"Quizás aún tengamos los anticuerpos necesarios para castigar algunas de las características de Sartori"

 Ilustración: Julio Castillo

 

 

A propósito del fenómeno "Sartori", conversamos Daiana García y Sofía Kortysz, periodistas de la Sección Política del Semanario Brecha.

 

 

Hemisferio Izquierdo: ¿Qué hay de novedoso en la estrategia de Sartori?


Quizás lo más novedoso sea, por un lado, la estrategia de comunicación en toda su complejidad (fake news, falsas promesas, ser el candidato bizarro) y, por otro, el tejido en las sombras del propio Partido Nacional (PN) que le permitió ser candidato sin darles casi tiempo a reflexionarlo. Su agrupación –Todo por el Pueblo, liderada por Além García– estaba en vías de extinción y, de golpe, con la llegada de Sartori, revivió con una estructura que parecería comprada, sumada a la posibilidad de la renta de militantes. Esto último es un antiguo invento, pero en el caso de Sartori parece haberse potenciado. Es justamente la magnitud de su despliegue, lo asombroso para este país. Lógicamente, ser uno de los fundadores del directorio de la Union Agriculture Group (Uag), dueño del cuadro de fútbol inglés Sunderland FC y tener de suegro al magnate ruso Dmitri Rybolóvlev, le permitió tener una ventaja económica sobre el resto de los precandidatos.

 

Hay que puntualizar también que estamos contestando qué es novedad en Uruguay, porque otros países ya han probado que el maridaje de campaña sucia y la ridiculización de los candidatos –léase Sartori diciendo que no conocía a Michel Foucault o dándole a su hija una mamadera vacía– dan buenos resultados. Tenemos el ejemplo vecino de Jair Bolsonaro, inspirado en Donald Trump.

 

Pero puede que la mayor novedad sea lo que nos dice de la política, del electorado y la democracia uruguaya. Cuando Edgardo Novick no creció como se temía, de alguna forma nos creímos blindados contra los out siders. Estábamos convencidos de que acá no era tan fácil insertarse de buenas a primeras en el sistema político. El estancamiento del ex feriante podía, además, indicar que el discurso contestatario y reaccionario no tenía demasiado asidero en estas latitudes. Pero después apareció Sartori que, en seis meses, logró el segundo lugar en el partido de la oposición que, al menos por el momento, es el único capaz de disputarle el gobierno al Frente Amplio (FA). Si bien no llegó a destronar a Luis Lacalle Pou, su caudal electoral demuestra que no estamos tan protegidos. Solo era cuestión de ejecutar bien la receta con una cantidad de dinero en juego que ningún político uruguayo de cepa se podría permitir.

 

Asimismo, Sartori logró sintonizar con mucha gente que buscaba lo nuevo, independientemente de lo que ese adjetivo trajera aparejado. Fue una opción para quienes ver una cara hasta entonces desconocida, era importante; para aquellos cansados de la política y los políticos, a quienes votar en una elección que no es obligatoria, no los convencía. Empero, este electorado no es fruto de Sartori, que se dedicó a cosechar el desencanto que otros sembraron.

 

Dicho esto, es justo reconocer que la reacción que generó en todo el sistema político fue rechazo. En el PN, que parecería tener más chances de ganar esta elección que las anteriores, era lo lógico pues hizo que la atención de los medios y de muchos ciudadanos se concentrara en los desencuentros en su interna. Además, tuvieron que asumir que los requisitos para ser precandidato que exigen hoy, propicia que aparezcan esta clase de figuras. Novick creó un nuevo partido. Sartori pudo crecer dentro del PN. Pero también el resto de los partidos respondieron con preocupación ante la aparición de ataques y fake news sobre los otros precandidatos nacionalistas.

