Orígenes del movimiento sindical uruguayo

September 18, 2017

 

 

Prólogo 

 

Este articulo acerca del movimiento obrero uruguayo es un resumen de una investigación que recorre desde los primeros sindicatos y la influencia de las diversas corrientes de pensamiento, pasando por la inmigración y la línea internacionalista, las características originarias de nuestro movimiento obrero, el desarrollo económico-industrial y político en el Uruguay de fin del siglo XIX, las primeras huelgas sindicales, el primer 1º de mayo en el Uruguay, la intensa actividad del Centro Internacional de Estudios Sociales (CIES), la fundación de la Federación Obrera Regional Uruguaya (FORU), y la conquista de las 8 horas, que no por lo breve deja de ser un completo pantallazo histórico del período 1870-1920.

 

 

Los primeros sindicatos y la influencia de las corrientes de pensamiento

 

En 1865 surge un emprendimiento de organización de los tipógrafos, quienes por la naturaleza propia del trabajo que les tocaba desempeñar se encontraban en permanente contacto con las ideas renovadoras y los acontecimientos internacionales más que cualquier otro sector de trabajadores. Sin embargo en esta primera etapa lo que surgió fue “una sociedad de socorro mutuo...” (1), la cual estaba claramente influenciada por las ideas mutualistas de Proudhon, que para ese entonces se estaban difundiendo en nuestro continente. Pero no es la única de su tipo en esos años, surgirán varias experiencias similares en otros sectores de trabajo. “A las sociedades de socorro mutuo les siguieron pronto -también la creación de- sociedades de resistencia... cuya meta era la defensa de determinados intereses de la clase obrera...” (2). No fue sino hasta 1870 que se pudo cristalizar a partir de esta experiencia el surgimiento del primer sindicato: la Sociedad Tipográfica Montevideana.

 

“En 1872 se funda la Sección Uruguaya de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) cuya incipiente actividad no dejó de alarmar a la prensa burguesa. Tenía su sede en la calle De la Florida Nº 216 (hoy Florida) de Montevideo y era su secretario -en ese entonces- Francisco Calcerán...” (3). Esta Sección de la AIT en Montevideo la compone un grupo de trabajadores de origen europeo y mexicanos (4) y en sus estatutos plantean como objetivo central el “fomentar la asociación entre todos los trabajadores de ésta localidad, a fin de realizar su emancipación económica y social...”. Textualmente, éste párrafo estará incluido en los estatutos de la Federación procedente.

 

Hacia junio de 1875 “se realizó el primer mitin de la Internacional en Montevideo, al que asistieron de 1500 a 2000 personas” (5). Este mitin es un llamado a la organización obrera y, lógicamente es un punto de inflexión para la reorganización del movimiento sindical local. Ya el 25 de ese mismo mes, una reunión de 800 obreros dejará fundada la Federación Regional de la República Oriental del Uruguay, conocida más singularmente con el nombre de Federación Montevideana (6), que no es sino la forma que adopta la AIT montevideana, su órgano de prensa será “El Internacional”. En sus estatutos se habla de

“Librarnos de toda tiranía, así social como económica, cualquiera sea su nombre y cualquiera sea la forma en que se halle constituida. Hacer que el capital, las primeras materias y los instrumentos de trabajo, vayan a parar a manos de los que directamente los utilizan, o sea, a manos de los trabajadores organizados en asociaciones libres, agrícolas e industriales, a fin de librarse de la esclavitud del salario y conseguir que la sociedad llegue a ser una libre federación de libres asociaciones obreras...”.

 

Nuestra Federación Regional entonces, no es sino la continuación de la Sección montevideana de la AIT, de hecho la Federación Regional pasó a ser la expresión de la AIT en Uruguay. Nucleó, entre otros, al sindicato de tipógrafos, de tendencia bakuninista, sumado a los vínculos que ya existían para entonces con la Sección Mexicana de la AIT, de la misma orientación. Al haber sufrido la AIT en 1872 su gran escisión entre esta corriente y los marxistas en el Congreso de la Haya, tuvo como consecuencia la creación posterior de la Internacional Anti autoritaria con sede en Suiza, y la disolución en 1876 de la Asociación continuada por Marx. Aunque ya existía un fuerte vínculo con la AIT anti autoritaria, la Federación Regional no tuvo posibilidad de asistir a la reunión de Berna, considerada el VIII Congreso de la AIT, que se celebró en octubre de 1876, no obstante envía “...un saludo fraternal de parte de hombres que desean fortificar nuestra Asociación y establecer relaciones regulares con vosotros a fin de que marchemos unidos y de acuerdo para la gran obra que habéis iniciado y en la que queremos trabajar con vosotros...”. Será en el Congreso de 1877 de la Internacional Jurasiana (anti autoritaria) celebrado en Verviers, que la Federación Regional fue reconocida y admitida formalmente como filial.

 

En el período que se comprende dentro de 1880-1884 se registra la creación de secciones de la Federación Regional en las localidades de Las Piedras y Paysandú, lo que supone que esta Federación obrera, que en los hechos hasta entonces, era solo montevideana tal cual se le llamaba ordinariamente, se encontraba, antes de su disolución, en un proceso de extensión hacia otros departamentos del país.

 

El 13 de diciembre de 1885 -según algunas fuentes: secundando a la Federación Regional-, se crea, con iniciativa de un acuerdo entre obreros y artesanos, la Federación de los Trabajadores del Uruguay, cuyo órgano de prensa será “Federación de los Trabajadores”. La línea será básicamente la de la federación del ´75. “Esta Federación celebró en 1886 su primer Congreso Nacional Obrero, que puso entre sus reivindicaciones principales la jornada de 8 horas...” (7). Ya entrando en la década de los `90 varios gremios fuertes -entre ellos los Tipógrafos- habrían conquistado la jornada de 8 horas, sirviendo de estimulo para esta lucha que estaba ya para entonces entre las primeras reivindicaciones de la totalidad de los sindicatos obreros que nucleaba esta Federación. Junto a la demanda de la reducción de la jornada de trabajo, estaba el aumento de salario, descanso dominical, condiciones de salubridad, mejores condiciones de trabajo entre otras cosas.

 

En agosto de 1895 comienza a salir “El Defensor del Obrero”, publicación del socialismo científico que logra fundar en abril de 1896 el Centro Obrero Socialista, el cual nucleará a una pequeña porción de los socialistas de la época, quienes se proponen “crear una central sindical adscripta a esta tendencia. En el mismo año y con propósitos análogos se crea la efímera Federación Obrera del Uruguay (FOU) a partir de la coordinación de 18 gremios...” (8). Ni el Centro Obrero ni la FOU tuvieron mucha trascendencia y su poco peso gremial produjo su temprana disolución. Veremos que en marzo de 1905 se vuelve a impulsar bajo influencia socialista la Unión General de Trabajadores (UGT), también de poco porte influyente.

 

El cristianismo de tipo social tuvo también en esos tiempos su débil pero presente vertiente en la organización de los trabajadores del país orientándose conforme a la doctrina social de la Iglesia. Ya en 1885 se constituirá el Circulo Católico cuyo esfuerzo dará como resultado la fundación en 1904 de la Unión Demócrata Cristiana, la cual según algunas fuentes, contaba en principio con 8 gremios asociados y algunos sindicatos autónomos. Esta entidad “...operó en el plano estrictamente organizativo a través de las Uniones Gremiales, organizaciones sindicales por oficio, que entraron en competencia con las sociedades de resistencia orientadas por los anarquistas y con las sociedades de obreros dirigidas por los socialistas...” (9)

 

En 1898 se surge, de la línea de federalista del movimiento sindical, el Centro Internacional de Estudios Sociales (CIES) que tiene un rol dinamizador del debate coyuntural y estratégico de esos años, y durará hasta 1928. En 1904 hay intentos de crear una federación nacional pero sólo queda articulada la Federación de los Trabajadores del Puerto de Montevideo, empero quedarán las condiciones para que en agosto de 1905 se levante una verdadera federación que signó la conducción del movimiento obrero de una buena parte de nuestra historia, la Federación Obrera Regional Uruguaya, la cual, en línea directa con la primera federación del `75, seguirá la misma impronta internacionalista de influencia libertaria.

 

Indudablemente que al hablar de los primeros pasos del movimiento obrero y sindical en Uruguay se debe hacer referencia a la gran influencia de los anarquistas,

“...por varios años... no es posible hablar del movimiento anarquista en Uruguay como un movimiento aparte de la organización de los trabajadores, y no es posible hablar del movimiento sindical como una cuestión separada por completo de la actuación de los anarquistas... los ácratas consiguieron grandes éxitos en el terreno de la organización sindical...” (10)

 

Extendiéndose su influencia predominante y, si se quiere, ‘hegemónica’

“hacia las primeras dos décadas del siglo XX puede afirmarse que existió una importante implantación del anarquismo a través de la FORU en los sindicatos por oficio predominantes entonces, pero también en ‘centros de estudios’, ateneos y bibliotecas. Esta estructura organizativa convivía en una estructura económica con un desarrollo fabril aún débil, con predominio de talleres y la producción artesanal, aunque algunos ‘servicios’ -tranvías, ferrocarriles- llegaban a tener importante concentración de trabajadores...” (11)

 

Estas primeras federaciones y sindicatos obreros enarbolarán en sus estatutos y declaración de principios las consignas que jubilosamente difundirá la primera internacional: “No más derechos sin deberes, ni más deberes sin derechos; la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”. Bajo el influjo e influencia de la AIT, se impulsarán en todos los rincones del mundo estas organizaciones que definen, a partir del debate que se da en su seno, el espíritu, las características y la línea que las motoriza y guía. Acá en Uruguay, en los comienzos de la organización obrera, será la influencia bakuninista de corte federalista que se impuso por sobre la centralista, y desde la aparición de la AIT montevideana hasta la etapa posterior al 5º Congreso de la FORU (1919), cuando ésta se divide, predomina ésta línea en el país. Pero no obstante ésta influencia, la organización obrera surge de la autóctona y natural necesidad de oponerse con mayor capacidad de fuerza en la contienda por resolver las contradicciones que surgen de las relaciones entre el capital y el trabajo. Así lo reflejaban los primeros manifiestos obreros:

“Unámonos... para que por medio de la unión seamos más felices de lo que podríamos obtener siendo solos... debemos demostrar que tenemos fuerza moral para vencer la opresión a que estamos sometidos, y esto tan sólo se obtiene por medio de la unión... hagámonos fuertes, para destruir, sin más espera, el régimen de vida que llevamos...” (12)

 

 

La inmigración y la línea internacionalista

 

Debemos la organización de nuestro movimiento obrero, en parte significativa, a la influencia del internacionalismo, donde además de la influyente AIT, cumplirá un rol sumamente importante como usina ideológica, el gran contingente de inmigrantes de las distintas nacionalidades empujados por la persecución, la guerra y el hambre, encontrando en los países de nuestro continente y en Uruguay particularmente, donde serán -ya los inmigrantes llegados de Europa, ya los deportados de países vecinos, fundamentalmente de Argentina víctimas de la Ley de Residencia promulgada en 1902- bien recibidos en nuestro puerto merced a la apertura de fronteras que, Batlle y Ordóñez, tenía hacia los deportados y perseguidos. Nuestro país se convertirá en terreno fértil para el asentamiento y la proyección militante de cientos de inmigrantes y deportados. Cargaban con pocas cosas en sus bolsos, pero traían consigo una vasta experiencia que volcaron en la tarea de organización de los trabajadores de nuestro medio donde también difundían sus ideas. En efecto la lucha era internacionalista para aquellos obreros extranjeros y debía darse en cualquier rincón del mundo sin consideración de fronteras impuestas.

