La vigencia de una lucha

 

Los años 60 vieron al mundo levantarse contra las injusticias: La solidaridad expandida contra la guerra de Vietnam, los movimientos de descolonización, el tercermundismo, las barricadas de jóvenes defendiendo viejos sueños de libertad, Cuba hiriendo de muerte a una dictadura, Praga y su primavera, obreros, campesinos y estudiantes empuñando sus manos, sus banderas y sus armas contra los opresores de siempre... Las luchas contra los imperialismos y contra el capital se extendían como reguero de pólvora, encontrando eco en vastos rincones del mundo. Si bien, siempre han existido espacios de resistencia, en la década de los 60 éstos cobraron un impulso superlativo; se contagiaba la creencia de que otro mundo era posible y la seguridad de que era necesario. También crecía sin embargo la reacción y el conservadurismo; la clase alta se aferraba a sus privilegios y tradiciones, y no vaciló en coaligarse con los intereses Estadounidenses para desarrollar una contrarrevolución preventiva.

 

Al mismo tiempo, eran años difíciles para los de abajo en estas latitudes, las huelgas obreras de los años 50 en los barrios de la Teja y el Cerro, junto a toda una barriada que con su impulso solidario respaldaba y decía presente, constituían un ejemplo de no resignación, lucha y resistencia.

 

En este contexto de polarización social, los compañeros de la Federación Anarquista Uruguaya, comprendieron que la revolución lejos de estar a la vuelta de la esquina, sería el producto de un proceso largo y seguramente doloroso. Se consideró así mismo que los sujetos revolucionarios, debían ser los oprimidos que desde sus organizaciones impulsen prácticas clasistas de cara a la revolución, discrepando con los planteos según los cuales sería un partido al margen del pueblo que en nombre de éste labre el camino hacía el mundo nuevo, o según los cuales un movimiento armado, a manera de foco protagonice dicho proceso.

 

En todo caso, se entendió la necesidad de impulsar tal proceso y así defender sus conquistas fortaleciendo la  organización de los de abajo y creciendo en capacidad y solidaridad. Fue así, que compañeros como León Duarte y Gerardo Gatti formaron parte activa del proceso de unificación sindical en la CNT (Convención Nacional de Trabajadores).

 

 

El poder popular, teoría y sobre todo acción

 

Se comenzó a pensar en los años 60 para la aplicación en la práctica militante, en el quehacer cotidiano, en el concepto de Poder Popular, el cual en oposición al concepto de poder desde arriba, se refiere justamente a la capacidad de construcción de poder  de los oprimidos, tejiendo estructuras emancipadoras, impulsando la capacidad de crear y generar el cambio social de cara a un nuevo mundo. Nos referimos entonces a un poder transversal, rebelde y solidario siempre presente en los espacios de resistencia que los pueblos organizan, no con el objetivo de imponerse sobre otros, o de que un grupo sintiéndose vanguardia termine coaccionando al resto del colectivo, sino un poder  desde el pueblo en general para potenciar su propia capacidad y autonomía.

 

Dicho concepto va hermanado con la idea de democracia directa y acción directa. Ambas se constituyen como elementos claves a la hora de pensar prácticas con independencia de clase, es en la primera dónde los de abajo constituyen prácticas de lucha, sin intermediarios, sin privilegios, apostando a la capacidad de construcción política del  pueblo, que más que nadie sabe cuáles son sus verdaderos problemas e intereses, y es en concordancia con ésta que en la segunda actuamos de manera organizada sin tutela de ningún tipo, haciéndonos cargo de nuestras propias resoluciones. Por supuesto que esto implica embarrarnos las patas y equivocarnos muchas veces, pero nos ha implicado también innumerables aciertos en la construcción de un camino que es largo y duro, el de la lucha por la emancipación. Este es el derrotero que han recorrido las organizaciones de resistencia siempre: el de ser y hacer creando poder, al margen del poder hegemónico, al margen de lo instituido, porque lo instituido es justamente lo que nos oprime. Ser y hacer desde nosotros mismos, desoyendo  los consejos y las órdenes de los serviles al sistema, incluso si estos se ponen el mote de “compañeros”.

