"Pensar en cuáles son las palabras que importan, cuáles son los decires que legitimamos y cuáles no, dentro de nuestras propias luchas", entrevista a El Caldero*

July 30, 2019

 Foto: Ardelanieve

 

Hemisferio Izquierdo: ¿Cuál es el papel que juegan los medios de comunicación hegemónicos y las corporaciones mediáticas en un contexto regional de restauración conservadora?

 

El Caldero: Es fundamental: han establecido a través de mecanismos muy sutiles los límites de las luchas sociales actuales. En el caso de las luchas feministas se han encargado de generar una división entre buenas y malas, donde las primeras -apegadas a un modelo de feminismo liberal- son mujeres que luchan por los derechos de una igualdad formal, mientras que las segundas, las radicales, “locas” y “nazis” exageran al hablar de patriarcado y al señalar las atrocidades de la iglesia con bombas de pintura.

 

¿Cómo funciona esta delimitación? Nos establecen cuál es la lucha legítima tanto en las formas de despliegue como en los temas que se pueden enunciar. Solo hay que ver los artículos publicados por el diario El observador (1) para encontrar una serie de relatos que apelan a la construcción de estas categorías. Esta división pretende dar un mensaje claro de lo que se acepta y no se acepta desde el status quo, comunicado a través de la prensa hegemónica. Se habla de cómo las feministas radicales le ganan la pulseada a las más racionales, ubicándonos nuevamente en el lugar de la irracionalidad, parte constitutiva de la construcción del género y argumento históricamente usado para deslegitimar nuestras palabras. 

Se transgiversa los contenidos de una proclama, se insulta e incluye frases para desacreditar consignas, y en ningún momento se propone entrevistar las voces de las supuestas radicales para aclarar conceptos que obviamente no son entendidos en una nota que se ampara bajo el rótulo de lo periodístico. 

 

Además de la división entre la feminista aceptable y la que no, se desconocen nuestros discursos y formas políticas y se imponen las lógicas patriarcales a la hora de comunicar nuestra lucha. Ejemplo de ello es la nota titulada Quién es quién en el feminismo uruguayo (2), donde se nombra a seis mujeres que lideran los movimientos en el país. Este texto representa todo lo que el feminismo no es: mientras nos adjudican líderes (no vaya a ser que pongan la palabra lideresa), el feminismo se encuentra en la construcción horizontal, la erradicación de liderazgos y cualquier otra forma patriarcal de hacer política. 

 

Asimismo, la agenda establecida por los medios ha servido muchas veces a reforzar la delimitación antes nombrada. Por un lado, la mayoría de los medios invitan solo a aquellas voceras que se ajustan a la categoría de buena feminista, es así que terminamos escuchando hablar de feminismo a Verónica Alonso, legisladora en contra del derecho al aborto y vinculada a grupos pentecostales y conservadores. Luego, al establecer la agenda también imponen lógicas patriarcales y androcéntricas tal como se muestra en el debate del programa En perspectiva en el marco del 8 de marzo del 2018. En torno al Día Internacional de la Mujer, el programa se centró en debatir qué rol ocupan los hombres en la lucha de las mujeres en la tertulia que titularon: El 8 de marzo ¿es sólo un tema de mujeres? (3)  La entrevista termina corriendo tanto a la representante feminista de la mesa desde los excesos del feminismo (como odia-hombres), que se termina afirmando que el 8 de marzo es un día para todos: hombres y mujeres, así como distinguiendo todo el tiempo entre el movimiento feminista legítimo y el que no. Bajo estos términos perdemos hasta nuestro día de lucha.

 

A veces hay corrimientos: sobre las denuncias de abuso y diferentes violencias basadas en género tuvieron que pasar del nombrarnos exageradas y oportunistas a la aceptación de la temática por la fuerza feminista global. Así, observamos que de a poco los medios se acoplaron a nuestros discursos hasta el punto que han dejado de lado en las coberturas de asesinatos a mujeres el nombrarlo crimen pasional para llamarlo femicidio. Si bien este paso es un avance en la inclusión de nuestras reivindicaciones, representa solo un mínimo corrimiento de lo que los medios hegemónicos están dispuestos a ceder. Vale recordar la demostración de periodismo salvaje que realizaron al cubrir una toma de rehenes en una peluquería de Montevideo, mostrando el minuto a minuto. La cobertura 24/7 del hecho brindaba información constante al hombre que realizaba la toma de cómo se desarrollaban los hechos al exterior poniendo en riesgo la vida de las personas allí presentes, sobre todo a su ex pareja quien lo había denunciado por violencia doméstica, motivo por el que el hombre se encontraba atrincherado. El costo de nombrar los asesinatos de mujeres como femicidios no es tan alto a dejar de vender una cobertura completa (si es exclusiva mejor) de un intento del mismo. 