 

“A fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, nuevas oleadas de población europea llegan al Río de la Plata. Son sobre todo campesinos y obreros españoles, italianos, franceses, alemanes, polacos y rusos. Algunos vienen a ‘Hacer la América’. Otros son revolucionarios o sindicalistas perseguidos por su participación en las luchas sociales que sacuden a Europa por aquellos años: franceses que huyen de la represión que siguió a la Comuna de Paris de 1871; polacos y rusos perseguidos por la policía zarista. Y son, sobre todo, anarquistas o anarco sindicalistas españoles e italianos. Son portadores de la experiencia de lucha y de los anhelos de emancipación social que sacuden a la sociedad europea. Muchos de ellos son obreros autodidactas, gentes de voluntades fuertes que llegarían al Río de la Plata para seguir luchando por sus ideales de justicia y libertad. Organizadores de periódicos, bibliotecas, grupos de teatro, sindicatos y ‘sociedades de resistencia’...” (13).

 

La repercusión de los hechos internacionales influirá en el arraigo y desarrollo de las ideas socialistas de nuestros países latinoamericanos en general, “...en la década del sesenta se han producido dos hechos importantes en Europa: por un lado, en 1864 se funda la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), más conocida como Primera Internacional y en 1871 se produce la primera insurrección proletaria, la Comuna de París. Ambos hechos, junto con la persecución a los socialistas en la Alemania de Bismark en la década del setenta, tendrán gran influencia en América Latina” (14). El continente entero será caja de resonancia de las polémicas y los debates entre Marx con Proudhon primero y con Bakunin después en el seno de la 1ª Internacional; los hechos de Estados Unidos en 1886 en la lucha por las 8 horas y la resonante y sentida ejecución de los mártires de Chicago en 1887 que, si bien no repercutieron en lo inmediato, signaron el eje transversal de la primer reivindicación histórica de la clase obrera; la influyente presencia ideológica y organizativa de Erico Malatesta, principal referente internacional del anarco-comunismo, agitador, propagandista y organizador obrero, en Europa y los países del Río de la Plata (llega a Buenos Aires en 1885 y a Montevideo en 1889); o las consecuentes movilizaciones en repudio al asesinato de Francisco Ferrer y Guardia, en la Barcelona inquisitorial de 1909; el proceso de la Revolución Mexicana de 1910 con las contagiosas ideas de Flores Magón y Emiliano Zapata, como así con el heroico accionar de Pancho Villa; la 1ª Guerra Mundial en 1914, la Revolución Rusa en 1917 y la Semana Trágica en el Buenos Aires de enero de 1919, entre tantos otros hechos de los que podemos seguir narando largo y tendido.

 

Papel no menor cumplirá también, y debemos señalarlo, la importante repercusión política y la campaña de solidaridad por “Libertad a Sacco y Vanzetti” que tuvieron eco en Uruguay de la década del 20, o la campaña de apoyo a la revolución española de 1936 donde se tradujo en esfuerzo de propaganda, de apoyo solidario y aporte de un numeroso contingente de compañeros de las distintas matrices político-ideológicas que partieron hasta la península a protagonizar aquella histórica gesta. No son pocos los compañeros y las compañeras que engrosaron en España la Columna Internacional.

 

Sin duda que fueron todos estos vivaces episodios -de los que nos encargaremos en otra oportunidad- que motivaron la formación ideológica y que moldearon el originario encuadre, solidario, clasista y combativo del movimiento obrero en nuestro país.

 

 

Características originarias de nuestro movimiento obrero

 

Algunas de las características que atravesaron nuestra rica historia de luchas obreras y populares serán: huelgas muy duras, feroz represión, listas negras y despidos masivos, consecuentemente la desarticulación de fuertes sindicatos que por muchos años, a veces décadas, no podrán rearmarse nuevamente. Clausura de centros de estudios sociales, periódicos y sindicatos que no obstante se reagruparán y volverán a aparecer ya sea pública o clandestinamente, intentos de cooptación de los dirigentes y sectores importantes de la militancia sindical por parte de empresarios y los gobiernos. No faltaron por supuesto las huelgas triunfantes donde las patronales debían retroceder, y por supuesto las huelgas en solidaridad a los conflictos hermanos de gremio a gremio.

 

Metodológicamente se caracterizaba por la acción directa, la inserción en el movimiento sindical de una influyente camada de socialistas de matriz libertaria, traerá en consecuencia el rechazo de la participación estatal en los conflictos obreros, las tácticas de sabotaje, el boicot hacia las patronales, piquetes contra los rompehuelgas, la agitación permanente, la propaganda, la movilización y la huelga general. Cualidades de un movimiento obrero rico en solidaridad, en luchas, en organización. Nuestro movimiento obrero avanzará con grandes sacrificios, se abrirá camino de la experiencia misma, del ensayo y error, y fermentará a partir de inmensos costos.

 

“La influencia argentina se hizo sentir intensamente en el Uruguay. Los grupos anarquistas y socialistas de inmigrantes se formaron a ambas orillas del Río de la Plata. Pero el movimiento sindical nunca llegó a adquirir el desarrollo del argentino, debido al hecho de que en el Uruguay, país ganadero y agrícola en mayor grado aún que en Argentina, el proletariado era poco numeroso. En cambio, el Uruguay fue una de las primeras naciones latinoamericanas que tuvo un gobierno que hoy llamaríamos populista (el de Batlle y Ordóñez)” (15).

 

Inteligentemente el populismo sabrá capitalizar las luchas obreras, proyectándose a la aprobación de leyes sobre derechos que en los hechos ya estaban ganados por los sindicatos. De esto se desprende una de las características de nuestro movimiento sindical, que aún hoy perdura, por períodos será diezmado por la represión cruda y llana de gobiernos como el de Juan Cuestas, Claudio Williman o Feliciano Viera después, y por otros cooptado por el populista gobierno de Batlle y Ordoñez, no pudiendo desarrollar -salvo en algunos sectores industriales- más que una pequeña parte de su enorme capacidad potencial, quedando sus logros y conquistas como si fueran producto de las regalías del Estado benefactor lo que sin duda fueron posibles como fruto de las huelgas y las duras movilizaciones obreras.

 

 

Desarrollo económico-industrial y político en el Uruguay de fin del S. XIX

 

El  movimiento obrero uruguayo, como en otros países, surgirá de las reestructuras del mundo de la industria, la economía y los acontecimientos políticos mundiales que repercuten a nivel local. La estructura productiva del Uruguay de la segunda mitad del siglo XIX es consecuencia directa de la formidable expansión económica a que dio lugar la Revolución Industrial en algunos países europeos a lo largo del siglo. Siglo que internamente en nuestro país estuvo signado por hechos de importancia ‘Nacionales e históricos’. Este se destacó por la guerra por la ‘independencia’, comandadas por el traicionado General Artigas, la ‘Cruzada Libertadora’ florista, la última intervención armada brasilera que decidió su triunfo, las masacres de indios como en ‘Salsipuedes’, la Jura de la Constitución y, entre otras cosas, las batallas por cuotas de poder entre blancos y colorados, nacionalistas y derecha liberal respectivamente.  “…En lo que hace al movimiento popular, a las ideas socialistas, al movimiento obrero que está surgiendo, tenemos aquí en concreto la presencia de gobiernos especialmente hostiles, arbitrarios y propensos a la prepotencia. Un ambiente social donde derechos y libertades fundamentales brillan por su ausencia...” (16)

 

El ciclo de las ‘revoluciones’ nacionalistas, (o mejor dicho ‘guerras civiles’) cierra en 1904 con la muerte de Aparicio Saravia. Los enfrentamientos se dan esta vez en Mansavillagra, Fray Marcos, Masoller y la sangrienta batalla de Tupambaé. Un período de enfrentamientos armados queda atrás. Estos enfrentamientos violentos ocurridos por las pujas de poder gubernamental nada tenían que ver con el desarrollo del movimiento obrero el cual no encuentra su raíz en estos episodios, muy por lo contrario los sindicatos se abrían camino en medio de esta disputa que en nada los contemplaba más que como campo de reclutamiento.

 

El proceso económico del Uruguay del siglo XIX fue desde el pique totalmente dependiente y subordinado al poderoso imperio Británico -aunque si bien en mayor medida, no únicamente-, inicia a partir de 1870 un proceso conocido como de “modernización”, es decir, de tránsito hacia el modo capitalista de producción. Este proceso se cerrará con la crisis de 1890.

“La creciente demanda de los países europeos provocó el mejoramiento de la producción ganadera en función de las exigencias de aquellos mercados. Fue una etapa del ‘crecimiento hacia fuera’, basado en una especialización monoproductiva, y la integración al mercado internacional siguiendo el esquema de la distribución internacional del trabajo como exportador de productos primarios e importador de productos manufacturados (...) los caracteres de la producción ganadera -latifundista- que exigía una limitada mano de obra, la escasa incidencia que esa actividad tiene en la creación de actividades complementarias, explican la existencia de una importante población marginal -sobrante laboralmente- y la migración (campo-ciudad) hacia los centros urbanos (especialmente Montevideo), creando una oferta de fuerza de trabajo que el escaso desarrollo de la industria -en esos momentos- no pudo absorber, actuando como factor depresivo de los salarios...” (17).

 

Esta migración produce la proliferación del problema habitacional en zonas urbanas, creándose los conventillos donde vivían en condiciones degradantes, los obreros y sus familias.

 

Este proceso junto a la inmigración extranjera fueron elementos determinantes para la concentración obrera en los centros fabriles urbanos, que ya en 1876 se cuantificaban en

“137 establecimientos industriales, -pero que desde esa fecha a 1900- unos 577 establecimientos se suman a los anteriores... Un mayor avance sin embargo se registrará entre 1901 y 1914, pues en solamente 13 años se crean 1.272 establecimientos... su índice de crecimiento era gigantesco... La primera Guerra Mundial... promovió activamente la industrialización“ (18).

 

El comienzo del siglo XX imponía el modelo capitalista denominado Estado de bienestar social, como estrategia de control y dominación a la vez de buscar contención de las crecientes luchas por las características de una degradante situación social. Basado en el keynesianismo, este modelo planteaba el desarrollo de una economía dirigida desde el Estado, con fuertes políticas sociales que amortiguaban el golpe de la continuidad de las injusticias producto del sistema capitalista como eje rector de las políticas de gobierno. Así se llevaron adelante, principalmente por la presidencia de Batlle y Ordóñez importantes avances a nivel de la legislación laboral, que no era sino el intento de cooptación y control social de los sindicatos que por sí solos ya traían grandiosas victorias producto de la lucha. “La ideología del batllismo combinaba clásicas fórmulas evolucionistas y conciliatorias, negaba la lucha de clases, ponía énfasis en el papel de las reformas sociales mediante la acción de un Estado tutelar, tendía a escindir en la conciencia de los trabajadores su condición de ciudadano a la de asalariado” (19). Es finalmente la fidelidad de la sociedad al Uruguay batllista con la que el Partido Colorado (la derecha histórica de nuestro país) logrará perdurar en el gobierno ininterrumpidamente hasta 1958 y luego retomar alternadamente con los otros partidos su mandato.

 

Propio de los países en que se iba instalando el régimen capitalista, nuestro país cumplirá con una eficiente explotación de la mano de obra. Las condiciones de vida y de trabajo de la clase asalariada, el trabajo de las mujeres y los niños, las condiciones miserables de habitación, la insalubridad que provocaba entre los obreros una gran mortalidad por enfermedades infectocontagiosas como la tuberculosis entre otras,

“...la modalidad del pago de los ‘salarios de hambre’ (casi exclusivamente a destajo), la duración de la jornada laboral (siendo de 12 a 18 horas según el oficio), el sistema de sanciones pecuniarias (multas y suspensiones), generaron el nacimiento de la llamada “cuestión social”, e impulsaron la protesta obrera y la sindicalización. A lo que se sumaba la lista negra donde se incluía a los obreros que accedían a sindicalizarse...” (20).