 

Así en la segunda década de los años 60 los compañeros comenzaron a visualizar la necesidad de fortalecer dicho poder popular, potenciar su capacidad unificando los esfuerzos de aquellos compañeros que dentro de la CNT o a nivel estudiantil, militaban con planteos clasistas, tejiendo vínculos de solidaridad y prácticas de horizontalidad, al margen de los planteos burocráticos y conciliadores. Se creó así la ROE (Resistencia obrero-estudiantil). Los cientos de compañeros que pasaron por ROE desarrollaron hábitos cotidianos de solidaridad y resistencia, logrando así reforzar una cantidad de conflictos como ser en SERAL, FUNSA,  en la educación etc., en los cuales se logró torcer el brazo al gobierno y a las patronales. Era común ir a una fábrica ocupada y encontrar trabajadores de otros rubros, o estudiantes, que estaban ayudando a parar la olla, haciendo peajes para financiar el conflicto, saliendo de pegatina o pintada. Para estos compañeros la lucha era de los oprimidos, sin caer en corporativismos y sectarismos, tomaban la bandera de la clase y dejaban importantes sacrificios en nombre del colectivo, como señaló años más tarde Gerardo Gatti:

“...Ya hemos ido aprendiendo que a veces las denominaciones son engañosas. Por eso no nos dedicamos a pegarle etiquetas a la lucha de los oprimidos. Puede haber gente que llamándose en forma parecida no sepa bien lo que quiere, y hay también quienes con otro nombre, o a veces hasta sin saber darle nombre, buscan lo mismo. A todos los que sin mezquindades, a su manera y en su medida luchan por estos ideales, los llamamos compañeros" (Gerardo Gatti Buenos Aires, junio/ julio de 1975)

 

La mayoría de estos compañeros terminaron en cárceles y cuarteles, incluso muchos fueron desaparecidos durante la dictadura, no sin dejar marcado el camino de lucha que transitaron y que seguimos recorriendo hoy  en el cual los de abajo nos reconocemos como compañeros y cerramos juntos nuestros puños contra el mismo enemigo. Si bien este recorrido viene de lejos y le queda mucho por delante, si bien le ha costado mucho dolor  a nuestra clase, ellos nos legaron la seguridad de que vale la pena recorrerlo, ya que solo nuestra resistencia, solo nuestra pelea sin tregua hará libre a las próximas generaciones. Más dolor que las represiones ante la pelea, genera una vida indigna de sometimiento, la complicidad con el sistema dejando que el poderoso continúe oprimiendo a nuestros hermanos de clase.

 

Nos enseñaron que si  este sistema no es viable para los oprimidos, está en las manos de cada uno de nosotros combatirlo y que es necesario unir esas manos para en colectivo extender las prácticas de solidaridad y garantizar la fuerza para la resistencia. Fuerza para golpear certero y con fuerza. Nos enseñaron que no se pide permiso para luchar, ni perdón por pelear por lo que le corresponde a los explotados del mundo, y sobre todo que la libertad no se mendiga, se ejerce, y se ejerce desde abajo generando grietas en los espacios de dominación.

 

 

Sus sueños y luchas siguen vigentes

 

Partimos de la base de que el sueño de construir un mundo sin explotados ni explotadores no ha muerto. El sistema capitalista ha demostrado ser una opción válida solo para los de arriba, mientras a nosotros nos dejan las migajas a cambio de sacrificarnos toda la vida para que ellos se enriquezcan. Tal vez lo más inteligente que el sistema logró fue convencer a gran parte del pueblo de que “la utopía ha muerto”, de que luego de la caída del muro ingresamos en el “fin de la Historia” en el sentido de que ya nadie es capaz de disputarle el poder al capitalismo. Llegó así el sentimiento de derrota de muchos quienes ayer habían luchado a capa y espada, otros directamente traicionaron los principios que decían tener, por un sillón, por un carguito en el gobierno. El individualismo, el egoísmo y otros aspectos de la moral pequeño burguesa se fueron apropiando de vastos sectores de nuestra población, que ahora sueñan con ser “clase media” y asumen como verdad las máximas que les imponen: no se puede vivir de otra manera, trabajá duro para progresar y respetá el orden establecido. Naturalizaron la desilusión, el conformismo y la violencia.

