La corrupción de la dictadura que condiciona el presente
- Fabian Werner
- 4 jun 2023
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Actualizado: 6 jun 2023
FabiƔn Werner*

Ilustración: Cómplices de Julio Castillo
La dictadura cĆvico-militar que azotó Uruguay en los aƱos 70 y 80 tuvo a los delitos económicos como excusa para su instauración y, posteriormente, como eje central de su manejo espurio del Estado. Los mismos que habĆan denunciado la corrupción de los gobernantes civiles en los aƱos previos al golpe, se aprovecharon luego de la impunidad que daba el Terrorismo de Estado para perpetrar innumerables crĆmenes que nunca serĆan investigados.
A los mandos militares que abusaron de su poder para esquilmar las arcas pĆŗblicas, se sumaron sus cómplices civiles en altos cargos de gobierno, empresarios, industriales, hacendados y banqueros, tanto locales como extranjeros. El modelo económico neoliberal que abrió la economĆa a la especulación financiera y desmanteló el aparato productivo, tambiĆ©n tuvo entre sus lĆneas de acción el uso del dinero pĆŗblico para salvar empresas inviables, comprar bancos fundidos o financiar negocios ruinosos, entre otras modalidades de latrocinio.
Los hechos ocurrieron en sectores de la vida económica tan diversos como la construcción de vivienda, la industria pesquera, los frigorĆficos, la actividad bancaria, el sistema financiero, los medios de comunicación o la obra pĆŗblica, y tuvieron una eficaz cobertura cuando se produjo la recuperación democrĆ”tica: ningĆŗn responsable pagó por sus crĆmenes.
AsĆ se pueden encontrar denuncias de la corrupción de altos mandos militares, como el comandante en Jefe de la Armada, Hugo León MĆ”rquez, quien aprovechó su impunidad castrense para ilĆcitos tan dispares como la especulación financiera o el contrabando. O el dictador Gregorio Ćlvarez, que explotó sus vĆnculos con la industria frigorĆfica para promover un negociado de venta de carne enlatada a Argentina financiado con el dinero del Estado, el famoso Operativo Conserva.
Estos militares tuvieron como socios o cómplices a prominentes figuras polĆticas civiles, que desde lugares de responsabilidad en el gobierno dictatorial como la presidencia del Banco Central (JosĆ© Gil DĆaz), el Ministerio de EconomĆa (ValentĆn Arismendi) o el Ministerio de GanaderĆa (Carlos Mattos Moglia), hicieron la vista gorda o disfrutaron de los dividendos de los negocios ilĆcitos.
Posteriormente, muchos de los civiles involucrados en estas irregularidades ocuparon altos cargos en el primer gobierno democrĆ”tico encabezado por el colorado Julio MarĆa Sanguinetti, tanto en el Poder Ejecutivo como en el Legislativo, por lo que la cobertura estuvo garantizada. Las pocas denuncias que se hicieron ante la Justicia o en Ć”mbitos administrativos terminaron sin resultados, a pesar de las pruebas que se presentaron hasta en comisiones investigadoras del parlamento.
En suma, todos estos delitos fueron ideados, cometidos, disfrutados y encubiertos por una estructura integrada por personas con el poder absoluto que les daba la dictadura, pero ademĆ”s por aquellos que tenĆan un poder fĆ”ctico suficiente para imponer condiciones tambiĆ©n luego de la recuperación democrĆ”tica. Incluso a pesar de que la Ley de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado N.Āŗ 15.848 excluĆa taxativamente a los delitos económicos(1) de la impunidad consagrada para las violaciones de los derechos humanos.
Incluso, mĆ”s allĆ” de esa situación de privilegio que les permitió actuar sin ser castigados, tambiĆ©n dejaron instalado un andamiaje financiero que todavĆa hoy funciona al servicio del lavado internacional de capitales. Un sistema que garantizó la concentración económica, el enriquecimiento ilĆcito, el flujo de dinero negro, encubriendo su origen y garantizando el anonimato de sus beneficiarios finales.
Para eso se utilizaron bĆ”sicamente las Sociedades Financieras de Inversión (Safi), creadas por ley N.Āŗ 11.073(2) de 1948. Estas estructuras fueron el instrumento idóneo para permitir que se abrieran empresas de papel a fin de ocultar dinero sucio o blanquearlo, permitiendo asĆ su ingreso al circuito financiero legal. Conocidas en la actualidad como empresas āoff shoreā, las Safi solamente tributaban el 0,3% anual sobre el capital y las reservas declaradas y estaban exentas de pagar cualquier otro tributo. Esta baja tributación era una atracción irresistible para delincuentes internacionales que buscaban maximizar su lucro indebido, a lo que se sumaba la posibilidad de ocultar la identidad de los verdaderos dueƱos. AsĆ prosperaron estudios jurĆdicos, notariales y contables que fabricaban sociedades con el Ćŗnico fin de encubrir flujos ilegales de capital.
Esto atrajo a grandes āinversoresā que compraban complejos industriales fundidos para desguazarlos y despuĆ©s huir del paĆs, o conglomerados de conocida fama en el exterior por su poco apego a la ley, como la Secta Moon y la Logia P-2. Siempre con la sociedad o complicidad local de gobernantes, civiles y militares, que se quedaban con una suculenta porción del dinero lavado.
