"no es una opción apostar al retorno a los gobiernos progresistas de la región, en donde con las limitaciones señaladas, no se presenta un programa claro de disputa a sectores conservadores, sino que pretenden recrear un acuerdo policlasista, inviable en momentos de crisis"

December 7, 2018

 

 

Los desafíos de la izquierda frente a la avanzada derechista en América Latina

 

La realidad de nuestra América nos arroja nuevas coordenadas para analizarla y actuar sobre ella. El triunfo de Bolsonaro en Brasil refuerza un proceso de derechización a nivel regional iniciado en los golpes de Honduras, Paraguay, contra la propia Dilma Roussef y la cárcel a Lula. ¿Estamos frente a un salto cualitativo que puede extenderse en toda la región? América Latina parece estar entrando en zona de turbulencias, la mayor certeza que tenemos es que las resistencias populares emergen para demostrarnos que dicha pregunta no tiene respuesta definitiva.

 

 

Disparadores para una alternativa política

 

Bajo este escenario, la tesis 0 del Manifiesto de Hemisferio Izquierdo se vuelve imprescindible: “No existe divorcio entre pensamiento y acción. El pensamiento no es más que un momento de la acción política que las y los

 

militantes ensayamos para cambiar el mundo.” Lxs compañerxs recuperan en todo su valor la noción de praxis, expresada en esa máxima tan vigente de que “no hay práctica revolucionaria, sin teoría revolucionaria y viceversa”.

 

¿Cómo enfrentar la avanzada derechista sin perder de vista el proyecto estratégico de superación del capitalismo? ¿Cómo recrear ese proyecto estratégico en tiempos a la defensiva, donde parece más lejano? Estas preguntas atraviesan al campo popular latinoamericano. Dejar aflorar estos debates, promoviéndolos desde la mayor apertura, se vuelve central para establecer dicha ligazón entre nuestro objetivo y la traducción concreta hoy, la acumulación de fuerzas para lo que vendrá, a la par que la mayor incidencia que podamos lograr en la actualidad, en pos de ese futuro anhelado. A los avances del enemigo, al posmodernismo e inmediatismo que se cuelan en los distintos ámbitos de la vida de forma casi imperceptible, debemos hacerle frente profundizando nuestra organización, con acción callejera y disputa de sentido. Resistir esos embates con organización concreta y práctica reflexiva es el punto de partido para enfrentar este momento. A esto esencial, agregamos la cuestión de qué forma organizarnos, y desde nuestra perspectiva es ineludible reafirmar la necesidad de construir partido, una organización que pueda asumir cabalmente un proyecto estratégico, que se plantee la necesidad de todas las formas de lucha, que reivindique lo más importante de la tradición leninista, que no es un mero esquema organizativo ni un modelo, sino asumir una política audaz a partir de un “análisis concreto de la situación concreta” y plantearse incansablemente el problema de toda revolución: el poder.

 

A su vez no es posible ganarle a la derecha si perdemos en nuestros espacios sociales, si nos gana terreno en los barrios, las escuelas, los lugares de trabajo, etc. Profundizar la inserción social de la izquierda y el trabajo de masas es imprescindible:hacer de cada lugar en el que estamos, una trinchera.

 

Y fundamentalmente, en los tiempos que corren, tenemos la tarea de construir espacios para la intervención política. Desde nuestra visión, a partir de una herramienta de tipo frentista que se constituya como la expresión política de la acumulación en los espacios sociales, sea capaz de darse tareas de mayor amplitud y de organizar a todxs lxs predispuestxs a luchar contra las medidas de ajuste a nuestro pueblo. En estos momentos, no podemos refugiarnos únicamente en los espacios sociales, ni quedarnos solamente en el plano de lo estratégico, la tarea central es la construcción de alternativa política.

 

 

Avance de la derecha y limitaciones de los modelos progresistas

 

“Estamos ante la crisis de las estrategias de conciliación”, se plantea en la Tesis 1 del manifiesto de Hemisferio Izquierdo.

Esa crisis se expresa en los modelos de aquellos gobiernos progresistas de la región como Argentina, Brasil y Uruguay, que han mostrado sus límites. Modelos que, en el marco de posibilidades de crecimiento económico importante, desarrollaron medidas que mejoraron las condiciones de vida de los pueblos y generaron escenarios favorables para disputar derechos, pero que en lo fundamental mantuvieron el patrón de acumulación, creciendo el extractivismo y la primarización de la economía.