 

Sin embargo, sabemos que siempre han existido núcleos de resistencia, en algunas épocas cobran gran fuerza y resonancia, en otras, como la actual, pasan momentos de reflujo. Pero siempre han existido organizaciones que desde sus bases buscan confrontar el poder hegemónico y construir un una sociedad justa y solidaria, lo cual no ha sido ajeno a nuestro pueblo. Dichas organizaciones, con su visión rupturista, han constituido el tejido primario que impulsa las luchas populares hacía el nuevo mundo.

 

Hace algunos años veníamos viendo que un conjunto de compañeros de distintos sindicatos, barrios, centros de estudiantes  y otras organizaciones sociales nos encontrábamos codo a codo en las diferentes  instancias de lucha que el pueblo reclamaba que estuviéramos: marchas, ocupaciones, volanteadas, pintadas. En la medida de las posibilidades, y con sacrificio nos encontrábamos compartiendo una pelea que se construía desde abajo, desde las bases desarrollando la horizontalidad y solidaridad como principios claves. Con un horizonte de quiebre, consientes que el sistema es el enemigo de toda nuestra clase y que la única manera de confrontarlo en todos sus pliegues de poder es uniendo esfuerzos, hace dos años largamos Resistencia y Solidaridad ROE.

 

Este espacio ha logrado unificar los esfuerzos que teníamos desperdigados, pero trabajando de cara al mismo proyecto. Convergemos aquí compañeros de distintos sectores pero con valores claves y prácticas en común, quienes discusión mediante, aceptamos una determinada manera de hacer política en nuestros espacios de inserción; y remarcamos “hacer” porque somos uno convencidos de que son las prácticas cotidianas tanto a nivel político como social las que nos definen y nos vuelven sujetos de intención revolucionaria, no llevamos las ideas en la boca transformándolas en discursos elocuentes, sino que ellas son las que nos orientan en nuestro trabajo cotidiano; como señalaban los compañeros en 1972:

“En la Resistencia caben compañeros de diversas procedencias ideológicas, siempre y cuando estén de acuerdo con el programa que se aplica y con el método a aplicar. Y no basta solo el programa, ni basta lo que se dice, sino lo que se hace. Uno decía “Hay  que mirar más que la boca, las manos”.

 

Desde Resistencia y Solidaridad ROE trazamos una serie de prácticas militante, las cuales nos permiten articular nuestro que hacer en los distintos espacios de inserción, impulsando allí planteos clasistas y prácticas de solidaridad constante. Resistir como práctica, aferrándonos a nuestra identidad de clase, a nuestros históricos hábitos de combatividad, de ir hasta el hueso contra las  injusticias. Resistir cada golpe que nos da el sistema, pero no solo en cuanto a la represión o a los ajustes económicos, sino también en el plano ideológico, negarnos a aceptar la idea de que no podemos, de que la solidaridad de clase no tiene cabida y de que nuestros sueños son obsoletos. Por el contrario hemos podido desarrollar en nuestros espacios prácticas independientes de las burocracias, demostrando que somos, los trabajadores y estudiantes, de manera colectiva capaces de resolver políticamente dando respuestas contundentes y claras, sin vacilaciones. Demostrando que las decisiones las tomamos discutiendo con argumentos claros y con perspectiva de quiebre y transformación, para luego dar lo mejor de nuestras fuerzas militantes, asumiendo responsablemente las decisiones tomadas en colectivo. No necesitamos direcciones burócratas que lejos de potenciar nuestro quehacer lo frenan con vacilaciones haciéndole los mandados al gobierno y a las patronales.

