"El pseudoescolanovismo de mercado tergiversa por completo los términos e implicancias de la crítica de la Escuela Nueva": entrevista a Daniel Brailovsky*

  Imagen: Daniel Brailovsky

 

 

Hemisferio Izquierdo (HI): Vienes trabajando en la idea de que en los últimos tiempos en Argentina se está asistiendo al despliegue de un "pseudoescolanovismo de mercado" en la educación. ¿Qué implica este proceso? 

 

Daniel Brailovsky (DB): La idea de un “pseudo” escolanovismo tiene que ver con cierta apropiación del discurso de lo nuevo en educación, por parte de actores diferentes de los que, desde fines del siglo XIX vienen delineando la oposición, ya clásica, entre “lo nuevo” y “lo tradicional”. Esa distinción es un poco simplista, pero como articulador de discursos y posicionamientos pedagógicos, es muy eficaz. Se traduce en otras dicotomías, como progresista/conservador o construtivista/conductista. En cualquier clase de didáctica o de pedagogía esto se enseña dividiendo el pizarrón en dos y enumerando las diferencias, como lo sabe cualquiera que haya cursado el profesorado. 

 

Lo que propongo con este concepto de pseudoescolanovismo de mercado es visibilizar a los discursos actuales que critican a la escuela tradicional desde posiciones utilitaristas, muchas veces inspiradas en un imaginario teñido de jergas economicistas, gerencialistas, provenientes del mundo del mercado. Es decir: a la escuela tradicional la han criticado históricamente autores como Ferriere, Dewey, Montessori o Decroly, de la llamada Escuela Nueva, y también otros críticos como Bourdieu, Giroux, McLaren, en fin, toda la corriente de las pedagogías críticas. Pero hoy también encontramos, entre quienes critican a la vieja escuela, argumentos inspirados en una ética de mercado, donde no se revisan ya las formas escolares o los principios filosóficos de la enseñanza, sino que se cuestiona a las instituciones escolares y a los docentes, desde un lugar muy diferente del de la pedagogía activa, el reproductivismo o las teorías críticas. No buscan caracterizar al educando como oprimido (como proponía Freire) ni destronar al docente autoritario que no logra dialogar. Lo que buscan es caracterizar al alumno como cliente y al docente como “vago”, y critican a la escuela por “no adaptarse a los tiempos que corren”.

 

Señalar entonces la diferencia entre estas diferentes críticas a la escuela es necesario, porque la oposición “nuevo/tradicional” no muestra en nuestros días un debate pedagógico transparente. Las críticas a la escuela tradicional ya no son, siempre ni necesariamente, revisiones progresistas que reivindican prácticas más libertarias. Podríamos hablar, por nombrar a estas dos corrientes “anti-tradicionales” de algún modo, de un escolanovismo emancipador, ese movimiento histórico que supo formular la agenda crítica de un mundo escolar en transformación, y que se opone a esta especie de pseudo-escolanovismo de mercado. El problema es que, en el ruido del debate pedagógico y político, a veces se confunden. O mejor dicho: el pseudoescolanovismo de mercado aprovecha que existe una disposición previa a cuestionar ciertos aspectos de la escolaridad, se sube a ese caballo, y tergiversa por completo los términos e implicancias de esa crítica.

 

 

HI: O sea, es un pseudoescolanovismo de mercado porque instala el vocabulario del mercado en la educación…

 

DB: Sí, claro, es de mercado porque es funcional a las políticas educativas del capitalismo aggiornado del siglo XXI, a los discursos pedagógicos impulsados por organismos como la OCDE, el Banco Mundial, el BID, etc. Entonces se busca ver al docente como un líder, un innovador, un emprendedor, se piensa en términos de meritocracia, en fin, toda la jerga gerencialista. Pero también es “de mercado” en un sentido muy literal: porque se apoya en el boom comercial de toda una serie de métodos, productos, manuales, videos, que prometen al maestro mejorar o facilitar sus prácticas por medio de técnicas ligadas al conocimiento del cerebro, la inteligencia emocional o la clasificación de los alumnos según sus talentos o los “tipos” de inteligencia. 