 

La no radicalización de esos proyectos, como no podía ser de otra manera, devino en estancamiento y al no apoyarse en la movilización popular para ampliar las conquistas, dejó una fuerte subordinación e institucionalización del movimiento popular, que allanó el camino para lo que vino.

 

La derecha y el imperialismo se montaron sobre esas limitaciones, y el descontento que los gobiernos del “ciclo progresista” dejaron en sectores populares se canalizó en la peor dirección: a través de las urnas llegan proyectos que exacerban el saqueo y la dependencia y promueven el machismo, la xenofobia y el racismo. Se apoyan y profundizan la deslegitimación de la política que se expresa en amplios sectores sociales y su objetivo de fondo es implantar reformas estructurales en la región, en detrimento de los derechos de lxs trabajadores, para asentar una nueva correlación de fuerzas entre el capital y el trabajo. Captar ese objetivo estratégico de las clases dominantes y oponerles una amplia resistencia es imprescindible.

 

En este marco, vale preguntarse y hablar de las limitaciones propias ¿por qué no ha sido la izquierda revolucionaria la que pudo canalizar los descontentos populares en América Latina? Una primera cuestión es que a pesar de la crisis de las estrategias de conciliacion, eso no implica necesariamente que a las grandes masas se les presenten los modelos progresistas como una experiencia completamente agotada, y frente a la avanzada neoliberal, se pone en debate su posible retorno. A su vez, ni nuestra inserción en el pueblo, ni nuestras propias capacidades estuvieron a la altura de capitalizar la situación política, lo que nos obliga a afinar nuestra intervencion frente a los nuevos escenarios.

 

La coyuntura es adversa pero las resistencias crecen, en Argentina las luchas que se desplegaron a partir del triunfo del macrismo fueron muchísimas, aún con grados altos de dispersión, supimos construir medidas unitarias y masivas. El momento es de inestabilidad, los triunfos no garantizan continuidad y no hay un único proyecto consolidándose en la región, hay espacios para las disputas y debemos darlas con audacia.

 

 

¡Ahora que sí nos ven!

 

En la tesis 3 de lxs compañerxs de Hemisferio Izquierdo se expresa la idea de que “…actores antes dominantes se debilitan, e irrumpen, se multiplican y ganan protagonismo nuevos sujetos.”

La referencia a lo “nuevo” corre el riesgo de poder interpretarse que es un movimiento surgido de este momento. En Argentina contamos con 33 años consecutivos del Ecuentro Nacional de Mujeres – hoy resignificados como encuentro plurinacional de mujeres, lesbianas, bisexuales, trans y travestis-, con 13 años de existencia de la Campaña Nacional por el Aborto Legal Seguro y Gratuito, y más allá, con una extraordinaria historia de lucha por los derechos políticos de las mujeres. Hoy toda esa carga histórica se hace eco en las nuevas generaciones, que irrumpen con fuerza desde aquel reclamo elemental: "Queremos vivir", exigíamos aquel 3 de junio del 2015 al grito de "ni una menos". En otras palabras, no es algo nuevo, es que sencillamente, se encontraba invisibilizado.

 

La masividad lograda en el último tiempo no puede hacernos perder de vista que tenemos enormes desafíos por delante. Ahora que nos vieron…el enemigo también ataca. En Argentina después de la derrota legislativa de la ley Interrupción Voluntaria del Embarazo se visualiza una avanzada de los anti derechos en prácticas violentas y persecutorias, en oposición a la Educación Sexual Integral, en crecimiento de las propuestas más impensadas para frenar el aborto legal. Vale identificar el carácter regional de esta disputa, que desde el campo enemigo la han llamado “ideología del género”. En Brasil también se ve ese mismo crecimiento de la reacción a partir de las masivas movilizaciones de mujeres y disidencias en rechazo a la candidatura de Bolsonaro al grito de #EleÑao.

 

En este sentido el feminismo debe darse tareas para continuar sumando adhesiones, necesitamos construir un feminismo con vocación hegemónica, que dé la disputa en todos los ámbitos y que se permita interpelar a la mayor de las diversidades con el objetivo puesto en que sumen a la conquista de nuevos derechos, y en perspectiva a una transformación sistémica.

