• José Carpelino

Entrevista a José Carpelino, militante contra las privatizaciones de los 90


Imagen: Fernando Ponzetto


Conversamos con José María Carpellino, trabajador de la UTE. Ingresó en el año 78 y realizó toda su carrera funcional en la Central Batlle. Fue miembro de la coordinadora pro AUTE desde el 82-83 en la clandestinidad y miembro de la dirección de AUTE desde el 83 hasta el 2001. Actualmente, continúa trabajando en la UTE aunque más distanciado de la militancia. Habiendo participado activamente de las luchas contra la privatización en 1992 así como contra el marco regulatorio del sector eléctrico en 1997, aprovechamos para conversar sus experiencias y aprendizajes.


Entraste a trabajar a la UTE en 1978, ¿cómo era ser funcionario de la UTE en dictadura?


Fijate que sin sindicato, éramos dependientes de cómo se levantaba el "Coronel", así le decíamos al director de la UTE, que en realidad era General, el Gral. Cirilo. Y la verdad es que no se podía hacer absolutamente nada, por poco no nos hacían marcar el paso. La construcción de una herramienta colectiva fue un desafío enorme. Nosotros empezamos en la Central Batlle con temas de Seguridad Industrial y falta de mantenimiento, así empezamos a juntar a la gente y ese fue el primer paso de reuniones más grandes y más politizadas. Pero eso fue recién en 1982, un momento en el que teníamos condiciones de trabajo muy jodidas. Pero la gente respondió y nosotros con un montón de dudas empezamos ese camino. Primero con Seguridad Industrial y después con compañeros de otros sectores, empezamos reuniones más politizadas con el objetivo de generar una organización sindical.


¿Y es ahí que nace la “Coordinadora pro-AUTE”?


Sí, yo fui fundador pero no estuve en la primera reunión, habían otros compañeros y compañeras. Ya eran reuniones más politizadas, compañeros y compañeras del Partido Comunista del Uruguay, del Partido de la Victoria del Pueblo, de la Izquierda Democrática Independiente y bueno, en toda esa maraña nosotros nos metimos. Y así surgió la Coordinadora Pro-AUTE que se reunía en el local del sindicato de la Onda, cerca Joaquin Suárez, el local funcionaba como centro social. Nos reunimos ahí, en una época en la que no había fuero sindical ni nada, era todo clandestino.


¿Y luego viene la reapertura democrática?


Sí, el movimiento sindical jugó un rol fundamental ahí. Fue el primero que salió a la calle. El Ministro de Trabajo era el Coronel Volentini, y debido a las movilizaciones, se logró en la negociación que nosotros podíamos armar organizaciones de primer grado con 15 personas. En ese entonces, ya teníamos federaciones y el Primero de Mayo del 83 fue la frutilla del postre de todo nuestro esfuerzo. Había unas 100 mil personas y esa fue la vara para medir todo el esfuerzo que estábamos haciendo para volver al sistema democrático. Pero desbordó a los propios organizadores. Para nosotros fue brillante. Y a partir de ahí empezaron los conflictos directos con la UTE. Entre Diciembre de 1984 y febrero de 1985, se ponen sobre la mesa un montón de reivindicaciones postergadas en las cuales ganamos todos los conflictos. Empezamos en el primer conflicto en diciembre de 1984 con 2.500 asociados, y en febrero de 1985 teníamos ya casi 4.000. Imparable la dinámica del sindicato, recuperando parte de lo perdido en dictadura.


¿Cuáles eran las reivindicaciones?


Las 40 horas semanales, la vuelta de la Ley de Trabajo Insalubre, aumento salarial, unos préstamos de mucha plata a pagar casi sin intereses y algunas cosas de Seguridad Industrial. Eran cosas muy pequeñas tal vez pero que significaban mucho para los trabajadores. Conseguimos un aumento salarial por encima de lo que proponía la OPP en aquél entonces. Todo eso acumulaba para aumentar la credibilidad del sindicato. Y teníamos libertad, eso ayudaba mucho al crecimiento del sindicato. Era un momento de alza y mucha consciencia después de 10 años de represión y sin poder organizarnos. En ese momento era imparable, chiflabas y salía toda la gente a la calle.


