Cuando vivir fue increíble. Trayectoria vital apasionada entre el batllismo radical y el MLN-Tupamaros

July 30, 2019

Elecciones de 1954, En el local del Movimiento Renovador Batllista, Lista 29.De izq. a der.: Osmar Fernández, Delmar Cuello, JoaôAdhemires, Osvaldo Lezama,Grauert Lezama, Félix Macedo, José Rebollo y Ovidio Mello

 

 

Grauert Lezama, el Negro (1939-2019).

 

Y pensar que eran la promesa de renovación. Había que tragarse la rabia para no tener que soportar a esos mocosos. Irrespetuosos con Luis Batlle, sí;  ya atrevidos, antes del 64. Rechazaban su liderazgo dirigista a la interna del batllismo, encubierto de aires liberales. Jóvenes de la Agrupación Avanzar para los cuales batllismo no era lo mismo que “quincismo”.

 

Otros, no tan jóvenes y no integrantes del radicalismo de Avanzar que evocaba el pensamiento de Julio César Grauert, pero igualmente renuentes al dirigismo luisista, fueron progresivamente desestimados. Fue el caso de Osvaldo Lezama, padre de Grauert y diputado por Rivera durante dos legislaturas (1954-58 y 1958-62), que fuera desplazado por Guido Machado Brum, político ajustado a la horma, y a la norma, dictadas desde las alturas. Hoy, a Osvaldo Lezama, en su ciudad no lo recuerda más que una calle llena de barro y gallinas, en las afueras suburbanas. Seguramente los pobres, como el negro Juan Barullo, Seu Lezama, estarán contentos. Guido Machado, en cambio, tiene su avenida.

 

Hubo que responder. En el Partido Colorado jamás se habló de repartir la tierra, señores. ¿De dónde carajos sacaron esta utopía? Parece que estos jóvenes quieren reinterpretar el batllismo. Los jóvenes contestaron, fueron a mirar y citar dichos y escritos de Don Pepe.

 

Zelmar Michelini había sido testigo en 1962, del primer matrimonio de Grauert Lezama, pero ahora había que poner un poco el freno. Estimado joven Grauert, seamos turcos, pero no tanto. Estos muchachos son insaciables…¡Qué quieren al final! Julio César Grauert murió en 1933, ¿no se enteraron? Sí, de varios balazos engangrenados, en plena dictadura de Terra. Esta es la mejor democracia de América, aún somos Suiza. Pero ya en 1970, Michelini se había ido él mismo del Partido Colorado, para co-fundar el Frente Amplio. Tuvieron que pasar sólo algunos años. Avanzar había desaparecido, casi. Para cambiar las cosas, se sentía en el aire, había otros caminos.

 

En 1966 la primavera maduraba, incendiando el corazón de la joven generación crítica. Quizás sí era posible hacer una verdadera revolución en el país de la aparente calma, de la aparente igualdad, que encubría, por ejemplo, la miseria y el hambre norteños. Ahí aparecen viejos contactos, gente como el Viejo Cultelli. Aparece Argelia año 8, de Carlos Aguirre, libro de cabecera para los primeros tupas. Porque poco después, en esa motoneta, por las calles de Pocitos fueron juntos Justo y Agustín, bajo la sonrisa irónica del Bebe Sendic: “menos mal que Ustedes no saben quienes son”. Y eran: Jorge Zabalza y Grauert Lezama. Eran la crema de los hijos políticos de los partidos tradicionales, de un Uruguay moribundo y en transformación al mismo tiempo, del Uruguay ex suizo. Pero la contestación ya estaba en las venas desde mucho antes, gracias al espíritu libre del padre. A los 17 años, secretario parlamentario de Osvaldo, Arturo Lezama, su tío y Presidente del Consejo Nacional de Gobierno en 1957, le había observado en perfecto rochano: “Checho –como se lo conocía en la familia-, no te enojes, pero ponte la corbata para venir a la Casa de Gobierno”, para obtener una furibunda respuesta del joven Lezama: “¿Querés corbata? No me ves más el pelo”. 

 

No era de los más jóvenes. Los viejos eran los prudentes, en verdad. La Columna uno del Movimiento de Liberación Tupamaros, era la más política y la más prudente, llena de médicos y militantes legales. Gente que hacía las cosas bien, contraria a la deriva militarista del después. La experiencia política previa, de tantos años, ayudaba. Y ayudaba también el amor, que permitió nuevos horizontes, nuevos caminos. La vida como una aventura, decían y criticaban los bolches. Pero estos viejos tupas, apostaban a un cambio profundo y veían con malos ojos el “accionismo”. Por eso, naturalmente, arriesgaron todo. Naturalmente para ellos, claro. Chau empleo en el banco, Chau bienestar de familia de bien, chau integridad física, chau paisito (al final, cuando la derrota). Así dicho. Derrota. Sin eufemismos. Te la jugaste. Hoy, ¿cuántos dejaríamos todo? Luis Omar Puime, médico y tupamaro inicial, recordó: “Mirá, cuando me decían, vos que tenés hijos, por qué lo haces? Justamente porque tengo hijos. Por eso”.

 

Y por eso también, aceptar los hijos del exilio, de la derrota, porque era un lugar desde el cual partir para construir un mundo mejor. Porque al nombrar al hijo sueco, le pusieron también Miguel, por Miguel Enríquez, claro. Aunque vale decir que, exiliados en Chile, los tupas también amaron a Allende, todos amaron a Allende, y los otros, lo odiaron. Tanto.

¿Cómo luchar desde un exilio en medio de la nieve? ¿Cómo, todos los días, pensar en el paisito y luchar la derrota? Adaptándose a vivir, junto con otros amigos tan queridos, y su compañera. Adaptándose a pasar del traje bancario y del restaurante montevideano, al de empleado de limpieza en el hospital psiquiátrico en Lund, o al de tipógrafo en ABF (Arbetarnasbildningsförbund), sección cultural del movimiento sindical sueco. Su batllismo radical se cruzó allí con el anarquista ancestral. Y en la foto setentosa de fin de cursos, junto a los rubios suecos de 20 años, un Negro uruguayo y tupa, de 30 y pico obtuvo el título: tipógrafo. 

 

La socialdemocracia sueca, aún vista críticamente por una parte del exilio, fue solidaria. Mucho. Los exiliados expresaron gratitud hacia ese país solidario. Pero nada de “asuecarse”. Todos los días a laburar y a pensar en el sufrimiento del paisito en dictadura. Y la prueba fue Aportes, la revista política fruto del esfuerzo constante y sostenido de Grauert Lezama, junto a sus compañeros/as de exilio, para comprender intelectualmente y para actuar políticamente en el mundo.

Hace 15 días te alegraste de mi conferencia sobre los primeros tupas en Nápoles.“Qué bien, flaca!”, me dijiste. Algún día saldrá el libro, prometo. Por ahora, dejáme agradecerte todo, dejáme llorar este dolor, para después mirar los ojos tuyos en lo mejor de nosotros, Lucía.

 

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