Resistir desde el encuentro*

 Foto: cobertura colaborativa del Encuentro de Mujeres, Lesbianas y Trans. Piriápolis, 2018


¿Por qué son importantes los encuentros de mujeres?

 

“Porque las herramientas del amo nunca desarmarán la casa del amo. Tal vez nos permitan ganarle temporalmente en su propio juego, pero nunca nos dejarán efectuar un cambio genuino. Y este hecho, es amenazante sólo para esas mujeres que aún definen la casa del amo como único recurso de apoyo.”

 

Históricamente las mujeres hemos tenido que encontrarnos para resistir, generando primero espacios donde sentirnos seguras, de estar entre nosotras, de mirar lo antes visto, pero ahora desde una mirada colectiva que surge desde la necesidad de hablar por nosotras mismas, desde el lugar en que nos vamos construyendo, denunciando y poniendo en evidencia el sistema patriarcal.

 

Encuentros, para pensarnos y llevar acciones a nuestros territorios que puedan ir eliminando de nuestra vida cotidiana esas “tradiciones” que nos oprimen y nos excluyen.

 

Encuentros, que han sido de contención y cuidados, como de producción de nuevos conocimientos y nuevos sentidos, que nos hacen a las mujeres protagonistas en la historia.

 

Encuentros, para contarnos nuestros relatos, basados en nuestras experiencias, que generan un despertar en la memoria individual y colectiva, que la vuelve activa, que la vuelve curiosa y que nos devuelve a nosotras transformadas porque nos acerca con múltiples formas de ser y sentir el mundo.

Encuentros, como forma de resistir frente a quienes históricamente nos han querido separar y de quienes mercantilizan todas nuestras relaciones, con el único fin de seguir perpetuando la violencia sobre nuestros cuerpos.

 

ENCONTRAR: viene del latín in contra (en contra). Originalmente se refería a salir al encuentro. De ahí el término encontronazo (choque violento). Más tarde (siglo XVII) tomó el significado de hallar.

 

In: incorporar, inculcar, inferir, involucrar.

 

Contra: contrario, contrariar, contraste.

 

Salimos al encuentro, salimos al camino, salimos al andar. Nos movemos, porque no conocemos otra forma de resistir que no sea llegando al territorio, involucrándonos. Y lo comprobamos en cada encuentro que se da con otres, que encontrar-nos es ir en contra de casi todas las formas que nos han sido impuestas y eso lo hace transformador, porque lo hace acción y reflexión, a la vez que lo hace presente y constante. Es constante la búsqueda, la utopía, la transformación y se alimenta con cada encuentro, se multiplica, crece, porque somos las semillas de la vida que queremos. El feminismo tiene la capacidad de ir en contra, nos pone en contra y nos encuentra. Nos hace conscientes, nos despierta y por sobre todo nos une, porque tenemos una historia común. También sale al choque, busca evidenciar las tensiones entre las políticas de Estado y las necesidades de las más excluidas y las más afectadas en estas decisiones, de las que muy pocas veces logramos participar e intervenir. En nuestro caso salir al encuentro significó encontrarnos con nosotras mismas, esa capacidad que tienen los encuentros de vernos reflejadas en muchos espejos, en muchas otras, otres.

 

En octubre de 2016 viajamos con destino a Rosario, al 32° ENM (Encuentro Nacional de Mujeres) y sin dudas volvimos transformadas. Es desde ahí que intentamos identificar cuáles han sido esos cambios, esas transformaciones ¿que es lo que experimentamos en estos encuentros y que cambia en cada una de las que participa? ¿que los hace tan significativos? Lo primero es la sensación de libertad, una sensación poco conocida pero que se expresa a través de cuerpos felices, alegres, sonrientes, que bailan, que cantan, que se mueven, que se expresan, que sienten y que luego sienten ganas de seguir encontrándose porque se sienten bien estando juntes, se siente una zona segura. Se trata de una auténtica ocupación de la ciudad, que nos convoca en la búsqueda de nuestra autonomía y de nuestro placer.

 

“Autonomía no es el logro individual de la libertad personal, ni un bien privado.

 

Autonomía, conquista continua de potencias con otros.

