. Así se llevaron adelante, principalmente por la presidencia de Batlle y Ordóñez importantes avances a nivel de la legislación laboral, que no era sino el intento de cooptación y control social de los sindicatos que por sí solos ya traían grandiosas victorias producto de la lucha. “La ideología del batllismo combinaba clásicas fórmulas evolucionistas y conciliatorias, negaba la lucha de clases, ponía énfasis en el papel de las reformas sociales mediante la acción de un Estado tutelar, tendía a escindir en la conciencia de los trabajadores su condición de ciudadano a la de asalariado” (19). Es finalmente la fidelidad de la sociedad al Uruguay batllista con la que el Partido Colorado (la derecha histórica de nuestro país) logrará perdurar en el gobierno ininterrumpidamente hasta 1958 y luego retomar alternadamente con los otros partidos su mandato.

Propio de los países en que se iba instalando el régimen capitalista, nuestro país cumplirá con una eficiente explotación de la mano de obra. Las condiciones de vida y de trabajo de la clase asalariada, el trabajo de las mujeres y los niños, las condiciones miserables de habitación, la insalubridad que provocaba entre los obreros una gran mortalidad por enfermedades infectocontagiosas como la tuberculosis entre otras,

“...la modalidad del pago de los ‘salarios de hambre’ (casi exclusivamente a destajo), la duración de la jornada laboral (siendo de 12 a 18 horas según el oficio), el sistema de sanciones pecuniarias (multas y suspensiones), generaron el nacimiento de la llamada “cuestión social”, e impulsaron la protesta obrera y la sindicalización. A lo que se sumaba la lista negra donde se incluía a los obreros que accedían a sindicalizarse...” (20).

Así, ya entrando en la década del `80 comienza a desatarse una ascendente conflictividad en demanda de mejores condiciones laborales y sociales.

Breve cronología de las primeras huelgas

“La calma pueblerina comienza a perturbarse y un augural movimiento huelguístico se extiende por todos los centros neurálgicos del país... La obtención de las 8 horas de trabajo, el aumento de salarios y el mejoramiento de las condiciones laborales constituyen el núcleo central de las aspiraciones obreras... Los trabajadores ferroviarios, los del cuero, los portuarios, los peluqueros, los guardas y cocheros de tranvías, los obreros de aserraderos entre otros se lanzan a la huelga en pos de sus justas reivindicaciones...” (21)

En enero de 1876 estalla lo que podemos considerar como la primera huelga que se registra en Uruguay, con la movilización de los empleados del Hospital de Caridad, siendo despedidos 16 funcionarios; en diciembre de ese mismo año serán los carpinteros de Rivera que, en reclamo de aumento salarial y reconocimiento de su asociación, declaran la huelga. Ambas, aunque de menor cuantía, no dejan de ser importantes ya que son la brecha que rompe el silencio y abre paso a las movilizaciones de masas.

Sin duda que es la gran huelga de los mineros de la localidad de Cuñapirú desatada en enero de 1880 la que adquiere mayor significación por su trágico factor desencadenante: por falta de seguridad de la empresa, los derrumbes de las minas cobran la muerte de 4 obreros en el período de diciembre del `79 a enero del `80, “dos días después de la última muerte estalla la huelga... -ésta- dura desde el 15 de enero hasta agosto, escalonándose a través de varias huelgas a lo largo de estos meses, llegando a intervenir, primero la policía, luego un piquete de artillería...” (22). Tempranos tiempos para esperar vigor en la pelea, aún se estaba reforzando la fibra del puño obrero. “La huelga seguramente se perdió, pero como hemos dicho, la clase obrera uruguaya no nació mansa ni sumisa ante la explotación y la prepotencia...” (23).

En mayo de 1882 los trabajadores de los hospitales se declaran en huelga; en junio de ese mismo año hay huelga de los trabajadores del puerto de Paysandú; y a solo 4 meses, en noviembre anuncian la huelga los trabajadores de la fábrica de muebles Caviglia.

En agosto de 1884 estalla la huelga de los fideeros, a razón de sus reiterados reclamos por mejores condiciones de trabajo y aumento salarial, que tiene la particularidad de ser la primera huelga que encuentra adhesión de todo el gremio (prácticamente todas las fábricas de fideos se pliegan a la medida) y por otro lado el decidido apoyo de la Federación Regional que incluso asegurando jornales, alojamiento y comida a los huelguistas y sus familias. El conflicto ayudo, por la dinámica de los hechos, a consolidar la organización sindical y los resultados de la lucha fueron positivos.

