La polémica estratégica sobre el camino al socialismo en el Uruguay entre modelos. 1954-1973 (1ª parte)*

June 16, 2017

 Imagen: "Los trabajadores" (Oswaldo Guayasamín)

 

1. Introducción: mirando aguas arrriba

 

"...para nosotros [la etapa de liberación nacional] siempre fue un requisito determinante y previo. Estoy más cerca de Marx que de Lenin, porque no creo que una sociedad pobre, intelectualmente sometida y sin una alta capacitación pueda plantearse la construcción de una sociedad superior. De pretenderlo, se puede construir un monstruito, como ya ha pasado"

(José “Pepe” Mujica, reportaje de Carlos Caillabet, julio de 2004)(1).

 

Dice Toynbee que la historia es un río en movimiento que también nos arrastra. Los hechos del pasado son vistos desde el presente en movimiento.

 

En víspera del primer gobierno de izquierda en Uruguay, en ascenso del ciclo de socialdemocracia pos-neoliberal en el continente, Mujica trae una polémica del Uruguay de los 50-60. Es llamativo que tome la tesis oficial del Partido Comunista Uruguayo sobre las condiciones objetivas abandonando el voluntarismo foquista de su propia corriente guerrillera de los 60. Su voz busca desalentar aspiraciones socialistas inmediatas entre las bases del Frente Amplio para no complicar la gestión desde el gobierno. ¿Qué significan hoy esas discusiones, cuando ese ciclo ha comenzado su derrumbe y la idea del socialismo ha salido de escena? Suena raro, y nos enfrentamos al argumento de que primero es necesaria una etapa previa de desarrollo capitalista, general denominada “revolución nacional y democrática”. El objetivo de este trabajo es recuperar esas disyuntivas para la polémica de hoy.

 

 

2. El marco: Uruguay y su izquierda

 

a. El país tapón

 

La imposibilidad de existencia separada de Uruguay, su condición de enclave y que nuestra única redención posible sea la integración en un proyecto de emancipación continental, es un concepto desarrollado por lo más destacado de nuestra tradición intelectual, adquirido por nuestra cultura de masas. En los voceros de la clase dominante, medios de prensa y algunos intelectuales, domina un chauvinismo provinciano “nacional”, un nacionalismo ilusorio encubriendo una colonización también ideológica y cultural.

 

Para Roberto Ares Pons la derrota del proyecto social artiguista inaugura un país escuálido, Estado pero no una nación, vulnerable, extrovertido y sometido a los centros imperiales [Uruguay ¿Provincia o nación? Concurso de Marcha 1959, Editorial Coyoacán, 1961]. Carlos Real de Azúa, iniciador de nuestra ciencia política, habla de una debilidad congénita relativa de la clase dominante como “invariable” en nuestra historia, base de su “sociedad amortiguadora ...los conflictos no llegan nunca a la explosión,... toda tensión se compone o compromete”(2).

 

La verdadera izquierda uruguaya tuvo siempre vocación latinoamericanista. Carlos Quijano, fundador y director del semanario Marcha, es otro notorio formador de opinión latinoamericanista(3).

 

Veamos en este marco la polémica centrada en dos figuras de los partidos históricos de la izquierda uruguaya, Socialista y Comunista, y derivaciones que los trascienden.

 

b. Los orígenes. El caso de los cumpleaños cambiados

 

El actual Partido Socialista Uruguayo dice haberse fundado en 1910, el Partido Comunista Uruguayo en 1920. Poner fechas en los procesos históricos siempre es discutible pero en este caso es claramente falso. Más ajustado a la verdad sería intercambiar esas dos fechas.

 

Si es por formación de un partido político con continuidad, el Centro Obrero Socialista es en 1904. Un año después se llama Centro Carlos Marx, señalando una tendencia. En 1910, con una alianza con un efímero “Partido Liberal” los socialistas (ya “Partido”) entran al parlamento con un diputado, Emilio Frugoni. No el día en que se organizan los obreros, o en que definen su programa anticapitalista, o logran una herramienta organizativa con continuidad, sino el día en que llegan al parlamento, será el recordado como “fundación”.