 

No es a priori.

 

No se puede tener, no se puede conservar, ni coleccionar.

 

Está en la experimentación de los cuerpos.

 

Crear, construir, desarmar, desandar, inventar, reinventar, y así no se deja atrapar.

 

Autonomías colectivas.

 

Un estar sensible a las situaciones.

 

Situaciones contra toda normalización, contra toda clasificación, contra toda jerarquización con que el poder encierra a la vida, al deseo, y las luchas.

 

Multiplicar sensibilidades, destrabar servidumbres, contagiar búsquedas.

 

Componer con lo habitual otro orden de cosas.”

 

(Frente de Artistas del Borda, Manifiesto Basura, 2016)

 

Es por eso que la autonomía es parte fundamental de los encuentros y de los espacios que habitamos: los cuerpos y territorios. Entendemos al territorio como un espacio de vida. No se limita meramente a un espacio geográfico determinado sino que abarca un complejo entramado de relaciones, de habitares, de intereses, de conflictos sociales, ambientales, culturales, económicos, políticos. El territorio es nuestra base, es donde habitamos, donde convivimos. Sobre él se trazan los más diversos planes y se dan las luchas, las resistencias, las conquistas y las revoluciones. Se transforma, permanentemente, como espacio de vida y por ello entendemos a nuestros cuerpos como territorios, los recorremos, los andamos, nos transformamos. De la ronda de Mujeres y defensa de los bienes comunes del 1er EMU, se creó un fanzine que expresa: “...cuando se violentan los territorios que habitamos se afectan nuestros cuerpos, cuando se afectan nuestros cuerpos se violentan los lugares que habitamos”. Porque desde ahí construimos la resistencia a la vez que las alternativas al sistema patriarcal, colonialista, capitalista que insiste en dividirnos, someternos y gobernarnos.

 

Fanzine "Cuerpo y territorio" 2017

 

 

¿Qué son los encuentros de mujeres?

 

“Nuestros encuentros no son una estación, son expresión de una marcha cotidiana: una larga marcha hacia la liberación”.

 

Los encuentros de mujeres, como mencionamos antes, son un espacio que hemos construido para nosotras, como una herencia antipatriarcal, que año a año se hace posible gracias al trabajo de todas las que de una u otra forma participamos en ellos. Tienen un origen común que es la necesidad de poner en palabras lo que por años hemos silenciado respondiendo a una cultura que nos somete todo el tiempo y descalifica los lugares que ocupamos en la sociedad para mantener el orden establecido. Estos encuentros, como otros que se realizaron en América Latina en la década de 1980 (como los Encuentros de Feministas Latinoamericanas y el Caribe), tienen un antecedente directo que fueron los “grupos de autoconciencia” que se llevaron a cabo a finales de los años sesenta (1967) principalmente por el movimiento feminista radical en EEUU bajo el lema lo “personal es político”.

 

Los encuentros de mujeres surgen en Argentina, en el año 1986, después de que un grupo de mujeres de forma autoconvocada se uniera ante la necesidad de debatir y movilizarse en torno a la opresión y las desigualdades que vivían por ser mujeres. Se han transformado en un evento único, que se caracteriza por su continuidad de forma ininterrumpida, mantenido los principios establecidos por la “comisión promotora” que fueron:

 

Horizontalidad: se expresan todas las ideas y opiniones, ninguna está por encima de la otra.

Pluralidad: asistimos mujeres, lesbianas y trans de todos los territorios.

 

Autónomos: no responden a gobiernos, ni partidos, ni a personas específicas.

 

Autogestionados: se sostiene con el trabajo de todes.

 

Autoconvocados: nos organizamos en cada lugar para poder realizarlo.

