La polémica estratégica sobre el camino al socialismo en el Uruguay entre modelos. 1954-1973 (3ª parte)*

August 16, 2017

 Imagen: Oswaldo Guayasamín

 

 

(Finalización del artículo cuya segunda parte se publicó en el número de agosto)

 

 

5. La variante olvidada de Cariboni

 

Las teorías de Trías (no solamente él) no eran simples teorías ni sus errores teóricos quedan allí. La “revolución nacional” implica una estrategia, esto una metodología, y esto a su vez un tipo de acción. Las acciones tienen consecuencias. La discusión teórica se trasladó a los hechos. Uno fue la guerrilla, pero un determinado tipo de guerrilla. Sería injusto discutir esto “post festum”, y poco útiles las críticas al foquismo en su tiempo por fuera de la acción armada. En cambio, recuperemos la primera crítica marxista a la estrategia de lucha armada bajo el concepto de revolución nacional, hecha en Uruguay en forma contemporánea a esa guerrilla misma, y desde otra opción armada.

 

En 1972, Raúl Cariboni, dirigente de la “Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales” presenta un documento interno de crítica a la guerrilla tupamara y al foquismo. Circuló clandestinamente dentro de esa organización, y muy poco más. Salió a luz en versión resumida, Alfaguara Nros. 12 y 14, y hoy en Internet[1].

 

La OPR-33 es un afluente menor de nuestra izquierda radical actual. Aunque su crítica al foquismo era desde una organización que repetía (algo mejorado) el error que criticaba, tomamos de esto la ventaja de sus conclusiones en el plano militar. Y nos interesa su enfoque de la cuestión nacional.

 

Cariboni parte de un análisis más amplio de la lucha en Latinoamérica y la estrategia revolucionaria. Para él, Cuba es un caso excepcional y no repetible de proceso reformista pequeñoburgués como otros, como el boliviano que lo precede. Trías ve en Bolivia una revolución nacional frustrada; Cariboni, el destino normal de estos procesos, pero por una coyuntura particular Cuba desborda ese límite, luego el imperialismo reajusta su aparato de dominación para que no vuelva a ocurrir. No puede tomarse por modelo, el intento de copia contribuye al fracaso de las luchas en la década siguiente. No critica la guerrilla tupamara por tomar las armas sino por su naturaleza política que determina su naturaleza militar. Los fundamentos políticos de esta guerrilla estarían transpolados de la guerrilla anticolonial o antidictatorial, que no implican la destrucción del régimen burgués sino un recambio dentro de él. Pero la lucha revolucionaria latinoamericana debe implicar la destrucción del aparato represivo, esto requiere una dimensión de trabajo ideológico, propagandística, organizativo, de masas, cualitativamente distinta. Hay un tajo entre la lucha de liberación nacional anticolonialista (burguesa) y la lucha socialista anticapitalista (obrera). Frentes sociales distintos, bases ideológicas y exigencias políticas, organizativas, y (por ende) militares también distintas. Es imposible ganar a las masas para la lucha revolucionaria con una propaganda nacionalista o vagamente contestataria. Solo un trabajo político profundo y socialista quebrará la hegemonía de la ideología burguesa.

 

No es una mera diferencia teórica. Cariboni ve una relación causal que determina la derrota de la guerrilla. El fundamento de la estrategia de propaganda armada está en el concepto de revolución nacional más que social. De ahí el desprecio al trabajo político orgánico de masas, la táctica del “impacto psicológico” de las acciones intentando sortear la ausencia de condiciones para un enfrentamiento armado generalizado. Se termina así sin contar con bases para un repliegue cuando la guerra lo impone, y la cuerda se corta por lo más delgado: la incapacidad de reponer los locales que caen. Lo original en Cariboni es no quedar en la crítica ideológica y abstracta al foquismo sino llevarla detalle por detalle a lo más concreto de la acción.

 

Y da un paso más, invierte la sucesión temporal de Trías. En vez de comenzar una revolución nacional que termina en el socialismo, para Cariboni se comienza una revolución socialista, la lucha es inevitablemente internacional y debe asumir la defensa nacional de la revolución. En orden cronológico, pone primero lo que era “segunda fase” y después la “primera”. No es menor, esa cronología (tanto en Trías como Arismendi) es un eje fundamentado en la necesidad de llegar a condiciones históricas previas sin las cuales el socialismo no es posible.

