“Aunque emerjan actores y nuevos espacios, si no tienen estrategias de resistencia y protección de estas maniobras de control no creo puedan hacer nada distinto, serán cooptadas. A través de muy diversas fórmulas”

November 21, 2017

 

 

Hemisferio Izquierdo (HI):. En este número de HI, la izquierda al diván, queremos repensarnos como sujetos políticos. Nos interesa hacer un recorrido por el mundo de las izquierdas y que no se salve nadie de la crítica y la autocrítica. ¿Qué crítica/autocrítica se puede hacer sobre las diferentes tradiciones/espacios de izquierda que existen en Uruguay?

 

Irma Leites (IL): En primer lugar la autocritica va orientada a que no hemos sido capaces de elaborar en colectivo una autocrítica. Y la que podemos hacer individualmente o en colectivos pequeños adolece del conjunto de la experiencia. Tal vez no necesariamente debería ser así. Pero el carácter sectario de las organizaciones en su etapa de autoconstrucción agudizan a mi modo de ver estas limitaciones. Y una y otra vez los intentos organizativos repiten estos errores. Su por qué debe tener una vasta gama de factores. Entre ellos creo que uno sustancial es que las estrategias represivas bajo el Terrorismo de Estado provocaron tal desbande organizativo que hizo inasequible pensar organizadamente la derrota y volver a formular hipótesis de revolución socializada. ¿Influyo, entre otros factores el incipiente y primario desarrollo de las organizaciones de intención revolucionaria? ¿No fue posible dar respuesta colectiva a lo sucedido porque las herramientas teóricas no eran sólidas? ¿Qué desarrollo tenían las propuestas que nacieron en la década del 60, a la luz de la justa y rupturista estrategia de poder popular y violencia revolucionaria?

 

Hoy, desde dentro pero con la distancia en el tiempo vuelvo a valorar positivamente aquella definición contestataria a la izquierda electoralista anquilosada en las estructuras estatales y en la legalidad burguesa. Eso nos dio el impulso para buscar el camino de la lucha por el Socialismo. Tuvimos la ilusión de que estaba muy cercana esa posibilidad. Pero todo estaba atravesado por alianzas de clases y concepciones que no favorecían el internacionalismo ni la real derrota del capitalismo. Pese a que los paradigmas soviéticos no fueron los nuestros no tengo dudas que tampoco fue suficiente la crítica realizada al pensamiento predominante. Rompimos, veníamos de esas matrices dominantes. Los máximos dirigentes de las nuevas alternativas provenían del Partido Socialista, Partido Comunista. El bagaje teórico, la concepción organizativa, los resabios de concepciones caudillistas y sectarias, los vanguardismos y las condiciones de clandestinidad fueron campo fértil para todo tipo de desviaciones. Y los que no veníamos de esas matrices tampoco tuvimos la ruptura ideológica que posibilitara ver como las ideas Allendistas y Arimendistas incidían mucho y tenían por delante una larga vida, más allá de ese tiempo. Muchos después de los golpes recibidos, de la cárcel, el exilio y la tortura entendieron que esas concepciones eran las correctas y retornaron a esos partidos o militaron con esas concepciones.

 

Las conclusiones –poco socializadas- agudizaron el sectarismo y el fraccionamiento. No fuimos capaces de jerarquizar las diferencias ni los acuerdos. Después de 1985, devenimos en polémicas -que al decir de un compañero- nos fue conformando a tener una práctica testimonial, a convertirnos en izquierda bonsái. ¿Estamos condenados a seguir construyendo pequeñas, tristes y mezquinas organizaciones que no van a elevar el nivel de la confrontación de clases emancipadora?, ¿nuestras organizaciones son solo una reafirmación de la diferencias?

 

En los pocos momentos que las tormentas sociales nos arriman, favoreciendo prácticas comunes -represiones o fechas históricas solo nos rozamos- a veces, algo escuchamos del otro y luego volvemos a flotar en un océano que nos acuna y la mayoría solo llegamos a ver nuestros ombligos.

 

Sin duda es un factor esencial que las nuevas generaciones tomen el timón de las luchas, que piensen fuera de las normas, que elaboren fuera de los límites, que actúen y se comprometan con lo que estén convencidos.

 

Por el daño humano, por el retroceso social que instala el capitalismo necesitamos dar un salto y me pregunto críticamente ¿en esas nuevas organizaciones hay superación y más ruptura para superar este estadio de la lucha? ¿Hay nuevas ideas que superen lo sectario, mezquino que no pudimos superar los viejos? Los más viejos, nosotras/os no tuvimos tiempo, ni nos dimos el tiempo, porque despertamos, cuestionamos y salimos corriendo y tanto por los errores cometidos, como por la represión no fue el tiempo de estudio y preparación para la praxis en las nuevas propuestas sesentistas.

 

¿Hoy se aprovecha la siesta liberal para prepararnos?

