¿Independencia de qué? La inscripción de los grandes medios en la estructura del poder económico dur
- Juan Geymonat**
- 30 jul 2019
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Ilustración: Realidad virtual, Pawel Kuczynski.
"ĀæCómo convencer a nuestros jóvenes que las Fuerzas Armadas no salieron a la calle para dar su cuartelazo sino como Ćŗltimo recurso, reclamado por la ciudadanĆa sana del paĆs para salvar la esencia misma de nuestro sistema?"
Diario El PaĆs, 24 de junio de 1976.
La tesis
La existencia de medios de comunicación independientes es un requisito para el desarrollo de una democracia plena. La afirmación no es muy polĆ©mica, cualquier liberal comparte esta idea. Lo que ya es mĆ”s discutible es cuĆ”n independientes son o han sido los medios respecto de la estructura del poder económico dominante. En este artĆculo nos proponemos mostrar cómo la propiedad de los medios de comunicación estuvo -y estĆ”- inscripta a una red mĆ”s amplia de vinculaciones e intereses cruzados que jaquean su independencia. Tomamos para ello la estructura de propiedad de los principales medios durante las dĆ©cadas del 70 y 80, aƱos dónde las instituciones democrĆ”ticas tuvieron su ocaso.
Lo que queremos sostener en este artĆculo no es una complicidad directa de los medios con el gobierno de facto (mĆ”s allĆ” de que en algunos casos existió). Lo que intentamos demostrar es cómo los principales grupos empresariales vinculados a los medios de comunicación de la Ć©poca se encontraban enmarcados en una misma estructura de poder, manteniendo vinculación estrecha con varios grupos económicos y personas que sĆ participaron directamente del gobierno militar.
Bajo esta demostración es posible entender algunos silencios cómplices, apoyos explĆcitos (como los del diario La MaƱana y el de algĆŗn que otro editorial de El PaĆs) y censuras expresas posteriores (como el pactado entre las familias Romay, Fontaina- De feo, y Scheck con el gobierno de Sanguinetti para no trasmitir el spot final de la campaƱa por el voto verde).
Sobre la estructura del poder económico en Uruguay
El capitalismo uruguayo (en lo que respecta a la fracción nacional del capital) es un capitalismo controlado por grandes familias. Un capitalismo donde el patriarcado, la herencia y un mercado de capitales poco desarrollado, aseguran la continuidad dinÔstica haciendo desvaner la ilusión de la meritocracia.
A diferencia de otras economĆas capitalistas, donde la gestión de la empresas se encuentra separada de su propiedad, y esta a su vez se encuentra difuminada en centenas de accionistas, en el caso uruguayo los propietarios de las empresas suelen estar concentrados, y al frente del control de las mismas. La vida de las empresas estĆ” estrechamente ligada al control que ejercen sobre ellas sus propietarios.
Asimismo, estos grandes propietarios tienden a diversfiicar sus negocios y asociarse entre sĆ. De esta manera, los principales grupos empresariales del paĆs tienden a entrelazar intereses, tanto a partir de vĆnculos familiares (naturales y polĆticos), como a partir de negocios en comĆŗn. Se conforma asĆ una densa red de intereses y control del aparato económico.
El poder mediÔtico y su inscripción en la estructura del poder oligÔrquico
Un ejemplo claro de esta estrecha red es la que constituye el oligopolio de los canales de aire y medios asociados. En la dĆ©cada del 80 este oligopolio estaba compuesto por las familias Romay (canal 4), Fontaina, De Feo (canal 10), y Scheck y otros asociados en Canal 12. Cada uno de estos grupos controlaba a su vez un conjunto de emisoras radiales (cx 44 y cx 32 el grupo Sheck, cx 20 y cx 12 el grupo Romay, cx 16, cx 24 y cx 13 el grupo Fontaina- De Feo) y una serie de canales en el interior del paĆs (canales 7 y 9 los Fonatiana- De Feo, Canales 12 de Fray Bentos, 3, 8 y 11 los Romay, y Canal 2 los Scheck). Los tres grupos convergĆan en la propiedad de Coloso S.A y Rutsa, mediante la que controlaban la televisión del interior.
Esta estructura se mantiene en lo esencial hasta la actualidad, agregĆ”ndose algunos actores nuevos. (ver artĆculo de gustavo Buquet en este mismo nĆŗmero de Hemisferio Izquierdo)
Los integrantes del oligopolio mediĆ”tico mantenĆan a su vez negocios diversificados en otras Ć”reas de la economĆa, donde confluĆan sus intereses con la de otros grupos económicos. Los Romay, fueron accionistas de Aluminios del Uruguay en conjunto con los grupos Zerbino, Raffo y Aldao. En el grupo Raffo (accionistas de cx 58 entre otros negocios no mediĆ”ticos) habĆa un connotado dirigente de la UBD, con gran actividad gremial en la cĆ”mara de industrias y de comercio. Del grupo Zerbino provenĆa Ricardo Zerbino quien fuera director de OPP durante el perĆodo ādemocrĆ”ticoā del gobierno de Bordaberry, y ministro de economĆa en el primer gobierno de Sanguinetti. Los dos grupos anteriores confluĆan a su vez en la propiedad de Fanapel, empresa que compartĆan con el grupo Sanguinetti, de donde saliera el ministro de obras pĆŗblicas Jorge Sanguinetti (primer gobierno posdictadura).