¿Y a quién da la razón la experiencia histórica? En Cuba, la lucha del 26 de Julio y la toma del poder fue aceptada por el imperialismo y las burguesías latinoamericanas. Pero luego Cuba fue bloqueada, asediada y agredida por el imperialismo, no por su nacionalismo, por las reformas sociales más profundas de lo que el imperio podía tolerar. La revolución social condujo a la necesidad de la defensa nacional.

 

 

6. Yendo a las fuentes

 

Nuestra izquierda es tributaria de la Revolución de Octubre, y en las discusiones teóricas se invoca a los bolcheviques. Para completar, despejemos algunos aspectos.

 

a) La polémica sobre la transición al socialismo

 

Los bolcheviques fueron modificando sus ideas sobre la revolución rusa en curso sin terminar de ponerse totalmente de acuerdo. Antes, la mayoría de sus cuadros fue exterminada por la dictadura estalinista. Lenin muere a pocos años de Octubre, fue modificando sus opiniones sobre problemas ulteriores a la toma del poder, no llegó a una concepción definitiva ni fue testigo del desenlace. Sus textos contradictorios son usados por distintos bolcheviques apoyando posturas divergentes.

 

Esto no disminuye el enorme valor del debate de los bolcheviques, continuando el de revolucionarios del siglo anterior sobre la revolución social en un país atrasado, para lo que habían consultado a Marx (correspondencia con Vera Zasulich). Y si los bolcheviques no completaron una teoría, tomaron sí la idea propuesta por Marx: esa revolución es posible sí -y solo sí- se inserta en un proceso revolucionario proletario internacional. Esa fue su única “teoría de la transición”.

 

El esperado auge revolucionario en Europa vino pero fue derrotado y se dio una situación imprevista: la revolución rusa solitaria y aislada. Los bolcheviques buscaron una salida. En la compleja discusión de Lenin, Trotsky, Preobrashensky, Bujarin, Smirnov, Kollontay, aparecen ideas nuevas: ley de acumulación socialista primitiva, sociedad de transición, vigencia relativa de la ley del valor, y otras que se deben contextualizar en su coyuntura.

Para distinguir el proyecto revolucionario de lo que la realidad les forzaba a hacer, hablaron de “sociedad de transición” como distinta a “socialismo”; no un plan de revolución en un país atrasado sino resultado de la lucha por la supervivencia. Para Marx la revolución obrera iniciará una larga transición hacia la sociedad sin clases (comunismo), comienza aboliendo la explotación del trabajo, en las formas que permita el desarrollo objetivo de las fuerzas productivas pero rompiendo las relaciones de producción capitalistas. Lo llamó “estadio inferior del comunismo” y los bolcheviques “socialismo”. Aunque el camino concreto es muy distinto según las condiciones, Marx no supone una revolución “de transición hacia la transición”. Eso surge en la falsificación burocrática del socialismo para justificar la sociedad congelada que mantiene y acentúa las desigualdades y reproduce la explotación. Se habla de socialismo como sociedad estable, modo de producción. Y en el “campo socialista” habría países con “condiciones objetivas” para construir el socialismo, y países que tienen que “transitar a”. Pero para Marx, los bolcheviques, el Che, la condición del socialismo es el capitalismo como sistema mundial. No tiene sentido hablar de “etapa nacional de la revolución” porque una revolución que solo puede triunfar internacionalizándose es lo opuesto a una revolución nacional.

 

 

b) El derecho de auto - determinación y la lucha antiimperialista

 

La defensa de Lenin del derecho de auto-determinación de los pueblos ha sido vista como una estrategia nacionalista, pero es una táctica de la revolución socialista mundial. No proponía un mosaico fragmentado de estados de base étnica o cultural, sino una unión fraterna de pueblos: la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas. Luego desvirtuada y transformada en “cárcel de pueblos”; no por ello la fragmentación nacional es una alternativa progresista, como lo muestra el panorama actual del Este europeo.

 

Yugoslavia con Tito fue un enorme paso hacia las relaciones democráticas y fraternas entre pueblos, no era una nación ni un estado nacional sino lo contrario, un estado plurinacional y pluricultural.