 

Incluso en el 1er ENM que se hizo en el Teatro San Martín de la ciudad de Buenos Aires, la misma “comisión promotora” reconoció la participación individual de todas las participantes pero sin reconocimiento a representaciones institucionales. En la actualidad eso ha ido cambiando, porque los encuentros se han vuelto masivos y los partidos políticos empezaron a interesarse, queriendo llevar sus lógicas a los talleres proponiendo votar, aunque sin éxito, ya que los principios del encuentro no se cambian y en los encuentros no se vota, porque no son asambleas, no hay una voz que prevalece por sobre las demás. Lo que sí hace, es generar redes para poder llevar acciones, porque te encuentra con otras que luchan o se identifican con esa opresión, o las pueden nombrar y reconocer después de años llevando el dolor en sus cuerpos porque la violencia patriarcal es común en todos los espacios que habitamos. Desde ahí, la respuesta del movimiento feminista es transversal, contra el avance de políticas de ajuste y precarización de la vida que recaen directamente sobre nuestros cuerpos, siendo quienes más sufrimos la explotación, la desocupación y la pobreza.

 

 

Descripción de la experiencia en nuestro país.

 

El 1er Encuentro de Mujeres Uruguay (EMU) fue un espacio pensado para conocernos, compartir nuestras historias, nuestras experiencias y donde se escuchen todas las voces. Fue un proceso de un año de mucho trabajo colectivo, del que aprendimos muchísimo y del que valió mucho nuestra alegría. Hubo momentos de todo tipo, convivimos las más diversas formas de pensar, con un objetivo común, que era hacer el encuentro e intentábamos llegar a acuerdos, a veces lo logramos y de eso fuimos haciéndolo. Nos llevó reunirnos durante muchos meses todas las semanas, laburando a la interna entre comisiones (organización general, programa, logística y finanzas). Hubo una apertura a escucharnos y a darnos el tiempo necesario para pensar y concretar lo que nos íbamos proponiendo en cada comisión. Porque nace de la necesidad de encontrarnos, retomando un movimiento, que lejos de empezar en nosotres, es una continuidad de la historia de las luchas de mujeres y disidencias que son en su mayoría silenciadas. En el proceso también fueron apareciendo resistencias, ahí entendimos porqué en Argentina se canta “A pesar de todo les hicimos el encuentro”, fue una construcción colectiva muy discutida, teníamos presentes los principios del encuentro, autogestión, autonomía, horizontalidad, apertura, en una lógica que rompe con las formas tradicionales de organizarnos. Eso nos trajo a la interna de la comisión muchas veces discusiones de muchas horas, que es algo que históricamente también a sucedido en los encuentros en Argentina, las diferencias entre mujeres de partidos políticos y feministas autónomas.

 

En abril del 2017, empezamos a tener las primeras reuniones con la idea de hacer un encuentro acá, “queremos hacer un encuentro de mujeres en Uruguay”, sin saber en lo que nos estábamos metiendo. Necesitábamos conseguir lugares para los talleres, para las mujeres que vinieran a quedarse durante los días del encuentro, necesitábamos una fecha. Así empezamos, con la base de los ENM y muchas ganas. Pensamos que por ser el primero lo mejor sería hacerlo en Montevideo, teníamos que decidir si el encuentro se hacía ese mismo año o el próximo, pero hemos dejado de esperar, entonces nos pusimos a trabajar en lo que sería unos meses después el EMU.

 

Teníamos la fecha del Encuentro en Chaco que es en octubre y entonces pensamos que antes de esa fecha sería muy difícil lograr las condiciones para llevarlo a cabo, por ello elegimos entre noviembre y diciembre. Nos quedamos con noviembre, más precisamente el primer fin de semana por el feriado que está antes y que nos permitiría organizarnos mejor en cuanto a cuestiones de logísticas previas al Encuentro, así empezaba a concretarse el 3, 4 y 5 de noviembre en Montevideo, el 1er Encuentro de Mujeres Uruguay.

 

El encuentro estuvo compuesto por diversas actividades y expresiones culturales teniendo como núcleo central la realización de 21 rondas de intercambio, debate y discusión entorno a las problemáticas y temáticas sociales, económicas, políticas, laborales y culturales, frente a las cuales las mujeres nos organizamos para enfrentar la violencia machista, la injusticia patriarcal y la desigualdad que atraviesa y nos afecta en todos los espacios de la vida cotidiana. Las rondas se llevaron adelante en tres instancias sucesivas y estaban organizadas en torno a un eje específico: educación, trabajo, salud, salud sexual y reproductiva, aborto, feminicidios, situación económica, violencia patriarcal, organizaciones sociales y políticas, colonialismo y etnias, derechos humanos, defensa de los bienes comunes, mujeres y trabajo, cultura y prácticas artísticas, comunicación y tecnología, feminismos, maternidades, adolescentes y jóvenes, sexualidades, cuerpos, privación de la libertad, trabajo sexual y explotación sexual.

