• Ignacio de Boni

La mano derecha

Ignacio de Boni*

Ilustración: Mariana Escobar


El juego de sombras: ni tanto ni tan poco


Cabildo Abierto es un pequeño partido político uruguayo de derecha fundado en marzo de 2019, que compitió por primera vez en las elecciones nacionales de octubre de ese año, alcanzando el 11% de los votos y pasando a formar parte de la coalición de derecha que llegó al gobierno. Un año después, en las elecciones departamentales de setiembre de 2020, tuvo una pésima votación, perdiendo una gran parte del caudal electoral que había logrado en su primera elección. Al día de hoy parece un partido poco articulado, con escasa capacidad de organización y movilización, que parece haber perdido buena parte de su impulso inicial.

Su estrategia de cooptación de referentes barriales y locales en sectores socioeconómicamente vulnerables se vio resentida por la renuncia de varios de estos dirigentes por desacuerdos con la restringida cúpula del partido. A su vez, la inserción en la coalición de gobierno le sacó el protagonismo que tenía en la campaña electoral, porque si bien es un socio clave, no deja de ser uno minoritario. Quizá porque nunca fue tan poderoso como pareció al principio, quizá porque se diluyó un poco el factor sorpresa y hubo cierta neutralización de sus ideas, quizá porque sus competidores lo vieron como una amenaza y actuaron para frenar su crecimiento; lo cierto es que, por ahora, Cabildo Abierto como partido político no es tan fuerte como en algún momento se proyectó.


Alguien podría decir que a Cabildo Abierto no le interesa tener una estructura organizativa fuerte ni ejes programáticos definidos, sino solamente servir como la plataforma electoral de un líder mesiánico que viene a poner orden y a decir las cosas como son, como Guido Manini. Puede ser cierto. Pero también es cierto que así como esta estrategia ha mostrado sus virtudes, también están quedando al descubierto sus limitaciones.


Entonces, si se mira este paisaje, a decir verdad, Cabildo Abierto no parece ser un asunto político tan relevante. Y sin embargo, hace más de un año que CA es uno de los principales temas de conversación y debate de la política uruguaya. Es el centro de las miradas y las polémicas. Nos hemos pasado hablando de CA, comentando con asombro los dichos escandalosos de sus dirigentes, rechazando la ideología reaccionaria expresada en sus posturas y propuestas.


La pregunta que se impone entonces, es: ¿por qué Cabildo Abierto se volvió últimamente uno de los centros de la política uruguaya? ¿por qué el gran fenómeno político del último año es un partido que tiene el 11% de los votos? Hay, por lo menos, tres razones.


La primera: porque se trata de una aparición novedosa (no completamente nueva, porque tiene claras continuidades con expresiones del pasado reciente), y lo novedoso siempre llama la atención y despierta el interés del resto. La segunda: porque en Uruguay no es común que un partido político reciente se presente a una elección nacional y alcance un 11% de los votos, logrando una presencia parlamentaria considerable. Visto así, CA es un ejemplo muy exitoso de resurgimiento de una derecha nacionalista uruguaya, que hacía tiempo tenía ganas de organizarse como partido, pero hasta ahora no había encontrado el contexto favorable ni la fuerza suficiente. La tercera, quizá la más obvia pero la más importante: CA representa un conjunto de posturas ideológicas que rompen con cierto consenso liberal formalmente dominante en buena parte de la sociedad uruguaya. Es la reivindicación de algunas ideas, de un tono, de una reminiscencia de un pasado autoritario y oscuro, que parecían estar vedadas del espacio público, y que al irrumpir generan sorpresa, conmoción, entusiasmo en algunos y miedo en otros.


Si Cabildo Abierto se ha vuelto un actor político tan importante, es porque sus dirigentes y simpatizantes dicen o representan posturas políticas explícitamente reaccionarias que llaman mucho la atención y causan escándalos públicos constantemente. Vale la pena recordar que esta producción de escándalos como forma de propaganda y aumento de su visibilidad es la estrategia elegida por prácticamente todos los movimientos de ultraderecha que han brotado en Occidente de 2010 en adelante.


Entonces, mientras su peso cuantitativo real deja más dudas que certezas, su incidencia cualitativa y política deja más certezas que dudas. En otras palabras, la importancia de CA no pasa tanto por su caudal electoral, que hasta ahora no ha sido gran cosa, sino por su capacidad para marcar la agenda, concitar la atención e inundar el debate público de ideas conservadoras.