 

 

HI: ¿Cuáles serían los lugares o roles a ocupar por los sujetos (educadores/as y educandos/as) en esta nueva perspectiva? 

 

DB: Bueno, hay varias figuras que describen al docente en este modelo. La que más ilustra, creo, el ideario del pseudo-escolanovismo de mercado es la del docente como emprendedor. Porque además es la figura aspiracional que mejor se complementa con esta imagen del maestro desactualizado y de autoridad desteñida que se promueve… La idea del docente emprendedor se entiende en el marco de la llamada economía colaborativa, o “economía de plataformas”, y en los procesos que atraviesan actualmente al mundo del trabajo. Es un modelo de economía sin intervención estatal, ni legislación laboral, donde las leyes se reemplazan por “términos y condiciones”, la explotación se perfecciona en diseños de autoexplotación y los capitales que solían crear condiciones de empleos sustentables se afirman hoy en la autonomía de los trabajadores, disfrazando la precariedad de libertad de autonomía y de emprendedorismo. Lo sabemos porque lo vemos a diario: el ideal del emprendedorismo es que el trabajador de una App de delivery en bicicleta se sienta “dueño de su destino”, porque no tiene jefe. Desde este lugar se promueve no solo la concepción del docente como emprendedor, sino también la formación en general orientada por ese concepto. Hoy se están dando talleres de emprendedorismo en la escuela secundaria a gran escala, por ejemplo. Lo que hace falta subrayar es que la consigna de formar emprendedores, aunque se presente como un modo de empoderar a los sujetos, es también un modo de socializar a las jóvenes generaciones en un nuevo orden laboral donde se busca desdibujar los derechos y la estabilidad laboral para bajar los costos del empleo y favorecer a los grandes capitales. 

 

En cuanto al alumno, es notable el contraste entre la vieja escuela nueva, o las pedagogías críticas, y este ideario anti-tradicional de mercado. La pedagogía crítica identificó el peligro de la mercantilización de las relaciones escolares, de la “bancarización” de la vida del aula. Freire hablaba de la “educación bancaria”, por ejemplo, que sometía al educando y proponía pensarlo en términos de emancipación. El pseudo-escolanovismo de mercado, al contrario, toma los recursos del marketing y la publicidad para pensar clases atractivas, efectistas, y sugieren todo el tiempo la imagen de un alumno exigente, de un alumno que sabe lo que quiere, de un alumno-cliente al que hay que satisfacer. El enemigo del alumno no es la opresión sino el aburrimiento, la desmotivación.

 

 

HI: Por otro lado, ¿Qué problemas podrían suscitarse al construir y pensar los procesos educativos estrechamente vinculados con los aportes de las neurociencias contemporáneas? 

 

DB: Más allá del fastidio que pueda generar el tono comercial (y muchas veces banal) de este boom del “cerebro que aprende” y todo eso, creo que la cuestión amerita pensarse seriamente. Y creo que el esfuerzo por comparar las críticas a la escuela tradicional “por izquierda”, digamos, y “por derecha” (por simplificar la idea) ayudan a entender el fenómeno de la neuropedagogía. Uno de los gestos característicos de la escuela nueva ha sido el de recuperar y empoderar el lugar del alumno. El alumno, puesto en un lugar pasivo y receptivo por las pedagogías positivistas tan centradas en el docente, aparece en los textos escolanovistas como protagonista. La escuela nueva es llamada también “escuela activa”, precisamente por su interés en la actividad del niño. En la versión mercantilizada de esta idea del centramiento en el niño, se plantea que centrarse en el niño es conocer el funcionamiento de su cerebro. Por eso las neuropedagogías proponen a los docentes que conozcan a sus alumnos, sus procesos de aprendizaje, sus posibilidades… conociendo el cerebro. Es un traslado absurdo, pero es lo que están planteando los que la impulsan. Y creo que la tremenda aceptación que está teniendo esta corriente tiene que ver con que se apoya en esta idea de una búsqueda del protagonismo infantil, que planteaba la escuela nueva, y que usan como piedra de apoyo discursiva las “neuropedagogías”. Mediante esta falacia, las neuropedagogías (que tienen muy poco que ver con los principios escolanovistas) se atreven a postularse como una revolución educativa, más o menos paidocéntrica. Muchos de los textos que hablan de neurociencias y educación asumen visiones críticas acerca de la escuela tradicional, y hasta se autoproclaman revolucionarios. “La revolución del cerebro”, “la nueva educación basada en el cerebro” o “la revolución de la neuropedagogía”, son algunos de los estandartes que sostienen. 