 

Así, ya entrando en la década del `80 comienza a desatarse una ascendente conflictividad en demanda de mejores condiciones laborales y sociales.

 

 

Breve cronología de las primeras huelgas

 

“La calma pueblerina comienza a perturbarse y un augural movimiento huelguístico se extiende por todos los centros neurálgicos del país... La obtención de las 8 horas de trabajo, el aumento de salarios y el mejoramiento de las condiciones laborales constituyen el núcleo central de las aspiraciones obreras... Los trabajadores ferroviarios, los del cuero, los portuarios, los peluqueros, los guardas y cocheros de tranvías, los obreros de aserraderos entre otros se lanzan a la huelga en pos de sus justas reivindicaciones...” (21)

 

En enero de 1876 estalla lo que podemos considerar como la primera huelga que se registra en Uruguay, con la movilización de los empleados del Hospital de Caridad, siendo despedidos 16 funcionarios; en diciembre de ese mismo año serán los carpinteros de Rivera que, en reclamo de aumento salarial y reconocimiento de su asociación, declaran la huelga. Ambas, aunque de menor cuantía, no dejan de ser importantes ya que son la brecha que rompe el silencio y abre paso a las movilizaciones de masas.

 

Sin duda que es la gran huelga de los mineros de la localidad de Cuñapirú desatada en enero de 1880 la que adquiere mayor significación por su trágico factor desencadenante: por falta de seguridad de la empresa, los derrumbes de las minas cobran la muerte de 4 obreros en el período de diciembre del `79 a enero del `80, “dos días después de la última muerte estalla la huelga... -ésta- dura desde el 15 de enero hasta agosto, escalonándose a través de varias huelgas a lo largo de estos meses, llegando a intervenir, primero la policía, luego un piquete de artillería...” (22). Tempranos tiempos para esperar vigor en la pelea, aún se estaba reforzando la fibra del puño obrero. “La huelga seguramente se perdió, pero como hemos dicho, la clase obrera uruguaya no nació mansa ni sumisa ante la explotación y la prepotencia...” (23).

 

En mayo de 1882 los trabajadores de los hospitales se declaran en huelga; en junio de ese mismo año hay huelga de los trabajadores del puerto de Paysandú; y a solo 4 meses, en noviembre anuncian la huelga los trabajadores de la fábrica de muebles Caviglia.

 

En agosto de 1884 estalla la huelga de los fideeros, a razón de sus reiterados reclamos por mejores condiciones de trabajo y aumento salarial, que tiene la particularidad de ser la primera huelga que encuentra adhesión de todo el gremio (prácticamente todas las fábricas de fideos se pliegan a la medida) y por otro lado el decidido apoyo de la Federación Regional que incluso asegurando jornales, alojamiento y comida a los huelguistas y sus familias. El conflicto ayudo, por la dinámica de los hechos, a consolidar la organización sindical y los resultados de la lucha fueron positivos.

 

En 1885 se desata una huelga en la construcción, los saladeros, el calzado y los gráficos. Surgen otras en el sector de tranviarios que protagonizaron una fuerte huelga en 1895, secundada por la gran huelga de los portuarios en 1896. Estas dos últimas fueron brutalmente reprimidas, en especial la huelga Tranviaria, contando con prohibición de sus reuniones y detención de sus dirigentes.

 

“El mismo año estalló una huelga de obreros marítimos, fluviales y portuarios. Fue tan importante que el gobierno recurrió a severas medidas de represión. Los periódicos liberales (a diferencia de otros países) vieron con simpatía a los sindicatos. La crisis de exportación y el ejemplo de Buenos Aires determinaron una nueva oleada de huelgas en 1900-1901, iniciada con una huelga muy violenta de los portuarios, que en general han estado a la vanguardia de las luchas sociales... -molineros y fideeros, trabajadores de la cantera de La Teja que proporcionaban los materiales para la construcción del puerto de Montevideo, obreros de la carne, fosforeros, panaderos y tranviarios, llegaron a preocupar a la burguesía. Al año siguiente, 1902, 1.200 obreros de siete saladeros y del sector panaderos, secundados por la paralización por completo de los talleres de La Teja, pautan un cuadro de situación sumamente complejo- ...El proletariado aumentaba en número, debido a la mecanización de la industria. Había organizados en la capital 28 sindicatos, y 11 en el interior,... -en 1905 estalla una importante huelga, los foguistas, marineros, toneleros, maquinistas y pescadores, habiendo la patronal rechazado sus pliegos de condición se lanzan a la pelea- En 1906 hubo huelgas muy importantes: de ferroviarios por dos veces, de portuarios, de obreros de la municipalidad capitalina. Montevideo era el centro donde iban los obreros de Buenos Aires expulsados en virtud de la Ley de Residencia Argentina, y su presencia contribuía a reforzar el movimiento sindical y los sentimientos de solidaridad y combatividad...” (24).

 

En febrero de 1908 -año que se registran 13 estallidos huelguísticos con 3,716 huelguistas-, los ferroviarios se declaran en huelga, nos muestra la gran represión con la que respondían los gobiernos como el de Claudio Williman luego del primer mandato de Batlle y Ordóñez, frente a los reclamos del movimiento sindical. Ante la continuidad y combatividad de la medida el gobierno imparte duras directrices “El decreto que prohíbe toda reunión de los huelguistas, la clausura de los locales sindicales, la prisión de los dirigentes, van pautando la voluntad gubernamental de quebrar la huelga, objetivo que se logra y que conduce a la desaparición -por muchos años- de la Unión Ferroviaria...” (25)

 

Esta derrota conlleva como negativo costo-consecuencia el sentido debilitamiento, a niveles generales, del movimiento sindical, pero no será muy prolongada la tregua, en los años siguientes se logra avanzar en reorganizar los sindicatos y se producen movilizaciones de amplios sectores de trabajadores.

 

“Especial atención merece el año 1911... -el cual registra 41 estallidos huelguísticos- es en este año que tiene lugar la primera huelga general en el Uruguay. En pleno proceso de reorganización de la Sociedad de Resistencia de los trabajadores Tranviarios, la dirección de las dos empresas que prestaban el servicio de transporte colectivo, deciden expulsar a los nueve dirigentes del sindicato, cinco de la compañía La Comercial y cuatro de La Transatlántica. Esta arbitrariedad determina que el 11 de Mayo de 1911 se declarará la huelga de los tranviarios, reclamando el reintegro inmediato de sus compañeros despedidos, aumento de salario, reducción de la jornada laboral, pase libre para viajar en los coches de la empresa, dos días francos al mes y el reconocimiento al derecho a la agremiación. El nivel de acatamiento a la medida gremial fue casi total y la ciudad amanecía sin los clásicos tranvías... El 23 de mayo el consejo de la FORU resuelve por unanimidad declarar la huelga general por tiempo indeterminado...

 

La primera huelga general en la historia del país contó con un extendido respaldo en todas las ramas de actividad. El gobierno militarizó la ciudad y se produjeron algunos incidentes cuando los trabajadores en huelga arremetieron a pedradas contra los pocos tranvías que circulaban conducidos por carneros. La huelga duro 3 días y fue levantada luego que la asamblea de los tranviarios aceptara una fórmula...” (26). (Dicha formula fue planteada por la patronal en las últimas negociaciones, la cual si bien en una reunión, y mediante un acuerdo de palabra, incluía el reintegro de los despedidos, en la última reunión retira ese punto).

 

En 1916 hay intentos de la patronal de reducir los salarios de los frigoríficos del Cerro, los trabajadores declaran la huelga y se dan importantes enfrentamientos con la policía y patoteros pagados por la patronal. Los obreros encontrando solidaridad con el sindicato de la Bahía que se niegan a trasladar carneros, impiden que ingresen carneros a la faena y ganan la pelea. Tuvo un costo importante este conflicto, el trabajador Melanio Garos es abatido por las balas de la represión dejando una gran indignación en el ambiente pero compromete a redoblar los esfuerzos para un éxito seguro.

 

“En 1917 Montevideo sufrió dos grandes huelgas. La del Puerto, que involucró alrededor de 7.000 obreros y la de los tranviarios. Esta última fue violenta; en repetidas ocasiones chocaron los huelguistas con tropas de línea y se produjeron tiroteos... y se arrestó a los dirigentes gremiales...” (27)

 

En ese mismo año (1917) los frigoríficos llevan adelante una importante huelga, nuevamente la represión consigue avanzar con ferocidad, se militarizan partes de la ciudad, entre ellas el Cerro, y tras gran cantidad de heridos se derrota a los obreros que son obligados a trabajar por la fuerza. Al año siguiente, en 1918, los obreros marítimos son protagonistas de un combativo conflicto en el curso del cual también se producen fuertes enfrentamientos con la policía.

 

1918 es testigo de una lucha importante de los trabajadores tranviarios y conductores de autos, que se suma al conflicto de los marítimos y carboneros. Las patronales habían desconocido la Sociedad de Resistencia de los tranviarios y la FORU declara la huelga general por tiempo indeterminado. Los obreros apedrean a los tranvías que funcionan por los carneros y se producen fuertes enfrentamientos, mueren a raíz de la brutal represión en las calles los obreros Floro Ferrara y Mario Rodríguez, prácticamente en medio de una militarización de la ciudad.

 

“En el inicio de la crisis de la posguerra (1919) el gobierno desató una campaña de persecución a sindicalistas -algunos acusados de ‘haber constituido un soviet’- y a los sindicatos que fueron clausurados y muchos dirigentes detenidos y deportados... De las huelgas por la conquista de las 8 horas de trabajo... se pasó a las luchas por su efectiva aplicación...” (28).

 

Por muchos años, aún hoy, y dolorosamente, a pesar de las heroicas luchas, las 8 horas no se cumplen en diversas ramas de actividad. Otras permanecen al margen de la seguridad social. Sectores de trabajadores de la forestación o peones rurales y cañeros entre otros, hasta hace muy poco no gozaban de esta conquista por la que tanto se luchó y por la que tantos hombres y mujeres dejaron sus vidas, afectándolos tardíamente dicha legislación. (29)

 

Las dos últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del siglo XX fueron marcadas con la lucha por la reducción de la jornada laboral a 8 horas de trabajo, huelgas, mítines y manifestaciones formidables signaron las fervientes luchas de nuestra clase trabajadora. Junto a ésta, se destacan otras reivindicaciones de la época, como ser: suspensión o compensación extra por el trabajo nocturno, término del trabajo a destajo, responsabilidad patronal de los accidentes laborales, descanso semanal, prohibición del trabajo de los menores, condiciones de salubridad, derecho a sindicalización, etc. Fue sin duda el motor de empuje, que si arrancó con el movimiento y grandes huelgas de 1886 y el posterior martirio y sacrificio de los Mártires de Chicago, si se lubricó en el llamado a la lucha sin tregua de Agust Spies, Michel Schwab, Samuel Fielden, Albert Parsons, Adolf Fischer, George Engel, Oscar Neebe y Louis Lingg, ahorcados por la clase dominante en 1887, siguió y se mantuvo la marcha con los obreros de todas partes del mundo que no dejan de luchar, mostrándonos que la lucha de clase no es sino el potente motor de la historia.

