"Mientras el mundo asistía a lo que parecía un ambiente más propicio para la libertad, el capitalismo desarrollaba varios dispositivos de integración al consumo de la mayoría de las poblaciones y la cooptación de las luchas sociales". Entrevista a Regino M*

September 18, 2017

 

 

Hemisferio Izquierdo : ¿Cuales son los principales aportes del pensamiento y el movimiento libertario a las luchas populares por el socialismo?

 

Regino M: Para empezar, lo importante sería poder separar entre anarquismo en sentido restringido (el conjunto de símbolos, banderas y doctrinas) y el anarquismo en sentido amplio, la forma refractaria de existir, de ser, tanto individual como colectiva. Este último, el  movimiento real, no es una “actitud”, mantiene una constante tensión con el orden existente y participa o crea estructuras históricas específicas de intervención en la realidad. La distinción se hace necesaria para entender el carácter de las organizaciones, no anarquistas en sentido restringido, pero indudablemente anárquicas en su accionar y perspectivas revolucionarias. Pienso en las sociedades de resistencia, en el comité de enlace de los sindicatos autónomos rioplatenses, en el ejército insurreccional makhnovista ucraniano, en los comités de defensa en Cataluña, en la organización miliciana Arditi del popolo o en los grupos partisanos italianos, entre otros.

 

El anarquismo no tiene biblias, no agrega ismos luego del nombre de alguna persona, esta condición lo vuelve amplio y a la vez difícil de clasificar. El anarquismo en sentido amplio, entonces, para mí, es el importante y al cual me referiré.

 

Debe tenerse en cuenta que el anarquismo comienza, como doctrina, a finales del siglo XVIII y que ha tenido diferentes propuestas específicas, reflexiones, contradicciones y formas históricas concretas. En él se mezclan la historia de la doctrina específica, la historia concreta de los movimientos históricos y la historia de un modo de ser que los atraviesa y abarca a ambas. Desde los comienzos de lo que luego se constituiría como movimiento anarquista o socialismo antiautoritario, a finales del siglo XVIII, las ideas anárquicas han aportado al socialismo, sobre todo, la idea de autonomía. Frente a todos los peros o excusas, que buscaban la restitución o mantenimiento de algún tipo de tutela, el anarquismo ha proclamado siempre, como método y principio, la confianza en la capacidad de autodeterminación de las comunidades frente a sus amos. Esto puede verse ya en los primeros trabajos teóricos y se mantiene a través de todas sus ramificaciones y diferentes propuestas históricas.

 

La idea de autonomía cruzó a Estados Unidos, donde Thoreau creó el concepto de desobediencia civil; se reforzó, en forma de crítica al centralismo, en los sobrevivientes de la Comuna; se mezcló con filosofías milenarias en Oriente y se impregnó de saberes criollos en América latina. Independientemente de la separación en la primera internacional con el socialismo autoritario al rechazar la opción política, fue la afirmación por la capacidad instituyente, autónoma de las personas, lo que le dio especificidad y definió al movimiento.

 

El aporte principal al movimiento obrero, campesino y revolucionario en general, ha sido la apuesta anti-determinista, de confianza en las propias capacidades humanas de guiar su camino hacia un mundo más libre. Con esta guía, las formas históricas concretas que fue adquiriendo dependieron ya de su contexto particular. El anarquismo creó la CNT, la organización “anarcosindicalista” más influyente que ha existido en el Estado español, pero también alentó en los setentas las asambleas obreras contra los sindicatos en tiempos donde aquellos sindicatos de industria ya no servían como herramienta efectiva. La historia anárquica es también la historia de Fania Kaplan, luchando por la revolución en 1905, encarcelada por su lucha anti-zarista, que luego volvería a ser encerrada y ejecutada, al disparar contra Lenin ante la deriva dictatorial del partido bolchevique, o la de cientos de partisanos vueltos a apresar mientras los nazi-fascistas salían a la calle por la amnistía Togliatti en la Italia del 46.

