Diccionario electoral, Uruguay 2019

October 14, 2019

Ilustración: Ramiro Alonso

 

 

 

Batllismo

 

Vaca sagrada de la memoria política uruguaya. Alberto Methol Ferré lo definió como el Partido de la Prosperidad. El batllismo es igual al Uruguay con renta agraria al alza, siendo transformada en subsidio para una modesta industrialización. Peronismo más republicanismo liberal menos culto a la personalidad, el welfare state uruguayo representa la posibilidad de comunión de clases amalgamando una alianza amplia (burguesía urbana clase obrera baja, media y alta) capaz de imponerse al poder del capital agrario, siempre y cuando acompañen los precios de las materias primas y sea viable confiscar al terrateniente parte de la renta de la tierra. 

 

El batllismo es el capitalismo uruguayo versión Dr. Jekyll. Cerrado el ciclo de auge rentístico, cobra fuerza y se vuelve necesaria una contracara que desmantele todo el andamiaje salarial y funcionarial que ya no puede sostener la precaria economía local. Las elecciones 2019 pueden dar paso al personal político que va a expresar la fase de caída del  “batllismo siglo XXI” (algo más diluido que el original) que expresó el FA. 

 

 

Emprendedurismo

 

Cuando en el ciclo de entrevistas a los candidatos presidenciales de TvCiudad que conduce Facundo Ponce de León, éste interrogó a Martínez por los problemas de Uruguay, el candidato respondió de inmediato “¡la falta de emprendedurismo!”. 

 

El contenido político de la idea del emprendedurismo es neutro o nulo. Lejos de representar una línea de fuga respecto al estado actual de cosas, es un llamado a redoblar el esfuerzo sobre la lógica ya dominante. La promesa de una buena gestión y la convocatoria a ser más emprendedores es lo que queda en pie luego del colapso y la clausura de la imaginación política. 

 

No es ocioso el debate sobre si el problema es cómo producir más mercancías y capital, o el problema es la mercancía y el capital como relación social. 

 

 

Gestión

 

Marco conceptual dominante sobre el que confluyen los discursos de las principales fuerzas políticas.

 

Promover el espíritu emprendedor, construir equipos, apuntalar liderazgos basados en consensos, transversalizar, articular áreas, lograr miradas interdisciplinarias, acuerdos interpartidarios, etc., aparecen en el discurso político como las claves para resolver los grandes problemas que aquejan al Uruguay. No hay conflicto, no hay oposición de intereses ni privilegios que desarticular, sólo elencos políticos  y “sólidos equipos” que prometen “hacerse cargo”: “hechos y no palabras” o “hacerlo mejor”.   

 

La política postula su propio fin. Solo queda encomendarnos a la esperanza vacía en la destreza de lo técnico. La máquina automatiza al trabajo, las aplicaciones tipo Uber o Rappi automatizan a la burguesía y el management electoral automatiza al político devenido gestor. 

 

Cuándo el héroe social que se propone es el “gestor modernizador” estamos en problemas, porque a pesar de las apelaciones a lo dinámico, las tecnologías y el futuro, se trata de una figura esencialmente conservadora, que viene de la mano del embuste de proponer una política abstraída de las contradicciones sociales donde las cosas pueden ser cambiadas sin tocar lo fundamental.   


 

Malestar

 

La disputa del malestar que provocan las condiciones de precariedad e incertidumbre a las que está sometida una parte importante de la población de nuestros capitalismos periféricos es clave para ganar elecciones y construir hegemonía. Más en el caso de una economía donde el ascensor social dejó de funcionar desde al menos 2015 en coincidencia con el fin del auge rentístico. 

 

Siempre es más sencillo capitalizar malestar para quien está en la oposición y viene como relevo político. Sin embargo, parece claro que la estrategia oficialista no tuvo entre sus prioridades conectar con este malestar, por ejemplo renovando el clivaje político entre una oposición arriba-abajo (trabajadores vs empresarios; pobres vs ricos; oligarquía vs pueblo, gente vs elites), sino que apostó por todo lo contrario. Viendo la campaña del FA y su  jingle, una suerte de adaptación de La Bomba Loca de Cordera dominado por “jóvenes costeros satisfechos” coreografiando alegría y entusiasmo, uno se queda con la sensación de que el precario e inestable capitalismo uruguayo es el mejor de los mundos posibles.    

 

 

Manini Ríos

 

Novedad política que causa estupor en el Uruguay Integrado y revela lo poco que conocemos nuestro país, su capitalismo y su sociedad. 

 

Un buen ejemplo sobre cómo se disputa y capitaliza malestar. 

 

Posible punto de reagrupamiento político del medio y pequeño capital bajo amenaza por el devenir del capitalismo global.