En 1885 se desata una huelga en la construcción, los saladeros, el calzado y los gráficos. Surgen otras en el sector de tranviarios que protagonizaron una fuerte huelga en 1895, secundada por la gran huelga de los portuarios en 1896. Estas dos últimas fueron brutalmente reprimidas, en especial la huelga Tranviaria, contando con prohibición de sus reuniones y detención de sus dirigentes.

“El mismo año estalló una huelga de obreros marítimos, fluviales y portuarios. Fue tan importante que el gobierno recurrió a severas medidas de represión. Los periódicos liberales (a diferencia de otros países) vieron con simpatía a los sindicatos. La crisis de exportación y el ejemplo de Buenos Aires determinaron una nueva oleada de huelgas en 1900-1901, iniciada con una huelga muy violenta de los portuarios, que en general han estado a la vanguardia de las luchas sociales... -molineros y fideeros, trabajadores de la cantera de La Teja que proporcionaban los materiales para la construcción del puerto de Montevideo, obreros de la carne, fosforeros, panaderos y tranviarios, llegaron a preocupar a la burguesía. Al año siguiente, 1902, 1.200 obreros de siete saladeros y del sector panaderos, secundados por la paralización por completo de los talleres de La Teja, pautan un cuadro de situación sumamente complejo- ...El proletariado aumentaba en número, debido a la mecanización de la industria. Había organizados en la capital 28 sindicatos, y 11 en el interior,... -en 1905 estalla una importante huelga, los foguistas, marineros, toneleros, maquinistas y pescadores, habiendo la patronal rechazado sus pliegos de condición se lanzan a la pelea- En 1906 hubo huelgas muy importantes: de ferroviarios por dos veces, de portuarios, de obreros de la municipalidad capitalina. Montevideo era el centro donde iban los obreros de Buenos Aires expulsados en virtud de la Ley de Residencia Argentina, y su presencia contribuía a reforzar el movimiento sindical y los sentimientos de solidaridad y combatividad...” (24).

En febrero de 1908 -año que se registran 13 estallidos huelguísticos con 3,716 huelguistas-, los ferroviarios se declaran en huelga, nos muestra la gran represión con la que respondían los gobiernos como el de Claudio Williman luego del primer mandato de Batlle y Ordóñez, frente a los reclamos del movimiento sindical. Ante la continuidad y combatividad de la medida el gobierno imparte duras directrices “El decreto que prohíbe toda reunión de los huelguistas, la clausura de los locales sindicales, la prisión de los dirigentes, van pautando la voluntad gubernamental de quebrar la huelga, objetivo que se logra y que conduce a la desaparición -por muchos años- de la Unión Ferroviaria...” (25)

Esta derrota conlleva como negativo costo-consecuencia el sentido debilitamiento, a niveles generales, del movimiento sindical, pero no será muy prolongada la tregua, en los años siguientes se logra avanzar en reorganizar los sindicatos y se producen movilizaciones de amplios sectores de trabajadores.

“Especial atención merece el año 1911... -el cual registra 41 estallidos huelguísticos- es en este año que tiene lugar la primera huelga general en el Uruguay. En pleno proceso de reorganización de la Sociedad de Resistencia de los trabajadores Tranviarios, la dirección de las dos empresas que prestaban el servicio de transporte colectivo, deciden expulsar a los nueve dirigentes del sindicato, cinco de la compañía La Comercial y cuatro de La Transatlántica. Esta arbitrariedad determina que el 11 de Mayo de 1911 se declarará la huelga de los tranviarios, reclamando el reintegro inmediato de sus compañeros despedidos, aumento de salario, reducción de la jornada laboral, pase libre para viajar en los coches de la empresa, dos días francos al mes y el reconocimiento al derecho a la agremiación. El nivel de acatamiento a la medida gremial fue casi total y la ciudad amanecía sin los clásicos tranvías... El 23 de mayo el consejo de la FORU resuelve por unanimidad declarar la huelga general por tiempo indeterminado...

La primera huelga general en la historia del país contó con un extendido respaldo en todas las ramas de actividad. El gobierno militarizó la ciudad y se produjeron algunos incidentes cuando los trabajadores en huelga arremetieron a pedradas contra los pocos tranvías que circulaban conducidos por carneros. La huelga duro 3 días y fue levantada luego que la asamblea de los tranviarios aceptara una fórmula...” (26). (Dicha formula fue planteada por la patronal en las últimas negociaciones, la cual si bien en una reunión, y mediante un acuerdo de palabra, incluía el reintegro de los despedidos, en la última reunión retira ese punto).