Esto abre un primer problema. Porque queda claro que Cabildo Abierto es mucho más que un modesto 11%, un partido sin estructura y los seis ediles que obtuvo en las departamentales, pero también es menos que el eco atronador dejado por sus frecuentes polémicas mediáticas, que pueden llevar a creer que se trata de un gran monstruo fascista que nos va a comer crudos. Probablemente la verdadera dimensión de CA está en algún punto entre estos dos extremos, y probablemente no haya que perder el tiempo buscándola, pero sí conviene estar atentos a este juego de sombras y no confiar plenamente en ninguna, porque estos rebrotes de derechas nacionalistas han jugado muy bien este juego, simulando ser fuertes cuando en verdad son pocos, y simulando ser tres gatos locos en las redes cuando en verdad ya han consolidado una base social amplia. Con lo primero buscan que se los sobreestime, para volverse una opción seductora para muchos y para que cunda el miedo y la parálisis entre otros. Con lo segundo buscan que se los subestime, para poder ir acumulando fuerza desde abajo sin aparecer en el radar, mientras todo el mundo repite, confiado, “acá no va a pasar”. Hasta que pasa.

¿Y esto de dónde salió?


A casi dos años de su aparición pública, ¿qué sabemos, hasta ahora, de Cabildo Abierto? Podríamos decir que CA se ubica en la intersección entre dos grandes campos. Uno tiene que ver con la historia política nacional, y el otro con el contexto político internacional actual. Empecemos por el primero.


Los casos aislados son tantos que ya formaron un continente. Hoy ya no quedan dudas de que CA es un partido integrado por ultraderechistas nacionalistas con fuertes vínculos con el poder militar y la dictadura. De hecho, su diagnóstico ideológico es muy similar al que enmarcó y justificó la dictadura: clima general de relajo, crisis de los valores, focos de subversión (estudiantil, delincuencial), ideologías foráneas (hoy es la “ideología de género”), agentes desestabilizadores, amenazas a la identidad nacional, necesidad de orden, incapacidad de los políticos para hacerlo, necesidad de recuperar el respeto a la autoridad, se terminó el recreo.

En una nota publicada en la diaria en noviembre de 2019, el historiador Carlos Demasi traza un recorrido histórico que permite entender de dónde surge y a qué responde Cabildo Abierto. Según su narración, CA puede ser leído como la última expresión de una larga tradición de una derecha dura que tuvo su origen en las primeras décadas del siglo XX de la mano del riverismo, una reacción conservadora militarista al liberalismo batllista dentro del Partido Colorado, fundada por Pedro Manini Ríos, el abuelo de Guido.

Tras haber bajado su perfil por la derrota de los fascismos en la Segunda Guerra Mundial, este núcleo reaccionario se acercó al ruralismo conservador y al herrerismo en los cincuenta y sesenta, y fue la base social de la que a comienzos de los setenta se formaría la JUP (Juventud Uruguaya de Pie), el movimiento social de derecha que surgió como reacción al marxismo, al comunismo y al movimiento juvenil de los sesenta, y cuyo principal dirigente fue Hugo Manini Ríos, hermano de Guido.

Siguiendo a Demasi, estos sectores encontraron su lugar en la dictadura y perdieron pie junto con ella, mientras surgía una derecha que, para distanciarse del terrorismo de estado, se autoproclamaba demócrata y neoliberal. A partir de ahí la historia es más conocida. Hoy, entrando en la segunda década del siglo XXI, este núcleo reaccionario percibe que hay mucho relajo, que no hay orden, que se perdió el respeto, que hay ideologías foráneas que atentan contra los buenos valores, y logró reunificarse, por primera vez, en un partido político propio.


El vínculo con “la familia militar” y la dictadura está en el nacimiento del partido y de su líder. Recordemos que Cabildo Abierto y Manini Ríos saltaron a la politica electoral en marzo de 2019, luego de que este último fuera destituido de su cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas por cuestionar el procesamiento judicial de los torturadores Gavazzo y Silveira.


