• Dónde están nuestras gurisas

“En Uruguay no pasa… pero pasa” Balance de los últimos acontecimientos sobre desapariciones y trata


Foto: María Noel Abba


El 2021 nos encuentra preguntándonos dónde están las gurisas desaparecidas en nuestro país y exigiendo justicia, para ellas y sus familias. Las diferencias con el 2020 son pocas, hoy sabemos que hay gurisas que nos van a faltar siempre, hay más nombres entre las que siguen desaparecidas y un año más de experiencia colectiva. Varias de las gurisas que estuvieron desaparecidas desde que se formó el colectivo en 2017, aparecieron a los pocos días de su desaparición. Sin embargo, nos consta que muchas de ellas durante su ausencia estuvieron expuestas a una multiplicidad de violencias. No siempre logramos mantener contacto con sus familias y/o amigas una vez que aparecen, pero en los casos en los que sí lo logramos, la regla es que durante o antes de su desaparición sufrieron situaciones de violencia de género, intrafamiliar y/o sexual. El consumo problemático de drogas y los trastornos psiquiátricos también se entrecruzan con algunas desapariciones. Por ello insistimos en que las gurisas no desaparecen porque sí.


Llegando a abril del 2021, queremos repasar los hechos que tuvieron incidencia directa en nuestro colectivo. Una cronología, seguramente insuficiente e incompleta, acerca de los sucesos en torno a las desapariciones, la trata, la explotación sexual y nuestro camino recorrido.


El 6 de marzo del 2020, un retirado militar atacó con una piedra a una mujer de 34 años en situación de prostitución, la prensa se encargó de remarcar que se trataba de una mujer con antecedentes penales y adicción a la pasta base. Una semana después falleció en el hospital. Días después fue encontrado el cuerpo sin vida de Aldana, adolescente de 17 años que estaba desaparecida desde el 16 de marzo. “No todas las muertes son feminicidios” nos escribieron usuarios dudosos por Instagram, exigiendo en tono agresivo que bajaramos la placa donde expresamos con profundo dolor “Aldana nos va a faltar siempre”. Pasados dos meses de su muerte, catalogada como suicidio, aparecieron los primeros imputados de la Operación Océano. La investigación judicial sobre explotación sexual de menores con mayor cantidad de víctimas e imputados de los últimos tiempos (incluyendo un ex juez de menores, el ex director de un colegio en Punta del Este, políticos, empresarios y profesionales de alto nivel económico). Salió a la luz que Aldana era una de las gurisas explotadas sexualmente por los involucrados.


Alison Fernández, una joven de 18 años que estaba desaparecida desde el 5 de junio, en Santa Lucía, Canelones, fue encontrada sin vida el 22 de junio por familiares y vecinos, que salieron a buscarla ante la inacción policial.


El 3 de julio, las amigas de Mayra Acosta nos confirman que los restos óseos encontrados en un contenedor eran suyos. Mayra estaba desaparecida desde diciembre del 2019.


Recién el 24 de agosto del 2020 el Ministerio del Interior le comunicó a la familia de Victoria Marenales, desaparecida desde diciembre del 2018, que el cuerpo hallado en mayo del 2019 era el de Victoria.


La lista de gurisas asesinadas sigue, ya adentrándonos al 2021, a finales de enero se encontró en Florida el cuerpo de Carolina Escudero quien se estaba desaparecida desde el 11 de marzo. Pocos días después su cráneo apareció en un basurero tras haber sido robado de la morgue.


En febrero de este año, se encontraron dos cuerpos enterrados en el barrio 19 de abril de Montevideo. Uno de ellos era el de Stefhani Rodriguez, con cuya familia estuvimos en contacto, porque estaba desaparecida desde mayo de 2020. Luego de este hallazgo, varias familias de gurisas desaparecidas exigen que se continúe con el rastrillaje del terreno, ya que sus hijas también frecuentaban ese lugar[1]. En noviembre del 2019, cuando desaparece Gina Rodriguez, su hermana fue hasta ese recinto a preguntar si la habían visto, también aportaron a la policía los posibles lugares donde podría encontrarse. La mamá de Yamila Estévez, desaparecida desde enero de 2020, también afirma que su hija estuvo varias veces ahí. Daniela Virginia Bera y Jennifer Gómez, desaparecidas desde febrero de 2020, también frecuentaban el barrio 19 de abril. ¿Cómo es posible que tantas desaparecidas estén vinculadas a un mismo lugar sin que la justicia se dé por enterada? ¿Será porque no las buscan?