 

Los planteos que guiaron las prácticas de los compañeros de la vieja ROE mantienen plena vigencia. Claro que los tiempos han cambiado: mientras la coyuntura se vuelve más “borrosa” para grandes sectores del campo popular, que depositan aún sus esperanzas en el progresismo, o que simplemente ven a la democracia burguesa como la única opción viable, las tecnologías de poder y dominación se aggiornan constantemente. Por tanto no pensamos en trasplantar el ejemplo que ellos nos legaron, sino repensarlo a la luz de las demandas del presente y construir con sus enseñanzas las respuestas que consideramos necesarias a esta etapa. A diferentes etapas corresponden diferentes tácticas de combate, diferentes mojones en un mismo camino. Pero entendemos si, que la matriz del problema sigue siendo el mismo: el capitalismo y los Estados se sofistican para no dejar de oprimirnos y explotarnos. Es por eso que las ideas madre que los compañeros supieron construir como respuesta al enemigo de clase mantienen su vigencia, como lo mantienen los sueños de construir un  mundo nuevo. La humildad de ver el pasado para aprender de él,  pero sabiendo que es necesario reinventarnos y ajustar nuestros planteos al presente, es lo que nos permite hoy por ejemplo profundizar los abordajes de género. Si bien, en la vida de los compañeros de la antigua ROE había una búsqueda de igualdad en todos los planos, incluso eliminando los prejuicios hombre-mujer, esto fue abordado de manera “natural”, incorporando prácticas como el reparto de tareas o la plena participación política de las compañeras, sin embargo en los 60 esto no fue analizado desde una perspectiva de género ni trabajado políticamente como un elemento central en el lucha por la revolución[1]. Entendemos que los oprimidos debemos potenciar en colectivo nuestras prácticas de cara a la emancipación total hacía un mundo no quepan las clases sociales pero tampoco las distinciones por género o etnia.

 

Para nosotros el colectivo es el elemento de cambio central, en este las mujeres y hombres de cambio se construyen, aprenden y mejoran humana y políticamente, en el vínculo fraterno con los compañeros. Desde el colectivo vamos afrontando las contradicciones de los sujetos, ganando en coherencia práctica. Es este a su vez, el que trasciende como espacio de lucha, el que labra el terreno sobre el que irá creciendo el mundo nuevo y el único capaz de oponer una resistencia real a un sistema tan nefasto y tan bien articulado.

 

En este último tiempo hemos podido constatar que cada vez más compañeros abrazan estas ideas, con lo cual hemos logrado que nuestros planteos tengan mayor presencia en nuestros espacios de inserción. Y desde el 2015 supimos estar en la lucha por el presupuesto y haciendo frente a la represión que vino luego del Codicen, dónde muchos de nuestros compañeros fueron procesados. Hemos logrado fortalecer los sindicatos donde estamos y garantizar la presencia solidaria en los conflictos hermanos, no fue menor nuestro apoyo a lucha contra UBER, por un transporte popular en general, incluyendo la defensa de AFE, el apoyo a la autogestión de la tierra con los trabajadores de Bella Unión o en la defensa de las fuentes laborales como ha sido apoyando a los compañeros de Polo, por nombrar algunos casos. Todas estas peleas estuvieron signadas por la experiencia de la democracia y la acción directa, demostrando a las burocracias que no las necesitamos y que los de abajo podemos tomar la riendas de nuestros propios asuntos sin que nadie intente interpretar “qué necesitamos” o de qué manera conseguirlo. La solidaridad es la trinchera en la que nos hemos encontrado con innumerables compañeros. La construcción colectiva y los pequeños logros que vamos teniendo nos señalan que vamos por el camino correcto, queda mucho por recorrer.

 

“Cuando decimos amplitud, pensamos en un puño cerrado contra el enemigo y un amano tendida al compañero, y pensamos en la unión de esas manos tendidas para formar muchos miles de puños cerrados...Nuestro único odio visceral es contra el enemigo de clase y contra el imperio. Odio visceral sinónimo de amor, también visceral por los compañeros y trabajadores. Odio visceral y fraternidad que se conjugan. Puesto que la vida es lucha. Puesto que la lucha es el gran factor de creación de conciencia...”  ROE, 1972.

 

 

 

Notas

 

[1] Realmente no fue un tema central en la “Nueva Izquierda” Americana, la lucha por la emancipación de las mujeres fue subordinada a la lucha por la emancipación de “los obreros” “los estudiantes” “los campesinos”, en los que ellas se incluían de manera genérica. La idea de que las mujeres eran doblemente oprimidas, por su condición de clase y por su condición de género se propagó luego del exilio, en que muchas mujeres tomaron contacto con nuevos planteos que emergían en Europa. No implica que no existiera aquí dicho planteo, pero era muy marginal.

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