• María Noel Curbelo

Viajes interiores




I



El Veterano de cabello blanco y lacio, nariz colorada y grande, pantalón deportivo con billetera en un bolsillo y llaves en el otro, camiseta blanca de la que se ve solo una hilera en el cuello tapada por un buzo de abrigo azul oscuro, tiene 72 años y vive en el barrio desde los años sesenta. De oficio albañil, emigró desde Treinta y Tres, ciudad donde nació, hacia Montevideo. Con 21 años dejó las guitarreadas y la caña blanca en el Olimar para venir a levantar cimientos en las casas que hoy con orgullo muestra que construyó.

El barrio le ha definido su vida. Y su hacer memoria.

En la época de frigoríficos y fábricas, el barrio estaba lleno de trabajadores que vivían en la zona. Los patrones además, los querían cerquita.

El Veterano llegó al barrio del oeste montevideano cuando había más baldíos que gente pero también cuando el trabajo obrero era la opción principal. Convivía con ello la carneada y venta clandestina en la esquina que señala. En esa esquina comienza hoy, y ya estaba entonces, uno de los cantegriles más precarios de Montevideo.

Vive solo. Hace muchos años se separó y tiene tres hijas a quienes les ha construido casas en el barrio también. Su relato está marcado por el lugar, pero también por su tierra natal. Su apodo refiere al lugar donde nació. Hace años que tiene un puesto en las ferias del barrio. Para él, no todas las formas de obtener dinero son admisibles.

Los caminos recorridos en los interiores del país son múltiples, van y vienen con la propia necesidad de trabajar. A veces en familia, a veces separados. A veces, los hombres sueltos. Y en estos viajes, entre ciudad y ciudad buscando trabajo, los hombres se mueven y las mujeres, siempre cuidando los hijos, los propios y a veces también como forma de proveerse, los ajenos. Me pregunto cuánto es que influyen las parejas en el curso de la vida y cuánto las modalidades de provisión ciertas y prometidas en tierras que se consideran una buena opción de destino.

Mi madre por ejemplo, crió a sus ocho hijos siempre buscándose la vida lavando, planchando, y limpiando casas ajenas. Sus parejas, a veces estuvieron y a veces no.

De mis hermanos y hermanas mayores que nacieron en Fray Bentos, yo fui la sexta y la primera en nacer en Trinidad donde faltarían nacer dos hijos más y así conformar el entramado de los ocho hermanos.

Entre todos ellos y yo hay buena muestra de las distintas formas de habitar y moverse por los interiores del país. Estos movimientos nos han empujado a ubicarnos en distintos lugares de la sociedad uruguaya, esa estructura de desigualdades.

Mi hermano mayor, camionero, salió a las 15 a buscar trabajo y se hizo en la ruta. De Trinidad a Treinta y Tres. De Chile a Trinidad. El siguiente también se fue en busca de un mejor trabajo. De Trinidad a Young. Otro hermano, hijo también de mi padre, no terminó el ciclo básico y ahora anda de changa en changa entre los tambos del interior de Flores. En Young vive y trabaja el padre de mi último hermano. Nacido a finales de los años noventa, mi hermano más pequeño tuvo un padre que podía sustentar a él y a toda una familia aún sin ser padre biológico. Con este hermano somos los primeros universitarios de la familia. Ambos vinimos a estudiar a Montevideo lo que quisimos, con el apoyo económico de su padre, y en mi caso, también con una beca. Luego una de mis hermanas pudo formarse como maestra, profesión que mi madre nunca pudo terminar de estudiar.

A pesar de mi infancia dura, a principios de los noventa, mi paso de la niñez a la juventud estuvo signado por el acceso al estudio y a la formación universitaria.

Entre mis hermanos y yo conviven así varias moralidades: la del sujeto popular donde el trabajo tiene una importancia crucial y genera una fuerte identidad donde no se debe ser bandido, así como la del hombre proveedor de sustento y de estudios, y de mujeres con intensos trabajos domésticos de cuidados y crianzas. Por último, los más chicos, profesionales con otros discursos, prácticas y normatividades.

Ni más malos ni más buenos.



II


El Veterano encarna al sujeto popular trabajador: si no trabajas sos un bandido. El sujeto popular funda la vida digna en el trabajo y convive con la moralidad de género tradicional donde las ausencias de padres y sus incumplimientos, las termina resolviendo la mujer.

Parejas y familias pueden conformar negociaciones que, mal que bien, se ajustan a modelos tradicionales de amor donde los viajes resultan en un amplio y diverso paisaje de opciones laborales y una búsqueda constante de un mejor vivir asociado al consumo, manteniendo los patrones de mujeres cuidadoras que se quedan en el hogar, y hombres proveedores que salen a buscar trabajo afuera.

El trabajo se torna central siendo lo que todo avala y todo permite. Con este aval, para el hombre suele ser más sencillo desplazarse entre lugares, hacerse cargo de hijos que no son suyos, formar nuevas familias en paralelo, ausentarse, incluso ejercer violencias.



III


Hace algunos fines de semana fui a Trinidad. Caminé por el pequeño centro y la calle principal de la ciudad. Las calles estaban vacías pero a mi me pareció una típica noche de adolescencia trinitaria de invierno. Pasé por mi escuela, por mi liceo, por antiguas casas donde viví, por la casa de mis amigas de toda la vida. Allí nací, allí salí, allí tomé, allí estudié, ahí fumé por primera vez, allí di mi primer beso.

Ya en el día era difícil el ejercicio de nombrar una calle y no pensar en su materialidad montevideana. La calle principal que no es 18 de julio. La 18 de julio. La Carlos María Ramírez que no está en la Teja. La calle Rivera que no es la avenida más larga de la ciudad. El GPS acomodado en mi antiguo mundo como si algo me hubiera borrado mi andar cotidiano por allí y sólo me quede el recuerdo, el relato que contemplo de lejos aunque todo me traslade a eso.

He caído y caigo muchas veces en ciertos discursos: que el montevideano no tiene idea cómo es vivir en el Interior, que Montevideo es el espacio del miedo y la rapidez y que la gente de afuera es buena y tranquila por esencia. Que la gente del Interior es ignorante y por eso vota lo que vota o no tiene idea del progreso citadino ni de consumos sofisticados.

A veces ponemos cosas en marcos estancos que no permiten comprender que la vida en los interiores te configura para siempre.

Como en el Veterano: en su identidad, en su forma de nombrarse y presentarse pero también en su trayectoria de hombre trabajador, de hacedor de barrios pobres en la ciudad rica.



* María Noel Curbelo. Antropóloga. Este artículo es parte de una investigación sobre las formas de trabajo y de provisión formales e informales en un barrio popular del oeste de Montevideo.