 

La autonomía no sólo es parte fundamental del análisis anarquista de la realidad sino que constituye su modo de ser, determinando sus propuestas y acciones. El anarquismo ha aportado, siempre, una crítica despiadada al Poder. Entendiendo la diferencia fundamental de lo que constituye el dominio político, el poder separado de la comunidad, separación entre potentia (capacidad de hacer) y potestas (potestad de mandar). Aportó, entonces, a la idea socialista la integralidad y el antiautoritarismo para que las ideas revolucionarias buscaran siempre el equilibrio entre fines y medios. Dicho equilibrio es lo que debe determinar que jamás los oprimidos se conviertan un día en opresores.

 

Esta idea-fuerza no es nada menor y no es patrimonio, por fortuna, sólo del anarquismo. La idea de la construcción de una sociedad de abajo hacia arriba, con órganos administrativos pero sin órganos de Poder, no sólo es una apuesta concreta, sino una afrenta contra los fundamentos mismos de los defensores del paradigma de la “dominación justa”.

 

Independientemente de las propuestas económicas y sociales específicas que deben fraguar y ser dotadas de sentido colectivamente, el anarquismo ha propuesto siempre las formas auto-organizadas, o sea, permitirse experimentar sin fórmulas previas bajo bases de entendimiento común. Esto, tanto para la forma en la que se quiere vivir como en la forma en la que se elige luchar.

 

 

Hemsiferio Izquierdo: ¿Cómo ve la acción política del movimiento libertario en la actualidad? ¿Cuales son los principales ejes de acción y encuadres estratégicos?

 

Regino M: Creo que el movimiento anárquico tiene un desafío muy importante para los próximos años y es que vivimos en tiempos de cambio que amenazan con profundizar aun más la explotación y terminar con el propio sustento del planeta. La propuesta antiautoritaria, la idea de la sociedad auto-organizada al margen y contraria a la competencia, deberá demostrar e influir con más fuerza, en una sociedad acostumbrada a las jerarquías y cada vez más dependiente del mercado. Si bien el movimiento maduró mucho a costa de experiencia y duros golpes, la situación no será fácil, no ya sólo para los anarquistas sino para todo el movimiento social.

 

El movimiento anarquista participa de diferentes expresiones del movimiento social siendo en sí mismo un movimiento polimorfo y heterogéneo, lo cual lo hace difícil de analizar. Los anarquistas forman parte tanto de los procesos más radicales del Kurdistán turco y sirio, combatiendo en el frente con grupos propios contra el ISIS, como también de amplias estructuras de economía cooperativa o de ayuda mutua alrededor del globo. Es destacada su presencia hoy en las luchas con los refugiados o inmigrantes en la Unión europea, atacando, por ejemplo, los centros de internación forzosa, o creando, como en Grecia, la infraestructura solidaria más grande para inmigrantes y refugiados. También los podemos encontrar en las renovadas luchas contra el fascismo creciente, desde organizaciones específicas, antifascistas, o sociales en general. En el caso de América latina, se encuentran en la creación y promoción de asambleas auto-organizadas en defensa del territorio o en la defensa, como en Chile, de más de un centenar de presos políticos (entre anarquistas, mapuches e izquierdistas).

La proyección del movimiento, y creo que así lo reflejan las discusiones actuales, está basada en los cambios profundos que se avecinan y que ya están precipitando al mundo a un nuevo escenario. Los lineamientos son variados, y adaptados a cada región y circunstancia, pero creo que pueden encontrarse ciertas líneas generales que hablan de una perspectiva común.

 

La proyección está basada en dos objetivos: la creación de procesos para restablecer la capacidad auto-instituyente y auto-organizativa de las comunidades y el ataque a las infraestructuras y proyectos de la nueva reestructuración capitalista. Los dos objetivos encuentran, a la vez, en la práctica, accionares diferentes aunque no contrapuestos.