 

¿No estamos demasiado influenciados por el corrimiento liberal general de toda la sociedad?

 

En esta etapa, las organizaciones, sociales, políticas –mucho más que en el 60-70- están en la mira y no están al margen de la sociedad. Son reflejos –o están en el marco- de los miedos al aislamiento o la sujeción a planteos que casi nadie comprende. Todos nos vemos sometidos a las actuales condicionantes de vigilancias. Todo está en el cyber espacio y en los discos duros de la tecnología recolonizadora de nuestras cabezas.

 

La experiencia del Coordinador de 1963 que incluye desde la Teología de la Liberación a las corrientes maoístas, anarquistas y trotskistas planteó la necesidad y posibilidad de romper las barreras de cada corriente pero duró poco. Sería interesante repensar nuevas hipótesis de acercamientos, nueva hipótesis que protejan la lucha de nuestras propias intransigencias.

 

¿Qué importancia podría tener crecer en el respeto a la diferencia?

 

¿Qué valor podría adquirir exponer y apreciar mucho más lo que nos une?

 

Si pudiéramos acordar que las organizaciones son herramientas y no fines en sí mismas ¿cimentaríamos luchas más poderosas?

 

Algo así como ser más justos entre nosotros no nos vendría mal ¿no?

 

 

HI: Parece que actualmente la izquierda uruguaya en sus orgánicas políticas, o bien es la pata subalterna de una alianza policlasista (el Frente Amplio) que empieza a tensionarse con el fin de la bonanza económica de la última década, o bien ocupa un espacio marginal del tablero político (la llamada “izquierda radical”), configurando un escenario nada prometedor. ¿Comparte este diagnóstico? ¿De qué forma se puede destrabar esta situación?

 

IL: Ando pensando (aunque sé que a varios compañeros no les gusta, porque siempre nos hemos definido de Izquierda), que deberíamos cambiar la manera de llamarnos. Creo que así como a la democracia en las estructuras sociales debemos llamarlas democracia proletaria o democracia obrera, concepto que va mucho más allá de lo electoral, que tiene que ver con la manera de relacionarnos y luchar. Es una manera de hacer las cosas y comprometernos buscando la emancipación. Al definir somos de Izquierda deberíamos poner algo más o simplemente elegir otra denominación.

 

Desde el inicio fue un debate eso de ser de Izquierda. Durante la represión como el Terrorismo de Estado persiguió todo lo que consideraron de Izquierda esta definición se revalorizó. Pero ahora se le agregan décadas de la idea de una izquierda vinculada a los gobiernos, a la entrega, a la corrupción. En el imaginario colectivo esta vaciada de contenido de lucha confiable. A nivel internacional, ya no dice nada que nos identifique. Y es rechazado por muchos luchadores internacionalistas porque ya el término está cargado de claudicaciones y alianzas policlasistas que han conducido a la humanidad a las nuevas formas de opresión. Y a lo largo de estos años hay que aclarar Izquierda no electoral, Izquierda Revolucionaria. Si lo izquierdo es más analítico, más detallista también debe ser más definido… en fin, es un debate. Prefiero caminar hacia definirnos revolucionarios en el camino.

 

Sobre lo que está sucediendo dentro del Movimiento Popular y sus organizaciones, creo que debemos remontarnos a la salida del Terrorismo de Estado. La dictadura de clase en 1984-85 rearma la vieja mentalidad a través del Pacto del Club Naval y la CONAPRO (Comisión Nacional Programática) que guía a un Movimiento Popular pujante y bastante independiente a una salida negociada que muy lejos de derrotar los proyectos capitalistas los legitima de la mano de revalorizar la democracia burguesa. La estafa histórica de la historia oficial, amparada en que si “vamos más allá” los milicos volverían, pesó y pesa mucho. Es sobre esos pilares que se erige la impunidad democrática. Cuando en verdad las FFAA y los sectores burgueses favorecidos por el reacomodo del capital se frotaban las manos: porque sus ganancias fueron favorecidas.

 

Los nuevos dirigentes del PIT, nacidos de las luchas contra la dictadura concibieron estructuras más democráticas que favorecieron a nivel de los trabajadores, sindicatos más federativos, menos delegativos. Sin embargo, son derrotados paso a paso por los viejos dirigentes de la CNT, que volvieron del Exilio o salieron de las cárceles. Y la fusión PIT CNT y el grupo de notables que orientó ese movimiento termina consolidando las alianzas de clase que favorecen el control de las luchas, el fraccionamiento y la neutralización o marginación de las posturas clasistas autónomas. El 3er Congreso del PIT CNT de 1985, así lo reflejó, 506 delegados se retiraron del mismo por estar contra la llamada “aplanadora” es decir la burocracia sindical imponiendo las posturas partidarias a favor del disciplinamiento social. A favor del desarme ideológico y programático de los oprimidos. El PIT CNT reacomodó todo su programa y sus estructuras para controlar y acompañar el proceso político del EP-FA.