Pero seguramente con la democracia también vinieron nuevos desafíos, ¿no?


Sí, ahí nosotros pensábamos que éramos el centro del mundo. Pero bueno, había una multipartidaria (en referencia a la CONAPRO), y pacto del Club Naval mediante y todo eso. Recuerdo que Semproni lo dice en una reunión en AEBU: “a partir de ahora las decisiones políticas las va a tomar la multipartidaria y el PIT (que así nos llamábamos en ese entonces) se iba a encargar de las movilizaciones”. Así que ahí empezamos a quedar subordinados a la multipartidaria. A partir de ahí habíamos perdido peso en las decisiones políticas.


Y bueno, después en noviembre de 1983 sale “Ríos de Libertad” y se vuelve imparable el movimiento a nivel nacional. Ya no eran los trabajadores, era el conjunto del pueblo.


¿Y qué pasa con la UTE? Vuelve la democracia, primero Sanguinetti y después asume Lacalle Herrera. Y con él, la Ley de Servicios Públicos.


Nosotros empezamos a visualizar una ofensiva contra las empresas públicas a nivel mundial. Estudiábamos los planes del Banco Mundial, como una manifestación del imperialismo, y en esos momentos ya se planteaba el cambio de los papeles de deuda que emitían los estados y que no valían nada. Y con Multinacionales venían a cambiarte esa deuda para comprarte todo. Eso ya estaba cuando empieza el plan de pago de deuda con Nicolás Brady, se conoció como el Plan Brady. Y en esa estaban Brasil, Chile, y nosotros en Uruguay no estábamos ajenos.


La ley de empresas públicas plantea la privatización de todas las empresas públicas. Eso fue como un mazazo en la cabeza de todo el movimiento sindical, hasta el propio Sanguinetti decía “no vendan las joyas de la abuela”. Ahí se dio una comisión de trabajo y luego, por un 72% salió a favor de no privatizar. Eso estaba cantado porque formaba parte de nuestra idiosincrasia.


En esa campaña, yo me agrego en marzo recién porque yo estaba luchando por una papeleta rosada que era contra todas las privatizaciones. Había una minoría, de la que yo integraba, que estábamos contra todas las privatizaciones, mientras que la mayoría planteaba derogar 5 artículos que eran los genéricos. Ahí se privatizaba Pluna, AFE, por ejemplo, ahí se divide el movimiento. Cuando perdimos, que sacamos unos 22 mil votos nomás, nos sumamos a la campaña de la papeleta blanca. Es como pasó ahora con la Ley de Urgente Consideración. La cosa es que para poder ganar precisas hacer una cosa amplia. La amplitud que precisas te implica coordinar con movimientos con los que no sos tan compatible, por decirlo de alguna forma. Es la misma historia ahora que en aquel entonces.


Igual, el plebiscito del 92, fue nuestro caballito de batalla para más adelante. Nosotros decíamos, cuando intentaron implementar la Ley de Marco Regulatorio, decíamos siempre como no pudieron con todas juntas (en el 92) ahora empezaron de a una y la primera fue la UTE.


En esos años viene a la UTE una consultora española, FENOSA, que viene a preparar a la UTE para privatización. Ellos decían que la UTE estaba para generar, transmitir y distribuir y que los servicios sociales (o auxiliares) se tenían que suprimir todos. En esa época, éramos unos 12 mil trabajadores y la propuesta de la consultora significaba reducir la plantilla casi a un tercio, cosa que nosotros rechazábamos. Era un plan para quedarse con los recursos de la UTE pero era un plan internacional. AUTE ahí trabajó con fuerza una campaña, en la Sala Maggiolo hicimos un evento donde estaba todo el movimiento político y social que se llamaba “Para iluminar un tema oscuro”.