 

 

El 1° de mayo en el Uruguay

 

Ningún historiador nos proporciona información alguna sobre hechos, actos o pronunciamientos en Uruguay, en el año de las protestas por las 8 horas ni en el momento de la ejecución de los martires de Chicago. El injusto bienio 1886-1887 parece no haber sido percatado oficial o extraoficialmente. Seguramente la atención se centraba en las repercusiones de la Revolución del Quebracho, que en 1886 se daba por parte de los patriotas en la campaña de nuestro país. Algún artículo de prensa o rumor aislado de lo que estaba pasando hubo, principalmente en 1887, próximo a la ejecución de noviembre, pero nada que ponga el énfasis en los acontecimientos de Chicago de mayo de 1886.

 

Las repercusiones de la ejecución de los mártires de Chicago (11 de noviembre de 1887) tuvieron en la prensa liberal reaccionaria sus breves informes, pero desde el campo obrero-gremial se llevó adelante por primera vez acá en Uruguay, dos años después de los hechos, “el 17 de Noviembre del `89 en la Cervecería Bon Jules, -frente a la “Plaza de los Treinta y Tres”- con la oratoria de 6 personas que se refirieron a ‘la triste y funesta historia de nuestros mártires’” (30). Con presiones de diversos medios de prensa, entre ellos ‘El Bien’ que pedía a gritos que no se permitiera esa reunión convocada con anticipación, así el gobierno de Máximo Tajes anuncia que queda prohibida toda reunión de tinte socialista, pero no logra que la reunión se suspendiera.

 

Algunos años después se podrá conmemorar el 1º de Mayo acá en Uruguay. El diario “El Día” del 30 de abril de 1890 anunciará de esta forma, cuasi burlonamente los hechos planificados para el 1º de mayo en nuestro país: “Mañana se reunirán los socialistas, que por no sabemos qué anomalía, existen sin razón entre nosotros, para asociarse a la fiesta universal de los obreros que se celebrará el mismo día en todo el mundo. Los socialistas de Montevideo tomarán una actitud pacífica, limitándose a comunicar a sus consocios del viejo mundo que el obrero es libre en esta tierra de libertad...” En efecto, en las semanas previas al acto, la prensa amarilla de nuestro país cercó esta actividad con amenazas, advertencias y en última instancia, con caricaturizaciones descalificantes, que no obstante no hicieron más que ayudar a la propaganda y motivar su relativo éxito.

 

El diario “El Bien”, de procedencia católica, sumaba leña al fuego como era de esperar por su empeño histórico de alimentar la hoguera inquisitorial, declarando planteos de reproche a las fuerzas policiales, decía: “No podemos comprender como la policía admite semejantes reuniones, pues ellas, generalmente son precursoras de trastornos sociales como son las huelgas, etc. -y recuerda que- En Buenos Aires se han prohibido; sépalo, Señor Jefe de Policía...”. Pese a todo, los preparativos, aunque cautelosamente y ‘bajo cuerda’, fueron tomando su curso y detalles organizativos de la actividad planteada, se dirimían en los cafés donde se encontraban los obreros a resolver, mediante el sano y fraterno intercambio de ideas, sus discrepancias de opinión.

 

“El 1º de Mayo de 1890 -a iniciativa de la Federación Norteamericana del Trabajo- fue la primera jornada internacional conmemorada por todos los obreros del mundo. En la mañana del 1º de Mayo de 1890, Montevideo amaneció vestida con un cartel que proclamaba: ‘Hoy, primero de Mayo de 1890, se invita a todos los obreros de Montevideo a asociarse a la huelga universal. Se os invita para la Protesta contra la explotación del hombre por el hombre, el día primero de mayo a las 2 de la tarde. Punto de reunión: la cervecería de Giambrinus, frente al cementerio inglés, calle 18 de Julio, esquina Olimar, -el llamamiento estaba firmado a nombre de una- Comisión Organizadora...’” (31)

 

“Es así que la primera conmemoración publica del día internacional de los trabajadores en nuestro país tiene lugar el 1º de Mayo del año 1890, apenas 4 años después de los trágicos sucesos de Chicago que dieran origen y significación a la fecha… Aquellos pioneros luchadores obreros convocaron a la manifestación callejera con un humilde volante (y a ella) asistieron algunas decenas de personas... A pesar de la modesta concurrencia la prensa de la época registro el acontecimiento y el digno esfuerzo de aquellos trabajadores fue retomado en años posteriores hasta convertir al 1º de Mayo en una de las fechas de mayor significación para el mundo del trabajo en nuestro país. -Así- los sucesivos primeros de Mayo se convirtieron en jornadas de genuina lucha obrera en donde los trabajadores ganaban las calles y plazas para tomar la palabra... Las diferentes corrientes de opinión del movimiento obrero y sus diversas expresiones sociales y políticas hacían sentir sus reclamos y el eco de sus justas demandas se multiplicaba al paso de las columnas de trabajadores...” (32)

 

Sus repercusiones en la prensa, en los días posteriores de la manifestación, fueron diversas. “El Bien”, bajo el título de “Los Pseudo-socialistas en Montevideo” decía: “Este socialismo enteco que por la complacencia de las autoridades está desarrollando y cobrando fuerzas, aprovecha todas las ocasiones para hacerse sentir. ¿Cómo iba a dejar escapar la de la huelga universal?...”. También señala que según sus cálculos se reunieron unos “ciento y pico de exaltados, italianos y franceses exclusivamente, presididos -según ellos- por dos antiguos comunistas y masones...”. Yamandú Gonzáles señala que también “El Imparcial” del 3 de mayo analiza las repercusiones del 1º de mayo en Europa, justificando allí las protestas pero no “la repercusión que se ha querido dar por los obreros de Montevideo a éste hecho que aquí no tiene fundamento y tampoco hallará eco...”

 

“Durante muchos años, en los días 1º de Mayo se realizaban varios actos: los sindicatos orientados por anarquistas, por un lado... Los que estaban orientados por los comunistas, en otro. Los poderosos sindicatos de los frigoríficos realizaban su conmemoración en el Cerro. Los gremios de la Confederación Sindical del Uruguay, hacían otro acto. Y el sindicalismo combativo de los Sindicatos Autónomos realizaba su acto en otro punto de la ciudad. En las oratorias, junto con la evocación de los Mártires de Chicago y las demandas del momento, se ponía mucha energía para marcar las diferencias con las demás corrientes. Los antagonismos no eran sólo verbales. En muchos sindicatos, como ocurrió en el transporte, los choques entre las distintas orientaciones fueron duros y muchas desavenencias se saldaron a los tiros...” (33).

 

La heroica lucha de los obreros anarquistas diezmados en la horca de la burguesía arraigó en nuestro país como en otros, y “Por ésta razón el recuerdo de los mártires de Chicago en -más- de cien años de evocación y de luchas, fue incorporado plenamente al 1º de Mayo y flamea al viento victorioso, desafía al presente y al futuro, responde que sí a Spies, que ya ‘El silencio es más fuerte y poderoso que sus voces’ y reafirma que quienes han dado sus vidas construyendo la fraternidad viven en el porvenir..” (34). A través de los años tanto en los 1º de Mayo como los 11 de noviembre de alguna u otra forma se evocaba la memoria de los mártires de la clase trabajadora.

 

Bajo el mandato de Máximo Tajes y luego de J. H. y Obes, en medio de una profunda crisis el horno no estaba para bollos, poca cosa se pudo hacer ante los conflictos y despidos masivos y mucho menos como conmemoración del 1º de mayo. Recién, y después de una lenta tarea de reorganización, ésta vez al influjo del Centro Obrero Socialista, creado en abril de ese año, 1896, se pudo hacer la conmemoración del 1º de Mayo. El manifiesto decía:

“Trabajadores, festejamos esta gran fiesta del proletariado, en la que los trabajadores de Montevideo desplegando la roja bandera que simboliza la lucha de clases, pronostican el fin de la servidumbre y la opresión...” la convocatoria era en la Plaza Sarandi, antigua plaza de Las Carretas, (actualmente Facultad de Medicina) al medio día del 1º de mayo, desde donde partieron en columna hasta la plaza Artola (actual ‘Plaza de los Treinta y Tres’). Al frente de unas 3.000 personas iban, según el periódico “El Día”, “cinco chiquilines, tres vestidos de colorado y dos de negro...”

 

Ya entrando en los primeros años del siglo XX, las conmemoraciones del 1º de mayo eran verdaderas demostraciones gremiales de miles de obreros. La celebración de 1902 fue signada, por la creciente movilidad sindical, los debates entre anarquistas y socialistas y la preparación de actos separados, no era la primera vez que esto pasaba, lo singular fue que la puja de espacios estaba muy evidente ésta vez. La movilización más significativa e imponente fue la realizada desde la Plaza Sarandi hasta la Plaza Independencia, organizada por numerosos gremios, periódicos libertarios u obreros y el Centro Internacional. La columna enfilaba portaestandartes, músicos que entonaban “La Internacional”, varios pabellones y banderas obreras y contaba también con el acompañamiento de la guardia de seguridad que le seguía los pasos de cerca. Esta columna contó con más de 3.000 personas y una improvisada oratoria, ya que se había prohibido por parte de las autoridades pronunciar algún tipo de discurso, dando por culminada a la tarde la manifestación con la detención y pronta liberación del ‘atrevido’ orador. Por la tarde hasta la noche, como era costumbre, el Centro Internacional de Estudios Sociales (CIES) convocó a una singular actividad con conferencia, teatro, música animada por el ‘Orfeón Libertario’ entonándose la Internacional, Hijos del Pueblo y el Himno al 1º de Mayo dentro de su repertorio y termina con jornada de socialización obrera.

 

La otra conmemoración del 1º de mayo de 1902 fue la realizada por los socialistas; “por la mañana varios tranvías desplazaron a obreros socialistas a un saladero en el Cerro donde se ofreció un asado con cuero, y después del almuerzo se pronunciaron discursos que ‘versaron sobre la difusión de las teorías socialistas y la necesidad de propagarlas entre el elemento trabajador del país...’” (35)

 

“Por su magnitud y entorno, la conmemoración del 1º de Mayo de 1911 se transformó en la más destacada realizada en Uruguay hasta ese momento. En medio de una situación signada por el auge de la reorganización y muchas expectativas por el funcionamiento del Tercer Congreso Obrero -de la FORU- miles de hombres, mujeres y niños, se volcaron a las calles a celebrar el 1º de Mayo pese a ser un lunes laborable...” (36). Ese día se realizaron varios actos en Montevideo y en diversas localidades del interior, pero indudablemente este fue el más importante, llegando a reunir entre 10 y 12 mil personas según los diarios “El Bien” y “La Razón”, y a conformar una columna de más de 7 cuadras. En pleno Congreso de la FORU, el cual se realizaba en el Centro Internacional, se llama a concentrar en sus puertas a las 14 horas, partiendo la columna a media tarde hasta el Muelle Maciel. Acompañaban la columna las banderas y carteles de las distintas sociedades obreras, los socios del CIES, los delegados del Congreso que estaba sesionando en esos días y encabezaba una banda de músicos que tocó durante todo el recorrido los acordes de la “Internacional de los trabajadores”. Las oratorias a cargo de José Castelli, Antonio Marinelli, Virginia Bolten, Anival Miramar, Francisco Corney, Adrián Troitiño y Gino Fabbri, casi todas ellas historiaban el 1º de mayo, homenajeaban a los mártires de Chicago y pedían el reconocimiento del 1º de Mayo como “Día de los Trabajadores”. Como era costumbre Adolfo Grijalbo, poeta, leyó uno de sus escritos alusivo a la causa de los trabajadores. Al cierre, y antes de dispersarse los manifestantes, el delegado por el Comité Organizador de la manifestación, José Castelli, leyó un acta “que fue muy aplaudida y en la que se reclamó el apoyo solidario de los pueblos para lograr la derogación de la Ley de Residencia implantada en la Argentina en 1902...” (37). En la Noche y a salón lleno, se realizó una actividad en el Centro de Estudios Sociales con conferencistas, música, poesía, y homenajeando a Pietro Gori, que recientemente había fallecido, se presentaron sus obras de teatro “Sin Patria” y “Primero de Mayo”.