 

Promesa de orden. 


 

Orden

 

Noción clave del tablero político que tiende a ganar centralidad a medida que una formación socio-económica transita desde una fase de auge y expansión a otra donde lo que se impone es la gestión de la carencia. 

 

 

Orfandad estratégica

 

Ausencia de perspectiva superadora de las contradicciones estructurales que en un tiempo ahogan una sociedad.

 

 

Pasado

 

Lugar al que no es posible volver. Ni el keynesianismo periférico ni el comunitarismo de la pequeña producción artesanal son alternativas donde replegarse.

 

 

Pedidos Ya! 

 

Un ejemplo de emprendedurismo uruguayo. 

 

 

Privilegios

 

Lo que no está en cuestión. 

 

En Uruguay privilegiado es sinónimo de una mujer desocupada con hijos a cargo que cobra un plan social que no garantiza superar la línea de indigencia, un  funcionario público sin contrato precario o un trabajador con los salarios indexados. De los privilegios en serio no se habla. El debate está siendo en qué magnitud y con qué celeridad se van a recortar derechos. 

 

Cualquier apuesta a modificar, aunque sea levemente, la matriz de inserción internacional del Uruguay por medio de la agregación de valor, para que sea creíble y no un mero slogan, tiene que proponerse avanzar sobre la estructura de privilegios de la elite uruguaya, en particular la concentración de la renta agraria.  

 

 

Progresismo 

 

El asunto no es pensar contra el progresismo, sino después del progresismo. No porque el Frente vaya a perder gravitación política en Uruguay, sino porque la posibilidad de “lo progresista” es lo que se desfonda, tanto por cuestiones coyunturales (caída de la renta agraria) como por procesos de largo aliento, como la metamorfosis de la división internacional del trabajo (ascenso de China y polos industriales exportadores basados en mano de obra barata) que hacen cada vez más insostenibles las industrias de la periferia sudamericana. 

 

 

Sindicatos

 

Otra curiosidad del Uruguay es que unos pocos cientos de proletas que se organizan para defender sus derechos laborales mínimos son una “corporación”, mientras que las multinacionales son “socios estratégicos” y los terratenientes “productores rurales” o “fuerzas vivas”. 

 

El PIT-CNT y parte importante de la militancia y los sectores frenteamplistas son hoy las principales líneas de resistencia ante el desmantelamiento de lo que queda del batllismo. Sin embargo, la contradicción de fondo sobre la que estamos gravitando, es que al batllismo, es decir, al anhelo de un capitalismo inclusivo en la periferia sudamericana, se lo está llevando puesto la historia. 

 

 

UPM II 

 

La posibilidad de postergar y/o atenuar el ajuste durante la gestión venidera.


 

Vecina orilla

 

En las elecciones argentinas va a perder Partido de los Ajustadores y va a ganar el Partido de los que Tienen que ser Ajustados (el peronismo está hecho de burguesía mercadointernista, asalariados y obreros sobrantes para el capital). Por tanto no es probable que el capitalismo argentino se estabilice fácilmente sobre la consolidación del abaratamiento de los salarios, la desarticulación de los ingresos por planes sociales y la quiebra de los capitales ineficientes.  

 

Esto da cuenta de que no está siendo sencillo para las burguesías regionales rearticular una hegemonía en toda la línea que les permita gestionar la fase de carencia sin arriesgar sus puestos de representación. 

 

Sin embargo, el triunfo del peronismo no hará que Argentina abandone el “neoliberalismo macrista” y vuelva a la senda del crecimiento y la inclusión. Un cambio en los elencos políticos no resuelve por sí mismo las contradicciones de toda una estructura económica. 

 

Lo que parece ubicarse en el horizonte es que se seguirá llevando hasta sus límites explosivos a estas precarias e inestables formaciones económicas sobre las que estamos parados. Cómo en Uruguay lo que pasa en la región llega de forma amortiguada y diferida, conviene estar atentos a las enseñanzas políticas del devenir argentino. 

 

 

Venezuela

 

1. País petrolero transitando la peor crisis de su historia y bajo riesgo de desagregación política y económica.

  

2. Artefacto político para perseguir izquierdistas hasta que confiesen que fuera de la democracia liberal nada es aceptable. Tiene por objetivo, al decir de Sandino Núñez, funcionar como un ritual de higiene, desinfección, seguridad y arrepentimiento. (https://txt2020.blogspot.com/2019/08/me-cubro-de-cenizas-sandino-nunez.html).  

 

El flanco Venezuela fue cerrado tempranamente por el FA con una confesión prácticamente simultánea de tres de sus principales referentes. 

 

3. Frontera geopolítica entre potencias globales rivales. 

 

4. Posible foco bélico en el norte de Sudamérica.

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