 

Por otra parte, hay un discurso cada vez más presente que sirve a aquellos medios que no quieren ceder ningún espacio a nuestras luchas, es el vinculado a conceptos tales como corrección política, censura y libertad de expresión. Amparados en la corrección política, políticos y medios de todo el mundo se excusan de promocionar discursos odiantes a distintas subalternidades y contrarios a las luchas por la transformación social radical. Cada vez que se disputa un campo de lucha surge el amparo de la libertad de expresión y la corrección política desde las alas más conservadoras. Es el más comúnmente conocido: “ahora no se puede decir nada” y el constante señalamiento de “exagerados” y “sensibles” frente a aquellas personas que protestan por injusticias o plantean la necesidad de cambios en lo cultural.

 

El señalamiento a lo que la hegemonía llama censura, es en muchos casos a discursos de odio que tienen consecuencias materiales en la vida de los colectivos a los que se dirige. No es por no querer debatir sobre las políticas hacia la población trans o sobre el feminismo que se le critica a la prensa dar espacios a personas transodiantes o referentes antifeministas, sino porque sus discursos son caldo cultivo para la legitimación de la violencia que muchas veces se incrementa en momentos donde estos se hacen más presentes. Los discursos de Trump y la derecha europea son ejemplo de ello, pero también la campaña contra la Ley Integral Trans, los postulados de Agustín Laje y las palabras de Manini Ríos sirven de sustento para las prácticas de odio a migrantes, mujeres y disidencias sexuales bajo la idea de supuestos privilegios hacia estos grupos (4). 

 

Frente al ataque conservador, también hay una fuerza que surge de les propies compañeres feministes que, insertes en medios de comunicación hegemónicos están pujando para que otros relatos sean posibles desde el periodismo, la fotografía y las artes visuales.  Se comienzan a formar redes que abrazan la lucha de la calle desde la calle, y que se hace necesario reconocer: detrás de lo que vemos o leemos, como en casi todos los ámbitos de este sistema, hay compañeres resistiendo y peleándola. Pero el mercado atiende al mercado, y mira para donde pueda explotar, y en ese sentido también tenemos que preguntarnos dónde nuestros discursos y nuestras fuerzas están inflando las arcas de dueños y dueñas que desde la burguesía quieren presentarse como liberales y políticamente correctos, para agrandar sus propios bolsillos.

 

¿Qué quisiéramos de distinto? Queremos que se deje de estigmatizar la pobreza, queremos que los relatos de las vecinas que la luchan a diario fuera del ombligo de Montevideo capital puedan hablar de su trabajo cotidiano que les consume la vida al servicio de hijes, nietes, maridos, queremos hablar de la salud mental y la manicomialización, de las cárceles y el motivo de sus rejas, de las experiencias de lesbo bi trans odio, queremos que la red sirva para hacer visibles y parar los abusos policiales, que en ciudades cada vez más cercadas por el panóptico siguen señalando y apuntando con el dedo, y el palo, desde una mirada constituida en que la otra persona es un peligro por su andar, por su vestimenta, por ser pobre, por negre, por trava, o por putx, por indocumentade, por migrante. Queremos que se sepa de las tantas pibas víctimas de trata que se buscan, y de las que no volvieron nunca más. Queremos que se hable de la gentrificación de nuestros territorios, de nuestro derecho a la ciudad, de nuestro derecho a permanecer en nuestros barrios, del extractivismo y los grandes capitales extranjeros que vienen por nuestros propios recursos. Eso si, no vamos a reforzar la revictimización, porque hay mucha potencia en nuestra fuerza colectiva y porque lejos de querer que estos discursos deriven en encerrarnos en nuestras casas, por el miedo que nos cuelan desde todos lados, queremos sembrar nuestros territorios con otras formas, bien visibles y llenas de decires colectivos.

 

Queremos que los relatos no nos vengan servidos en bandeja, queremos construirlos en propia voz porque lo otro es puro cuento. Pero, ¿es esto posible en un ámbito de mercado? ¿Es posible que nuestras voces no sean propagadas a costa de la mercantilización de la lucha? En un contexto regional que avanza en represión, hay un afilado marketing que intenta interpretar los discursos feministas para apropiarse de símbolos que finalmente terminan siendo otra parte de los consumos que se nos proponen, vaciando los signos, pero haciendo que podamos lucir nuestras remeras de marcas nacionales e internacionales que se producen a partir de la explotación humana y animal, pero con frases que se supone nos  identifican.