 

Nos trazamos como objetivo en este 1er Encuentro de Mujeres Uruguay darle continuidad a este movimiento de mujeres, lesbianas y trans, así como también que rote la comisión organizadora junto con el lugar del encuentro año a año. Decidimos en consenso, como forma política, entre les que estuvimos participando del EMU que la próxima sede sea la ciudad de Maldonado y se puso en marcha el traspaso de la comisión organizadora para el 2018. En palabras de les compañeres de la 2da comisión organizadora:

 

“¿Por qué Maldonado? Porque consideramos que es una oportunidad a darle visibilidad a los colectivos emergentes de mujeres y/o feminismos que han nacido en estos últimos años en la zona para romper el silencio y congregar sus voces ante cada violencia. Porque entendemos que este departamento cuenta con cifras alarmantes de violencia sexual y/o abusos, así como también una creciente ola de casos de trata de personas (menores o mayores) con fines de explotación sexual (hecho que nos animamos a afirmar, deviene en gran parte del turismo sexual que llega a nuestras costas). Pero también porque es un momento para encontrarnos, intercambiar experiencias, saberes, diagnósticos, sentires. Un llamado a romper con la indiferencia y poder acercarnos.”

 

Cada encuentro toma la particularidad de la ciudad que lo recibe y de quienes lo organizan acorde a las necesidades y resistencias que surgen en ese contexto, lo que lo hace un evento único, porque cada uno tiene su impronta a la vez que se sostiene sobre los pilares fundamentales que lo han mantenido vivo hasta ahora.

 

Evitar la centralidad, la verticalidad, la cooptación, la apropiación del movimiento y todas las lógicas que este sistema tiene para debilitar la potencia combativa de nuestros encuentros y apropiarse de nuestras luchas, adaptarlas a su sistema para seguir expandiéndose. Son debates que se dan en los encuentros siendo parte de los mismos y nuestra postura es clara: defender la autonomía, la autogestión y la horizontalidad. Reconstruir esta historia, reinventando “territorios de libertad”, visibilizando la lucha que históricamente hemos protagonizado en todo momento y en todo el mundo, es una tarea fundamental de los encuentros.

 

 

2° Encuentro de mujeres, lesbianas y trans del Uruguay.

 

Cada año realizar el encuentro se vuelve difícil para quienes afrontan el desafío de estar construyendo caminos de autonomía y libertad. Las resistencias aparecen desde muchos lugares, incluso, desde el propio movimiento feminista que se resiste a acompañar otros procesos que no dependan de ninguna institución ni de personas específicas. Otra vez, el planteo sobre si las condiciones están dadas o no a la interna de un colectivo ponen en riesgo la continuidad del encuentro, teniendo que conformarse en muy poco tiempo una nueva comisión organizadora. Esta comisión da un nuevo paso y decide hacer un cambio para incluir otras identidades que ya no responden al ser mujer, a la heterónoma, al binarismo y que van construyendo una identidad política diferente.

 

En la proclama se leía/escuchaba: “entendemos necesario el nombramiento de todas las identidades políticas oprimidas/es, pero también el reconocimiento a los avances en materia de derecho para las personas trans recientemente en Uruguay”. Esto da pie a que se instale (o continúe) el debate en el encuentro, de que podamos pensarnos política y afectivamente, cuestionarnos qué es ser mujer, cómo vamos construyendo nuestra identidad, si incluimos o si excluimos, vamos aprendiendo en el encontrarnos y debatir-nos. Nos fortalecemos y ampliamos nuestra mirada, podemos reconocer las diferentes opresiones teniendo por delante el desafío de articularlas para que el movimiento no se fragmente.