 

Por un lado, en el entendido de que el Estado ha sustituido las diferentes formas de relacionamiento, imponiéndose en todos los espacios sociales y estableciendo la alienación más allá de los lugares de producción, la crítica anarquista se ha centrado en los procesos de dominio cotidiano. Esto puede verse reflejado en las diferentes luchas por la recuperación de los espacios públicos, contra los procesos de gentrificación, contra el narco negocio o contra el canibalismo social, luchas que intentan rehacer y re-entender lo social desde prácticas basadas en la reciprocidad, el respeto y la libertad.

 

La crítica al dominio cotidiano atañe a varios conceptos, como al dispositivo trabajo en las sociedades capitalistas, que ha servido como fundamento de la ideología del progreso. Temas como, la crítica y las luchas contra la policialización de las ciudades, contra los diferentes mecanismos de control como códigos y leyes represivas (presentadas a veces como antiterroristas en nuestra región), la video-vigilancia, la mercantilización absoluta de las relaciones, la cosificación de la vida, o las relaciones patriarcales pueden encontrarse hoy en cualquier texto, periódico, charla o plataforma de información anárquica.

 

Por otro lado, el accionar contra el avance de los proyectos del capital se relaciona a luchas contra la militarización, el saqueo de los territorios y la implantación de las nuevas infraestructuras de devastación. Si uno revisa los trabajos de los diferentes organismos financieros o militares, como en el caso de las Operaciones urbanas para el 2020 de la OTAN, o los trabajos propios de los ejércitos de la región, puede ver como éstos prevén la transformación de la guerra tradicional en guerra asimétrica (cosa que vemos desde hace un tiempo), y cómo los procesos de “crisis parciales” traerán nuevos tipos de tensión social y enfrentamiento. Nada nuevo bajo el sol, pero ahora amplificados y de aparición continuada. Cada vez más, la intervención de los aparatos militares y de seguridad se dará en el espacio urbano, donde ya se concentra la mayor parte de la población. Ya en el año 2000, el grupo de investigación Finanza y desarrollo del Banco mundial alertaba que “la pobreza urbana llegará a ser el problema más importante y políticamente más explosivo del siglo que viene”, condición que el crédito y las cárceles ya no podrán apaciguar.

 

Así como las fuerzas de ocupación estatal se preparan para posibles escenarios y prevén un descontento creciente, el anarquismo intenta prepararse para colaborar en la defensa de la sociedad ante nuevos procesos de profundización de la violencia estructural. La creciente urbanización de la pobreza, los desbalances energéticos o el cambio climático por la progresión de la explotación, están creando y crearán, en los próximos años, tensiones que dan algunas claves, no sólo de la urgencia de los proyectos revolucionarios, sino de algunas de sus posibles características. Al parecer, el empeoramiento de las condiciones de vida será el factor principal de desorden y conflicto. Los movimientos revolucionarios afrontan la fragmentación cada vez más grande de las poblaciones y el crecimiento exponencial de las tensiones que suelen explotar a la interna de las ciudades. El movimiento anarquista propone formas sociales auto-organizativas, descentralizadas, y autónomas para enfrentarse al nuevo escenario. En sí, recrear la vida en sociedad desde bases sustentables, de cooperación, con economías locales, sin lucro y basadas en la reciprocidad y no en la coerción.

 

Estas razones han llevado en los últimos años, entonces, al movimiento anarquista a volcarse a las luchas contra los avances de las infraestructuras del capital, contra sus planes, como el IIRSA-COSIPLAN[1], contra los procesos de devastación que el extractivismo crea y contra la militarización que le acompaña.

 

Me parece que, entonces, la creación de auto-organización, y el ataque a las estructuras y planes de la reestructuración capitalista forman una dialéctica que define el accionar anarquista actual.