El 2020 fue un año cargado de violencia hacia las mujeres, a lo que se sumó la crisis económica y social generada por la pandemia de COVID 19. El saldo fue de veinticinco mujeres asesinadas por la violencia machista, más ocho mujeres en lo que va de 2021. Pero la violencia no termina ahí, fueron varias las situaciones ocurridas, con mayor o menor trascendencia mediática.


En abril del año pasado en el marco de la llamada Operación Mississippi se identificó una red de trata en Maldonado, que mantenía retenidas y explotaba sexualmente a dos mujeres brasileñas. En octubre fue detenido un hombre que esclavizó a su esposa e hijos durante diez años. En diciembre una mujer fue asesinada y mutilada en Salto, en manos de un policía. Hacía apenas dos meses que había salido en libertad, su femicida era guardia de cárcel en donde estaba recluida. Su hermana había muerto en circunstancias similares en el 2016. En diciembre fue procesado el presidente de la Junta Departamental de Cerro Largo por explotación sexual de menores.


Lamentablemente, el 2021 no se diferencia en mucho de su predecesor. En enero se hizo pública una investigación sobre una red de explotación sexual de menores vinculados a INAU en Treinta y Tres, a la que se vinculan las muertes de tres adolescentes de 14 años. En febrero un hombre retuvo y abusó sexualmente de una niña de 13 años denunciada como desaparecida en Paso de los Toros. A fines del mismo mes se informó sobre el desmantelamiento de una red de trata de mujeres con fines de explotación sexual entre España y Uruguay en el marco de lo que se conoció como Operación Don Quijote.


Estos casos hablan por sí solos, la violencia permea nuestras vidas, las mujeres estamos expuestas a múltiples situaciones que ponen en riesgo nuestra integridad.

A continuación, queremos detenernos en algunas situaciones que nos movilizaron particularmente: la precarización de la vida en el marco de la pandemia, el feminicidio de Victoria Marenales, la Operación Océano y la Operación Don Quijote.


PRECARIZACIÓN DE LA VIDA POR LA PANDEMIA


El confinamiento “voluntario” iniciado el 13 de marzo de 2020 afectó a las mujeres de manera particular, ya que se tradujo en una mayor carga de tareas no remuneradas y peores condiciones para sostener la vida. Somos mujeres quienes mayoritariamente nos encargamos de las tareas de cuidado, y todo ese trabajo gratuito en un contexto en el que las escuelas, los centros salud y los servicios del Estado dejaron de funcionar con normalidad, se multiplicó. A esto, se suma la directa relación de la crisis económica y el aislamiento con el aumento de violencia intrafamiliar.


Si el confinamiento golpea a las mujeres en general, lo hace aún más fuerte a las mujeres y personas trans que se encuentran en situación de prostitución, ya que a su realidad se suman las violencias ejercidas por parte de los consumidores y proxenetas (también los dueños de whiskerías y prostíbulos), así como la falta de acceso a derechos básicos como la vivienda. Estas mujeres pertenecen mayormente a sectores populares y muchas de ellas son migrantes, para quienes la prostitución es prácticamente la única vía de supervivencia. Su situación es sumamente compleja en un país en donde no existen políticas sociales para aquellas que quieran dejar la prostitución, ni ayudas específicas en estos momentos donde la mayoría no tiene ingresos.


En ese marco, como colectivo vimos la necesidad de generar una estrategia de acompañamiento. Gracias a las donaciones que recibimos, pudimos sostener la entrega de canastas solidarias durante varios meses. A través de esta experiencia pudimos acercarnos a mujeres y trans en situación de prostitución y a la realidad de que ninguna se enriquerece gracias a ello. Por el contrario, a una semana del comienzo de la cuarentena muchas de las que se acercaron al colectivo no tenían ningún ahorro que les permitiera sobrevivir al aislamiento. Sabemos que las canastas no son una solución, pero pudimos tender redes y abrir puertas para generar juntas un proyecto con perspectivas a largo plazo. Ese es el camino que queremos seguir.


VICTORIA MARENALES


Otra situación que nos atravesó y atraviesa como colectivo, fue la aparición del cuerpo de Victoria Marenales, desaparecida desde diciembre de 2018. Veinte meses después, en agosto de 2020, se le informó a su familia que un cuerpo hallado en mayo de 2019, en Guazuvirá, Canelones, era el de Victoria. Desde la aparición del cuerpo, las instituciones responsables -el Ministerio del Interior y Fiscalía General de la Nación- demoraron más de un año en notificarle a su madre, que la seguía buscando y creía verla en cada grupo de jóvenes con los que se cruzaba. Una vez notificada la familia, justificándose en cuestiones jurisdiccionales, nadie supo decirles cómo reunirse con el cuerpo. A partir de allí comenzó otra búsqueda, la búsqueda del cuerpo de Victoria, el pedido de justicia y un proceso de denuncia ante la inoperancia del Estado.[2]