 

En 1921 el Partido Socialista tuvo un congreso para discutir la adhesión a la Internacional Comunista (IC), se divide en dos sectores, la votación aprueba el ingreso por 1007 contra 110. La discusión principal fue sobre las “21 condiciones” de la IC, y la condición de cambiar el nombre del Partido. Los socialistas uruguayos se pasan a llamar “Partido Comunista”. La historia posterior mostró que esas “21” fueron un error en muchos aspectos, una visión eurocéntrica de los bolcheviques. En América Latina, ignorada por ellos, tuvo consecuencias negativas.

 

La minoría que perdió el congreso capitaneada por Frugoni aceptaban el ingreso con reparos, a condición de esperar el desarrollo de los acontecimientos. Si se hubiese conservado el nombre “Partido Socialista”, no hubiese tenido espacio político inmediato. El dogmatismo de la mayoría les hizo un regalo que se apuraron a aprovechar.

 

Esa ala reformista creía que debían ser “picana de la burguesía”, impulsar el progreso dentro del desarrollo capitalista, “progresistas” en sentido burgués. Impulsaron la supresión de las fuerzas armadas, estuvieron del lado de los trabajadores y de las huelgas obreras, nunca del lado de la represión, de los explotadores, de las privatizaciones. Eran honestos en sentido político y personal. Frugoni estaba por la despenalización del aborto. Renunció a su banca cuando se fue del partido y volvió luego con el nuevo. Y cuando se jubiló, renunció a la escandalosa jubilación de privilegio para los legisladores que establecía la ley.

 

Los que ganaron el congreso cambiaron el nombre por “Partido Comunista”. Un error político coyuntural, y un error conceptual genérico. En nuestro continente los socialistas eran partidos obreros recién creados en sociedades que iniciaban su desarrollo político. No habían cometido traiciones ni llegado al gobierno, apenas conseguían alguna banca en el parlamento. En todos había luchas de tendencias, pero generalmente dominaban las corrientes revolucionarias, iban madurando lenta pero firmemente. Correspondía aprovechar al máximo esa ventaja excepcional haciendo caudal de la tradición de partidos obreros independientes y avanzar paso a paso con la clase trabajadora.

 

¿Por qué el Partido Comunista el heredero legítimo del partido obrero fundado hace más de cien años no reivindica su origen, y en cambio fecha su fundación diez años después renunciando a su historia previa? Si se quisiese reivindicar hoy aquella intransigencia de las “21” deberían irse del Frente Amplio, que hoy integran. En vez de reivindicarla ritualmente, en aquel tiempo equivocadas, deberían aplicarlas hoy, cuando sí tienen sentido.

 

 

3. Arismendi y la teoría clásica de la "revolución por etapas"

 

La idea de que los países periféricos deben transitar por una etapa o fase de liberación nacional -también llamada democrática- antes de acceder al socialismo, es corriente en la izquierda uruguaya, latinoamericana y mundial. La discusión debe retomar las polémicas pasadas.

 

La crisis del estalinismo trae en los 50 el “deshielo” que resultará en una larga preparación de la restauración capitalista. Ya antes del viraje de Nikita en el XX Congreso del PCUS (1956), comienzan ajustes en los partidos comunistas de occidente, algunos aprovechan el momento de afloje. En Uruguay el XVI Congreso del PCU de 1955(4) reformula la política de “frentes populares”, la moderniza sin romper lo fundamental de la herencia burocrática, plantea una amplia política de alianzas de la clase obrera en base a un programa de transformaciones dentro de los límites del capitalismo. Surge un nuevo líder, Rodney Arismendi. Pese al renombre nunca fue un verdadero teórico, más bien un hábil pragmático que buscaba la intermediación entre el dogma oficial y la realidad en la que estaba inserta la izquierda.

 

(i) Uruguay es “semifeudal, semicapitalista”, desarrollo capitalista incompleto, sin haber llegado al nivel de los países centrales (industria desarrollada, autonomía productiva, estado burgués soberano, etc.), que sería el desarrollo capitalista “normal” según las leyes del modo de producción, que la burguesía impulsa por su naturaleza, históricamente progresiva. La clase obrera debe apoyarla para crear condiciones para el socialismo. Era la concepción menchevique, se debía apoyar en Rusia un régimen burgués liberal moderno que sustituyese al zarismo. El estalinismo asumió el corazón de esta concepción. No quiere decir que no haya sido también un abordaje “leninista”, el leninismo que se abandona en las “Tesis de abril”. Esa caracterización “semifeudal” del Uruguay ya estaba en contradicción con investigaciones de historiadores pertenecientes al PC, será abandonada a partir de la “Declaración Programática” de 1958(5).