En 1916 hay intentos de la patronal de reducir los salarios de los frigoríficos del Cerro, los trabajadores declaran la huelga y se dan importantes enfrentamientos con la policía y patoteros pagados por la patronal. Los obreros encontrando solidaridad con el sindicato de la Bahía que se niegan a trasladar carneros, impiden que ingresen carneros a la faena y ganan la pelea. Tuvo un costo importante este conflicto, el trabajador Melanio Garos es abatido por las balas de la represión dejando una gran indignación en el ambiente pero compromete a redoblar los esfuerzos para un éxito seguro.

“En 1917 Montevideo sufrió dos grandes huelgas. La del Puerto, que involucró alrededor de 7.000 obreros y la de los tranviarios. Esta última fue violenta; en repetidas ocasiones chocaron los huelguistas con tropas de línea y se produjeron tiroteos... y se arrestó a los dirigentes gremiales...” (27)

En ese mismo año (1917) los frigoríficos llevan adelante una importante huelga, nuevamente la represión consigue avanzar con ferocidad, se militarizan partes de la ciudad, entre ellas el Cerro, y tras gran cantidad de heridos se derrota a los obreros que son obligados a trabajar por la fuerza. Al año siguiente, en 1918, los obreros marítimos son protagonistas de un combativo conflicto en el curso del cual también se producen fuertes enfrentamientos con la policía.

1918 es testigo de una lucha importante de los trabajadores tranviarios y conductores de autos, que se suma al conflicto de los marítimos y carboneros. Las patronales habían desconocido la Sociedad de Resistencia de los tranviarios y la FORU declara la huelga general por tiempo indeterminado. Los obreros apedrean a los tranvías que funcionan por los carneros y se producen fuertes enfrentamientos, mueren a raíz de la brutal represión en las calles los obreros Floro Ferrara y Mario Rodríguez, prácticamente en medio de una militarización de la ciudad.

“En el inicio de la crisis de la posguerra (1919) el gobierno desató una campaña de persecución a sindicalistas -algunos acusados de ‘haber constituido un soviet’- y a los sindicatos que fueron clausurados y muchos dirigentes detenidos y deportados... De las huelgas por la conquista de las 8 horas de trabajo... se pasó a las luchas por su efectiva aplicación...” (28).

Por muchos años, aún hoy, y dolorosamente, a pesar de las heroicas luchas, las 8 horas no se cumplen en diversas ramas de actividad. Otras permanecen al margen de la seguridad social. Sectores de trabajadores de la forestación o peones rurales y cañeros entre otros, hasta hace muy poco no gozaban de esta conquista por la que tanto se luchó y por la que tantos hombres y mujeres dejaron sus vidas, afectándolos tardíamente dicha legislación. (29)

Las dos últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del siglo XX fueron marcadas con la lucha por la reducción de la jornada laboral a 8 horas de trabajo, huelgas, mítines y manifestaciones formidables signaron las fervientes luchas de nuestra clase trabajadora. Junto a ésta, se destacan otras reivindicaciones de la época, como ser: suspensión o compensación extra por el trabajo nocturno, término del trabajo a destajo, responsabilidad patronal de los accidentes laborales, descanso semanal, prohibición del trabajo de los menores, condiciones de salubridad, derecho a sindicalización, etc. Fue sin duda el motor de empuje, que si arrancó con el movimiento y grandes huelgas de 1886 y el posterior martirio y sacrificio de los Mártires de Chicago, si se lubricó en el llamado a la lucha sin tregua de Agust Spies, Michel Schwab, Samuel Fielden, Albert Parsons, Adolf Fischer, George Engel, Oscar Neebe y Louis Lingg, ahorcados por la clase dominante en 1887, siguió y se mantuvo la marcha con los obreros de todas partes del mundo que no dejan de luchar, mostrándonos que la lucha de clase no es sino el potente motor de la historia.

El 1° de mayo en el Uruguay

Ningún historiador nos proporciona información alguna sobre hechos, actos o pronunciamientos en Uruguay, en el año de las protestas por las 8 horas ni en el momento de la ejecución de los martires de Chicago. El injusto bienio 1886-1887 parece no haber sido percatado oficial o extraoficialmente. Seguramente la atención se centraba en las repercusiones de la Revolución del Quebracho, que en 1886 se daba por parte de los patriotas en la campaña de nuestro país. Algún artículo de prensa o rumor aislado de lo que estaba pasando hubo, principalmente en 1887, próximo a la ejecución de noviembre, pero nada que ponga el énfasis en los acontecimientos de Chicago de mayo de 1886.