 

La capacidad de lucha reivindicativa de la clase obrera era para entonces muy fuerte, la huelga general experimentada en 1911 y conducida por la FORU la cual detiene prácticamente toda la actividad económica, impulsa al movimiento a una nueva ola de luchas reivindicativas que va hasta comienzos de 1912. Ese año (1912) tuvo un acto combativo y multitudinario. Acababa de dejar la presidencia Claudio Williman, quedaba atrás un período represivo y duro hacia los sindicatos, la reorganización signaba la necesidad del momento, sumado a ello y en procura de aunar fuerzas para mejorar la calidad de vida, socialistas y anarquistas exploran iniciativas unificadoras en la lucha, como expresión de esta línea a la que por momentos se apostaba desde un lado y el otro se prepara un acto del 1º de mayo unitario. "La columna partió de frente al local de la FORU. La manifestación recorrió 18 de Julio hasta la Plaza Matriz y desde allí siguió hasta el Muelle Maciel. Las mujeres iban al frente de la marcha seguidas por los gremios obreros. El 1º de Mayo tuvo -ese año- esa particularidad, desfilaron juntos anarquistas y socialistas...” (38). El medio de prensa “La Tribuna” decía al otro día: “Los trabajadores, cumplieron una misión histórica, recorrieron ayer las calles de la metrópolis, llevando al frente sus rojas banderas desplegadas y en los labios una canción rebelde plena de esperanzas...”. Algunas piedras que se arrojaron hacia tranvías que seguían trabajando sin respetar el día de los trabajadores suscitaron críticas desde el campo socialista y dieron pasto a las fieras de la prensa reaccionaria para exigir más mano dura contra los obreros. Otro de los aspectos que caracteriza el 1º de mayo de 1912 fueron puestos por algunos oradores que “exteriorizando un rasgo distintivo del proletariado uruguayo -la solidaridad y el interés por acontecimientos internacionales- (instaron) a los presentes a una colecta de apoyo a los revolucionarios de Emiliano Zapata” (39)

 

En 1917 y 1918 se hicieron actividades y movilizaciones que acontecen bajo parámetros normales y como todos los años, el CIES convocará a sus conferencias y jornadas de socialización y resistencia de los gremios. Pero destacamos, ya sobre el techo de nuestro período en investigación, el acto de 1919, época donde se registran los mayores índices de afiliación gremial, calculándose en unos 25.000 los obreros sindicalizados y donde se dan en las movilizaciones y conmemoraciones una formidable demostración de poder y de convocatoria.

 

Los reclamos hacían hincapié en el “respeto de las 8 horas de trabajo por la que se encaminó la lucha de las últimas décadas y que aún las patronales intransigentes se niegan a cumplir...”. La agitación que había de reflejarse ante los acontecimientos a instancias de la Revolución Rusa venía caldeando la cosa en la región como en el mundo y los gremios en Uruguay no se quedaban atrás. La Semana Trágica de Buenos Aires en enero de 1919 suma a un clima por demás tenso, llegan noticias desde Argentina por medio del periódico ‘La Protesta’ la cual anuncia que “El pueblo está para la revolución... Bs. As. se ha convertido en un campo de batalla...”. Ante esto

“el Presidente Feliciano Viera se reunió con su Ministro del Interior, el de Guerra y Marina, y con el Jefe de Policía de Montevideo, resolviendo acuartelar tropas, colocando guardias especiales en lugares considerados estratégicos, se reforzó las existentes en comisarías y organismos públicos, se enviaron al Cerro varios batallones y se emplazaron dos ametralladoras en las azoteas de la seccional 24 (Cerro) y otras dos en la fortaleza General Artigas...“ (40).

 

Se allanan locales y detienen dirigentes de la FORU que se encontraban reunidos en el CIES, paralelamente son detenidos varios de los redactores y periodistas de algunos medios de prensa que agitaban la revuelta prohibiendo su edición.

“Entre enero y mayo se producen grandes huelgas en todo el país... muchas de ellas muy duras y con violentos enfrentamientos.... -las que daban claras muestras de- una atmósfera inflamable a punto de estallar en cualquier momento... Las clases altas por medio de ‘La Defensa Comercial’, órgano de la Liga Comercial, señalarán el 6 de abril: ‘Negar que el capital está en peligro y que debe intentarse una acción para contrabalancear los esfuerzos demoledores del proletariado, que intentan subvertir el actual régimen social, es entregarse a una acción suicida...’ A fines de abril el jefe de Policía Sampognaro recibe una carta de un informante en Buenos Aires... que le dice: ‘No hay duda que... -también en Montevideo- harán todo empeño para provocar un movimiento revolucionario... el 1º de mayo” (41).

 

No era para menos, según las declaraciones emitidas por la FORU en días previos al día de los trabajadores, éste 1º de Mayo debía ser ‘el último bajo el sistema capitalista’ había que “reivindicar nuestros derechos por la fuerza de la razón y no esperar... -esto claro que dependería de- las circunstancias que se presenten y de la convicción capas de adueñarse de todo: de la propiedad privada, de los instrumentos de trabajo, de las fábricas y talleres, minas y campos...”.

 

El 1º de mayo no se llegó a conmemorar como estaba previsto, fue un año de represión, persecución y varias detenciones que lograron, pese a los esfuerzos militantes del movimiento obrero, neutralizar todo intento de llevar adelante en la práctica, lo que, por lo menos en la conciencia y en los acuerdos, ya estaba decidido: que éste fuera ‘el último 1º de mayo’ bajo la explotación y la opresión del capitalismo.

 

Estos primeros de mayo son los últimos que se dan dentro de lo que comprende al proceso de expansión económica que habría provocado la primera guerra mundial. Muchos primeros de mayo se darán a lo largo de lo que resta del siglo XX y lo que va del siglo XXI, pero al período que nos atañe en este resumen histórico, período originario de nuestro movimiento obrero y de surgimiento de la organización sindical; de irrupción de la etapa de industrialización y desarrollo económico, precedido por secuencias represivas y por un estado benefactor que acolchonaba el crudo sesgo injusto de la sociedad capitalista, los trabajadores siempre, de alguna u otra forma, desde que tuvieron posibilidades de introducir esta fecha como día de conmemoración y lucha, se las arreglarán para manifestarse, ya sea pública o clandestinamente, y rendir el simbólico y significativo homenaje a los mártires de Chicago endosándole las reivindicaciones locales y particulares del momento, pero añorando en él el mundo nuevo por el que, con la lucha y la organización, está destinado a nacer: sin explotados ni explotadores.

 

El espíritu era significativa y entusiastamente el mismo año tras año: “Que este 1º de Mayo sea el último aniversario que solemnizamos en la esclavitud y que el próximo lo pasemos alumbrados por el refulgente sol de la más completa libertad...” (42)

 

 

La intensa actividad del Centro Internacional de Estudios Sociales

 

Varias actividades, acontecimientos y situaciones fueron dando lugar a la conformación ideológica y politización del movimiento obrero en nuestro país, y consecuentemente a su enérgica lucha por la reducción a 8 horas de la jornada de trabajo. Ya hablamos de la gran importancia de los inmigrantes europeos, de la creciente conflictividad laboral, la influencia de la FORA Argentina y la actividad organizadora de la AIT, entre otras tantas cosas. Entre ellas no podemos ni debemos omitir la intensa actividad formativa como escuela de ‘agitadores’ sindicales, de debate, de actividad solidaria y de difusión de las ideas de avanzada que llevó adelante desde el año 1898, el Centro Internacional de Estudios Sociales, “destinado a participar en forma activa y destacada en la lucha de los trabajadores por sus derechos y aspiraciones...” (43) hasta su desaparición formal en el año 1928.

 

“Esta entidad, -o- benemérita institución -como señala Carlos Rama- de una manera incontestable, es el centro de la vida cultural uruguaya de la extrema izquierda... En ella se encuentran las diferentes tendencias, aunque siempre predominando sus fundadores...”. Impulsada por los obreros sastres, y forjada por celebres y destacados pensadores, literatos y propagandistas de extracción obrera será un espacio de reflexión y análisis del pensamiento emancipatorio donde concurrían principalmente los trabajadores a participar de sus debates y conferencias las cuales se centrarán en términos genéricos sobre la ‘cuestión social’.

 

Su actividad práctica era diversa, su actividad teórica amplia, así se desarrollaban conferencias sobre cuestiones teóricas y político-gremiales de relevancia contando entre sus panelistas a anarquistas y socialistas, de estos últimos podemos nombrar a Emilio Frugoni, Vázquez Gómez, Puig y Roig y, entre otros, a Leoncio Lasso de la Vega, pero indudablemente sus ideas fuerza eran del campo libertario. No solo por los núcleos ácratas que lo dinamizaban sino porque por allí pasaron y desarrollaron una fuerte actividad los intelectuales anarquistas como Florencio Sánchez (abrimos un paréntesis para señalar que fue aquí donde este conocido dramaturgo realizara su primer obra de teatro), Ernesto Herrera, Roberto de las Carreras, Rafael Barret, Ángel Falco, Alberto Ghiraldo, los deportados desde la Argentina por la Ley de Residencia como Adrián Troitiño, Antonio Marzovillo y Francisco Corney, por solo nombrar a algunos conocidos y activos militantes de ambas márgenes del Río de la Plata, “Carlos Balsán, que presidió el V Congreso de la FORA en 1905 -luego de cumplir su condena en Usuaia- se radica de inmediato en Montevideo. En 1911 editaba ‘La Protesta’ en esta ciudad, para enviarla clandestinamente a Buenos Aires...” (44). Contaba para esta titánica tarea con el apoyo de compañeros directamente vinculados con el Centro internacional.

 

No podemos omitir el importante y destacado papel que cumplieron las mujeres obreras, anarquistas como María Collazo, Virginia Bolten, Juana Casas, Juana Rouco Buela y las hermanas Cossio entre otras, quienes venciendo los prejuicios de una sociedad machista, cualidad que también salpicaba -y salpica aún hoy- en el movimiento obrero, se supieron destacar como referentes teóricas, escritoras y oradoras de masa. También supieron ocupar su lugar en el CIES, canalizando su rol como organiza-doras, dirigentes sindicales y luchadoras sociales. Fueron principalmente las mujeres Virginia Bolten y Juana Buela quienes actuarán fervientemente en la campaña en repudio al fraudulento juicio contra el educador libertario Francisco Ferrer en Barcelona de 1909. Fue Juana Buela la oradora del gran acto en la explanada Maciel que provocó con sus ardientes palabras que la multitud se lanzara hacia la embajada española, en repudio a la inminente ejecución de Ferrer, y que le costara una acusación por ‘asonada’.

 

El Centro Internacional ofició de estrado de ilustres agitadores de otros países como Pietro Gori, Rodolfo González Pacheco, José Ingenieros, Julio Barcos, Pascual Guaglianone y otros en sus “Giras de Conferencias” por los países platenses, éste último, que se lo conoce como ‘discípulo’ de Pietro Gori y a la vez vinculado a los círculos de influencia de Erico Malatesta, llegó a ser miembro permanente del CIES y uno de los responsables de su prensa. “Fue la palestra de sus polémicas, el escenario de sus contribuciones al arte, y el dínamo que moviliza la opinión pública y respalda al sindicalismo...” (45).