 

En los primeros años de la IC se presta atención a las luchas de liberación nacional en los países oprimidos por el imperialismo. En el Segundo Congreso, a propuesta del comunista indio M.N. Roy se los apoya sólo en tanto sean verdaderamente revolucionarios. No cualquiera que se oponga coyunturalmente al imperialismo es aliado de la causa socialista. Como decía Mariátegui no somos simplemente antiimperialistas, somos socialistas y por ende antiimperialistas.

 


c) Los límites del leninismo

 

La teoría de la revolución por etapas en países de desarrollo capitalista “incompleto” no es mera falsificación del pensamiento leninista. Es el punto de partida no solo de Lenin, de casi todo el marxismo de ese tiempo.

 

Poco antes de su muerte en “Notas de un publicista”[2] enumera los “errores de Rosa Luxemburgo” (en realidad las discrepancias que tuvieron entre sí), y pone allí el problema de la independencia de Polonia. En 1903 el POSDR se pronunció a favor, a Rosa le pareció que con su territorio fragmentado en varios imperios y una mezcla de varios pueblos, sin una burguesía nacional progresista, la consigna no tenía valor para los socialistas revolucionarios. Lenin, que había opinado diferente, se retrotrae a esa discusión. Y pasa por alto la guerra de 1920, donde el Ejército de la Rusia bolchevique invade Polonia y es derrotado por el ejército polaco de Pilsudski, “socialista” que, formalmente, estaría cumpliendo con lo que afirmó el POSDR de 1903.

 

El planteo de Lenin es desarrollado en “El derecho de las naciones a la autodeterminación” de 1914. Allí expresa y claramente toma contra Rosa los argumentos de Kautsky[3]:

 

"(...)para la victoria completa de la producción mercantil, es necesario que la burguesía conquiste el mercado interior... con población de un solo idioma [para...] una circulación mercantil realmente libre y amplia, correspondiente al capitalismo moderno... la tendencia de todo movimiento nacional es formar Estados nacionales, que son los que mejor cumplen estas exigencias del capitalismo contemporáneo(...)"[4].

 

En los países en que el capitalismo no ha “completado” su desarrollo (modelo: Europa occidental y EEUU) los socialistas proletarios deben apostar a ese desarrollo capitalista (la revolución por etapas), y el Estado-nación es una consecuencia. En 1916 es aun más claro; en “La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación” distingue “tres tipos de países”: capitalistas adelantados, Este de Europa, y países semicoloniales. En éstos “los socialistas deben apoyar de la manera más decidida a los elementos más revolucionarios de los movimientos democrático- burgueses de liberación nacional... contra las potencias imperialistas”.

 

Más claro aun es “Democracia y populismo en China”, de 1912, sobre Sun Yat Sen. Luego de elogios lo califica de “populista ruso”, narodrnik, “socialista subjetivo” que no lo es pues se deja llevar por la ilusión de “eludir” el capitalismo en China[5].

 

A partir de los hechos es que Lenin va rompiendo con este pensamiento, pero solamente para Rusia. Cuando Rosa pregunta: “¿Puede acaso hablarse en serio de la "autodeterminación" de los montenegrinos, serbios, búlgaros, rumanos, griegos...”, le contesta: “El ejemplo de los Estados balcánicos habla también contra ella, porque cualquiera puede ver ahora que precisamente a medida que se crean en esa península Estados nacionales independientes se van dando las condiciones más favorables para el desarrollo del capitalismo“ [El derecho... ]. No llegó a ver el final de la película.

 

Cuando el Segundo Congreso de la IC modificó en algo esa posición para Asia, a propuesta de Roy, éste no representaba a la India sino al Partido Comunista de México. Los Cuatro Primeros Congresos ni mencionan a América Latina y el Caribe. No se dieron por enterados que poco antes de su revolución hubo una en México. Y el PC de México apoyaba al gobierno de Venustiano Carranza.

 

 

7. Recapitulando

 

El Estado-nación es un programa político de la burguesía para garantizar el modo de producción capitalista cuando se requería un grado de acumulación capitalista en la época histórica de las revoluciones burguesas. Hoy, al cambiar la forma de acumulación, el nuevo programa burgués promueve la liquidación parcial de los estados nacionales en a periferia. Las nuevas formas políticas transnacionales están en contradicción con las anteriores. No por ello los revolucionarios socialistas debemos asumir la idea burguesa de la nación. Las naciones no originaron los nacionalismos, son los nacionalismos los que crearon las naciones, esa es la conclusión de Eric Hobsbawm en “Naciones y nacionalismos desde 1870”.