Las repercusiones de la ejecución de los mártires de Chicago (11 de noviembre de 1887) tuvieron en la prensa liberal reaccionaria sus breves informes, pero desde el campo obrero-gremial se llevó adelante por primera vez acá en Uruguay, dos años después de los hechos, “el 17 de Noviembre del `89 en la Cervecería Bon Jules, -frente a la “Plaza de los Treinta y Tres”- con la oratoria de 6 personas que se refirieron a ‘la triste y funesta historia de nuestros mártires’” (30). Con presiones de diversos medios de prensa, entre ellos ‘El Bien’ que pedía a gritos que no se permitiera esa reunión convocada con anticipación, así el gobierno de Máximo Tajes anuncia que queda prohibida toda reunión de tinte socialista, pero no logra que la reunión se suspendiera.

Algunos años después se podrá conmemorar el 1º de Mayo acá en Uruguay. El diario “El Día” del 30 de abril de 1890 anunciará de esta forma, cuasi burlonamente los hechos planificados para el 1º de mayo en nuestro país: “Mañana se reunirán los socialistas, que por no sabemos qué anomalía, existen sin razón entre nosotros, para asociarse a la fiesta universal de los obreros que se celebrará el mismo día en todo el mundo. Los socialistas de Montevideo tomarán una actitud pacífica, limitándose a comunicar a sus consocios del viejo mundo que el obrero es libre en esta tierra de libertad...” En efecto, en las semanas previas al acto, la prensa amarilla de nuestro país cercó esta actividad con amenazas, advertencias y en última instancia, con caricaturizaciones descalificantes, que no obstante no hicieron más que ayudar a la propaganda y motivar su relativo éxito.

El diario “El Bien”, de procedencia católica, sumaba leña al fuego como era de esperar por su empeño histórico de alimentar la hoguera inquisitorial, declarando planteos de reproche a las fuerzas policiales, decía: “No podemos comprender como la policía admite semejantes reuniones, pues ellas, generalmente son precursoras de trastornos sociales como son las huelgas, etc. -y recuerda que- En Buenos Aires se han prohibido; sépalo, Señor Jefe de Policía...”. Pese a todo, los preparativos, aunque cautelosamente y ‘bajo cuerda’, fueron tomando su curso y detalles organizativos de la actividad planteada, se dirimían en los cafés donde se encontraban los obreros a resolver, mediante el sano y fraterno intercambio de ideas, sus discrepancias de opinión.

“El 1º de Mayo de 1890 -a iniciativa de la Federación Norteamericana del Trabajo- fue la primera jornada internacional conmemorada por todos los obreros del mundo. En la mañana del 1º de Mayo de 1890, Montevideo amaneció vestida con un cartel que proclamaba: ‘Hoy, primero de Mayo de 1890, se invita a todos los obreros de Montevideo a asociarse a la huelga universal. Se os invita para la Protesta contra la explotación del hombre por el hombre, el día primero de mayo a las 2 de la tarde. Punto de reunión: la cervecería de Giambrinus, frente al cementerio inglés, calle 18 de Julio, esquina Olimar, -el llamamiento estaba firmado a nombre de una- Comisión Organizadora...’” (31)

“Es así que la primera conmemoración publica del día internacional de los trabajadores en nuestro país tiene lugar el 1º de Mayo del año 1890, apenas 4 años después de los trágicos sucesos de Chicago que dieran origen y significación a la fecha… Aquellos pioneros luchadores obreros convocaron a la manifestación callejera con un humilde volante (y a ella) asistieron algunas decenas de personas... A pesar de la modesta concurrencia la prensa de la época registro el acontecimiento y el digno esfuerzo de aquellos trabajadores fue retomado en años posteriores hasta convertir al 1º de Mayo en una de las fechas de mayor significación para el mundo del trabajo en nuestro país. -Así- los sucesivos primeros de Mayo se convirtieron en jornadas de genuina lucha obrera en donde los trabajadores ganaban las calles y plazas para tomar la palabra... Las diferentes corrientes de opinión del movimiento obrero y sus diversas expresiones sociales y políticas hacían sentir sus reclamos y el eco de sus justas demandas se multiplicaba al paso de las columnas de trabajadores...” (32)

Sus repercusiones en la prensa, en los días posteriores de la manifestación, fueron diversas. “El Bien”, bajo el título de “Los Pseudo-socialistas en Montevideo” decía: “Este socialismo enteco que por la complacencia de las autoridades está desarrollando y cobrando fuerzas, aprovecha todas las ocasiones para hacerse sentir. ¿Cómo iba a dejar escapar la de la huelga universal?...”. También señala que según sus cálculos se reunieron unos “ciento y pico de exaltados, italianos y franceses exclusivamente, presididos -según ellos- por dos antiguos comunistas y masones...”. Yamandú Gonzáles señala que también “El Imparcial” del 3 de mayo analiza las repercusiones del 1º de mayo en Europa, justificando allí las protestas pero no “la repercusión que se ha querido dar por los obreros de Montevideo a éste hecho que aquí no tiene fundamento y tampoco hallará eco...”