Este esquema se mantuvo luego de la caĆda de la dictadura y tuvo su momento de auge en los aƱos 90, cuando el gobierno de Luis Alberto Lacalle eliminó algunas limitaciones para la actividad de las Safi, por la vĆa legal. Primero mediante la Ley de Presupuesto del 28 de diciembre de 1990, habilitó la realización de āactividades comerciales en el exterior, por cuenta propia o de terceros o para tercerosā. MĆ”s tarde, mediante la Ley N.Āŗ 16.375(3) se derogó la prohibición de āAdquirir Deuda PĆŗblica como inversión de su activo, por un monto nominal que exceda el veinte por ciento de su capitalā.
Recién la Ley de Reforma Tributaria(4) de diciembre de 2006 prohibió la apertura de nuevas Safi, dando un paso fundamental en el largo proceso de desmantelamiento del sistema creado por la dictadura para el blanqueo de capitales.
Estos esfuerzos normativos incluyeron la tipificación del lavado de dinero en 1998, la ley antilavado del 2004, la creación en 2009 de la Secretaria Nacional para la Lucha contra el Lavado de Activos y el Financiamiento del Terrorismo (Senaclaft) y la posterior creación de los juzgados y fiscalĆas especializadas contra el Crimen Organizado.
En 2013 se firmaron acuerdos de colaboración con Argentina y Brasil, se aprobó la ley de Inclusión Financiera en 2014 (que empezó a regir en 2018), y en 2017 entró a regir la Ley N.º 19.484(5) de transparencia de los beneficiarios finales de las sociedades que también estableció el intercambio automÔtico de información con fines tributarios.
El último avance de este trabajoso proceso fue la incorporación del delito fiscal como precedente del lavado de activos, que propició la cooperación con el exterior por delitos de defraudación tributaria, mediante la aprobación de la Ley Integral contra el Lavado de Activos N.º 19.574(6).
Luego de aƱos de avances, las seƱales empezaron a mostrar un retroceso en el combate al blanqueo de dinero, a travĆ©s de la aprobación de pequeƱos cambios en ese paquete de medidas que llevó 20 aƱos para su aprobación. Una de esas seƱales fue la inclusión en la Ley de Urgente Consideración de un artĆculo(7) que aumentó de 4 mil a 100 mil dólares el monto mĆ”ximo para transacciones en efectivo.
La modificación se concretó a pesar de las advertencias que previamente habĆa realizado el Grupo de Acción Financiera de LatinoamĆ©rica (Gafilat), respecto al rol del paĆs en la región. āHistóricamente Uruguay ha sido considerado como una plaza financiera regional y recibe importantes fondos e inversiones del exterior, fundamentalmente de los paĆses limĆtrofes. Asimismo, permanentemente ha ofrecido diversos instrumentos societarios y financieros atractivos para inversores no residentes. En este marco, el paĆs presenta un riesgo inherentemente alto con relación a la colocación de activos procedentes de delitos cometidos en el exterior, lo cual constituye su mayor amenaza en tĆ©rminos de lavado de activosā, escribió el Gafilat en un documento de evaluación(8) publicado en 2019.
También hubo opiniones contrarias de muchos expertos, como el exsecretario Antilavado Daniel Espinosa o el exprosecretario de Presidencia Leonardo Costa, quienes se manifestaron contrarios a la modificación y alertaron por sus consecuencias.
Para Espinosa(9), el descenso de los reportes de operaciones sospechosas de lavado que se dio en el Ćŗltimo informe de la Unidad de Información y AnĆ”lisis Financiero del Banco Central demostró que āes necesario adoptar medidas urgentes para revertir esta situación negativa, que se arrastra desde 2020 y ha sido provocada en gran medida por las modificaciones introducidas por la LUC en la normativa antilavadoā.
Por su parte, Costa utilizó su cuenta de Twitter(10) para realizar una advertencia en la misma lĆnea. āEl sistema anti lavado en Uruguay tiene serios problemas institucionales. Falta de recursos y lo peor es la falta de percepción de riesgos del sistema polĆtico. El director de la Senaclaft y el de la UIAF hacen lo que pueden pero sin recursos del presupuesto estamos condenadosā, consideró Costa.
Esa condena que alude Costa no afecta a los mĆ”s poderosos y privilegiados, que siguen gozando de sus históricas prebendas y ventajas, que les permiten eludir persecuciones y castigos. Las consecuencias de estas acciones y omisiones gubernamentales en el combate a los delitos de ācuello blancoā, en relación directa con el lavado de activos, estĆ”n muy claras segĆŗn Ricardo Gil Iribarne(11), expresidente de la Junta de Transparencia y Ćtica PĆŗblica y experto en la lucha contra el lavado de activos: āSe trata del costado financiero del crimen organizado, del trĆ”fico de drogas, de la trata de personas, del contrabando, de la corrupción. O sea, no combatir el lavado de dinero implica que el crimen organizado estĆ” ganando la batallaā.
AsĆ entonces, la fama de Uruguay como un āparaĆso fiscalā, especialmente para los capitales llegados desde Argentina y Brasil, estuvo bien ganada. Fue una estrategia aplicada por la dictadura cĆvico militar, que abrió la economĆa para recibir capitales forĆ”neos sin importar si su origen era delictivo (o quizĆ”s previendo que lo serĆa), fachada que en varios aspectos todavĆa sigue funcionando, a 38 aƱos del final del rĆ©gimen que la creó.
* FabiƔn Werner es Periodista.
Notas