Zerbino a su vez era accionista de Sociedad Televisora LarraƱaga (Canal 12) junto con los Scheck, quienes son a su vez los principales accionistas del diario El PaĆs. AdemĆ”s de ellos, compartĆan el paquete accionarial del canal los grupos Peirano, Gallinal Heber, y Otegui, entre otros. El grupo Peirano -cĆ©lebres estafadores- a fines de los 80 era uno de los grupos mĆ”s importantes de la economĆa uruguaya, con negocios financieros fuera y dentro del paĆs y en diversos rubros productivos y de servicios. Peirano Facio, principal del grupo, ocupó el cargo de ministro de industrias y luego de relaciones exteriores bajo el gobierno de Pacheco. El grupo Otegui, otro poderoso de la economĆa uruguaya, tenĆa acciones en el Banco comercial, donde compartĆa directorio con varios grupos vinculados al gobierno militar.
Uno de estos grupos era Vargas Garmendia, también accionista de FUNSA, FÔbricas Nacionales de Cerveza, y FM Del Sol. De allà salió Luis Vargas Garmendia, quien fuera subsecretario del ministerio del interior entre 1974 y 1976, y secretario de presidencia del dictador Aparicio Mendez.
La familia Vargas Garmendia eran, a su vez, primos de los Soler Garmendia, dueños de las principales empresas del complejo automotriz nacional, entre otros negocios. Los Soler también ocuparon asientos en el gabinete de la dictadura. En este caso por intermedio de Daniel Darracq (casado con una Soler), ministro de educación y cultura.
Los Vargas Garmendia junto a los Pardo Santayana (tambiĆ©n accionistas del Banco Comercial) participaban de Seusa, empresa que editaba los periódicos La MaƱana y El Diario. CompartĆan la propiedad allĆ con la familia Manini Rios. Esta familia (que incubó al actual Guido Manini RĆos) tambiĆ©n supo estar al frente del Banco Comercial, entre tantos otros negocios. Carlos Manini RĆos, integrante del grupo empresarial, tambiĆ©n participó activamente de la polĆtica: fue director de la OPP durante el pachecato, y embajador en Brasil durante la dictadura. Otra familia asociada al Banco Comercial eran los Cardoso, principales del grupo supermercadista Disco y recientemente accionistas de canal 12 y semanario BĆŗsqueda. Del riñón de este grupo saldrĆa Cardoso Guani, ministro de industria de la dictadura;
GarcĆa Capurro, tambiĆ©n vinculado al Comercial, ocuparĆa cargos como Consejero de estado durante el gobierno militar. CompartirĆa allĆ asiento con RodrĆguez Larreta, socio de los Scheck en el Diario El PaĆs y canal 12.
El mapa no se agota allĆ. Existen un sin fin de entrecruzamientos que hacen aĆŗn mĆ”s densa la red.
ĀæIndependencia de de los medios?
No todos los medios de prensa actuaron de la misma forma ante la escalada represiva y el posterior desenlace dictatorial en nuestro paĆs. Ni siquiera los listados lĆneas arriba. La complicidad y la anuencia con el poder de turno, en los casos donde sucedió, tuvo sus grises.
Sin embargo, lo que parece bien claro es que los grandes medios de comunicación en nuestro paĆs fueron y son parte integrante y articulada de un conjunto de intereses económicos dominantes (aunque no por ello absuelto de contradicciones). En tal sentido, es difĆcil imaginar que estos medios vengan a representar o poner encima de la mesa una serie de discursos e ideas que van en contra de ellos mismos en cuanto clase. Es difĆcil suponer que, en momentos de ascenso de la conflictividad y ante las contradicciones propias de una sociedad de clases, estos medios actuarĆ”n en forma disfuncional al poder de la Ć©lite.
En tal sentido, cabe formularse la pregunta respecto a la independencia de los medios. ĀæEs la existencia de un conjunto de medios de carĆ”cter oligopólico, centralizado y concentrado en pocas manos, que ademĆ”s son las manos del privilegio nacional, una garantĆa para la libertad de información? ĀæSerĆ” que, una vez mĆ”s, la propiedad privada y sus derivaciones se transforman en un obstĆ”culo para el ejercicio de los derechos, antes que en su garantĆa?
* Los datos vertidos en este artĆculo provienen de diversas fuentes. Entre ellas, los trabajos de Stolovich, RodrĆguez y BĆ©rtola (1987), semanario Mate amargo (1990), y una investigación aĆŗn inĆ©dita de Boglaccini, Operti y quien suscribe. Las opiniones y afirmaciones aquĆ vertidas van por entera cuenta mĆa.
** Magister en Historia Económica, docente de la Udelar, integrante de la Fundación Trabajo y Capital.