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La izquierda uruguaya: crecer o perecer, esa es la cuestión

  • Christian Quintero
  • 13 dic 2016
  • 6 Min. de lectura

Imagen: "34" (Nelson Romero)

Vivimos en un escenario en el cual, a pesar de las cada vez mÔs grandes contradicciones que presenta el FA como fuerza política y como gobierno, sigue manteniendo hegemonía (electoral y en el campo popular), mostrÔndose subjetivamente para una gran parte de la población como una opción política de izquierda capaz de enfrentar a la derecha tradicional.


Una de las principales tareas que ha tratado de desarrollar un sector de la izquierda con vocación pos capitalista en este tiempo estÔ vinculada a evidenciar las contradicciones y limitantes del progresismo en el gobierno, denunciando las continuidades con respecto a políticas de gobiernos anteriores. EstÔ claro que el resultado de esta tarea no ha sido del todo efectivo.

En el campo popular el dominio de sectores de una ā€œizquierda gestoraā€ (entendiendo esta como la que sólo identifica problemas de gestión y no hace hincapiĆ© en los problemas estructurales del capitalismo) es notorio. A pesar de que han jugado un rol paupĆ©rrimo en defensa del gobierno, no hemos sabido evidenciar esa contradicción y por lo tanto capitalizar ese descontento.


AdemƔs del aparato polƭtico que se mueve en la esfera del campo popular, el propio gobierno ha desarrollado polƭticas que apuntan a criminalizar la protesta y estigmatizarla. Esto quiere decir que emplea toda la fuerza que tiene a su alcance para desacreditar cualquier tipo de planteo opositor por izquierda.


En conjunto con esta fuerza polĆ­tica, los medios de comunicación difunden y promueven la condena pĆŗblica a todo sindicato o gremio que se movilice, haga paros o tome otras medidas de lucha. Es asĆ­ que se muestra al opositor (de izquierda) como un bĆ”rbaro, un ā€œultraā€, corporativo, irresponsable, etc.


Ser de oposición por izquierda no es fÔcil, no se ha logrado de-construir la subjetividad de lo que representa el FA para la población y mucho menos posicionarse como una verdadera alternativa política al estado de situación.


Este escenario de hegemonía política del FA, por primera vez en doce años estÔ siendo discutido, pero lamentablemente no por la izquierda con vocación transformadora.

Desde hace un tiempo asistimos a un proceso de revitalización ideológica de la derecha, que ha logrado marcar agenda en temas claves de la realidad, como por ejemplo, la inseguridad. La derecha crece ideológicamente y crece con ella, en la sociedad, un sentido común altamente conservador. Este sentido común no es disputado o enfrentado por el gobierno sino que muchas veces es reproducido.


A todo esto, el escenario económico no es para nada alentador. Parece ser el fin de las premisas materiales que sostenían el pacto distributivo. Esto implica que tarde o temprano se va tener que aplicar un ajuste que va a recrudecer aún mÔs las condiciones de vida de los trabajadores.

Nos colocamos entonces en un escenario en donde hay una gran posibilidad que el descontento social con el gobierno se pueda traducir en la victoria electoral de la derecha tradicional y esto traiga consigo una ofensiva violenta ultra-conservadora como la que se estĆ” viviendo en Argentina.


MÔs allÔ de los factores externos anteriormente mencionados, que presentan verdaderos desafíos a superar, las preguntas que nos deben quitar el sueño son: ¿Por qué la izquierda con vocación pos-capitalista no logra constituirse como una alternativa política real para los trabajadores y el pueblo en general? ¿No es acaso necesario plantearse una verdadera y profunda autocrítica que nos permita poder estar a la altura de las circunstancias? ¿Por qué en un escenario de agotamiento del FA la izquierda no logra dar saltos cualitativos y cuantitativos?


Una buena forma de poder ir dando respuesta a esas preguntas puede estar en hacer una caracterización de las carencias que padecemos como izquierda con vocación pos-capitalista.


Si bien es cierto que esta izquierda da una batalla titÔnica diariamente contra las políticas que el gobierno implementa, le falta mucho para poder ser potente y efectiva en su acción.


Una de las claves que muestra esta incapacidad polĆ­tica se puede identificar en la hiper-fragmentación que tenemos en esta izquierda. En este sentido hay dos niveles que colaboran con esto. Uno vinculado a cuestiones tĆ”ctico-estratĆ©gicas y otro vinculado a personalismos y prejuicios. Estos dos niveles conjugados convierten al sectarismo en una enfermedad clave que estamos padeciendo. Hay una fuerte predisposición a medir con una especie de ā€œizquierdómetroā€ (auto asignado) los intervenciones polĆ­ticas de los demĆ”s. Es asĆ­ que aparecen etiquetas como ā€œpuristasā€, ā€œposmosā€, ā€œreformistasā€, ā€œultrasā€, ā€œinfantilesā€, etc. Perdemos tiempo en ā€œcorrernos por izquierdaā€ sin darnos cuenta que somos un conjunto de ā€œenanosā€ impotentes que no logra romper el cerco de la marginalidad.


Esta caracterĆ­stica no muestra otra cosa que falta de madurez polĆ­tica. Es de urgencia darse cuenta de que lo que se viene es duro y que si no superamos esta inmadurez, el enemigo nos va pasar por arriba.