Pero el vínculo con la dictadura no es sólo ideológico e histórico; también es personal. A medida que se iban conociendo mejor los perfiles y los nombres de los dirigentes y colaboradores de CA, se hizo indisimulable el hecho de que no solamente defendían a los militares y a la dictadura, sino que varios de ellos habían sido parte de ella. Una de las primeras decisiones de Manini Ríos como líder de CA fue designar al represor y torturador Antonio Romanelli como asesor político del partido. Más acá en el tiempo, supimos que Guillermo Domenech, la segunda figura de CA -y quien le armó el partido a Manini para tenerlo listo cuando dejara las FFAA- fue abogado sumariante en la dictadura, encargado de perseguir docentes que no castigaran con suficiente dureza los trabajos estudiantiles que tuvieran algún tufillo marxista.


Tal como se esperaba, en lo que va de su actuación parlamentaria Cabildo Abierto se ha dedicado a defender a los militares retirados acusados de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Precisamente, una de las primeras propuestas parlamentarias de la bancada de CA fue reinstalar la totalidad de la Ley de Caducidad, argumentando que no se puede seguir investigando a militares octogenarios, y colocando, como siempre, los episodios de la guerrilla a la misma altura que el ejercicio sistemático de persecución, tortura, muerte y desaparición llevado a cabo por el terrorismo de estado.

En este sentido, su objetivo es el mismo de siempre: relativizar los crímenes, defender a los militares, ocultar información, mentir y poner palos en la rueda en las investigaciones judiciales y la búsqueda de los desaparecidos. Lo que lograron con CA es poder hacer todo esto no sólo a través de la institución militar, sino también desde el gobierno.


Llegados a este punto, alguien podría preguntarse: ¿por qué ahora? ¿Por qué este núcleo duro de una derecha conservadora uruguaya logró, en estos últimos dos o tres años, articularse como un movimiento político propio y con capacidad de arrastre? La respuesta tiene que ver con un contexto internacional marcado por el auge de las ultraderechas.


Luego de las crisis financiera de 2008 causada por la burbuja inmobiliaria en EEUU, en los países centrales se comenzó a hablar de un malestar con la globalización. Según una narración que se propuso organizar este malestar, el origen de los problemas estaba en la fuerza disolvente de la globalización. El capital transnacional fue visto como algo que pasaba por arriba a las soberanías nacionales y que perjudicaba a los productores locales, que no podían competir con las grandes corporaciones globales. A su vez, las corrientes migratorias -consecuencia de las dinámicas capitalistas de movilización de fuerza de trabajo y de la destrucción de territorios por guerras imperialistas- se interpretaron como fenómenos que disolvían la identidad de las naciones y que le sacaban fuentes de trabajo a los locales.


La diversidad sexual y el feminismo cayeron en la misma bolsa, como los instrumentos de dominación cultural de élites progresistas que apuestan por una gobernanza transnacional. En particular, esta “ideología de género” tendría por objetivo fortalecer solidaridades internacionalistas y debilitar los sentimientos patrióticos y, en los extremos más inverosímiles del relato, disminuir la población mundial para facilitar su dominio. (A propósito, una de las últimas polémicas protagonizadas por Cabildo Abierto consiste en un informe elaborado por el área de salud del partido, donde se afirma que la despenalización del aborto ha dado inicio a un “holocausto silencioso”).

A caballo de este estado de situación, apareció con fuerza un conjunto de ultraderechas reaccionarias, nacionalistas, xenófobas y posfascistas, que llaman a combatir a este enemigo global, al que denominan “globalismo”, que sería el fruto de una alianza estratégica entre el liberalismo globalizador y la izquierda progresista. En esta selecta mesa de titiriteros globales suelen aparecer millonarios liberales que a menudo financian causas vinculadas con la ampliación de la perspectiva de género, el reconocimiento de derechos a minorías y políticas de despenalización de drogas, como Georg Soros, Bill Gates y Mark Zuckerberg.

A medida que se supo más de este conspiracionismo antiglobalista, quedó claro cuál es el eje de su problema. Según estos populismos de ultraderecha, el mal no es el capitalismo, ni la libertad de mercado, ni el capital transnacional, sino el hecho de que este modelo fue capturado por una élite cosmopolita que quiere implantar un régimen de dominación global. Para decirlo de otra manera, el problema no es la globalización neoliberal, a la que, con alguna crítica, estas derechas adhieren -tal como adhiere Cabildo Abierto al gobierno neoliberal del que forma parte-, sino el globalismo neomarxista.


