"La clave política para la gran mayoría del pueblo uruguayo es la necesidad de enfrentar un proceso restaurador de las políticas neoliberales", con Lucía Ubal

 

Hemisferio Izquierdo: La situación política del Uruguay y la región parece complejizarse y acelerarse crecientemente, ¿Cuáles crees que son las claves del actual momento político uruguayo?

 

Lucía Ubal: Considero que la clave política para la gran mayoría del pueblo uruguayo es la necesidad de enfrentar un proceso restaurador de las políticas neoliberales, que promueven el recorte de las políticas sociales que llevaron adelante los gobiernos de izquierda para garantizar los  derechos a la salud, educación, trabajo, con el fin de que esos recursos que se distribuyen a nivel social se transfieran a los sectores más poderosos de la economía: los empresarios, que pueden ser nacionales o no.

 

Durante más de una década muchos países, incluido Uruguay, optaron por gobiernos que plantearon un programa distinto al implementado y defendido por las derechas políticas, que sigue siendo el mismo hasta el día de hoy. En nuestro país esta nueva perspectiva política, encarnada por el Frente Amplio y el campo popular,  implicó una reactivación de la economía acompañada por una fuerte política de redistribución de la riqueza social y una ampliación de los márgenes democráticos en términos de derechos sociales, culturales, civiles, laborales, etc. Acompañó a este proceso un crecimiento ininterrumpido de la economía, basado en el precio de los productos que vende nuestro continente en el mercado internacional y en la inversión extranjera directa, amparada en nuestra situación de dependencia y en nuestra escasa integración política como continente.

 

Hace algunos años los países latinoamericanos tuvieron que enfrentarse a un cambio en los términos de intercambio, es decir, los precios de las materias primas que vendemos hasta el día de hoy bajaron, esto afectó las tasas de ganancias a las que venían acostumbrados poderosos sectores económicos que acumularon durante estos años cada vez más capital producto de este crecimiento, y del funcionamiento esencial del sistema capitalista que tiene como lógica interna la progresiva acumulación de riquezas. Esta baja de los precios de las materias primas trajo consecuencias políticas que los pueblos y los gobiernos progresistas y de izquierda del continente deben abordar con las herramientas y la organización que tienen hoy, tarea compleja si se toma consciencia del tamaño y el poder de los capitalistas que han comenzado una ofensiva feroz.

 

Esta ofensiva no es sólo para recuperar sus márgenes de ganancias, sino para desarmar la acumulación política y el avance social de las grandes mayorías que los retiraron de los gobiernos hace más de una década y han ensanchado la democracia en el continente, cosa que a una clase que se beneficia de la propiedad privada y mercantilización de los medios de vida de toda una sociedad no conviene, sobre todo en términos de proceso.

 

Esta situación económica conlleva a una creciente conflictividad, ya que las bases materiales de nuestro país con las que el Frente Amplio, no sin esfuerzo,  implementó su política redistributiva se retraen y esto agudiza la tensión social, principalmente en lo que refiere a la relación entre patrones y trabajadores, conflicto que se traslada también a la relación entre el gobierno y la base social y política que lo forjó.

 

No es casual que la cámara inmobiliaria de Punta del Este, los sectores concentrados de la producción agropecuaria y los medios de comunicación privados, hayan inaugurado el año con un primer intento de movilización, teniendo como línea fundamental el recorte de las políticas sociales redistributivas y la exigencia al Gobierno de que direccione más recursos del Estado en salvaguarda de ellos mismos. Y no es que los empresarios dueños de grandes capitales no llegan a fin de mes, sino que el nivel de las ganancias millonarias que han obtenido disminuye o se estanca en su crecimiento y esto no lo pueden aceptar. De la misma manera que nosotros no vamos a aceptar que nos quiten lo conquistado para toda la sociedad.