 

 

HI: Has expresado que en Argentina puede observarse el avance de una campaña que tiene como finalidad la imposición de la idea de que el problema de la educación son los docentes. ¿En qué sentido realizas este planteo y qué características adquiere dicha campaña para el caso argentino?  

 

DB: Creo que el impulso de los conceptos de innovación y emprendedorismo, vienen acompañando la idea de que los docentes están desactualizados y desfasados de la época, a la que necesitan urgentemente “adaptarse”. Hay una frase que usualmente repiten funcionarios y empresarios, que dice algo así como: “tenemos escuelas del siglo XIX, maestros del siglo XX y alumnos del siglo XXI" que resume bastante bien esa cosmovisión. La frase supone que a los docentes nos desorienta el siglo XXI, nos traen incertidumbre los tiempos que corren, estamos atados nostálgicamente al pasado y, naturalmente, hemos perdido la autoridad. La lógica de las infancias y adolescencias contemporáneas nos aturde, y quedamos obsoletos frente a los saberes tecnológicos que éstos ostentan. Y esta pérdida de autoridad suele presentarse ligada al surgimiento de una nueva autoridad individualizada, surgida del mérito o el desempeño de cada docente, que corre a un costado la autoridad pedagógica entendida como atributo estatal. Y otras veces, por supuesto, esta idea de la pérdida de autoridad es mencionada más ligeramente, en reflexiones que expresan que el docente ha perdido la autoridad, como quien se ha olvidado un saco en una fiesta. 

 

Lo que dicen a gritos es que las escuelas y los docentes deben cambiar. Y a mí me parece que es respetable ese afán de cambio, pero que hay que poder distinguir entre la actitud de sospecha y curiosidad respecto de las verdades que gobiernan una época, como lo hacen las pedagogías críticas, y la actitud genérica de elogio respecto de todo lo que sea nuevo, inspirada en el espíritu comercial según el cual lo nuevo es mejor, simplemente porque es nuevo. El mercado busca permanentemente disfrazar lo viejo de nuevo, para poder venderlo otra vez. Nuevos envoltorios, nuevos nombres o logos, pequeños ajustes en la receta, combinaciones de lo mismo resultan en nuevos productos y servicios, que son en realidad los mismos de antes, pero que necesitan parecer nuevos para que los usuarios se apuren a comprarlos. La lógica del mercado, llevada al plano educativo, hace aceptable la idea de que la tarea docente deba renovarse constantemente, no tanto para mejorar, sino para sobrevivir, para seguir siendo atractiva, para constituirse como oferta competitiva (frente a, por ejemplo, las nuevas tecnologías). Pero las relaciones escolares no son así, no se rigen por la oferta y la demanda. Y las propias nuevas tecnologías, que son presentadas como el gran estandarte de lo nuevo, se piensan en forma sospechosamente ingenua desde el pseudo-escolanovismo de mercado. Porque esa idea del cambio “vertiginoso e inevitable” desde la que se presentan los programas tecnológicos es también, obviamente, funcional a la caducidad programada de los sistemas operativos, el software y los dispositivos. Las empresas necesitan que se crea firmemente en este escenario de cambios vertiginosos, para poder vender nuevos productos. El ritmo que marca el cambio no es, sólo ni principalmente, el de un cambio cultural, sino el de un plan de negocios. 

 

 

*Daniel Brailovsky es Doctor en Educación. Profesor investigador en Flacso/Argentina y en ISPEI Sara Eccleston. En esta entrevista se anticipan temas tratados en su próximo libro: Pedagogía (entre paréntesis), Novedades Educativas, en prensa. Contacto: dbrailovsky@flacso.org.ar 

 

**Esta entrevista fue realizada con la participación de Carolina Buela y Alexis Capobianco.

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