"de no mediar cambios importantes en los temas que atañen a la contradicción principal, las tensiones distributivas se incrementarán"

July 12, 2017

 

Hemisferio Izquierdo: En la actualidad, las valoraciones en torno a la situación económica del Uruguay oscilan entre una visión optimista que destaca que se han logrado controlar los efectos más negativos de la crisis internacional y el país ha mantenido niveles de crecimiento en un marco de estancamiento económico regional; y por otra parte una valoración más negativa que señala que, en tanto no se ha transformado la matriz productiva, ni el tipo de inserción internacional de la economía uruguaya, ni se han alterado las relaciones de poder y propiedad de la estructura económica nacional, el Uruguay sigue reproduciendo desigualdades y continúa a la merced de las crisis recurrentes propias de la globalización capitalista. ¿Cuál es su diagnóstico de la situación económica del Uruguay actual?
 

Daniel Olesker: Empecemos por el análisis de lo que fue el proceso de crecimiento económico y junto a el de desarrollo desde 2005 al menos hasta 2014.

 

Dicho modelo se sustentó en una transformación de la estructura de distribución del ingreso, apoyada en reformas laborales y sociales de carácter estructural que socializaron el acceso a los bienes públicos desde la perspectiva de “de cada quien según su ingreso a cada quien según sus necesidades”.

 

Dichas transformaciones estuvieron sustentadas en administración de recursos adicionales, derivados del crecimiento económico y la captación creciente (más de 5 puntos sobre el PBI adicionales) del Estado y un proceso de inversión pública productivo y de impacto distributivo inédito en el país en especial en el segundo período de gobierno.

 

Tres reflexiones en esta primera parte. Está claro que dicho crecimiento estuvo sustentado en la estructura tradicional del país con un crecimiento del grado de primarización de nuestra inserción internacional.

 

Pero también está claro que otros procesos de crecimiento en particular los años 90, fueron concentradores y excluyentes.

 

Es por ello que allí en este punto se posiciona lo que entiendo es la contradicción principal del modelo de desarrollo que impulsamos desde 2005; dicha contradicción se expresa entre un desarrollo social y laboral con tendencias socializantes que requiere un proceso redistributivo muy potente y un crecimiento económico con fuerte énfasis en el mantenimiento de la estructura tradicional en materia der matriz productiva y de inserción internacional.

 

Y este no es un tema que surja exclusivamente cuando se reducen los ingresos de exportación, sino que emerge de un profundo análisis de la contradicción principal a mitad del segundo período de gobierno. De diversas cosas que plantee en aquel momento quiero rescatar esta de abril de 2013:

 

“El modelo de crecimiento con fuerte dosis de primarización y cuyo eje redistributivo se ubica con un fuerte componente en el gasto social tiende a enlentecerse, se requiere enfocar la redistribución de la riqueza en una perspectiva integral que incluye el proceso de producción, las relaciones de trabajo y la acción del estado en materia de impuestos y gastos”

 

Por lo tanto respecto a la pregunta planteada diría tres cosas:

Uruguay ha transitado un modelo de desarrollo que podría denominarse distributivo con éxito en los cambios en la composición de clases de ingreso nacional y con un acceso socializante o protosocialista a los bienes públicos,

Uruguay no ha modificado su matriz productiva ni en términos de su inserción internacional y por ende su política comercial; ni en el crecimiento de la propiedad autogestionaria, ni en la agregación valor trabajo a los bienes de producción.

Por ello repito es esa hoy la contradicción principal de la continuidad del modelo de desarrollo.

 

 

HI: Desde los sectores más críticos, se señala que en un marco de depreciación de los productos primarios que el Uruguay exporta, y sin una alteración de la estructura de poder y propiedad de la economía interna, el escenario en el mediano plazo es el de un ajuste sobre los sectores trabajadores con consecuencias de desempleo y marginación. ¿Qué piensa de esta proyección? ¿Cuáles son los escenarios que cabe esperar en el corto y mediano plazo? ¿Qué lineamientos de política económica habría que llevar adelante para afrontarlos?

 

DO: En esta pregunta hay dos análisis; qué esperamos que pase y cómo afrontar el desafío de la resolución socializante de la contradicción principal.

 

Es evidente que ante un cambio en las condiciones económica de la inserción internacional, las tensiones distributivas son sin duda superiores. Por ende lo que va a pasar depende de las condiciones en que dicha contradicción principal se resuelva y ésta depende del proceso de correlación de fuerza que no es exclusivamente la estructura de poder de la economía  sino que incluye la correlación de fuerzas en el propio gobierno, en la sociedad y en las relaciones con las organizaciones, en especial sindicales.

 

Por ende en mi opinión no veo que una perspectiva sea un ajuste regresivo sobre los ingresos y condiciones de vida de la clase trabajadora porque el actual escenario de lucha de clases y consolidación del desarrollo organizacional y de las ideas en el seno de los grupos políticos de gobierno no lo permitirían. 

 

Sin embargo si entiendo que de no mediar cambios importantes en los temas que atañen a la contradicción principal, las tensiones distributivas se incrementarán.

Solo como titulares cuales serían dichas transformaciones prioritarias en esta etapa:

 

Es claro que en primer lugar un cambio en la matriz productiva que incorpore aspectos de agregación de valor a una estructura primarizada, lo que tiene efecto sobre la concentración del poder económico.

 

En segundo lugar un desarrollo en extensión de las empresas productivas de autogestión.

 

En tercer lugar una reforma tributaria de segunda generación que en primer lugar continúe el proceso distributivo iniciado en 2007, dando un salto a cambios no sólo en la distribución de ingreso, sino sobre todo en la distribución de la riqueza gravando el capital y en particular el stock acumulado del capital.

 

En cuarto lugar esa misma reforma tributaria debería generar los subsidios imprescindible para el cambio de la matriz productiva que permita agregar valor y elegir sector de producción ganadores con perspectiva de empleo y cambio en la inserción internacional.

 

Recuerdo que en 2013 propusimos junto a Kreimerman y Frugoni un aumento del IRAE del 25 al 30% con el único fin de crear una bolsa de subsidios para sectores que se reinserten en la economía mundial agregando valor.

 

Finalmente en quinto lugar se hace necesario rediscutir la inserción internacional del país con medidas que promuevan el comercio regional donde se agrega más valor y evitar la continuidad de un esquema centro periferia como estamos construyendo hoy. 

 

 

* Daniel Olesker es economista, asesor del Instituto Cuesta Duarte (PIT-CNT). 

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