 

A este aspecto de la situación actual hay que agregarle que en 2018 y en 2019 millones de latinoamericanos, incluidos los uruguayos, elegimos gobiernos y proyectos políticos en un clima de  creciente hostilidad y violencia en muchos países y con un claro intervencionismo del gobierno estadounidense que aprovecha la volada para recuperar y asentar su predominio comercial, financiero, político y militar en la región. Sin embargo las elecciones, que a mi entender deben ser consideradas como momentos de síntesis, no agotan el conflicto central que vive hoy nuestro continente y nuestro propio país, el conflicto de clase seguirá persistiendo porque es parte esencial de un sistema que trasciende al Uruguay, aunque sería necio pensar que en un escenario con gobiernos de derecha ese conflicto se resolvería a favor de los trabajadores y las grandes mayorías nacionales.  

 

Es en este contexto que los sectores dominantes nacionales e internacionales pasan a la ofensiva utilizando todos los instrumentos que el poder fáctico tiene a su disposición. En nuestro país los más destacados son los medios de comunicación, medios que en realidad son grandes empresas privadas y como tales tienen fuertes intereses económicos y políticos. Si bien es evidente que azuzan y direccionan el malestar social promoviendo la desconfianza, el miedo y la estigmatización de los pobres, a este accionar le suman otro elemento que es central, la progresiva disminución de  los sentidos de pertenencia, confianza, y el sentido de representatividad de la gente con respecto a la política y en particular con respecto a las organizaciones que históricamente han sido herramientas forjadas por la lucha popular, principalmente los partidos de izquierda y la organización sindical. Si hay algo que tiene  claro la derecha y las clases dominantes, es que es la gente la que tarde o temprano define el rumbo de los procesos, no siempre a favor de sí misma y no siempre en elecciones, por eso ven necesario la construcción de un sentido común a favor del empresariado.

 

Sin embargo tenemos algo de lo que carecen los demás países del continente que han tenido la osadía de apostar por un camino distinto al neoliberalismo, tenemos la unidad de la izquierda expresada en el Frente Amplio y la unidad de la clase trabajadora organizada en el Pit Cnt, que son dos fuerzas reales a nivel político y social. A estas fortalezas se le agrega la experiencia concreta de un pueblo que ha mejorado como nunca su nivel de vida bajo un gobierno de izquierda y en el marco de un proceso creciente de democratización. Estos tres elementos son claves para la victoria en esta batalla.

 

 

HI: En la mayor parte de nuestros países, la iniciativa política parece estar en el campo de la derecha; ¿Cuáles crees que son las tareas principales para encarar el momento político y la construcción de una agenda capaz de operar en clave de ofensiva política?

 

LU: A mí me parece que la derecha no tiene iniciativa política, se basan en un guión escrito en el exterior, no construyen movimiento ni organizaciones, hablan de Latinoamérica pero no desarrollan la solidaridad internacional y no han promovido la solución real a los problemas cotidianos de nuestra población, por el simple hecho de que se alinean con el gran capital. La derecha lo que hace es armar bardo y manijear, para dispersar y sacar el foco de las causales sistémicas de los problemas sociales. Quiero aclarar que con esto me refiero a la institucionalidad, a los partidos, ya que he conocido gente que apoya a los partidos de derecha, con una sensibilidad que nada tiene que ver con lo que promueven los portavoces de la derecha.

 

Si nos situamos en este año, los desafíos pasan por posibilitar con la lucha organizada una mayor transferencia de recursos a los trabajadores, la mejora de las condiciones de trabajo, la expansión de la organización popular y la unidad política con el resto del campo popular.

 

Este año casi un millón de trabajadores y trabajadoras van a participar de la séptima ronda de consejo de salarios. Cómo se inserta la izquierda y cómo se rodea el movimiento sindical en esta lucha son ejes claves. No todos los trabajadores están organizados, ni están informados respecto a lo que se debate, y tampoco todos dotan de significado esta lucha, esto se tiene que atender, sobre todo cuando se evidencia una campaña sistemática de desprestigio hacia el movimiento sindical, que muchas veces encuentra resonancias en la misma izquierda. Ese aprendizaje depende del nivel de organización sindical y de la capacidad de rodear esa lucha como izquierda para darle perspectiva revolucionaria y que no quede en lo inmediato, especialmente en un contexto en donde la derecha y los medios privados de prensa dan relevancia al discurso de las patronales, que cada vez que tienen que negociar salario y condiciones laborales salen con que están en crisis y amenazan con reducir las fuentes de trabajo para generar miedo. No hemos tenido hasta el momento una instancia de consejos de salario en donde el discurso de las patronales haya sido otro, incluso en el período de mayor crecimiento de nuestra economía.