 

“Como mujeres, nos han enseñado a ignorar nuestras diferencias o a verlas como causa para la separación, y sospecha, en vez de apreciarlas como fuerza para el cambio. Sin comunidad, no hay liberación. Sólo hay el más vulnerable y temporal armisticio entre el individuo y su opresión. Pero comunidad no debe significar el despojo de nuestras diferencias, ni el pretexto patético de que las diferencias no existen.” (Audre Lorde, Las herramientas del amo nunca desarmarán la casa del amo, 2016).

 

Las diferencias en estos encuentros se hacen visibles para poder pensar, pensarnos y pensar lo otro, lo desconocido, lo oculto, lo políticamente incorrecto, porque es en relación a estos que se dan los aprendizajes, las transformaciones y los cambios en las formas de expresión y acción. Entendemos importante diferenciarnos de quienes intentan controlarnos y someternos dentro de las lógicas rígidas y verticales bajo las que funciona el sistema político que nos domina dejando el planteo en este encuentro sobre que sistema político estamos construyendo, instalando el debate sobre que el mismo sea anti-partidario, invitando desde la propia comisión organizadora a pensarlo en las rondas de intercambio que se llevaron a cabo esos días. Que éste debate se esté dando ahora a la interna del movimiento deja una huella que nos invita a preguntarnos sobre el desafío de seguir profundizando en el deseo manifiesto de cambiarlo todo de raíz, a preguntarnos cuánto tiene que ver este planteo con la autonomía, la autogestión y la horizontalidad como características de los encuentros que generamos, a la vez que nos deja el desafío de dar estos debates respetando la apertura también como características de los mismos.

 

Construir espacios donde poder pensar lo diferente, lo nuevo, nos llevó a alejarnos de la ciudad y a estar en contacto directo con la naturaleza donde los vínculos se dan de otra forma, más parecido a una comunidad. Allí, lejos de los edificios, las luces, los autos, las instituciones, pudimos reconocer la necesidad de vivir y relacionarnos de forma diferente, que nos lleven a salir del encierro de nuestras casas, habitar otros espacios, para encontrarnos como un acto político. Las ciudades destruyen, disponen, no son inocentes, al decir de Illich:

 

“Muy lentamente caerá en la cuenta de que en nuestros países desarrollados el progreso ha convertido las calles en carreteras y el tráfico rodado amenaza a puestos callejeros y bancos, al comercio, al chismorreo, al juego y al trabajo. Hasta ahora, el progreso económico ha supuesto siempre y en todas partes la ruina de las zonas comunales y la reclusión de las personas en jaulas de cemento. Así, poco a poco, el mundo se ha vuelto inhabitable”. (Iván Illich, La reivindicación de la casa, 1985)

 

Rechazamos estas formas de vida, porque ya sabemos cual es el lugar destinado para las mujeres, lesbianas y trans en las sociedades dominadas por el extractivismo y el colonialismo que invaden y saquean nuestros territorios y nuestros vínculos. Rechazamos que se siga reproduciendo la violencia y nuestro sufrimiento a costa de nuestros silencios. Construimos así, un lugar donde nos acompañamos desde la mirada, lo corporal y lo afectivo para descubrirnos, debatirse, problematizar y experimentar la libertad. En este sentido recuperamos diferentes sensaciones de compañeres que participaron en el encuentro y que reflejan parte de lo que se vivió allí:

 

“...conocí un lugar re bello a la par de otras mujeres llenas de todo lo que está bien, tantas personas con buena vibra terminaron influyendo en mí y hacen que tenga una visión distinta de todo. Aguante la diversidad, el feminismo, el compañerismo, la música, la naturaleza y todo lo que se vivió allí en esos días y orgullosa de que todas hayamos aportado una parte de nosotras para ese encuentro tan empoderante.” (Mariana)

 

“...hacía años que no vivía esa mística de los encuentros... He vivido bocha de ENM en Argentina, pero ya no sentía esa mística.” (María Sol)

 

“Cortamos Av. de Mayo, nunca se había logrado eso en Pirápolis. Es una avenida muy transitada de donde llegan y van buses interdepartamentales. En fin, esa marcha fue por muchas razones un sacudón para esta localidad. La ciudad bonita donde ocurren casi siempre solamente lo políticamente correcto. Nosotras mostramos otra realidad, la que nos quieren silenciar! El Feminismo es revolución!!!” (Lorena)

Marcha del 2do Encuentro de Mujeres, lesbianas y trans. Piriápolis.