“Durante muchos años, en los días 1º de Mayo se realizaban varios actos: los sindicatos orientados por anarquistas, por un lado... Los que estaban orientados por los comunistas, en otro. Los poderosos sindicatos de los frigoríficos realizaban su conmemoración en el Cerro. Los gremios de la Confederación Sindical del Uruguay, hacían otro acto. Y el sindicalismo combativo de los Sindicatos Autónomos realizaba su acto en otro punto de la ciudad. En las oratorias, junto con la evocación de los Mártires de Chicago y las demandas del momento, se ponía mucha energía para marcar las diferencias con las demás corrientes. Los antagonismos no eran sólo verbales. En muchos sindicatos, como ocurrió en el transporte, los choques entre las distintas orientaciones fueron duros y muchas desavenencias se saldaron a los tiros...” (33).

La heroica lucha de los obreros anarquistas diezmados en la horca de la burguesía arraigó en nuestro país como en otros, y “Por ésta razón el recuerdo de los mártires de Chicago en -más- de cien años de evocación y de luchas, fue incorporado plenamente al 1º de Mayo y flamea al viento victorioso, desafía al presente y al futuro, responde que sí a Spies, que ya ‘El silencio es más fuerte y poderoso que sus voces’ y reafirma que quienes han dado sus vidas construyendo la fraternidad viven en el porvenir..” (34). A través de los años tanto en los 1º de Mayo como los 11 de noviembre de alguna u otra forma se evocaba la memoria de los mártires de la clase trabajadora.

Bajo el mandato de Máximo Tajes y luego de J. H. y Obes, en medio de una profunda crisis el horno no estaba para bollos, poca cosa se pudo hacer ante los conflictos y despidos masivos y mucho menos como conmemoración del 1º de mayo. Recién, y después de una lenta tarea de reorganización, ésta vez al influjo del Centro Obrero Socialista, creado en abril de ese año, 1896, se pudo hacer la conmemoración del 1º de Mayo. El manifiesto decía:

“Trabajadores, festejamos esta gran fiesta del proletariado, en la que los trabajadores de Montevideo desplegando la roja bandera que simboliza la lucha de clases, pronostican el fin de la servidumbre y la opresión...” la convocatoria era en la Plaza Sarandi, antigua plaza de Las Carretas, (actualmente Facultad de Medicina) al medio día del 1º de mayo, desde donde partieron en columna hasta la plaza Artola (actual ‘Plaza de los Treinta y Tres’). Al frente de unas 3.000 personas iban, según el periódico “El Día”, “cinco chiquilines, tres vestidos de colorado y dos de negro...”

Ya entrando en los primeros años del siglo XX, las conmemoraciones del 1º de mayo eran verdaderas demostraciones gremiales de miles de obreros. La celebración de 1902 fue signada, por la creciente movilidad sindical, los debates entre anarquistas y socialistas y la preparación de actos separados, no era la primera vez que esto pasaba, lo singular fue que la puja de espacios estaba muy evidente ésta vez. La movilización más significativa e imponente fue la realizada desde la Plaza Sarandi hasta la Plaza Independencia, organizada por numerosos gremios, periódicos libertarios u obreros y el Centro Internacional. La columna enfilaba portaestandartes, músicos que entonaban “La Internacional”, varios pabellones y banderas obreras y contaba también con el acompañamiento de la guardia de seguridad que le seguía los pasos de cerca. Esta columna contó con más de 3.000 personas y una improvisada oratoria, ya que se había prohibido por parte de las autoridades pronunciar algún tipo de discurso, dando por culminada a la tarde la manifestación con la detención y pronta liberación del ‘atrevido’ orador. Por la tarde hasta la noche, como era costumbre, el Centro Internacional de Estudios Sociales (CIES) convocó a una singular actividad con conferencia, teatro, música animada por el ‘Orfeón Libertario’ entonándose la Internacional, Hijos del Pueblo y el Himno al 1º de Mayo dentro de su repertorio y termina con jornada de socialización obrera.