 

En la misma línea, este año tenemos la discusión de la última rendición de cuentas en donde vamos discutir y a luchar por mejoras en la asignación presupuestaria para áreas claves de nuestra vida como sociedad. En estas dos instancias no sólo luchamos por recursos y mejores condiciones de trabajo, luchamos por mayor organización y por la construcción de una perspectiva que ponga en el centro las grandes injusticias que presenta el modelo de sociedad en el que vivimos. En la dictadura y luego en el neoliberalismo, el ataque a la organización de la gente fue sistemático y causó estragos no sólo en términos políticos y económicos, sino en términos sociales.

 

Los espacios de confluencia, de solidaridad, de experiencia colectiva, se redujeron o simplemente dejaron de funcionar, fruto de este ataque y de la pauperización de las condiciones de vida de miles de uruguayas y uruguayos, la ideología del empresariado permeó fuerte en lo micro de la vida y esto también tuvo impacto en todos nosotros, incluidos los que nos consideramos de izquierda. El desafío será encontrar formas y construir espacios en donde la gravitación de la diversidad de pensamientos críticos del sistema no esté determinada por criterios mercantiles. Y es en ese sentido que considero que se hace ineludible ponerse como objetivo estratégico el fortalecimiento de las organizaciones de base y su unidad.

 

Esto no es nuevo para el campo popular, pero la fragmentación ha sido tal que consignas clásicas como la de “obreros y estudiantes…” hoy deben ser resignificadas, para que vuelvan a tener expresión práctica. Estos espacios de democracia son nuestra fortaleza entre tanta cacofonía neoliberal; la lucha colectiva, el despliegue de solidaridad, el debate crítico desde el nosotros, es lo que debemos recuperar.

 

Es en este proceso colectivo de lucha que se construye proyecto político y visión estratégica, y por otro lado, es la manera que tenemos de encontrarnos y debatir con nuestro pueblo sin mediaciones y en confianza. Todo este trabajo implica dejar el pragmatismo, cosa difícil para muchos en momentos de predominio de lo electoral, hacer y decir en función de lo que dé más rédito nos vuelve en meros reproductores del sistema. Esta forma de hacer y de pensar nos ha permeado, se entiende la política y la militancia desde el lobby, desde el protagonismo individual y no como lo que realmente es y fue para la izquierda, una forma de vida, y una praxis para cambiar la realidad.

 

Por último, Latinoamérica está en llamas, golpes de Estado, militarización, pobreza, y violencia social y política es lo que nos ofrece el enemigo de clase y sus personeros, por el simple hecho de buscar torcer la aguja en favor de los más vulnerados de este sistema. Podremos estar enojados con tal o cual aspecto del gobierno, incluso considerar que no se aprovechó el momento para avanzar hacia cambios más estructurales, pero para cambiar las cosas, como mínimo, necesitamos fuerza social organizada en nuestro país con un espíritu crítico puesto en la práctica, tenemos que lograr en estos años de tensión y conflicto la incorporación de miles de uruguayos y uruguayas a la militancia política y social, el tiempo es poco y el desafío es enorme, Le costó mucha sangre al pueblo uruguayo crear la unidad y sus herramientas y conseguir lo que consiguió, debemos cuidarlas, fortalecerlas, corregirlas, transformarlas. Son los espacios en donde se depositó y se deposita la esperanza de muchísima gente, valen la pena y valen la lucha.

 

 

* Lucía Ubal es Secretaria General de la Unión de la Juventud Comunista (UJC).

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