 

De todas formas, en toda esa novedad nos resta entender cuál es su objetivo. No creemos que sea un niño rico que se aburrió, tampoco el delirio conspirativo de que es un infiltrado de José Mujica. Puede entonces, que lo más llamativo no sea su estrategia sino su persona. Aún luego de las internas resulta inasible, ya que Sartori no parece ser Sartori sino otras caras y apellidos que todavía se desconocen. La sensación es que con su presencia ingresan intereses económicos y extranjeros que exceden la ambición por el poder político. Es paradójico que el "quién es Juan Sartori" que no termina de develarse, haya sido la pregunta con la que inició su campaña de expectativa. La respuesta vino con la aparición de un joven de sonrisa siempre pronta, mucho dinero y una completa ignorancia (puede que fingida). Los medios también intentamos responder esa pregunta aunque aún de modo parcial. Pero lo preocupante es que en ese responder se le haya dado un espacio que le facilitó el hacerse conocido, incluso cuando lo publicado no le fuese favorable.

 

 

HI: ¿De qué manera se presume que se acoplará Sartori a la disputa electoral luego de haber perdido la interna?

 

La primera impresión posinternas es que los nacionalistas tratan de no mostrarlo demasiado, que por un lado corren los orgánicos y por otro el paracaidista. Sin embargo, Lacalle Pou no puede ignorar la expresión electoral de Sartori ni que fue la lista más votada (si bien es porque salió una lista única a nivel nacional). Y, reconocerle el lugar al segundo, que cuenta con el apoyo del aparato evangelista, podría perjudicar a Lacalle Pou, a quien correría un poco del perfil de centro que construye desde hace un buen tiempo.

 

En cuanto a las intenciones de Sartori, la noche de las elecciones, tras los resultados, ya estaba resuelto a encabezar una lista al senado. Con esta decisión queda descartada la hipótesis de que con la candidatura a la presidencia jugaba a un todo o nada. En este momento busca, además, tener candidatos a las distintas intendencias para las elecciones de mayo y, pasadas las internas, volvió rápidamente a recorrer el país. Esto confirma que su opción es apostar a asentarse. Tanto las elecciones de octubre como las departamentales mostrarán si realmente habrá logrado consolidarse como un sector de peso o si el apoyo con el que contó se agotaba en su precandidatura. Incluso en la búsqueda de intendentes se verá cómo se posiciona. En las listas para las elecciones internas, siempre aparecen nombres de relleno, pero comprometerse a ser candidato a intendente con Sartori, implica otra visibilidad y, luego del porcentaje obtenido -sin dudas relevante para ser una figura desconocida, pero menos del que se auguraba-, habrá que ver quiénes quieren correr el riesgo. Por otra parte, la cantidad de votos que obtuvo Esperanza Nacional –lista encabezada por la senadora Verónica Alonso, el diputado y miembro de la iglesia Misión Vida Álvaro Dastugue y la pastora Anna Franquez- debería hacerle cada vez más difícil el mantenerse imparcial respecto a la "agenda de derechos" o cuestiones como la educación sexual. Mantenerse  en la política lo hará perfilarse y evitará que pueda continuar eludiendo las respuestas sobre diversos temas. Si optara por quedarse solo en el "escuchar" y nunca arriesgara ninguna opinión, probablemente no le iría tan bien. La interrogante es entonces qué diferencia podrá hacer con el dinero del que dispone -si querrá volcar las mismas cantidades en estos meses que para las internas- que es lo que lo distancia de los otros actores políticos.

 

Otra pregunta a hacerse es cómo se reconfigurará con esta llegada la clásica díada herrerismo- wilsonimo. Si bien Alianza Nacional y Larrañaga arrastraban algunas pérdidas y derrotas, no es poca cosa que Sartori le haya ganado al ala que históricamente representó el wilsonismo. Habría que pensar qué pasa entonces con esa díada. ¿Ahora es herrerismo - sartorismo?, ¿volverán los intendentes y Alianza Nacional a acercarse con la finalidad de que el wilsonismo recobre fuerza?

 

De todas formas, con el diario del lunes, más allá de los dolores de cabeza, esta aparición favoreció a Lacalle Pou, que recogió el apoyo de algunos que no lo hubiesen votado si no fuese por el miedo a que ganara Sartori.  Esa ventaja contribuyó a que quedase primero con el 55 por ciento -35 arriba del joven empresario- y tuviese, por consiguiente, la comodidad tanto para imponer su programa como base del programa común del PN como para elegir quién completaría la fórmula. En definitiva, aún hay mucha tela para cortar. Sartori perdió la interna por un amplio margen, pero sacudió los cimientos de un partido histórico y del propio wilsonismo. Llegó con abucheos al directorio el 30 de junio, pero es la lista más votada. Será un elemento más que aportará a la singularidad del próximo parlamento donde, si los números se mantienen, convivirá con figuras como Novick, Guido Manini Ríos o Ernesto Talvi.