 

La polémica que vimos en los 50/60 sobre aliarse o no con un ala de la burguesía arranca mucho más atrás y se prolonga aún hasta hoy. Es determinante de la estrategia de la izquierda. Sin embargo, no fue en aquella coyuntura la más importante. Cedió ese lugar a la polémica sobre “las vías” (armada o pacífica). Y aunque las polémicas se superponen y los alineamientos se polarizan en paralelo, no coinciden entre sí.

 

El desplazamiento ocurre por varias causas, por influencia de la Revolución Cubana y la política de su dirección, y también por nuestra propia situación. La organización más importante de ese tiempo es el PCU, el recién nacido MLN fue rápidamente una segunda fuerza, pero menor. La frontera “vía pacífica/vía armada” pasaba entre ambas, pero la polémica sobre las alianzas con sectores burgueses dividía también al sector combativo ya que un ala de él compartía la visión estratégica etapista del PCU. El núcleo fundante tupamaro arranca del PS influido por Trías, pero la metodología y táctica del foquismo se basa en la acumulación rápida por la acción. En víspera de la dictadura terrorista la izquierda más lúcida comprende que el movimiento popular está inerme, dada la hegemonía reformista. Ante esto, la polémica sobre las vías fue el parteaguas.

 

En los años recientes el problema es distinto. Una cosa es discutir el futuro posible de la lucha revolucionaria, y otra las opciones políticas presentes. La derrota que fue la dictadura quitó temporalmente de la agenda la lucha armada. Con la restauración de las instituciones los sectores con pasado armado reciclaron su actividad política a la lucha legal, como en otras partes de América Latina con variadas y conocidas “autocríticas” y pedidos de perdón. Luego se produce el colapso del “socialismo real” con consecuencias parecidas en los PCs (autocríticas, pedidos de perdón...). Sin lucha armada ni campo socialista las diferencias entre PCU y MLN se disfuman. Esto profundiza la crisis en ambos, y son desplazados por otros más reformistas. Una es el PS que ha desandado el distanciamiento de la socialdemocracia que recorrió Trías. Ambos partidos, PS y PCU, revisan sus planteos clásicos introduciendo nuevos “escalones previos” para expresar una adaptación mayor a la política circunscrita al marco de la actual dominación burguesa.

 

La modificación política no queda en esa ala de la izquierda. En la izquierda combativa hay también quienes compartían la estrategia de aliarse con un sector de la burguesía. Es consecuencia de como se dio su formación. Y aunque aquel “reformismo armado” tuviese en su momento un eco parcialmente combativo hoy ya no lo tiene. La oportunidad de la izquierda radical hubiese sido comenzar un proceso de redefinición ideológica, aprovechando la crisis de los oportunistas. Pero nuestra debilidad ideológica y fragmentación fueron obstáculos. Aquel país ya no existe. Ni su nivel de lucha, ni de pensamiento, ni audacia intelectual. Pero de algún lado habrá que sacar las fuerzas.

 

 

* Tercera parte de la ponencia presentada por el autor en el II Coloquio internacional marxista de historia, Córdoba, Argentina (octubre 2016). La primer parte sobre el pensamiento de Rodney Arismendi se puede leer aquí y la segunda sobre el pensamiento de Vivián Trías aquí.

 

 

** Investigador y militante político. Fue coordinador de la revista Alfaguara y la publicación electrónica La lucha continúa, fue también fundador del Encuentro Latinoamericano de Revistas Marxistas. Es colaborador de varias publicaciones y centros de debate.

 

 

Notas

[1] http://federacionanarquistauruguaya.com.uy/2011/04/27/copei-1a-parte-documentos-de-fau-1972/ y http://federacionanarquistauruguaya.com.uy/2011/04/27/copei-2a-parte-documentos-de-fau-1972/

[2] https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe12/lenin-obrasescogidas12-12.pdf

[3] https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/derech.htm

[4] https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/derech.htm

[5] https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe12/lenin-obrasescogidas03-12.pdf

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