 

El CIES, también denominado ‘Circulo Internacional’ y cuya sede quedaba en la calle Río Negro 274, era lugar de reunión de distintos grupos obreros y sede de varios sindicatos y federaciones. Los grupos libertarios, así como diversos periódicos, artistas, grupos de la educación y grupos de apoyo a inquilinos de los conventillos entre otros, encontraron allí su lugar. El permanente intercambio y debate entre militantes sindicales de distintas extracciones político-ideológicas, intelectuales y núcleos de las distintas publicaciones obreristas, tanto socialistas como anarquistas, generará un importante y necesario ámbito de agitación, fermentario y dinamizador del nivel y robustecimiento de las luchas obreras y sus demandas.

 

El periódico ‘Rojo y Blanco’ señalará en 1901 que “El Centro Internacional (...) desempeña un rol de importancia, que conviene no desconocer, entre las clases obreras pues que en él, franqueadas sus puertas a todas las ideas y tendencias sociales, se elaboran y han elaborado la mayor parte sino todos esos movimientos gremiales que de algún tiempo a esta parte suelen agitar a Montevideo (...) Las huelgas producidas aquí han encontrado inmediata acogida en el Centro Internacional desde donde han partido de inmediato las voces amigas que alientan y contribuyen a la prolongación de aquellas hasta obtener el mejoramiento o las ventajas para cuya adquisición se lucha (...) -sin embargo- no es suficientemente conocido en el país el Centro Internacional que puede convertirse en (...) el impulsor poderoso de ocultas fuerzas sociales...”. Así el CIES, al igual que varios sindicatos, a los que la clase dominante y los gobiernos prepotentes veían con cierto temor su capacidad de acción, en el marco de la huelga ferroviaria de 1901, fue clausurado por el gobierno de Lindolfo Cuestas, situación por la que padeció por varios meses de ese año hasta que se permitió, gracias a la presión de una intensa agitación de reclamo, su reapertura nuevamente.

 

Sumamente vinculado a los problemas sociales de su época, las convocatorias a conferencias se dirigían ‘al pueblo en general y al obrero en particular’, ofreciendo sus instalaciones que oficiaban de

“tribuna para el esclarecimiento de los problemas que estaban informando las plataformas reivindicativas, un ‘proveedor’ de oradores y propagandistas... Todo ello en la perspectiva... de una participación activa en la conflictividad social creciente que se registraba en Uruguay al finalizar el siglo XIX (...) -dentro de estas temáticas que se abordaban se encontraba- el derecho a la reunión, la ‘cuestión social’, las luchas económicas, la emancipación femenina, la religión y el estado como enemigos de la libertad... Particular relevancia adquirirían las conferencias del 1º de mayo, en las que intervenían varios oradores, centrando la atención en el conjunto de problemas sociales que afectaba a los asalariados y en la dimensión internacional de esas circunstancias, a partir del señalamiento de la tríada responsable: ‘Capitalismo-Gobierno-Religión’” (46)

 

“En muchos barrios habían Centros de Estudios Sociales, destacándose los del Cerro, La Teja y Villa Muñoz...” (47) Estos espacios de estudio, convertidos en verdaderos Centros Sociales por su activa presencia en los problemas sociales de cada barrio, albergaban las reivindicaciones sindicales y en más de una ocasión eran lugares de reunión de las sociedades de resistencia que unificaban la dispersión de los núcleos de trabajadores, ya por rama (de oficio), ya por base territorial, así como promovían, dentro de un inmenso abanico de actividades, el auto y mutuo didactismo, y casi en todos ellos se sacaba un medio de prensa local. Es así que tras la actividad de las bibliotecas obreras existió coordinadamente con el CIES una experiencia de escuela racionalista, impartiendo en sus salones una vasta gama de cursos que iban desde aritmética, química, geografía, música, historia universal, danza, teatro, desde una perspectiva de promover valores obreros y una cultura popular.

 

“La importancia que el Centro Internacional tuvo, desde su fundación hasta las primeras décadas del siglo XX, como centro de discusión de los problemas sociales y al mismo tiempo de promoción de la actividad sindical, adquiere una relevancia especial dentro de la historia del movimiento obrero nacional...” (48). Fue el lugar donde se discernieron por muchos años las características organizativas y reivindicativas de los actos del 1º de Mayo, las formas de enfrentar los conflictos laborales del momento, y fue ahí donde se dieron los primeros pasos de la unificación sindical, que desemboca en la fundación de la FORU.

 

 

La Federación Obrera Regional Uruguaya

 

Entrando al siglo XX se da una suerte de extensión del sindicalismo, transformando al sindicato, o bien redimensionando su fin social al área cultural artística, formativa, articulando de forma combinada a los gremios por rama (oficio se les llamaba) y territorialmente, creándose las sociedades de resistencia, tal era el formato impulsado por los anarquistas paralelamente en Argentina y Uruguay. El periódico Tribuna Libertaria informaba en 1902 lo siguiente:

“No hubo trabajador de Montevideo que no se sintiera agitado por aquel soplo gigantesco que, como un primer formidable estremecimiento de lucha pasó por todo el pueblo. En el transcurso de los meses de octubre y noviembre (de 1901) se organizaron en sociedades de resistencia los siguientes gremios: foguistas, estibadores, agricultores, peluqueros, constructores de carruajes, carboneros, curtidores, ladrilleros, constructores de vehículos y anexos, fosforeros, zapateros, lanchoneros, alfareros, hojalateros, planchadores y anexos, panaderos, pintores, dependientes de almacén, verduleros, varaleros, cortadores de carne y anexos y peones de saladeros”.

 

En octubre de 1901 se conoce la iniciativa lanzada por la “Sociedad Tipográfica Guttemberg” quien planteará la necesidad de impulsar una federación obrera uruguaya. Ésta idea madurará tras la incorporación de dicha propuesta en la agenda de discusión de las distintas sociedades de resistencia y sindicatos.

“A pesar de las medidas coercitivas del gobierno de Cuestas, y de la ‘revolución’ saravista de 1904 -la cual cerraba ahí su ciclo-, el ascenso sindical se mantiene y cuando a fines de ese año se plantea la posibilidad de recrear una federación obrera, existen en total nada menos que 38 sindicatos, la mayoría en Montevideo, aunque no faltan en las localidades del interior de Salto, Paysandú, Colonia y Mercedes, a veces solamente en la forma de ‘Sindicato de Oficios Varios’...” (49)

 

En 1904 y a raíz de este intento de federar al movimiento obrero a nivel nacional, quedará constituida la primer federación por industria, la fuerte Federación de los Trabajadores del Puerto de Montevideo, que incluye también a las sociedades de resistencia conformadas por calafateros, carpinteros de Rivera, caldereros, lanchoneros, mecánicos, estibadores y carboneros entre otros sectores vinculados al ramo portuario. Carlos Rama señala también que “a cargo de esta Federación queda la responsabilidad de convocar en marzo de 1905 a los demás sindicatos para fundar una Federación sindical nacional”. La iniciativa prospera y el 23 de marzo de ese mismo año en los salones del influyente Centro Internacional de Estudios Sociales, nace la FORU. Con un período de preparación de 5 meses, pero como fruto y mérito de la intensa tarea que desde 1902 realizó el Comité pro Federación Obrera, entre los días 25 y 27 de Agosto de ese año (1905), con la participación de 32 organizaciones gremiales, se llevará a cabo su primer Congreso (constitutivo).

 

“En este largo recorrido, la conformación definitiva de la Federación Obrera Regional Uruguaya (F.O.R.U.) en agosto de 1905 sería el punto culminante. A través de la F.O.R.U., el movimiento anarcosindicalista uruguayo se transformaría en el innegable punto de referencia organizativo de la clase trabajadora local y remataría un proceso de décadas en la conformación del instrumento preciso para las transformaciones sociales largamente anheladas, por las que tanto se había bregado y por las que de allí en más se continuaría luchando desde una perspectiva considerablemente más ambiciosa. Con ello, el movimiento anarcosindicalista uruguayo reafirmaba su pertenencia a un proceso revolucionario a escala mundial y se concebía a sí mismo apenas como la expresión regional de un conglomerado que hacía del internacionalismo una parte sustancial de su ser...” (50)

 

“Esta -la FORU- tiene una similitud muy profunda con la F.O.R.A. argentina, y por otro lado la misma organización, el mismo estilo táctico de lucha obrera y hasta la misma orientación ideológica, tomada del anarquismo en sus formas proudhonianas y bakuninistas. El modelo lo proporcionan los movimientos obreros de filiación libertaria de España e Italia (...) -y hasta la Primera Guerra Mundial- el predominio y orientación central del movimiento obrero es claramente anarquista... y la vertiente anarco sindicalista...” (51).

 

La Federación Obrera Regional Uruguaya representará, por largos 18 años, una clara referencia unitaria hasta la escisión de 1923.

 

No es casual que el Congreso constitutivo de la FORU se realizara el mismo año que la FORA (Argentina) llevaba adelante su 5º Congreso, ni que estuvieran presentes en el 1º Congreso del forismo Uruguayo, dos delegados del forismo Argentino, ya que los ‘internacionalistas’, a partir de los principales gremios obreros y como política de las distintas federaciones tenían una estrecha relación desde hace años con sus sindicatos y federaciones pares en la vecina orilla del Río de la Plata. Muestra del internacionalismo es que éste 1º Congreso de la FORU dirige “un saludo fraternal a todos los proletarios del universo en lucha por su emancipación económica y social, haciendo votos porque la solidaridad internacional sobrepase las fronteras, estableciendo la armonía sobre la tierra...”

 

En el ‘Pacto de Solidaridad’ que surge de su primer Congreso, la FORU declarará la lucha por la obtención de las 8 horas como una reivindicación general obrera. Establecerá también que: “Nuestra organización, puramente económica es distinta y opuesta a la de los partidos políticos, puesto que así como ellos se organizan para la conquista del poder estatal nosotros nos organizamos para destruir todas las instituciones burguesas y políticas, hasta llegar a establecer en su lugar una Federación de Productores Libres”. -es claro el rotundo rechazo, desde el comienzo, a la injerencia de los partidos políticos, fundamentalmente aquellos con fines electorales, pero en general proclama la autonomía de estos, ya sean partidos burgueses o los emergentes del socialismo. Su rechazo rotundo a la intervención de los partidos políticos en su seno la llevará a determinar su finalidad, en sus comienzos, claramente economicistas. Para la FORU de ese entonces la meta finalista era- “la conquista de la emancipación económica y social...”. Empero, en los hechos era un sujeto político de primer orden y su incidencia política en los acontecimientos del país será relevante por varias décadas.

 

Los socialistas, que sí concebían la lucha política, en su vertiente electoralista, se disponen a crear una central alternativa con una perspectiva de mayor amplitud: Creado el Centro Carlos Marx en diciembre de 1904, se canalizan esfuerzos para fundar (lo que ocurre el 26 de marzo de 1905) la Unión General de Trabajadores (UGT) la cual al no poseer fuerza efectiva para participar en las luchas de las masas obreras (sindicatos sumamente débiles) queda en los hechos al margen de los acontecimientos, y desaparece al poco tiempo tal cual su intento de 1896 con la Federación Obrera Uruguaya (FOU) (52).

 

Entre el 29 de setiembre y el 5 de octubre de 1906 se desarrollará el 2º Congreso de la FORU, el mismo tenía como objetivo el hacer una evaluación de su actividad desde su 1º Congreso, -período caracterizado por la profundización y las grandes luchas por la instalación de la jornada de 8 hs- la proyección en el marco de una conflictividad que avanzaba, y la ratificación de su primer declaración de principios remarcando su orientación, definidamente libertaria.