 

 

HI: El fenómeno Sartori parece intensificar un cambio en las reglas de juego de la disputa electoral ya vistos en otras contiendas electorales, como la estadounidense que corona a Trump o la brasilera donde resulta electo Bolsonaro. Si bien la puesta en circulación de información falsa o medias verdades no es una novedad en la política uruguaya, ahora parece ser el eje central de una apuesta política. ¿De qué manera podemos enfrentar desde la izquierda estas formas de lucha política?

 

En primer lugar, si bien es bueno tomar el asunto con seriedad, no hay que olvidarse de que la información falsa y las verdades a medias son tan viejas como la política. La fake news más antigua es el rumor. Sin ir tan lejos en el tiempo, recordemos lo que se decía cuando el FA no era gobierno: si ganaba se llevarían los niños a Cuba y expropiarían los bienes de la ciudadanía. No obstante, los que han cambiado son los modos, ahora muchísimo más sofisticados, para crear y difundir estas noticias. En esta campaña, se vieron casos como el de la circulación en las redes de algunas páginas del libro que salió sobre Lacalle Pou, que mantenían el diseño original, pero tenían contenido falso. Hubo incluso notas de medios mexicanos que hacían lecturas bastante particulares de encuestas hechas también en el exterior sobre las elecciones internas en Uruguay. Estamos, repetimos, ante mecanismos bastante más elaborados que los que podía haber en la década del 90.

 

También pondríamos en discusión su centralidad. Sartori tuvo una expresión importante, pero no hizo tambalear el liderazgo de Lacalle Pou. Por el contrario, lo favorece, y nada parece indicar que el problema sea el poco tiempo que hace que se embarcó en esta odisea. Puede que, de habernos dado mucho más rato, hubiera sumado rechazo. Hay que ver la decadencia de Novick. Por lo tanto, como decíamos al principio, parecería que no estamos blindados y eso duele, pero quizás - aún- tengamos los anticuerpos necesarios para castigar algunas de las características de Sartori. Finalmente, le costó caro haber personificado el desprestigio del PN y el papel del mentiroso. Se podría concluir que la mentira como concepto todavía causa malestar en la opinión pública uruguaya (pensemos, por ejemplo, en Raúl Sendic).

 

Además, en un país tan chico es fácil desmentir una fake news. De hecho, han quedado políticos mal parados por compartir en redes cosas falsas. Ojalá nuestro país sepa capitalizar que, por algunas de sus características, es más fácil hacerle frente a eso, que al hacerlo la condena es grande. Existen, a su vez, las páginas de chequeo, que están germinando aquí y en la región. El lunes 22 se presentó Verificado, que hará un trabajo conjunto entre algunas de estas páginas, múltiples medios nacionales, la agencia de noticias francesa Agence France-Presse (AFP) y el Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública (Cainfo), respaldado por la Asociación de la Prensa Uruguaya. A todo esto, sin dudas, se le debe sumar el cumplimiento del compromiso que firmaron los partidos y candidatos que parecería no estarse respetando.


Ahora, ante la pregunta de cómo enfrentarlo como izquierda, entendemos que la respuesta es con información, con concientización y con una prensa que esté dispuesta a seguir y exponer estas conductas. Muchos de los grandes errores electorales suceden por falta de información de los electores, este no es distinto. 

 

Por último, la campaña sucia no es un atributo exclusivo de la derecha. No por ser de izquierda podemos caer en la inocencia de creer que es algo intrínseco a la derecha. Entonces, para enfrentar el problema, es necesaria la autocrítica, asumirnos muchas veces ignorantes de las nuevas herramientas y comprender que también se precisa del compromiso de los partidos políticos de derecha. 

 

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