La otra conmemoración del 1º de mayo de 1902 fue la realizada por los socialistas; “por la mañana varios tranvías desplazaron a obreros socialistas a un saladero en el Cerro donde se ofreció un asado con cuero, y después del almuerzo se pronunciaron discursos que ‘versaron sobre la difusión de las teorías socialistas y la necesidad de propagarlas entre el elemento trabajador del país...’” (35)

“Por su magnitud y entorno, la conmemoración del 1º de Mayo de 1911 se transformó en la más destacada realizada en Uruguay hasta ese momento. En medio de una situación signada por el auge de la reorganización y muchas expectativas por el funcionamiento del Tercer Congreso Obrero -de la FORU- miles de hombres, mujeres y niños, se volcaron a las calles a celebrar el 1º de Mayo pese a ser un lunes laborable...” (36). Ese día se realizaron varios actos en Montevideo y en diversas localidades del interior, pero indudablemente este fue el más importante, llegando a reunir entre 10 y 12 mil personas según los diarios “El Bien” y “La Razón”, y a conformar una columna de más de 7 cuadras. En pleno Congreso de la FORU, el cual se realizaba en el Centro Internacional, se llama a concentrar en sus puertas a las 14 horas, partiendo la columna a media tarde hasta el Muelle Maciel. Acompañaban la columna las banderas y carteles de las distintas sociedades obreras, los socios del CIES, los delegados del Congreso que estaba sesionando en esos días y encabezaba una banda de músicos que tocó durante todo el recorrido los acordes de la “Internacional de los trabajadores”. Las oratorias a cargo de José Castelli, Antonio Marinelli, Virginia Bolten, Anival Miramar, Francisco Corney, Adrián Troitiño y Gino Fabbri, casi todas ellas historiaban el 1º de mayo, homenajeaban a los mártires de Chicago y pedían el reconocimiento del 1º de Mayo como “Día de los Trabajadores”. Como era costumbre Adolfo Grijalbo, poeta, leyó uno de sus escritos alusivo a la causa de los trabajadores. Al cierre, y antes de dispersarse los manifestantes, el delegado por el Comité Organizador de la manifestación, José Castelli, leyó un acta “que fue muy aplaudida y en la que se reclamó el apoyo solidario de los pueblos para lograr la derogación de la Ley de Residencia implantada en la Argentina en 1902...” (37). En la Noche y a salón lleno, se realizó una actividad en el Centro de Estudios Sociales con conferencistas, música, poesía, y homenajeando a Pietro Gori, que recientemente había fallecido, se presentaron sus obras de teatro “Sin Patria” y “Primero de Mayo”.

La capacidad de lucha reivindicativa de la clase obrera era para entonces muy fuerte, la huelga general experimentada en 1911 y conducida por la FORU la cual detiene prácticamente toda la actividad económica, impulsa al movimiento a una nueva ola de luchas reivindicativas que va hasta comienzos de 1912. Ese año (1912) tuvo un acto combativo y multitudinario. Acababa de dejar la presidencia Claudio Williman, quedaba atrás un período represivo y duro hacia los sindicatos, la reorganización signaba la necesidad del momento, sumado a ello y en procura de aunar fuerzas para mejorar la calidad de vida, socialistas y anarquistas exploran iniciativas unificadoras en la lucha, como expresión de esta línea a la que por momentos se apostaba desde un lado y el otro se prepara un acto del 1º de mayo unitario. "La columna partió de frente al local de la FORU. La manifestación recorrió 18 de Julio hasta la Plaza Matriz y desde allí siguió hasta el Muelle Maciel. Las mujeres iban al frente de la marcha seguidas por los gremios obreros. El 1º de Mayo tuvo -ese año- esa particularidad, desfilaron juntos anarquistas y socialistas...” (38). El medio de prensa “La Tribuna” decía al otro día: “Los trabajadores, cumplieron una misión histórica, recorrieron ayer las calles de la metrópolis, llevando al frente sus rojas banderas desplegadas y en los labios una canción rebelde plena de esperanzas...”. Algunas piedras que se arrojaron hacia tranvías que seguían trabajando sin respetar el día de los trabajadores suscitaron críticas desde el campo socialista y dieron pasto a las fieras de la prensa reaccionaria para exigir más mano dura contra los obreros. Otro de los aspectos que caracteriza el 1º de mayo de 1912 fueron puestos por algunos oradores que “exteriorizando un rasgo distintivo del proletariado uruguayo -la solidaridad y el interés por acontecimientos internacionales- (instaron) a los presentes a una colecta de apoyo a los revolucionarios de Emiliano Zapata” (39)

En 1917 y 1918 se hicieron actividades y movilizaciones que acontecen bajo parámetros normales y como todos los años, el CIES convocará a sus conferencias y jornadas de socialización y resistencia de los gremios. Pero destacamos, ya sobre el techo de nuestro período en investigación, el acto de 1919, época donde se registran los mayores índices de afiliación gremial, calculándose en unos 25.000 los obreros sindicalizados y donde se dan en las movilizaciones y conmemoraciones una formidable demostración de poder y de convocatoria.