 

Asimismo, han cobrado mayor visibilización sectores que hace años vienen dando batalla en la región, como los movimientos de desocupadxs y precarizadxs, forjados al calor de la lucha de los 90´. Ya no son solo un movimiento de respuesta contra la desocupación, se organizan como un sector de la clase que da pelea contra una tendencia mundial del capitalismo de estos tiempos: la precarización laboral. A la par, nuevas generaciones comienzan a encontrar sus espacios en la pelea sindical, sin la experiencia de lucha de décadas anteriores pero tampoco marcadas por la derrota de los 70´, pudiendo abrir camino para experiencias antiburocráticas y clasistas.

A su vez, debemos mencionar el papel de otros sujetos como el de la juventud, que protagonizó la lucha feminista y de la defensa de la educación, como así también movimientos surgidos en defensa de los bienes comunes y la incansable lucha de los movimientos indígenas en nuestro continente.

 

El desafío en este marco es vencer a la dispersión, lograr mayores grados de unidad, aprovechando la masividad y el potencial de lucha de estos sujetos. Una integración que contemple las demandas de cada uno y pueda plantear perspectivas transversales e integrar así la resistencia de los sectores populares.

 

 

Nuestras tareas

 

La necesidad de “nuevas referencias políticas de masas capaces de rearticular la ofensiva” como señala la Tesis IV del Manifiesto de Hemisferio Izquierdo, y la tarea de disputar el malestar para que no sea canalizado por una opción del sistema, son puntos de partida imprescindibles.

En este sentido, debemos señalar ¿desde dónde construir esas nuevas referencias? Una tarea ineludible para la izquierda es estar en la primera línea de la resistencia contra la ofensiva neoliberal, y esto implica sin lugar a dudas, la más amplia unidad de acción. Ninguna referencia de lucha o pretensión de disputar el malestar puede nacer por fuera de esa resistencia y de la defensa cabal de los derechos de nuestro pueblo.

 

De esa lucha defensiva, se pueden desprender distintas alternativas políticas, y desde nuestro punto de vista, no es una opción apostar al retorno a los gobiernos progresistas de la región, en donde con las limitaciones señaladas, no se presenta un programa claro de disputa a sectores conservadores, sino que pretenden recrear un acuerdo policlasista, inviable en momentos de crisis.

 

Inclusive, los proyectos derechistas avanzaron con la radicalización de sus propuestas autoritarias y de conservadurismo moral, mientras que las alternativas progresistas moderaron sus propuestas, y fueron derrotadas, mostrando el fracaso de esta orientación.

 

En el caso argentino, la definición de algunas fuerzas políticas de excluir de su programa electoral el derecho al aborto legal –cediendo a la influencia del Vaticano-, o la cuestión de soslayar el no pago a la deuda externa tirando abajo el acuerdo con el FMI para poner fin al saqueo de nuestros pueblos, en pos de alianzas con un progresismo más preocupado en sumar a sectores conservadores y de la política tradicional, es un camino de concesiones en el que se puede quedar entrampado. Desde nuestro punto de vista, de lo que se trata es de realizar los máximos esfuerzos para dar una lucha a fondo contra el macrismo ahora y construir una alternativa que, en un contexto de profundización de la crisis, no obligue a las fuerzas populares a ser administradoras del ajuste, sino que promueva una salida de fondo.

 

En este marco, debemos desarrollar una propuesta unitaria desde el campo de la izquierda, que pueda forjar una alternativa política a partir de un programa de emergencia ante la crisis que viven nuestros pueblos. Esto implica reconocer a las experiencias más constituidas de la izquierda anticapitalista como punto de partida, abonando a la superación de las limitaciones que se expresan en prácticas sectarias y políticas delimitacionistas. Desde ese programa tendremos la responsabilidad de desplegar ejes de movilización popular, ya que la pelea en las calles será lo fundamental en los tiempos que se avecinan.

 

Por último, la situación continental nos demanda que las tareas de solidaridad internacional y articulación política a nivel regional, sean de primer orden. Es una necesidad imperiosa frente a la avanzada derechista en la región en donde hermanxs de distintos puntos de América Latina, la requerirán en su máxima expresión. En momentos de inestabilidad, debemos rearticular nuestros esfuerzos, la izquierda también tiene su oportunidad de plantear una salida con independencia política, con vocación de masas, con un programa contundente. Depende de nosotrxs, de nuestra fuerza y voluntad puestas en juego para transformar esta realidad.

 

 

 *Militante de Venceremos en Poder Popular, Argentina.

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