 

Hay también un marco distinto que se está planteando en cuanto a la difusión de las acciones y de las palabras, resulta casi inentendible que queramos hacer sin decir nada frente a una cámara, o un micrófono cedido por un medio hegemónico. Se lee como una de falta de respeto que no queramos darle una nota a quien oficia de periodista porque no estamos dispuestes a caer en manos de ediciones y miradas patriarcales. Y está bueno que nos empecemos a cuestionar eso desde un lugar de autocuidado colectivo, como lo estamos haciendo ya en algunos espacios, y sí, podemos pedirle al periodismo que quisiéramos tener un espacio libre de una mirada externa porque no queremos propagar desde el sensacionalismo. Y volvemos a lo anterior: reconocemos que no se da siempre, ni intentamos meter en una gran bolsa a quienes producen contenidos de maneras distintas.

 

 

Hemisferio Izquierdo: ¿De qué manera podemos elaborar estrategias comunicacionales para enfrentar el avance de las derechas y su construcción de un sentido común reaccionario?

 

El Caldero: Cualquiera de estas limitantes o cooptaciones impuestas por los medios hegemónicos, tienen sus propias fronteras. Y hay ciertos márgenes donde no llegan, y es ahí donde tenemos una oportunidad creativa de escabullirnos y nombrar desde nuestros lugares. 

 

Desde los feminismos hay nuevas experiencias en términos de comunicación, y las redes sociales, cuestionables también, están siendo soportes interesantes para generar otras perspectivas. Hay varias páginas web de comunicación en claves feministas, páginas de facebook, instagrams, slams de poesías donde se grita bien fuerte y se están planteando decires muy bellos, hay fanzines en las ferias, hay carteles en las calles, hay graffitis que quedan haciendo eco en las paredes de nuestra ciudad, hay pizarras en los almacenes de los barrios, hay volantes que se hacen a mano con lo que hay. 

 

Pero, como feministes y también como lesbo y transfeministes debemos pensar en la comunicación, porque un concepto de comunicación emancipador está lejos de ser lo que los medios hegemónicos hoy son. Nuestra clave debe nutrirse desde lo colectivo, para no caer en la misma verticalidad de los paradigmas ya conocidos en los que asumimos ese marco binario emisor - receptor, y también pensar en cuáles son las palabras que importan, cuáles son los decires que legitimamos y cuáles no, dentro de nuestras propias luchas.

 

Hay un campo interesante que teóricamente se sustenta en las propuestas de comunicación popular, entendidas como herramienta de participación por parte de quienes residen el barrio,  relatando su historia, sin estigmatizaciones y prejuicios. En este sentido se propone establecer espacios colectivos de comunicación popular para fortalecer los barrios y darle voz a quienes los medios hegemónicos callan. Generar herramientas de comunicación que apunten a la transformación, integración y fortalecimiento barrial. Esto puede ser a través de talleres en los propios barrios que se direccionen en un empoderamiento popular y construyan un medio de comunicación que podría ser una publicación impresa o algún dispositivo virtual de intercambio entre vecines. Además se busca potenciar estos espacios de modo que sean de resistencia ante esta ola neoliberal, a través de alianzas con otros movimientos sociales que se enuncian contra el avance de la derecha y que muchas veces tampoco se les permite expresarse a través de los medios hegemónicos. 

 

Desde estas ideas y experiencias surge El Caldero (5), canal de Youtube feminista que pretende registrar desde nuestras propias voces los feminismos en lucha. Construyendo nuestros propios relatos, debatiendo lo que nos interesa y desde los términos que consideramos hay que hacerlo, El Caldero es un proyecto colectivo que mediante la difusión de contenidos pretende aportar a la lucha radical del feminismo en nuestro territorio. Obviamente somos les males feministes. No queremos ser otra cosa.

 

 

Notas

 

1. https://www.elobservador.com.uy/nota/cuando-la-inmoralidad-tiene-cara-de-mujer-la-mano-que-mece-al-fascismo-20193718616

 

2. https://www.elobservador.com.uy/nota/quien-es-quien-en-el-feminismo-uruguayo-201712291900

 

3. https://www.youtube.com/watch?v=wsYebH2CCho

 

4. Sobre este punto es interesante la polarización creada entre una clase trabajadora olvidada en detrimento de los privilegios otorgados a otros grupos como migrantes, musulmanes, LGBTIQ+, entre otros. 

 

5. El Caldero está conformado por Eleonor Gutiérrez, activista transfeminista no binarie, comunicadore y educadore sexual; Fiorella Duhalde, comunicadora y activista feminista. Maru Casanova Cuba, politóloga y militante feminista. Este artículo es una creación colectiva entre quienes lo integramos.

 

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