Los sueƱos de la izquierda
- L. NicolƔs Guigou*
- 21 nov 2017
- 3 Min. de lectura

Ilustración: Laura Becerra
La izquierda posee sus sueƱos, su matriz onĆrica plĆ©tora de figuras arquetĆpicas. Tal parece ser el caso de la figura del hombre nuevo, figura arquetipal que por veces supo volverse una pesadilla nocturna.
Los sueƱos de producir un hombre nuevo, han acompaƱado mĆŗltiples inspiraciones onĆricas de la izquierda, desde las ideas de corte humanista anclada en el pensamiento guevarista, hasta experimentos de ruptura radical con el pasado ācon el correspondiente genocidio de los sujetos habitantes del mismo- como el caso de Pol Poth y los Khmer Rouge en Camboya. El guevarismo y su gestación de un hombre nuevo en la sociedad socialista, suponĆa la transformación de los seres humanos de la vieja sociedad, y fundamentalmente, una apuesta vehemente hacia las nuevas generaciones en que la nueva educación revolucionaria, el ejemplo cotidiano y las lógicas solidarias que se irĆan desarrollando en el proceso especĆfico de la construcción de la sociedad socialista- la superación de la cooperación por la competencia, el goce de lo colectivo sobre lo individual, la muerte del egoĆsmo por la fraternidad igualitaria con los otros seres humanos, sumado a estos elementos una Ć©tica y moral revolucionaria, ascĆ©tica, de corte sacrificial y Ć©pica - harĆan que la emergencia de un nuevo tipo humano, de valores y prĆ”cticas inversas a las gestadas por la alienación capitalista, fuera una subjetividad novedosa que asegurase la creación de un sociedad cualitativamente distinta a aquella que solo sabĆa constituirse sobre la dictadura draconiana del capital (expresión Ć©sta que siempre fuera Ćŗtil para justificar gestos autoritarios en algunos socialismos reales).
En un mundo post-patriarcal y sediento de multiculturalismo instrumental, la figura del hombre nuevo se desdibuja en fragmentos que pugnan por la defensa de su singularidad, de su especificidad, situación que hace que el monoteĆsmo de un solo tipo humano (aunque sea nuevo ), no se considere siquiera una meta posible ni deseable, e inclusive, pasible de ser juzgada y evaluada negativamente, por obliterar la dimensiones que hacen a la diversidad y heterogeneidad, configuraciones discursivas Ć©stas fundamentales en la constitución de los horizontes de sentido de nuestra contemporaneidad.
La idea de hombre nuevo, no Ćŗnicamente exige ser soƱada de otra forma, por portar los lĆmites de patriarcalismos varios y morales superyoicas inalcanzables.
El devenir humano-tan poco explorado, el pobre- se sedimenta (casi un oxĆmoron) en un zigzagueo fronterizo permanente que termina burlando toda modalidad de identidad, todo ejercicio identitario , pasando a travĆ©s de, entre, por medio, en los bordes, por las mĆ”rgenes, de las incesantes identidades planetarias, la polifonĆa carnal de este devenir-humano. Existe un profundo desfaje, al contrario de lo que se puede postular desde cualquier antiesencialismo simplista, entre las posibilidades simbólicas de los seres humanos y las sociedades que les han tocado en suerte, tanto en tĆ©rminos espaciales como temporales. La singularidades humanas son simbólicamente mucho mĆ”s ricas que las sociedades en las que se nuclean. Esto implica, que de las multiplicidades que conforman a los seres humanos, solamente algunas podrĆ”n desarrollarse en un Ć”mbito cultural determinado, con las inevitables constricciones de ese Ć”mbito, fundamentalmente la imposibilidad de huir de ese pensamiento y ese lenguaje contextualizado.
SoƱar de otra forma a ese hombre nuevo, no significa renunciar a la idea de emancipación humana, sino considerar a dicha emancipación en tĆ©rminos de multiplicidades no unidireccionales ni egoicas, permitiendo la emergencia de las multiplicidades que nos constituyen, mĆ”s allĆ” de la dicotomĆa del mundo individual y colectivo. El devenir-humano, a la vez que limitado, atrapado y determinado socialmente, no resulta una tabula rasa. Las urgencias simbólicas humanas āimposibles de madurar y concretarse en la contemporaneidad del extremo-capitalismo, cosificadas y mercantilizadas en dimensiones que superan a cualquier imaginación, poseen su propia agenda geopolĆtica, en la cual el deseo se vuelve una mĆ”quina polĆtica con sus vericuetos emancipatorios. La vinculación del deseo con esas urgencias simbólicas, redefinen las posibilidades polĆticas de producir el acontecimiento humano (mĆ”s que un hombre nuevo), que abre la esperanza (no la quedó como ausencia y como falta en la caja de Pandora) y las posibilidades deseantes en acción de nuevas formas de polĆtica, de sociedad y de humanidad.
*Prof. Tit. Dr. L. NicolĆ”s Guigou. Dpto. de Ciencias Humanas y Sociales, IC, FIC, UDELAR. Prof. Agr, Director del Dpto. de AntropologĆa Social, ICA, FHCE, UDELAR.