OPERACIÓN OCÉANO


Otro hecho notorio del 2020 fue la Operación Océano que puso a la trata y la explotación sexual en la agenda pública. Este caso generó repudio social, pero también complicidades. Puso en evidencia que los varones consumidores se amparan en el poder, en la naturalización de la violencia hacia las mujeres y en la complicidad de quienes culpabilizan a las gurisas y a sus madres (argumento empleado de forma recurrente por la defensa de los imputados). Este tipo de referencias apunta a un sentido común que ante las violencias señala inmediatamente a las mujeres, acusando a las madres que no sabían dónde estaban sus hijas y deslegitimando a las jóvenes, afirmando que les gusta lo que hacen y que es plata fácil, transformando a las víctimas en victimarias y a los explotadores en unos pobres hombres engañados por adolescentes. Por más romantizaciones que se pretendan hacer, la explotación sexual nunca es plata fácil, están expuestas a un cúmulo de violencias, adicciones, la posibilidad de contraer enfermedades de transmisión sexual, secuelas físicas y psíquicas profundas.


Frente a este acontecimiento decidimos junto a otras mujeres y colectivos feministas convocar a una movilización el 3 de junio en el marco del día internacional “Ni una menos”, para apoyar a la víctimas de la red que estaba siendo investigada, exigir justicia y visibilizar que no eran casos aislados. En un contexto de restricción de la movilidad por la pandemia nos sorprendió la amplia concurrencia que tuvo la movilización. También nos alegró profundamente la participación de familiares de gurisas desaparecidas que alzaron su voz, especialmente poder escuchar el reclamo de Nancy Baladán[3] y de Elizabeth Techera[4].



Foto: María Noel Abba


OPERACIÓN DON QUIJOTE


En febrero de este año el Ministerio del Interior informó el desmantelamiento de una red de trata entre España y Uruguay que operaba desde 2017. Se informó que las víctimas eran captadas con la promesa de obtener retribuciones económicas elevadas a cambio de ser prostituidas, pero una vez en España eran retenidas contra su voluntad en base a falsos endeudamientos y amenazas. Se identificaron al menos veintiocho mujeres víctimas de la organización, algunas se encontraban en España, pero según lo informado había víctimas que ya habían sido traídas de nuevo a Uruguay por parte de la misma organización. Una vez en nuestro país las mismas eran amenazadas para que no denunciaran. Nos preguntamos qué va hacer el Estado para darle la contención necesaria a las víctimas, tanto a las que volvieron como a las que se encontraban en España. Esto nos preocupa particularmente, sobre todo considerando las debilidades que tiene el Sistema de Atención a Víctimas de Trata en nuestro país[5].


Este caso nos hace reafirmar nuestra convicción de que es necesario poner énfasis en la prevención, informando a la población acerca de las formas en que operan las redes de trata, y contemplando a las mujeres que ya se encuentran en situación de explotación sexual y son muchas veces el objetivo de estas redes. Es necesario desmitificar la idea de que las gurisas son raptadas por una camioneta con vidrios negros. Sin negar que esta forma de captación pueda existir, es claro que las redes de trata muchas veces actúan de una forma diferente. Las promesas laborales y el engaño a través del enamoramiento son algunas de las formas de captación más comunes. La precariedad económica, las adicciones y la explotación sexual previa, como lo muestra la Operación Don Quijote, son variables que aumentan la probabilidad de caer en estas redes.


Otra variable común a un gran número de gurisas desaparecidas es el consumo problemático de drogas. Esta situación facilita que en los propios puntos de venta éstas sean explotadas sexualmente a cambio de sustancias. Y si su movilidad se ve limitada, si se les impide, sea por violencia física o psicológica, mantener un contacto con sus seres queridos, nos encontramos ante una situación de trata. También consideramos necesario que se investigue lo que pasa en los centros de privación de libertad en donde las mujeres deberían estar bajo la protección del Estado, pero están expuestas a la violencia sexual a cambio de productos o seguridad. A su vez, consideramos que la privación de libertad previa y la falta de posibilidades laborales una vez que se sale de la cárcel, al igual que la condición de migrante, son factores que exponen a las mujeres a la prostitución y a la trata.


Nuestros cuerpos son vistos como objetos de consumo y nuestras vidas no importan. Como sociedad no podemos continuar negando que en Uruguay existe la trata con fines de explotación sexual. Nuestro país es destino, origen y tránsito de la trata. Hay claros indicios para creer que varias de las gurisas que hoy se encuentran desaparecidas son víctimas de este tipo de redes. La pobreza, las adicciones y la explotación sexual previa les facilitan a estas redes la captación de víctimas. La existencia de varones “consumidores” que conforman la “demanda” es el anclaje sobre el que se sostienen estas redes.