 

“...En el año 1907 Batlle deja la presidencia del país, la cual pasa a manos de Claudio Williman. Lo que redundó en un cambio de actitud gubernamental frente a las movilizaciones obreras... Además, a diferencia de Batlle, Williman y su Jefe de Policía West, se negaban a dar asilo en costas uruguayas a los anarquistas expulsados de la Argentina por la ley de Residencia. La represión del movimiento obrero en la vecina orilla, comenzaba a tener eco en nuestro país... El primero de marzo de 1911 asume por segunda vez Batlle y Ordóñez, quien contó con el beneplácito de la clase obrera que esperanzada veía retirarse a Williman. En este nuevo contexto político es que se da el Tercer Congreso de la FORU” (53).

 

Es desde el 29 de Abril al 3 de Mayo de 1911 que la FORU llevará adelante su 3º Congreso. El mismo tendrá como objetivo principal la reorganización del movimiento obrero el cual, en el represivo período de Claudio Williman, habría sufrido un considerable revés que lo dejó debilitado prácticamente, “la finalización del período de Batlle y el acceso de Williman a la Presidencia se tradujo en un retroceso político y social intenso. La represión del movimiento sindical condujo a la desintegración de importantes organizaciones obreras y limitó la acción del conjunto del movimiento de los trabajadores." (54). Por tanto la campaña de afiliación, el fortalecimiento de los sindicatos y federaciones locales, estaban en los ejes temáticos principales. Así el 3º Congreso de la FORU declara lo siguiente:

“que ésta debe dirigir todos sus esfuerzos a conseguir la completa emancipación del proletariado, creando sociedades de resistencia, federaciones de oficios afines, federaciones locales, consolidando (la federación) nacional, para que así, procediendo de lo simple a lo compuesto, ampliando los horizontes estrechos en que hasta hoy han vivido los productores... podamos formar con los explotados de todas (las regiones) la gran confederación de todos los productores de la tierra, y así solidarizados podamos marchar, firmes y decididos a la conquista de la emancipación económica y social...”.

 

Ese Congreso dejó a una FORU fortalecida y decidida a dar batalla, el mismo 11 de mayo se declara la primer huelga general en Uruguay con un nivel de acatamiento interesante..

 

El 1, 2, 3 y 4 de Noviembre de 1912 la FORU realiza su 4º Congreso, en éste se decide el inicio de una colecta para la compra de una imprenta propia, reactivar el movimiento sindical, realizar una manifestación contra la represión en Argentina, y se rectifican algunas enmiendas del ‘Pacto de Solidaridad’ de su primera etapa. A la vez en éste Congreso es rechazada la propuesta de declarar el anarco-comunismo como finalidad de la FORU, entre otras cosas.

 

“Habiendo hacia los primeros años de 1900 una población activa de 440.000 personas y con alrededor de 150.000 trabajadores empleados en la industria y el transporte, la FORU hacia 1905 llegó a tener alrededor de 7.000 afiliados...” lo que constituía un ‘activo sindical’ relativamente importante para los tiempos que corrían... (55). Ya para 1911 la FORU incidía directa e indirectamente sobre 90.000 obreros industriales, desde luego no todos afiliados, pero según Carlos Rama en 1917 la FORU contaba con 25.000 cotizantes “y en sus filas militan la Federación del puerto, la Federación de Obreros de la Construcción, la Federación de Picapedreros (extendida a todo el país y vinculada internacionalmente), la Sociedad de Obreros de los Frigoríficos del Cerro, la Federación Metalúrgica, aparte de la combativa Federación de Tranviarios, la Federación Local Salteña, y otros importantes sindicatos de oficios de fundada historia combatiente...” (56).

 

Para 1919 y con la participación de más de 50 sindicatos de Montevideo y del interior representados, la FORU realiza su 5º Congreso. Ya instalado el debate sobre la dictadura del proletariado en curso en la Rusia bolchevique y el papel del partido, la centralización del poder en el estado y el rol de los soviet, comienzan a deslindarse, definitivamente, las aguas. Ya para el cierre del Congreso, la partición estaba cantada.

 

Dicha escisión tiene uno de sus causales de mayor peso en el análisis y posicionamiento respecto a la revolución Rusa. Se trata nada más ni nada menos que de la teoría y la práctica revolucionaria. El periódico “La Batalla” dirigido por María Collazo señalará lo siguiente: “...en una forma inequívoca... el análisis anarquista está sumamente predispuesto a asimilar las grandes enseñanzas que la revolución rusa ha desparramado por todos los pueblos”. Desde el seno de la FORU se criticará profundamente a esta línea del anarquismo, cuyos principales exponentes serán María Collazo, Roberto Cotelo y Antonio Marzovillo, quienes serán tildados de ‘anarco-bolcheviques’.

 

El desenlace de estas discrepancias respecto a la revolución rusa llevará a una profunda crisis de unidad, provocando la escisión de un sector importante de la FORU que planteaba la adhesión a la Tercera Internacional, análogamente como su par argentino lo hace con la Unión Sindical Argentina, acá en Uruguay y junto con el creado recientemente Partido Comunista, se creará en 1923, la Unión Sindical Uruguaya (USU), cuyo órgano ‘Unión Sindical’ hará eco de su ‘llamamiento’ de esta forma:

“En el Congreso obrero unionista recientemente realizado, quedó sellada la unidad del proletariado del país. De ese memorable congreso surgió la Unión Sindical Uruguaya, institución obrera revolucionaria, llamada a encauzar las fuerzas unificadas de los trabajadores y orientarlas frente a las fuerzas regresivas del Capitalismo y el Estado”.

 

Esta unión se terminará disolviendo en pocos años por diferencias permanentes entre las distintas corrientes de pensamiento que la componían: anarquistas y comunistas.

 

Tras la escisión de 1923 a partir del debate de tendencias surgido en 1917 por la posición frente al curso de la revolución rusa queda una FORU debilitada, la cual irá perdiendo influencia en el campo sindical, atravesando por un declive cada vez más degradante que terminará prácticamente con su ‘disolución’ en la década del `50. Posterior a ésta existió sin embargo un núcleo reducido y sin peso alguno que permaneció sosteniendo las siglas de lo que fuera la FORU por lo menos hasta 1970. Pero en ese entonces no era más que un sello sin actividad gremial alguna.

 

Coincidentes en general, quienes poseen el empeño de investigar la historia del movimiento obrero y sindical de nuestro país, concluirá que no es sino la FORU la central sindical que logró ser puntal, vigía y motor, en los difíciles años de la avanzada industrial,

“La FORU... es la única que adquiere verdadera significación... colocándose en primer plano de las luchas sociales que se desarrollaron en la sociedad liberal de las primeras décadas del siglo XX. El ‘forismo’ merece en la historia del movimiento obrero uruguayo un capítulo preferencial, ...porque él inaugura en nuestro país la época del sindicalismo revolucionario...” (57).

 

Con su sindicalismo de presión y combatividad, que hizo posible el triunfo de las 8 horas para gran parte de los sectores obreros de la época, y sobre esta firmeza es que Batlle y Ordóñez podrá sostener su andanada legislativa en el ámbito laboral, sin ello ninguna iniciativa hubiera prosperado en las esferas parlamentarias. Su mérito se lo debe por tanto e indudablemente a esta organización, pero por cierto también a los cientos de trabajadores organizados, al conjunto de sindicatos y federaciones que desde 1870 y en particular a partir de los primeros años del siglo XX, no dieron brazo a torcer por sus derechos laborales.

 

 

La conquista de las 8 horas

 

En su 3º Congreso la FORU se pronuncia particularmente con respecto a las 8 horas de trabajo, que llevaba como estandarte a través de sus luchas desde 1905, y, como ya dijimos, que desde las dos últimas décadas del siglo XIX el movimiento obrero en general llevará entre sus principales reclamos:

“La ciencia justifica y exige la reducción de la jornada de trabajo como útil para la sociedad y para el individuo, -señalará la FORU- pues en las largas jornadas de trabajo en las que el obrero está encerrado en el taller, carece de tiempo para desarrollar vínculos de carácter afectivos, la moralidad disminuye, el carácter se rebaja, la voluntad se enferma y el ser humano se transforma en una maquina al servicio de la explotación capitalista...”

 

Es entonces bajo presión de las luchas obreras que habrían colocado en el tapete la reducción de la jornada laboral a 8 hs y otras demandas por beneficios y seguridad social, ausentes hasta el momento, que se logró que ésta y otras demandas tomen repercusión parlamentaria, porque realmente se logró también, y primeramente, sensibilizar y ganar adhesión a la causa de amplios sectores del proletariado y del pueblo todo, sus raíces estaban en el campo popular y profundamente se entroncaban con el tenor de una necesidad por demás sentida en la clase trabajadora, y no por interés en la vía electoral la cual en esos tiempos distaba mucho de las tácticas y estrategias de un movimiento sindical que mayormente, como ya vimos, reclamaba la autonomía de los partidos políticos y planteaba métodos de acción directa opuestos a la ingerencia estatista y gubernamental. No menos cierto es que también varios sectores del movimiento obrero y de la sociedad montevideana e incluso en la campaña, tenían fuertes simpatías al populismo batllista, y que “La popularidad de Batlle al terminar la Primera Presidencia era objetivamente inmensa. La crónica de los actos populares, y partidarios, con que fue homenajeado en 1907 lo demuestra...” (58), también -seriamente- podemos aseverar que realmente existió una pequeña pero respetuosa e influyente corriente ‘anarco-batllista’ como bien lo analiza Diego Abad de Santillán. Es así que la lucha por las 8 horas recorrió, si bien fundamentalmente las huelgas, los mítines y movilizaciones, también los ámbitos parlamentarios. Existen por tanto previos proyectos de ley que tibiamente iban en ese sentido, cuya presentación en las bancadas no tuvieron trascendencia. Fue Batlle, quien ya el 21 de diciembre de 1906 había enviado un proyecto similar planteando que “actualmente la jornada laboral de ocho horas ha sido conquistada por numerosos gremios...”, el cual en esa ocasión no tuvo igualmente trascendencia bajo el gobierno de Williman, que enviará al Parlamento en su segundo mandato -y nuevamente- un Proyecto de Ley por la jornada de 8 horas. Esta Ley será aprobada el 14 de Junio de 1913 en la Cámara de Representantes y recibirá sanción definitiva dos años después, el 17 de Noviembre de 1915 en el Senado. Será reglamentada en 1916.

 

“En sus dos mandatos, alentó al movimiento sindical. Habiendo sostenido, anteriormente, que los obreros se encontraban en condiciones de inferioridad para negociar, y que si los trabajadores adoptaban actitudes agresivas era porque los patrones para la defensa de sus intereses sólo les exigía la inmovilidad. En sus primeras instrucciones a la policía, en 1904, Batlle comenzaba así: ‘Los trabajadores tienen derecho a declararse en huelga’. Antes de terminar su primer mandato creó el Ministerio de Trabajo e Industria. Fue el primero que existió en América Latina. En su segunda presidencia, propuso una serie de leyes sociales, que de momento no fueron aprobadas por el Congreso, pero que poco a poco se convirtieron en ley en años sucesivos...” (59).

 

A modo de reseña de otros proyectos impulsados en la

“2º Presidencia de Batlle y Ordóñez, 1911-1915 -se registran los siguientes:- Proyecto de ley de jornada de 8 horas y reglamentación de trabajo de menores (aprobada en 1915 y reglamentada en 1916). Proyecto de ‘empréstito de edificación para obreros’ (no aprobada). Ley de declaración del 1º de mayo como ‘Fiesta del Trabajo’ (aprobada -finalmente- en 1916)... -Otros proyectos se aprobaron en el período siguiente, por la: “Presidencia de Feliciano Viera, 1915-1919. Proyecto de ley del trabajo nocturno (aprobado con atenuaciones en 1918). Ley de la silla –relacionada a las condiciones de trabajo de las mujeres- (aprobada en 1918). Proyecto de pensiones a la vejez e invalidez total (sancionada en 1919)...” (60).