Así las cosas, el aparato intelectual de Cabildo Abierto (muy ayudado por algunos columnistas asociados a la izquierda crítica del progresismo) no tuvo grandes dificultades para adaptar esta narración al caso uruguayo. Identificó al progresismo con este establishment liberal global (llamándolo “la izquierda sorista”) que se alejó de los verdaderos problemas del pueblo, denunció el desmadre moral causado por la importación de la ideología de género (considerada como el comunismo del siglo XXI) y el abordaje buenista de desórdenes sociales como la delincuencia. Para combatirlos, nada mejor que un militar.


Aprovechó la recesión económica de los últimos años, la adjudicó a que el progresismo priorizó las inversiones extranjeras sobre las necesidades del pueblo, y con esto logró disputarle el nacionalismo popular a la izquierda, especialmente a Mujica y el MPP. Esta veta popular (más bien, populista, y considerablemente nutrida por la tropa militar), le permitió, al mismo tiempo, distinguirse de la imagen oligárquica y repetida de las derechas tradicionales, logrando formar, junto con ellas, un amplio arco de opciones que les permitió ganarle al Frente Amplio y formar la coalición que hoy gobierna.



Grite su deseo


De esta manera, con sólo un décimo del electorado pero con un linaje político pesado y un contexto internacional favorable, Cabildo Abierto accedió a una coalición de gobierno en su primera elección. La pregunta que sigue entonces es: ¿qué papel cumple ahí? ¿Cuál es su función dentro de la división del trabajo de las derechas? Se pueden identificar, al menos, tres funciones.


La primera es meramente instrumental: Cabildo Abierto fue el factor diferencial que le permitió a la derecha ensanchar su electorado, coaligarse y ganarle al Frente Amplio después de 15 años. Nunca se sabrá, pero hay muchas razones para pensar que sin el arrastre de votos de CA, la derecha no llegaba al gobierno. De esta manera, la primera función de CA es formar parte de la coalición que le permite a la derecha contar con mayorías parlamentarias para aprobar y aplicar su programa de gobierno, concentrado en la LUC y confirmado en la Ley de Presupuesto. Sus contenidos se saben hace tiempo: se trata de una restauración neoliberal ejecutada mediante un ajuste fiscal que se basa en agresivos recortes del gasto público, que incluye una pérdida del salario real para los funcionarios públicos, recortes en políticas educativas, sanitarias, de vivienda y de protección social. Mientras tanto, por suerte, algunos impuestos se reducen: el Impuesto a la Renta de las Actividades Empresariales y el Impuesto al Patrimonio de inmuebles rurales, justo los que pagan principalmente los empresarios y los terratenientes(1).


Si quedaba alguna duda del rol clave de Cabildo Abierto en la coalición, terminó de disiparse a fines de setiembre de este año, cuando el Senado resolvió, gracias a la mayoría de la coalición, mantener los fueros parlamentarios de Manini, evitando que fuera investigado por la justicia por ocultar información contenida en las actas del Tribunal de Honor en el que Gavazzo confesó haber hecho desaparecer el cuerpo de Roberto Gomensoro arrojándolo al Río Negro. Como otras veces, el Partido Nacional y el sanguinettismo se encargaron de proteger a los militares y sostener su impunidad, aunque esta vez con el objetivo de mantener la estabilidad en el gobierno que integran con ellos. La derecha tradicional protegiendo al militar que protege a los militares: impunidad elevada a la potencia. No son tan distintos como quieren hacer creer.


Y esto nos lleva a la segunda función, que es más estratégica. Es que a pesar de que el bloque de derecha gobierna junto, vota junto, se cuida mutuamente la espalda y acuerda en la gran mayoría de los temas, hace un esfuerzo admirable por magnificar los pequeños matices que tiene (o incluso por simularlos). Justamente la segunda función de Cabildo Abierto es encarnar el personaje de fachos recalcitrantes, esas bestias que atrasan cien años, para dejar como centristas y moderados a los neoliberales que representan a las clases propietarias del país. A la derecha blanca y colorada le vino como anillo al dedo la aparición de CA, no sólo porque arrimó votos y permitió juntar fuerzas para ganar, sino porque se queda con el estigma de la derecha y libera a los otros derechistas de esa carga. CA es como una antena que atrae toda la atención y le permite a los otros trabajar más tranquilos.