Para ello necesitó neutralizar la diversidad clasista. Favorecer direcciones que representan lo más alienado y atrasado de la cabeza de los explotados.

 

Esta faceta de tensión y descreimiento, de desengaño y desesperanza con “el fin de la bonanza económica” nos plantea un gran desafío porque no alcanza con un discurso socialista, revolucionario. Porque el adoctrinamiento consumista por si mismo solo conduce a que las grandes poblaciones busquen reponer en el escenario electoral a quien más “promete”, volviendo a reproducirse la alternancia de partidos: derechas tradicionales y progresistas, progresistas y derechas…ese devenir tiene que ver con cuales son las aspiraciones de la gente. Tiene que ver con que del escenario social han desaparecido los programas y sueños de justicia social, de otra sociedad. ¿Tiene que ver con que la recolonización post dictaduras la lleva adelante la dictadura de clase no identificada por los oprimidos? Tiene que ver con que no se vislumbra otra “libertad” que la de vender tu fuerza de trabajo y tener la “libertad de comprar más”. No existe otro paradigma social en el horizonte. Y esa tarea: ¿Cómo, con quienes, dónde, cuándo la encaramos?

 

 

HI: ¿Visualiza un proceso de agotamiento en la actual configuración política en las izquierdas? De la mano de esto, ¿comienzan a haber actores emergentes y nuevos espacios de politización?

 

IL: Creo que los espacios de politización están invadidos por las doctrinas del control y el disciplinamiento. Tanto la burguesía como las corrientes que creen aun en la “humanización capitalista” han creado institutos, ONG, Departamentos formativos donde se adoctrina para ser “Formador de formadores” para aprender el credo del capital, manejar la empresa y defenderla para no perder puestos de trabajo, para saber cómo controlar a los trabajadores. Todos planes del BID y FMI. Cursos financiados por Estados y empresarios. Planes que incluye la HISTADRUT de Israel. Solo un ejemplo: se firma un nuevo acuerdo con UPM, amparando la expansión del capital entregando no solo el territorio sino favoreciendo la devastación de los bienes comunes, rompiendo el ecosistema del acuífero guaraní y firmando acuerdos para crear la infraestructura para la multinacional y encima ¡garantizándole que no habrá ocupaciones ni paros! Y el PIT CNT se explaya en actos “antiimperialistas y por la democracia” con invitados varios como los Kirchneristas, Lula y empresarios. El vaciamiento de las consignas y las mentira al servicio del status quo.IL:

 

¿Como entonces trascender a esto? La mentalidad de que sindicatos y bibliotecas fueran la escuela donde crear la mentalidad crítica para pasar de ser clase en si a clase para sí está en la nebulosa de una enajenación gigante. Enajenamiento que nos persigue de nuestras casas al ómnibus, del ómnibus al trabajo y del trabajo a la casa… la invasión cibernética es parte y arte de la creación de los nuevos esclavos de la etapa actual del capitalismo.

 

Deberíamos crear algo suficientemente poderoso para quitar el chupete electrónico adoctrinador y esclavizador. Deberíamos hallar la manera de imantar nuestros espacios de la NECESIDAD de los OTROS. Para colectivamente lograr en principio la atención, luego el estudio crítico y entrar a insertar nuevos sueños. Sin estos ¿es posible la revolución socialista? Sin duda habrá revueltas por hambrunas, por exigencias democráticas, por los “excesos” represivos del Estado, en defensa de los bienes comunes pero tras eso estarán acordonando y encauzando los reclamos, los estrategas del capital.   

 

Aunque emerjan actores y nuevos espacios, si no tienen estrategias de resistencia y protección de estas maniobras de control no creo puedan hacer nada distinto, serán cooptadas. A través de muy diversas fórmulas. Me dirán que es una sentencia negativa, prefiero considerar esta apreciación como un alerta para pelear más alertas. El sistema es despiadado con nuestras debilidades y sobre ellas acciona. Hacernos los tiempos para resistir en todos los planos (en el sistema de vida que impone el capital) es una odisea que debemos afrontar.

 

Del punto de vista histórico visualizo el agotamiento de las estrategias de conciliación de clase pero al mismo tiempo hay una generalizada actitud por gran parte de la población de delegar a los partidos políticos y los dirigentes sindicales y sociales las resoluciones. Desarticulada la participación directa se hace difícil abrir brechas para retornar o crear nuevas maneras de compromisos directos, pensantes y críticos. Ha habido experiencias muy alentadoras pero han sido efímeras. Lo importante sería la permanencia y vinculación de los conflictos para aprender y para formarnos. Eso no se logra en un hecho sino a través de planes de lucha, ideológica, política y práctica.

 

 

* Irma Leites es militante política y social. Fue presa de la dictadura y exiliada en Suecia por su militancia en el MLN-T. Desde hace años está especialmente abocada a los derechos humanos en la organización Plenaria Memoria y justicia.

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