Los sueños de la izquierda

November 21, 2017

Ilustración: Laura Becerra 

 

 

La izquierda posee sus sueños, su matriz onírica plétora de figuras arquetípicas. Tal parece ser el caso de la figura del hombre nuevo, figura arquetipal que por veces supo volverse una pesadilla nocturna.

 

Los sueños de producir un hombre nuevo,  han acompañado múltiples inspiraciones oníricas de la izquierda,  desde las ideas de corte  humanista anclada en el pensamiento guevarista, hasta experimentos de ruptura radical con el pasado –con el correspondiente genocidio de los sujetos habitantes del mismo- como el caso de Pol Poth y los Khmer Rouge en Camboya. El guevarismo y su gestación de un hombre nuevo en la sociedad socialista, suponía la transformación de los seres humanos de la vieja sociedad, y fundamentalmente, una apuesta vehemente hacia las nuevas generaciones en que la nueva educación revolucionaria, el ejemplo cotidiano y las lógicas solidarias que se irían desarrollando en el proceso específico de la construcción de la sociedad socialista- la superación de la cooperación por la competencia, el goce de lo colectivo sobre lo individual, la muerte del egoísmo por la fraternidad igualitaria con los otros seres humanos, sumado a estos elementos una ética y moral revolucionaria, ascética, de corte sacrificial y épica - harían que la emergencia de un nuevo tipo humano, de valores y prácticas inversas a las gestadas por la alienación capitalista, fuera una subjetividad novedosa que asegurase la creación de un sociedad cualitativamente distinta a aquella que solo sabía constituirse  sobre la dictadura draconiana del capital (expresión ésta que siempre fuera útil para justificar gestos autoritarios en algunos socialismos reales).

 

En un mundo post-patriarcal y sediento de multiculturalismo instrumental, la figura del hombre nuevo se desdibuja en fragmentos que pugnan por la defensa de su singularidad, de su especificidad, situación que hace que el monoteísmo de un solo tipo humano (aunque sea nuevo ), no se considere siquiera una meta posible ni deseable, e inclusive, pasible de ser juzgada y evaluada negativamente,  por obliterar la dimensiones que hacen a la diversidad y heterogeneidad, configuraciones discursivas éstas fundamentales en la constitución de los horizontes de sentido de nuestra contemporaneidad.

 

La idea de hombre nuevo, no únicamente exige ser soñada de otra forma,  por portar  los límites de patriarcalismos varios y morales superyoicas inalcanzables.

El devenir humano-tan poco explorado, el pobre-  se sedimenta (casi un oxímoron) en un zigzagueo fronterizo permanente que termina burlando toda modalidad de identidad, todo ejercicio identitario , pasando a través de, entre, por medio, en los bordes, por las márgenes, de las incesantes identidades planetarias, la polifonía carnal de este devenir-humano. Existe un profundo desfaje, al contrario de lo que se puede postular desde cualquier antiesencialismo simplista, entre las posibilidades simbólicas de los seres humanos y las sociedades que les han tocado en suerte, tanto en términos espaciales como temporales. La singularidades humanas son simbólicamente mucho más ricas que las sociedades en las que se nuclean. Esto implica, que de las multiplicidades que conforman a los seres humanos, solamente algunas podrán desarrollarse en un ámbito cultural determinado, con las inevitables constricciones de ese ámbito, fundamentalmente la imposibilidad de huir de ese pensamiento y ese lenguaje contextualizado.

 

Soñar de otra forma a ese hombre nuevo, no significa renunciar a la idea de emancipación humana, sino considerar a dicha emancipación en términos de multiplicidades no unidireccionales ni egoicas, permitiendo la emergencia de las multiplicidades que nos constituyen, más allá de la dicotomía del mundo individual y  colectivo. El devenir-humano, a la vez que limitado, atrapado y determinado socialmente, no resulta una tabula rasa. Las urgencias simbólicas humanas –imposibles de madurar y concretarse en la contemporaneidad del extremo-capitalismo, cosificadas y mercantilizadas en dimensiones que superan a cualquier imaginación, poseen su propia agenda geopolítica, en la cual el deseo se vuelve una máquina política con sus vericuetos emancipatorios. La vinculación del deseo con esas urgencias simbólicas, redefinen las posibilidades políticas de producir el acontecimiento humano (más que un hombre nuevo), que abre la esperanza (no la quedó como ausencia y como falta en la caja de Pandora) y las posibilidades deseantes en acción de nuevas formas de política, de sociedad y de humanidad.

 

 

*Prof. Tit. Dr. L. Nicolás Guigou. Dpto. de Ciencias Humanas y Sociales, IC, FIC, UDELAR. Prof. Agr, Director del Dpto. de Antropología Social, ICA, FHCE, UDELAR.

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