 

(ii) Para explicar esa realidad se aducen dos deformaciones: a) El latifundio, “resabio feudal” por la apariencia externa: economía rural, oligarquía terrateniente, arrendamiento en especie. b) El imperialismo; la Guerra Fría alinea a los PCs en el antiimperialismo desde el punto de vista burgués: completar la independencia con el desarrollo histórico “normal” del cualquier país, es el “paradigma estado-nación”.

 

(iii) En doce años se moderniza el lenguaje (XX Congreso, 1966) llegando a “revolución democrática antioligárquica y antiimperialista”. El giro conceptual no tiene consecuencias político-programáticas(6).

 

(iv) En este esquema se apoya la estrategia de Arismendi y su utilidad pragmática. Su idea es la alianza de la clase obrera con un sector de la burguesía (“burguesía nacional, constituida en lo fundamental por la burguesía media”), contra el sector pro-imperialista, con un programa democrático de modernización capitalista: industrialización, protección estatal de la producción capitalista nacional, reformas moderadas a través de las instituciones. La clase obrera limitaría su política buscando ese aliado, pero la funcionalidad es justificar el encarrilamiento que completaría la revolución burguesa removiendo obstáculos para el desarrollo “normal” -la burguesía o parte es imprescindible en esto- previa al socialismo. Pero aparecen las contradicciones. La “Plataforma política inmediata” caracteriza al gobierno del “segundo batllismo” de 1946 como “representante de la gran burguesía conciliadora”, aunque es el que más se pareció en nuestra historia a un gobierno proteccionista de los industriales. Arismendi disocia, atribuyéndolos a supuestos sectores sectores burgueses diferenciados, aspectos del comportamiento de nuestra burguesía como clase; el gobierno de Luis Batlle Berres fue pro-imperialista y conciliador con el latifundio y al mismo tiempo proteccionista, estatista, creador de una legislación social avanzada.

 

(v) La contradicción principal sería oligarquía - pueblo, planteo de gran parte de la izquierda hasta el presente. La oligarquía son los terratenientes y la gran burguesía financiera. La burguesía industrial oscilaría y su sector medio se aproximaría al pueblo. Pero la lucha de clases real muestra un agrupamiento de fuerzas distinto. El conflicto permanente de los trabajadores es contra los sectores burgueses industriales o de servicios, grandes, medianos y pequeños.

 

El fin de la 2ª Guerra Mundial trae el desplazamiento de Inglaterra por Estados Unidos. Las inversiones inglesas eran en servicios públicos, los yanquis instalan industrias livianas clientes de sus bienes de producción, reforzando la dependencia. Al fin de la 2ª Guerra, Uruguay cuenta con oro y divisas. Europa aumenta las compras pero no puede proveer productos industrializados, se debieron sustituir por producción nacional por industrialización propia y creación de mano de obra. Esta bonanza reforzada por la Guerra de Corea aleja a Uruguay de los países emergentes del Tercer Mundo, y estimula una convivencia social sin conflictos agudos ni recurrir a gobiernos autoritarios y golpes de estado. El "segundo batllismo" es un retorno parcial con aggiornamento de la política de Batlle y Ordoñez de principios del siglo. Luisito quiere "acelerar" para "frenar la revolución tironeándola por el saco", el estado modera y prevé los cambios, justicia social dentro del orden existente, respeto a la propiedad privada, redistribución de ingresos sin afectar el sistema social, desarrollo industrial con proteccionismo, economía dirigida, nacionalización de los servicios públicos en manos de empresas inglesas abandonadas; compra sobrevaluada para cobrar la deuda de Inglaterra; amplía la esfera de la economía estatal, aumentan los funcionarios públicos como colchón social amortiguador y clientelismo político. Pero no se logra mejorar la producción agropecuaria. El intento fracasa por la oposición de los propietarios rurales y la timidez del gobierno. Las contradicciones conducen a la crisis al llegar en fin de la bonanza coyuntural, a fines de los 50.