Los reclamos hacían hincapié en el “respeto de las 8 horas de trabajo por la que se encaminó la lucha de las últimas décadas y que aún las patronales intransigentes se niegan a cumplir...”. La agitación que había de reflejarse ante los acontecimientos a instancias de la Revolución Rusa venía caldeando la cosa en la región como en el mundo y los gremios en Uruguay no se quedaban atrás. La Semana Trágica de Buenos Aires en enero de 1919 suma a un clima por demás tenso, llegan noticias desde Argentina por medio del periódico ‘La Protesta’ la cual anuncia que “El pueblo está para la revolución... Bs. As. se ha convertido en un campo de batalla...”. Ante esto

“el Presidente Feliciano Viera se reunió con su Ministro del Interior, el de Guerra y Marina, y con el Jefe de Policía de Montevideo, resolviendo acuartelar tropas, colocando guardias especiales en lugares considerados estratégicos, se reforzó las existentes en comisarías y organismos públicos, se enviaron al Cerro varios batallones y se emplazaron dos ametralladoras en las azoteas de la seccional 24 (Cerro) y otras dos en la fortaleza General Artigas...“ (40).

Se allanan locales y detienen dirigentes de la FORU que se encontraban reunidos en el CIES, paralelamente son detenidos varios de los redactores y periodistas de algunos medios de prensa que agitaban la revuelta prohibiendo su edición.

“Entre enero y mayo se producen grandes huelgas en todo el país... muchas de ellas muy duras y con violentos enfrentamientos.... -las que daban claras muestras de- una atmósfera inflamable a punto de estallar en cualquier momento... Las clases altas por medio de ‘La Defensa Comercial’, órgano de la Liga Comercial, señalarán el 6 de abril: ‘Negar que el capital está en peligro y que debe intentarse una acción para contrabalancear los esfuerzos demoledores del proletariado, que intentan subvertir el actual régimen social, es entregarse a una acción suicida...’ A fines de abril el jefe de Policía Sampognaro recibe una carta de un informante en Buenos Aires... que le dice: ‘No hay duda que... -también en Montevideo- harán todo empeño para provocar un movimiento revolucionario... el 1º de mayo” (41).

No era para menos, según las declaraciones emitidas por la FORU en días previos al día de los trabajadores, éste 1º de Mayo debía ser ‘el último bajo el sistema capitalista’ había que “reivindicar nuestros derechos por la fuerza de la razón y no esperar... -esto claro que dependería de- las circunstancias que se presenten y de la convicción capas de adueñarse de todo: de la propiedad privada, de los instrumentos de trabajo, de las fábricas y talleres, minas y campos...”.

El 1º de mayo no se llegó a conmemorar como estaba previsto, fue un año de represión, persecución y varias detenciones que lograron, pese a los esfuerzos militantes del movimiento obrero, neutralizar todo intento de llevar adelante en la práctica, lo que, por lo menos en la conciencia y en los acuerdos, ya estaba decidido: que éste fuera ‘el último 1º de mayo’ bajo la explotación y la opresión del capitalismo.

Estos primeros de mayo son los últimos que se dan dentro de lo que comprende al proceso de expansión económica que habría provocado la primera guerra mundial. Muchos primeros de mayo se darán a lo largo de lo que resta del siglo XX y lo que va del siglo XXI, pero al período que nos atañe en este resumen histórico, período originario de nuestro movimiento obrero y de surgimiento de la organización sindical; de irrupción de la etapa de industrialización y desarrollo económico, precedido por secuencias represivas y por un estado benefactor que acolchonaba el crudo sesgo injusto de la sociedad capitalista, los trabajadores siempre, de alguna u otra forma, desde que tuvieron posibilidades de introducir esta fecha como día de conmemoración y lucha, se las arreglarán para manifestarse, ya sea pública o clandestinamente, y rendir el simbólico y significativo homenaje a los mártires de Chicago endosándole las reivindicaciones locales y particulares del momento, pero añorando en él el mundo nuevo por el que, con la lucha y la organización, está destinado a nacer: sin explotados ni explotadores.

El espíritu era significativa y entusiastamente el mismo año tras año: “Que este 1º de Mayo sea el último aniversario que solemnizamos en la esclavitud y que el próximo lo pasemos alumbrados por el refulgente sol de la más completa libertad...” (42)

La intensa actividad del Centro Internacional de Estudios Sociales

Varias actividades, acontecimientos y situaciones fueron dando lugar a la conformación ideológica y politización del movimiento obrero en nuestro país, y consecuentemente a su enérgica lucha por la reducción a 8 horas de la jornada de trabajo. Ya hablamos de la gran importancia de los inmigrantes europeos, de la creciente conflictividad laboral, la influencia de la FORA Argentina y la actividad organizadora de la AIT, entre otras tantas cosas. Entre ellas no podemos ni debemos omitir la intensa actividad formativa como escuela de ‘agitadores’ sindicales, de debate, de actividad solidaria y de difusión de las ideas de avanzada que llevó adelante desde el año 1898, el Centro Internacional de Estudios Sociales, “destinado a participar en forma activa y destacada en la lucha de los trabajadores por sus derechos y aspiraciones...” (43) hasta su desaparición formal en el año 1928.