 

En capítulos anteriores como lo muestran estos párrafos arriba señalados, esbozábamos las populistas intenciones de Batlle y Ordóñez, lo cual no era producto de un aire emancipatorio del mandatario, que no podemos desconocer que si algo lo distinguía de otros presidenciables era el afán de impulso de diversas leyes que llevó adelante en pro de mejorar la situación laboral en el país. Consigo traía claros objetivos: desarticular las movilizaciones de las masas y encausar todo reclamo por vía de las urnas. Las cifras así se lo determinaban: "...el total de los obreros beneficiados por la ley de 8 horas vendría a ser cuatro veces mayor que el total de los votantes de 1910. El énfasis de Don Pepe en el obrero como ciudadano abrió la campaña para ampliar el voto colorado en favor del Colegiado atrayendo a los obreros a las urnas" (61). Indudablemente que no fue algo mecánico tal cual alguien introduce una pieza que cuadra en perfección, hubo un intenso debate parlamentario en torno a las 8 horas de trabajo, por momentos muy desgarrador, había muchos intereses en juego y el empresariado nada quería perder. La Ley contó con el ánimo de diversos sectores y un decidido, aunque débil entonces, empuje de Emilio Furgoni (Partido Socialista) por un lado, y de sectores del propio partidos colorado, católicos y blancos que, sin dormirse en los laureles, veían que el rechazo al proyecto de ley ya estaba en etapa de agotamiento y nada ganarían con darle a largas. No faltaron sectores ultra conservadores que seguían con una oposición a secas y que, no sin tratar hasta último momento de restarle esencia a dicha Ley, quedaron en la más evidente soledad. “La Ley de 8 horas, dicen las patronales, favorecería la holgazanería y los vicios, impediría el triunfo de los más fuertes y el sano principio de la sobrevivencia de los más aptos, principio este que, según los empresarios, es la condición indispensable del progreso material de la sociedad” (62). A esa altura la efervescencia de la lucha gremial presionaba demasiado y saldar el tema ‘de una vez y para siempre’ contaba con condiciones oportunas.

 

Cabe destacar aquí que "Contrariamente a lo que afirma el discurso de las clases poseedoras y su historiografía obsecuente, la obtención de la jornada laboral de 8 horas para todos los gremios no fue una regalía del gobierno de Batlle sino el producto de años de cruentas y heroicas luchas del movimiento sindical uruguayo...” (63). No podemos entonces hablar de un obsequio del gobierno sino de una firme pelea declarada en la teoría, pero sobre todo en la práctica militante de varias décadas y generaciones de hombres y mujeres que dejaron sus vidas, y que incluso aún así, hecha Ley ésta costosa reivindicación histórica, los obreros tuvieron que exigir con la lucha su efectiva aplicación, luchando contra una burguesía que no se rendirá fácilmente a semejante derrota. Las patronales buscarán la manera de no cumplir con la Ley de 8 horas, y ésta, como así otras conquistas no eran ni serán, de ningún modo permanentes por buena gracia del poder dominante si no se defienden desde abajo.

 

La jornada de 8 horas, así como otros derechos laborales ganados, se sostendrán conforme se disponga de fortaleza gremial. Deberán hacerse respetar mediante la correlación de fuerza, las movilizaciones, las huelgas, y las denuncias de incumplimiento. Nada quedará resuelto de una vez y para siempre, la lucha por derechos fundamentales, la lucha por una sociedad sin explotados ni explotadores, sin oprimidos ni opresores, sin privilegios ni arbitrariedades, sin injusticias ni desigualdades, será exitosa si nunca cesa en la intención de conseguir, sostener y perfeccionar una nueva sociedad con nuevos valores impregnada de nuevas ideas. La vida y el bienestar humano será posible si se lucha constantemente; si se deja librado al azar, caerán las conquistas que tantos años, fuerzas y vidas costaron. La enseñanza que nos da la historia nos muestra que no hay que dejar de luchar, solo así habrá valido la pena el sacrificio de tantos cientos de mártires de nuestro pueblo.

 

 

* Gustavo Fernández (1974), militante social integrante del Centro Social “El Galpón de Corrales”, es miembro de la Comisión Directiva del SUFRUVU (sindicato de los trabajadores del Mercado Modelo - filial de FUECYS - PIT-CNT), e Integra además el Consejo Directivo Nacional de la Fuecys.

 

 

Notas

 

(1) Carlos Zubillaga y Jorge Balbis, “Historia del Movimiento Sindical Uruguayo”.

(2) Ángel Cappelletti y Carlos Rama, “El Anarquismo en América Latina”.

(3) Idem.

(4) La Comisión de la Sección Montevideana de la AIT estaba compuesta por: Antonio Martínez y Segovia, Juan Zabala, Pedro Sabater, Esteban Anduerza, José Vilavoa, Modesto Gómez, Domingo Marañon, Colomé Abbas y Francisco Calcerán. Estos militantes, según Carlos Rama eran “un puñado de obreros de origen latino, algunos de ellos franceses que han participado en la experiencia de la Comuna de París en 1871, o españoles de la revolución cantonalista del 73 y que integraban la naciente clase obrera de Montevideo”. Indudablemente algunos de ellos eran emisarios del propio Bakunin, cuyo cometido era expandir la línea federalista y anti autoritaria en Latino América.

(5) Juan C. Valdés, “El Anarquismo en México”.

(6) Las denominaciones de la “Federación Regional de la República Oriental del Uruguay”, fueron variadas, singularmente se le denominaba “Federación Montevideana”, pero también se la llamó: “Federación de Trabajadores de la Región Uruguaya”, “Federación Local de los Trabajadores de la Región Uruguaya” o simplemente –y de forma muy recurrente entre varios historiadores- se le llamará “Sección Montevideana de la Asociación Internacional de Trabajadores” simplificándolo así: “AIT Montevideana”.

(7) Víctor Alba, “Historia del Movimiento Obrero en América Latina”.

(8) Gustavo López, “Apuntes para una Breve Historia del Movimiento Obrero”.

(9) Carlos Zubillaga y Jorge Balbis, “Historia del Movimiento Sindical Uruguayo”.

(10) Francisco Pintos, “Historia del Movimiento Obrero del Uruguay”.

(11) Rodolfo Porrini, “Síntesis Histórica del PIT-CNT”.

(12) Periódico “El Obrero panadero”, Julio de 1895.

(13) Hugo Cores, “La Lucha de los Gremios Solidarios”.

(14) Julio Godio, “Historia del Movimiento Obrero Latinoamericano”.

(15) Víctor Alba, “Historia del Movimiento Obrero en América Latina”.

(16) Juan C. Mechoso, “Acción Directa Anarquista, una Historia de FAU”.

(17) Guerman D´elia y Armando Miraldi, “Historia del Movimiento Obrero en el Uruguay”.

(18) Carlos Rama, “Historia Social del Pueblo Uruguayo”.

(19) Sala de Touron y Jorge Landinelli, “Historia del Movimiento Obrero en América Latina”.

(20) Carlos Zubillaga y Jorge Balbis, “Historia del Movimiento Sindical Uruguayo”.

(21) Gustavo López, “Apuntes para una Breve Historia del Movimiento Obrero”.

(22) Fernando López D`Alesandro, “Historia de la Izquierda Uruguaya”.

(23) Yamandú González Sierra, “Cronología Histórica del Movimiento Sindical Uruguayo”.

(24) Víctor Alba, “Historia del Movimiento Obrero en América Latina”.

(25) Germán D´Elía, “El Movimiento Sindical”.

(26) Gustavo López, “Apuntes para una Breve Historia del Movimiento Obrero”.

(27) Benjamín Nahum, “La Época Batllista, 1905-1929”.

(28) Yamandú González Sierra, “Reseña Histórica del Movimiento Sindical Uruguayo”.

(29) Los peones rurales no gozaban hasta hace poco del derecho a las 8 horas de trabajo, sus jornadas estaban establecidas con mayor carga horaria, tras recientes resoluciones legislativas, producto de los reclamos sindicales de estos últimos años, se logró establecer las 8 horas en estos sectores de actividad.

(30) Yamandú Gonzalez Sierra, Brecha, 13 de noviembre de 1897.

(31) Fernando López D`Alesandro, “Historia de la Izquierda Uruguaya”.

(32) Gustavo López, “Los Primeros de Mayo en Uruguay”.

(33) Hugo Cores, “Primero de Mayo: los de Antes y los de Ahora”.

(34) Yamandú Gonzalez Sierra, Brecha, 13 de noviembre de 1897.

(35) Yamandú González Sierra, “100 Primeros de Mayo en el Uruguay”.

(36) Universindo Rodríguez, “Los Sectores Populares en el Uruguay del Novecientos”.

(37) Idem.

(38) Juan C. Mechoso, “Acción Directa Anarquista, una Historia de FAU”.

(39) Yamandú González Sierra, “100 Primeros de Mayo en el Uruguay”.

(40) Tierra y Tempestad, publicación libertaria, otoño de 2009, Montevideo.

(41) Idem.

(42) Periódico “El Obrero panadero”, Mayo de 1902.

(43) Francisco Pintos, “Historia del Movimiento Obrero del Uruguay”.

(44) Guerman D´elia y Armando Miraldi, “Historia del Movimiento Obrero en el Uruguay”.

(45) Carlos Rama, “Historia Social del Pueblo Uruguayo”.

(46) Carlos Zubillaga y Jorge Balbis, “Historia del Movimiento Sindical Uruguayo”.

(47) Carlos Rama, “Historia Social del Pueblo Uruguayo”.

(48) Germán D´Elía, “El Movimiento Sindical”.

(49) Hugo Cores, “La Lucha de los Gremios Solidarios”.

(50) Rafael Spósito (Daniel Barret), “Historia del Movimiento Anarquista en el Uruguay”.

(51) Carlos Rama, “Historia Social del Pueblo Uruguayo”.

(52) No obstante el Centro Carlos Marx junto con el periódico ”El Socialista” y el Centro Emilio Zola, serán considerados expresión del Partido Socialista para entonces todavía en formación, el cual el 12 de diciembre realizará su Congreso constitutivo. El Dr. Emilio Frugoni será su figura referencial y logrará, producto de la abstención del partido nacional en las elecciones, conseguir -por primera vez- una banca en diputados en la legislatura de 1911 a 1914.

(53) Gastón Amen, “Orígenes del Movimiento Obrero en el Uruguay”.

(54) Guerman D´elia y Armando Miraldi, “Historia del Movimiento Obrero en el Uruguay”.

(55) Hugo Cores, “La Lucha de los Gremios Solidarios”.

(56) Carlos Rama, “Historia Social del Pueblo Uruguayo”.

(57) Pedro H. Alfonso, “Sindicalismo y Revolución en el Uruguay”.

(58) Carlos Rama, “Historia Social del Pueblo Uruguayo”.

(59) Víctor Alba, “Historia del Movimiento Obrero en América Latina”.

(60) Yamandú González Sierra, “Reseña Histórica del Movimiento Sindical Uruguayo”.

(61) Milton Vanger, "El País Modelo. José Batlle y Ordóñez 1907-1915".

(62) Hugo Cores, “La Lucha de los Gremios Solidarios”.

(63) Gustavo López, “Apuntes para una Breve Historia del Movimiento Obrero”.

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