 

Pero el Partido Comunista de la época es de hecho socio político del gobierno batllista. Con la expansión industrial crece la clase obrera, la política del gobierno incluye avances en legislación laboral, negociación salarial con mediación estatal, desarrollo sindical reformista, burocracia sindical. La ideología del PCU es apropiada para ello, con el discurso de buscar una alianza futura con un sector imaginario de la burguesía para un desarrollo capitalista independiente, se hace una alianza de hecho con la burguesía real, detrás de un lumpendesarrollo capitalista dependiente.

 

Con la Revolución Cubana aparece un problema, no fue en alianza con sectores burgueses, abordó el desarrollo por vía no capitalista. La habilidad de Arismendi fue presentar esa refutación de sus ideas como una confirmación. Cortar grueso: Cuba hace una reforma agraria y está en contra del imperialismo, se alinea junto a la URSS y recibe ayuda económica y tecnológica: “eso” es la transición al socialismo. Para ese tosco planteo contó con la colaboración objetiva del oportunismo de la propia dirección cubana, que prefirió subordinarse a la burocracia soviética insertándose en la “división internacional socialista del trabajo”. Esas dos actitudes recíprocas de soslayo hicieron que la polémica en la izquierda latinoamericana se centrase en lo que era la diferencia más evidente entre el camino cubano y el de los PCs prosoviéticos: vía pacífica o armada.

 

Los doce años entre congresos que sacan el “feudalismo” no son de desarrollo capitalista ni desaparición del latifundio y la dependencia, todo lo contrario. Hay una profunda crisis capitalista, del modelo de acumulación vigente: proteccionismo industrial, bonapartismo estatista y sustitución de importaciones. Se agota el mismo programa que levantaba Arismendi como alternativa.

 

Nuestra izquierda actual hereda ese programa. El Frente Amplio es su continuador, tomando lo fundamental y adoptándolo a la nueva realidad. Una burguesía meramente uruguaya no es capaz de liderar el desarrollo capitalista. En un primer tramo su lugar lo ocupa la burguesía regional, Uruguay como apéndice. Pero tampoco esta burguesía regional enfrenta realmente al imperialismo ni desarrolla un capitalismo independiente. Así, el llamado realismo político rebaja pretensiones hacia un proyecto capitalista apenas menos dependiente, ni siquiera opuesto a los intereses imperialistas, el “socialismo de lo posible” es ahora el capitalismo de lo posible.

 

Esta estrategia traza nuevos límites a la política de la izquierda y el movimiento obrero, más rebajados pero con la misma lógica: subordinación de los trabajadores a la burguesía, y el Estado promoviendo el desarrollo capitalista.

 

Aunque en una visión superficial parezca que el gobierno del Frente fuese una etapa histórica de corte arismendiano, la actual globalización capitalista dio por tierra con los supuestos básicos de su planteo: posibilidad de desarrollo capitalista autónomo en la periferia. Sin “campo socialista” tampoco puede hoy desengancharse del imperialismo.

 

 

* Primera parte de la ponencia presentada por el autor en el II Coloquio internacional marxista de historia, Córdoba, Argentina (octubre 2016). En el número de julio publicaremos la segunda parte: "Vivián Trías y el viejo planteo alternativo"".

 

** Investigador y militante político. Fue coordinador de la revista Alfaguara y la publicación electrónica La lucha continúa, fue también fundador del Encuentro Latinoamericano de Revistas Marxistas. Es colaborador de varias publicaciones y centros de debate.

 

Notas:

(1) http://www6.rel-uita.org/internacional/mujica.htm

/2) Uruguay, ¿una sociedad amortiguadora? http://www.autoresdeluruguay.uy/biblioteca/Carlos_Real_De_Azua/lib/exe/fetch.php?media=real_-_uruguay_una_sociedad_amortiguadora.pdf

(3) Para un breve pero completo resumen ver: No perder la razón de vivir. Guillermo Chifflet, en Alfaguara Nro.24, junio 2000.

(4) http://www.quehacer.com.uy/Uruguay/rodneyarismendi/xvi_congreso_pcu.htm

(5) http://www.quehacer.com.uy/Uruguay/rodneyarismendi/xvii_congreso_pcu.htm

(6) http://www.quehacer.com.uy/index.php?option=com_content&view=article&id=1308:xix-congreso-pcu-1966&catid=188&Itemid=102

 

 

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