Es preciso comprender que el diagnóstico político del escenario es casi que compartido y que eso en esta etapa nos debe unir mucho mÔs de lo que nos separa.


Otro elemento central de la crisis de la que estamos sumergidos como izquierda con vocación pos-capitalista es el de la falta de perspectiva estratégica. Este problemón que padecemos estÔ fuertemente vinculado con la pauperización de la formación teórica. Se hace poco hincapié en el estudio, olvidando que este nos permite hacer una lectura mÔs precisa de la realidad y nos brinda herramientas para una intervención mÔs efectiva; quien erra en el anÔlisis erra en la acción.

La falta de respuesta programƔtica y la carencia de aporte para un programa propio de la clase evidencia que no logramos romper la comodidad de la consigna. Hace falta llenar de contenido las frases hechas, pero tambiƩn crear otras consignas y demostrar que podemos dar una respuesta real a los problemas que sufrimos como pueblo.


Como izquierda que cree efectivamente que otro mundo es posible, nos debemos verdaderos debates, verdaderas instancias de formación (surgidas desde la prÔctica de luchas concretas comunes) para poder construir un programa potente y transformador.


Con respecto a la perspectiva estratégica, la carencia de una hoja de ruta que brinde elementos y visibilice el camino por el cual se debe transitar para la superación del estado de cosas actual nos hunde en un activismo escandaloso. Esta carencia nos posiciona en un lugar de defensiva que puede ser eterno. No se trata sólo de resistir los golpes sino mÔs bien de poder defenderse pasando a la ofensiva.


El desarrollo estratƩgico nos tiene que posibilitar construir mediaciones entre el objetivo finalista (el socialismo) y la realidad concreta. Sin mediaciones no avanzamos, nos quedamos estancados.


Otro problema existente, que genera bastante polémica dentro de nuestra izquierda es el de la construcción discursiva y la comunicación. Con respecto a lo discursivo hay una visión dominante que tiende a dicotomizar entre el contenido y la forma. Esta postura sostiene que no decir explícitamente determinadas cosas es atentar contra la firmeza ideológica del discurso. Otros plantean que en la forma estÔ todo, que ahí se juega gran parte del convencimiento, pero en pos de ese discurso se olvidan de colocar aspectos esenciales del por qué y el para qué militamos.


El desafƭo estƔ en ser creativos, construir un discurso potente pero no aƱejo ni cargado de consignas que para nosotros significan mucho pero para mucha gente no significan nada. Es clave fortalecer el plano comunicacional, construir una lƭnea argumental en donde la sƭntesis no sea el punto de partida sino mƔs bien el punto de llegada. En lo que refiere a lo estƩtico (punto tambiƩn clave) opera con las mismas tensiones que lo discursivo, el vƭnculo entre el contenido y la forma.

Con respecto a nuestras luchas y nuestra historia, debemos necesariamente dejar de hacer apología de la derrota. Nuestro vínculo con el pasado debe estar orientado a rescatar los aspectos que nos ayuden a potenciar nuestra militancia actual, a darnos mÔs herramientas para la acción cotidiana y sobre todo a convencernos de que la victoria es posible.


Todo este conjunto de caracterĆ­sticas que no son nuevas, que hace aƱos padecemos y que no logramos superar, son las que ubican a la izquierda con perspectiva revolucionaria en una situación crĆ­tica. Estamos en crisis porque no hemos logrado superar estos escollos. Porque la marginalidad e invisibilidad polĆ­tica viene siendo nuestro principal compaƱero de camino. Y no es solo por la mala prensa y el aparato que opera para que esto se dĆ©. Es tambiĆ©n por nuestras propias limitaciones y por nuestros propios errores. Sino entendemos eso, estamos destinados al fracaso. Si no puedo explicarle a mi vecino, en lenguaje que Ć©l entienda, la necesidad y posibilidad de superar la situación actual, son escasas las chances. El cambio social no es un asunto ā€œpara entendidosā€, tiene que aglutinar a las mĆ”s anchas franjas de pueblo. Debemos sĆ­ o sĆ­ asumir la changa de superar estos errores, para volvernos actores polĆ­ticos de peso.


Nuestra izquierda debe transformarse indefectiblemente en una izquierda con vocación de masas. Al que no le desvele que seamos pocos, lamentablemente no entendió como se construye una alternativa con los de abajo y estÔ condenado a militar por auto-complacencia.


Hay que romperse el coco pensando cómo se hace para llegarle a las miles de personas que nos ven como un bicho extraño, como extraterrestres y convencerlos, invitÔndolos a la lucha, a que se apropien de un proyecto, de una idea. Estar dispuestos a construir una experiencia de lucha común, que es la única posibilidad real de hacer síntesis política.


La respuesta de cómo superar estos nudos problemÔticos, jamÔs puede ser individual. Debe sí o sí ser colectiva. Para eso debemos dejar nuestras diferencias de lado y militar con nuestras coincidencias. Esta tarea es enorme pero es tan urgente que nos tiene que tener a todos peleando para el mismo lado.


La izquierda con vocación pos-capitalista es tan diversa que perfectamente podemos hablar de izquierdas. Ni que hablar que existen diferencias, pero hay que aprender a construir con la diversidad, manteniendo un ancho de banda con quienes coloquen al socialismo como horizonte.


El desafĆ­o estĆ” planteado, solo resta recoger el guante.

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