 

Hemisferio Izquierdo: Es posible advertir una paradoja respecto a la situación del movimiento libertario uruguayo en la actualidad. Por una parte, después de la caída del muro de Berlín, muchos aportes del pensamiento libertario evidenciaron toda su vigencia, al punto de penetrar en buena parte del pensamiento marxista y socialista contemporáneo. Sin embargo, esta suerte de "éxito teórico" coexiste con la crisis política del anarquismo como movimiento de masas, al menos si lo comparamos con lo que fue el movimiento libertario uruguayo en buena parte del siglo XX. ¿Coincide con la existencia de esta paradoja? ¿A qué se debe?

 

Regino M: Me parece que no es del todo válida dicha paradoja pues uno de sus postulados puede ser al menos matizado. Ese “éxito teórico” no coexistió con la pérdida de influencia de las organizaciones anarquistas “de masas” sino que se dio en otro momento. Además, ese momento coincide con la renovación teórico-práctica de las comunidades de lucha. Me explico, si bien es cierta la influencia de las ideas anarquistas en ámbitos académicos y sociales, digamos, luego de la caída de los partidos de vanguardia, la influencia anárquica y libertaria también se ha reavivado en el ámbito de las comunidades de resistencia. El factor que creo debe tomarse en cuenta, es el del bajón general de estas comunidades asociado a la integración de la población al consumo masivo. La derrota del último empuje revolucionario a nivel mundial del proletariado de los años setenta condujo en todas partes, acá también, a un proceso de integración de las personas que fueron ascendidas a “clientes”. Proceso que sucedió mientras desaparecía el viejo mundo donde el pobrerío compartía una cultura, valores y hasta una aspiración en común.

 

En el territorio uruguayo, la dictadura cumplió el cometido de aniquilar las esperanzas de una resistencia ya diezmada y preparó el terreno, económica y socialmente, para que la Democracia liberal reacomodara los tantos. En todas partes encontramos procesos similares, donde la izquierda fue reintegrada (y reconvertida) asimilando cada vez más los discursos capitalistas y posibilistas, y los sindicatos terminaron convirtiéndose en furgón de cola del capital. Hay excepciones, claro, pues esos procesos fueron complejos, encontramos siempre a los que quieren restablecer el terreno político perdido que antaño le tocaba a los Estados, sindicatos que molestan más o menos, y empresarios que no se adaptan y quieren la total desregulación. Pero tensión más, tensión menos, los procesos han sido similares y las estructuras que siguen siendo “de masas” no se corresponden a estructuras de resistencia con el objetivo de subvertir el orden sino que forman parte de la administración. El hecho no pasa por qué dirección tienen estas estructuras pues es un tema estructural. Paulatinamente los sindicatos quitaron de su lenguaje todas las palabras y prácticas subversivas para erguirse como defensores (los más grandes) de las reformas dentro del orden impuesto.      

 

Entonces, es cierto que con la caída del llamado “socialismo real”, el capitalismo de Estado, se produjo un potenciamiento de las ideas anarquistas. Empero, esto último puede entenderse como la simple evolución que en algunas ramas del pensamiento fueron haciendo las ideas de autonomía contra ciertos dogmas de izquierda. Dicha tensión, entre determinismos, dogmas y formas de comprensión más amplias, no comenzó ahí, ni tampoco puede ser reducida a anarquismo contra marxismo. Dentro de las ideas que comenzaron a potenciarse encontramos la influencia de la crítica cultural, la antropología, la filosofía política, la crítica anti-desarrollista, el feminismo y el ecologismo. La verdadera paradoja, creo, se encuentra ahí. Mientras el mundo asistía a lo que parecía un ambiente más propicio para la libertad, el capitalismo desarrollaba varios dispositivos de integración al consumo de la mayoría de las poblaciones y la cooptación de las luchas sociales. La derrota de las antiguas formas de resistencia produjo el decrecimiento de la resistencia masiva mientras nuevas formas comenzaban a surgir y a encontrar su camino.