En realidad, para nosotros, lo más complicado de todo era convocar a nuestra propia gente. Porque vos decías que se iban a quedar sin trabajo cuando la gente tenía el puesto de trabajo asegurado, entonces lo más difícil era trabajar para contar con la fuerza y concientización de los trabajadores. Como anécdota, me acuerdo que el Ruso Turiansky siempre decía que habían estado muchos años a nivel militante preparando la defensa de la democracia en caso de golpe de Estado pero a nivel de UTE, siempre se centraron en las reivindicaciones económicas típicas con las que lidian los delegados. Y bueno, a nosotros nos había tocado algo muy complicado que era la defensa de la empresa pública como empresa pública y también la defensa de los puestos de trabajo. Y fueron años complicados, primero politizar al congreso de delegados para después politizar a toda la base.


Intentamos armar una organización con compañeros de Mar del Plata, Paraguay, etc. la COSEM (Coordinadora de Sindicatos de la Energía del Mercosur). Nosotros apelábamos a todas las herramientas posibles, la experiencia de gente que ya había privatizado todo, la experiencia previa nuestra, etc. El objetivo era politizar a quienes iban a militar para derogar, teníamos que tener un sindicato preparado. Y concientizar y politizar fue nuestra lucha, hacerle ver el rol de las empresas públicas a la gente. Para nosotros no es un cliché, cuando decimos que las ganancias de una empresa pública va a educación, salud y vivienda a través de rentas generales, no lo decíamos por decir, lo decíamos porque lo sentimos. Las empresas públicas son un factor detrás de la calidad de vida de los uruguayos. Eso es lo que le queríamos mostrar a la gente, no solo peleábamos por los puestos de trabajo sino por el rol productivo y social de las empresas públicas. Eso por suerte caló.


Ahí, también “tuvimos suerte”. Cuando la gente vio lo que estaba pasando en Argentina, cuando vieron que no tomaban más funcionarios y proliferaban cargos tipo becarios y pasantías, hasta los propios gerentes se entraron a preocupar al punto que podíamos decir que en buena medida fueron aliados en la lucha. Te voy a dar un ejemplo de concientización, el 8 de marzo era la primera instancia, precisábamos unos 540 mil votos y teníamos unos 250 mil votos. Marzo, calor, la gente en la playa, se habían olvidado de las empresas públicas. Sumale la caída del Muro de Berlín, los trabajadores sin perspectiva en un mundo unipolar, Jeremy Rifkin que hablaba del mundo del trabajo, Francis Fukuyama del fin de la historia, teníamos todos esos problemas. Bueno, el 9 de marzo, después de que faltaron los votos en la primera instancia, aparecen gente vinculada a Volonté al sindicato (AUTE) a hacernos una “propuesta”. La misma implicaba modificar la carta orgánica de la UTE pero garantizaban los puestos de trabajo. O sea, que toda nuestra prédica de pérdida de puestos de trabajo se caía pero a costa de privatizar la UTE. Y nosotros podíamos haber dicho, en dos segundos nos dió para ganar todas las fuentes de trabajo pero nosotros salimos en defensa del rol social y productivo de las empresas públicas. Les enrostrábamos citas de José Batlle y Ordóñez. Y fuimos a la segunda instancia. Al principio solos, y después más en la recta final se sumó el Frente Amplio. Lamentablemente nos faltaron 40 mil votos.

Y aunque parezca mentira, en el movimiento sindical, la derrota enseña. Por ANTEL, por ANCAP en 2003, por el agua en 2004, AUTE tuvo una militancia importante. Apoyábamos con militancia y con recursos. A la interna de AUTE teníamos distintas concepciones y debates muy fuertes. Pero la defensa del desarrollo nacional nos unía y cuándo nos vinieron con el garrotazo a sacar las empresas públicas, se acabaron las diferencias.


Fuimos derrotados pero fuimos ejemplo “por la inversa” hacia otros compañeros. ¿Quién iba a decir que el referéndum de ANCAP iba a ganar? En el del Agua sí porque apoyaba Larrañaga y otros más. Con ANTEL, cuando se juntaron las firmas Batlle retiró el proyecto.