Cada vez que algún dirigente de Cabildo Abierto dice una barbaridad reaccionaria que causa un escándalo, sus socios de coalición miran para otro lado, le sacan importancia, y cuando un periodista los va a buscar, la dibujan, marcan sus matices para diferenciarse de sus socios más brutos. La estrategia pasa por aprovechar el lenguaje burdo de CA y distanciarse de él, para ocultar el hecho de que, en lo sustantivo, piensan bastante parecido. Por ejemplo, CA dice que el aborto legal es un holocausto silencioso y mucha gente se escandaliza, pero resulta que Lacalle Pou votó en contra de la despenalización y al llegar a la presidencia anunció que la revería. Hace un par de semanas Guillermo Domenech dijo en una entrevista que si tuviera un hijo homosexual lo aceptaría “con mucho dolor” y salió en todos lados, pero resulta que Lacalle Pou votó en contra del matrimonio igualitario, su partido ha sido la vía de entrada a la política de grupos de fundamentalistas evangélicos que combaten a la homosexualidad como desviación moral y como parte de un plan de control global de las naciones (link con lo dicho en el apartado anterior), y al asumir la presidencia aclaró que su gobierno tendría una agenda “provida”, que es justamente como se llama la agenda de estos movimientos. Otra vez: nadie dice que sean lo mismo, pero son menos distintos de lo que parecen.


La tercera función ya fue señalada, pero vale la pena reafirmarla, porque seguramente sea la más importante: Cabildo Abierto tiene la función política de disputar el debate público e intentar correrlo hacia la derecha. Se trata de un trabajo sustantivo de producción y propagación ideológica. Uno podría preguntarse, simplemente: ¿qué hace CA? Básicamente, defender intereses militares y propagar ideología reaccionaria. Su lugar es el de una derecha desbocada que explicita transparentemente su deseo. Mientras el resto habla de gestión, eficiencia, ahorro, igualdad de oportunidades, CA habla de malandraje, comunistas, escuadrones de la muerte, “si te gustó, bancatelá”. Como ya dijimos, esta imagen de una derecha honesta, políticamente incorrecta, que se jacta de decir lo que piensa la gente y no lo que queda bien decir, ha sido una estrategia retórica muy rendidora para el resurgimiento de las derechas en los últimos años.


Pero hay algo más evidente, y por eso mismo, más profundo. ¿Cuál es la frase que se escucha infaltablemente de boca de los policías en las filmaciones de represiones policiales? ¿Cuál es la frase que se lee en mayúscula en los comentarios de las noticias sobre delincuentes muertos o sobre personas en situación de calle agredidas por grupos de violentos? ¿Cuál es la frase que se repetía entre la gente en los festejos de asunción del nuevo gobierno? Se acabó el recreo. Esto quiere decir que el núcleo ideológico profundo de esta reacción neoliberal, el eslogan, al menos a nivel popular, es una emanación de Cabildo Abierto que permeó a toda la derecha. Así que por más que se lo quiera apartar, por más que se quieran remarcar las diferencias, lo cierto es que la derecha como sujeto tiene un corazón reaccionario y está contenta porque se acabó el recreo. Y CA tiene mucho que ver en eso.


Para terminar, volvamos al principio. En 2019 aprendimos que no había que subestimar a Manini y a Cabildo Abierto. En 2020 aprendimos que tienen sus límites y que no son tan poderosos como les gustaría, así que tampoco hay que sobredimensionarlos. Pero CA existe y una forma útil de leerlo puede ser como la canalización de cierto tipo de malestar social. Un malestar debido a la precariedad de la vida y la frustración cotidiana en el capitalismo neoliberal, pero transmutado en una demanda de mayor orden, represión y reafirmación de las jerarquías e instituciones sociales dominantes: tradición, familia, nación, propiedad, religión.


El malestar, la confusión, la bronca, el miedo, la vulnerabilidad, no son sentimientos reaccionarios. Todo lo contrario, son síntomas de una no-adecuación al modo de vida capitalista, pero que las derechas logran disciplinar rápidamente, asociándolos con la falta de orden y arengando a pedir más. Claro que el verdadero problema no es la falta de orden, sino que la forma en la que está organizada la vida priva a grandes mayorías de personas de tener acceso a la riqueza material necesaria para vivir, así como de la posibilidad de construir relaciones libres, horizontales y profundas. En fin, de disfrutar de la vida. Se trata, entonces, de escuchar el malestar y ser capaces de asociarlo con su verdadera causa. Spinoza dijo que nadie sabe lo que puede un cuerpo. Imaginemos lo que pueden muchos.


* Sociólogo.


1 Ver “Diez paradojas del presupuesto: un contradictorio “compromiso por el país”” en la diaria 23/11/20

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