“Esta entidad, -o- benemérita institución -como señala Carlos Rama- de una manera incontestable, es el centro de la vida cultural uruguaya de la extrema izquierda... En ella se encuentran las diferentes tendencias, aunque siempre predominando sus fundadores...”. Impulsada por los obreros sastres, y forjada por celebres y destacados pensadores, literatos y propagandistas de extracción obrera será un espacio de reflexión y análisis del pensamiento emancipatorio donde concurrían principalmente los trabajadores a participar de sus debates y conferencias las cuales se centrarán en términos genéricos sobre la ‘cuestión social’.

Su actividad práctica era diversa, su actividad teórica amplia, así se desarrollaban conferencias sobre cuestiones teóricas y político-gremiales de relevancia contando entre sus panelistas a anarquistas y socialistas, de estos últimos podemos nombrar a Emilio Frugoni, Vázquez Gómez, Puig y Roig y, entre otros, a Leoncio Lasso de la Vega, pero indudablemente sus ideas fuerza eran del campo libertario. No solo por los núcleos ácratas que lo dinamizaban sino porque por allí pasaron y desarrollaron una fuerte actividad los intelectuales anarquistas como Florencio Sánchez (abrimos un paréntesis para señalar que fue aquí donde este conocido dramaturgo realizara su primer obra de teatro), Ernesto Herrera, Roberto de las Carreras, Rafael Barret, Ángel Falco, Alberto Ghiraldo, los deportados desde la Argentina por la Ley de Residencia como Adrián Troitiño, Antonio Marzovillo y Francisco Corney, por solo nombrar a algunos conocidos y activos militantes de ambas márgenes del Río de la Plata, “Carlos Balsán, que presidió el V Congreso de la FORA en 1905 -luego de cumplir su condena en Usuaia- se radica de inmediato en Montevideo. En 1911 editaba ‘La Protesta’ en esta ciudad, para enviarla clandestinamente a Buenos Aires...” (44). Contaba para esta titánica tarea con el apoyo de compañeros directamente vinculados con el Centro internacional.

No podemos omitir el importante y destacado papel que cumplieron las mujeres obreras, anarquistas como María Collazo, Virginia Bolten, Juana Casas, Juana Rouco Buela y las hermanas Cossio entre otras, quienes venciendo los prejuicios de una sociedad machista, cualidad que también salpicaba -y salpica aún hoy- en el movimiento obrero, se supieron destacar como referentes teóricas, escritoras y oradoras de masa. También supieron ocupar su lugar en el CIES, canalizando su rol como organiza-doras, dirigentes sindicales y luchadoras sociales. Fueron principalmente las mujeres Virginia Bolten y Juana Buela quienes actuarán fervientemente en la campaña en repudio al fraudulento juicio contra el educador libertario Francisco Ferrer en Barcelona de 1909. Fue Juana Buela la oradora del gran acto en la explanada Maciel que provocó con sus ardientes palabras que la multitud se lanzara hacia la embajada española, en repudio a la inminente ejecución de Ferrer, y que le costara una acusación por ‘asonada’.

El Centro Internacional ofició de estrado de ilustres agitadores de otros países como Pietro Gori, Rodolfo González Pacheco, José Ingenieros, Julio Barcos, Pascual Guaglianone y otros en sus “Giras de Conferencias” por los países platenses, éste último, que se lo conoce como ‘discípulo’ de Pietro Gori y a la vez vinculado a los círculos de influencia de Erico Malatesta, llegó a ser miembro permanente del CIES y uno de los responsables de su prensa. “Fue la palestra de sus polémicas, el escenario de sus contribuciones al arte, y el dínamo que moviliza la opinión pública y respalda al sindicalismo...” (45).

El CIES, también denominado ‘Circulo Internacional’ y cuya sede quedaba en la calle Río Negro 274, era lugar de reunión de distintos grupos obreros y sede de varios sindicatos y federaciones. Los grupos libertarios, así como diversos periódicos, artistas, grupos de la educación y grupos de apoyo a inquilinos de los conventillos entre otros, encontraron allí su lugar. El permanente intercambio y debate entre militantes sindicales de distintas extracciones político-ideológicas, intelectuales y núcleos de las dist