La trata y la prostitución conviven en un mismo sistema. Los varones consumidores, la complicidad de las instituciones y de los operadores estatales, y la pobreza estructural de las mujeres, son sus principales sustentos. Son pocas las respuestas que hemos obtenido por parte del Estado, pero tenemos la certeza de que somos nosotras, las organizaciones sociales y la sociedad en su conjunto, quienes tenemos que exigir respuestas. Tender redes, acompañar a quienes buscan y denunciar la ineficacia del Estado es fundamental para romper con las cadenas de complicidad que legitiman la violencia hacia las mujeres, que sustentan las redes de trata y explotación sexual. Las responsabilidades son del Estado y su inoperancia, de los proxenetas y varones consumidores, de un sistema económico y social desigual y excluyente, del patriarcado. Es sobre nuestros cuerpos feminizados que cae todo el peso de ellos y por eso es que frente a esto nos queda por decir: lucha compañera, luchemos hasta que aparezcan todas.


Juntos/as podemos derribar la idea de que las mujeres somos objetos de consumo, que estamos a disposición para cubrir las necesidades sexuales de los varones. Necesidades que muchas veces son definidas como irrefrenables para legitimar la violencia hacia nuestros cuerpos[6]. Estamos convencidas que otra forma de vivir la sexualidad, basada en el deseo mutuo y el consentimiento es posible.


El 24 de marzo, culminando esta nota, recién le confirman a Magela, hermana de Marisa Ortiz, que el cuerpo hallado hace 19 días es el de ella. Marisa desapareció el 22 de febrero de este año, en Colonia del Sacramento. Familiares y vecinos salieron a buscarla, porque la justicia cuando no hay dinero se ausenta o llega demasiado tarde. El viernes 5 de marzo, cuando aparece un cuerpo de mujer en la zona de La Caballada, las autoridades ignoran los reclamos de su hermana, que pide ver el cuerpo para poder reconocerla y/o retenerlo hasta que estén los resultados de la prueba ADN para confirmar su identidad. Ese mismo día la entierran como NN. Los resultados, que no deberían demorar más de cuatro días, tardaron más de dos semanas, un ejemplo más de la terrible crueldad de las instituciones. Las palabras que publicó su hermana ante la confirmación de los hechos, resumen el sentir de muchas: “Hoy mi corazón se sigue endureciendo de rabia y dolor... si la justicia hubiese actuado a tiempo esto lo hubiese sabido antes… Perdón hermana por no encontrarte a tiempo.”



* Dónde están nuestras gurisas. Somos un colectivo de mujeres que difunde los casos de desapariciones de niñas y mujeres en Uruguay, busca visibilizar que en nuestro país operan redes de trata de personas con fines de explotación sexual y, generar acciones de combate a las mismas. Nos autogestionamos y autofinanciamos. No somos parte del Estado ni una Organización no Gubernamental (ONG).



Notas

[1] “Fuentes allegadas al caso señalaron que la vivienda, ubicada sobre la ruta 5 entre Camino de Las Tropas y Luis Batlle Berres, había sido ocupada a finales de abril del año pasado, por una de las bandas de narcotráfico que opera en la zona.” La Diaria 1 de marzo 2021: https://ladiaria.com.uy/justicia/articulo/2021/3/la-policia-no-encontro-mas-restos-en-la-casa-del-barrio-19-de-abril-donde-en-febrero-encontraron-a-dos-mujeres-asesinadas/ [2] Ver el artículo “Para una tumba sin nombre” de Daiana García publicado en Brecha el 16 de octubre de 2020: https://brecha.com.uy/para-una-tumba-sin-nombre/ [3] Mamá de Milagros Cuello Baladán, que se encuentra desaparecida desde diciembre del 2016 en Pando, Canelones. [4] Madre de Florencia Barrales desaparecida desde marzo de 2019 en Montevideo. [5] Tuana, Andrea (2018) “Trata sexual en Uruguay. Alcance y limitaciones de la asistencia a víctimas”. CM Impresos. Montevideo, Uruguay. [6] Para conocer más sobre esto ver el artículo “Escuchar las voces de los protagonistas. ¿Qué dicen los puteros de la prostitución?” de ¿Dónde están nuestras gurisas? publicado por Hemisferio Izquierdo el 11 de marzo de 2019: https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2019/03/11/escuchar-las-voces-de-los-protagonistas-qu%C3%A9-dicen-los-puteros-de-la-prostituci%C3%B3n