 

En el Río de la Plata, la influencia anárquica, en la mayoría de las clases populares, se había debilitado gracias al ataque directo del Estado y la influencia de corrientes parlamentaristas y populistas, fenómeno que hizo desaparecer, con excepciones, las organizaciones anarquistas del continente. Por ende, si bien puede verse un “resurgir de las ideas”, éste no coincide con la pérdida de influencia en las poblaciones. El resurgir de la influencia anarquista, coincide, con la reestructura de las organizaciones de resistencia en un contexto donde muchas de las antiguas formas transmutaron en estructuras de defensa, cogestión, y control del orden capitalista. Las ideas no centralistas, de auto-organización y de acción directa, han comenzado a influir de forma determinante en las distintas comunidades de lucha, en muchos casos alejadas o hasta contrarias a viejas formas de la resistencia pasada. Es clara su influencia, en ámbitos, que por momentos pueden tener cierta masividad, pienso en la lucha contra la minera Aratirí, con su organización de cientos de personas en asamblea y sin partidos políticos ni ONGs participando de forma explícita. Lo que hay que tomar en cuenta, en este punto, es que la masividad vinculada a los antiguos ámbitos resistentes propios del capitalismo industrial ha desaparecido. Las luchas del presente –y futuro- podrán ser masivas pero sólo en tanto rompan con los ámbitos de integración al Capital. Las huelgas deberán volver a ser “salvajes”, pues deberán cuestionar realmente lo existente desobedeciendo las esencialidades estatales, las asambleas de trabajadores deberán desobedecer a sus dirigentes, y los territorios en lucha deberán, como en el ejemplo de Aratirí, oponerse a la postura sindical cuando defiende los intereses de las empresas para salvar al trabajo.

 

Los diferentes ciclos de la lucha antinuclear, la lucha contra la devastación (Trenes de alta velocidad, gentrificación, desahucios), anti-militar, anti-globalización, o los ejemplos de la plaza Tahrir, Occupy wall street, el 15 M, y un sinfín más de luchas que adquieren formas horizontales y de acción directa, muestran tal influencia en el presente. En el caso de América Latina, en las luchas en defensa del territorio como las del Tipnis o wallmapu, o contra el plan IIRSA, también encontramos la elección mayoritaria hacia formas autónomas y no delegacionistas. El anarquismo en su sentido no restringido, hermano de otras corrientes autónomas, muestra que la solución militarista y centralista no tiene cabida en los nuevos tiempos.

 

La verdadero misterio, entonces, es cómo en el presente donde los medios de control y de creación de subjetividad son tan poderosos, en donde derecha y progresismo alientan la idea de que sólo la democracia liberal es posible, existe aún una resistencia que se plantee un cambio radical. Cómo surgió en territorio uruguayo por primera vez en años, una resistencia unida, y a la vez descentralizada contra diferentes estructuras del IIRSA, como el puerto de la Paloma, Aratirí y la regasificadora. Cómo un puñado de personas auto-organizadas lograron cerrar el infame zoológico Villa Dolores con toda clase de acciones directas. Cómo grupos de vecinos han logrado ocupar decenas de terrenos al este de Montevideo. O cómo se logró mantener un local social ocupado como la Solidaria, en franca oposición al Estado y al capital, durante cinco años. Local que, además, logró resistir un intento de desalojo de las fuerzas del orden y que generó infinidad de actividades gratuitas, y permitió, reuniones y coordinaciones de diferentes luchas, todo en el centro mismo de la ciudad. Y más aun, cómo, frente a la avalancha de propaganda contra el espacio de parte de la prensa y la policía, aun hoy logra niveles de apoyo en el barrio.

 

 

* Regino M es un militante anarquista. Formó parte de la experiencia "La Solidaria".

 

 

Nota

 

[1] Por sus siglas, Iniciativa para la integración para la infraestructura Regional Suramericana, y Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento, son varios planes vinculados a los corredores inter-oceánicos. La “puesta al día” de la infraestructura, involucra una reestructura económica, social y militar.

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