 

 

¿Por qué hacemos los encuentros?

 

Porque hemos dejado de esperar que las condiciones estén dadas para crearlas. Porque nos transformamos en cada encuentro y queremos llevar esas formas de vincularnos que aprendemos juntas a nuestras cotidianidades. Porque perdemos juntas el miedo a la libertad, cuando la ponemos en práctica. Es por eso que hemos dejado de esperar las soluciones mágicas, porque aprendimos que sólo las personas oprimidas son las que quieren transformar la realidad que afecta directamente nuestros territorios-cuerpo-tierra. Es un desafío seguir multiplicando en nuestras vidas esas redes que activamos y construimos en los encuentros, saber que es necesario volver para reencontrarnos, seguir pensando y re-pensando juntas las maneras de estar en el mundo. Estar entre compañeras, compañeres, cuidarnos y construir manada, generarnos los espacios de conocimientos de nosotras mismas para cuidarnos de quienes nos quieren destruir o destruir nuestros vínculos, nuestra unidad que se construye desde la autonomía y el respeto a la diferencia. Porque no sabemos hacerlo de otra forma que estando presentes, estar unidas, “juntarnos con otres para pasar los muros que nos dividen” como se reflexionó en el taller de teatro de las oprimidas. Teatralizar estas realidades nos ayudan a visualizarlas y actuar.

 

Así, problematizamos lo que nos atraviesa el cuerpo, el territorio, la apropiación capitalista de ellos y cómo damos esa batalla, construyendo nuevos sentidos que nos identifiquen y que eliminen todo aquello que nos excluye y nos oprime. Nos preguntamos en este camino: ¿Qué prácticas desarrollamos que sean alternativas a este sistema que destruye la vida? ¿Cómo enfrentamos al patriarcado? Nos planteamos la construcción de una pedagogía feminista para relacionarnos y vivir de otra manera, desde nuestras prácticas, entendiendo que el aprendizaje es una tarea creadora, en la que se construyen nuevas subjetividades, que nacen de darle valor y reconocimiento a las vivencias y las experiencias, poniendo énfasis en la observación de los aprendizajes cotidianos, que es donde podemos influir en la construcción de nuevas identidades culturales, haciéndonos protagonistas en nuestra historia y también en nuestra educación. Sistematizar estas experiencias, es parte de ese proceso de aprendizaje social, donde se rompe con la forma hegemónica y colonial de producción de conocimiento, que pretende rescatar y reconocer la validez y pertenencia de estos saberes y de la cultura, como el resultado de nuestra capacidad de crear nuevas oportunidades, nuevas realidades. Esto implica participar, comprometerse e involucrarse, es decir, formar parte y tomar parte para influir en la toma de decisiones, afectando directamente en las relaciones sociales y en la convivencia. Esta participación de la que hablamos tampoco se da de forma automática sino que es un proceso de desarrollo de la conciencia crítica. Un proceso de desarrollo que se debe impulsar desde las organizaciones sociales y políticas, que no busquen una apropiación de los conocimientos sino construirlos colectivamente, multiplicarlos, de-construirlos y volverlos a construir.

 

“Nuestra tarea no pasa simplemente por una reapropiación de medios, tampoco por una reapropiación de saberes. Si juntásemos todos los saberes y todas las técnicas, toda la creatividad desplegada en el campo del activismo, no obtendríamos un movimiento revolucionario. Es una cuestión de temporalidad. Una cuestión de construir las condiciones para que una ofensiva pueda alimentarse sin extinguirse, estableciendo las solidaridades materiales que le permitan sostenerse (…) Hemos dejamos de esperar.” (Tiqqun, Llamamiento, 2017).

 

Entonces vale preguntarnos ¿qué feminismo estamos construyendo? Un feminismo autónomo y activo, desde el cuerpo entendido como un territorio. Pensamos un feminismo sin jerarquías ni autoridad, para desestabilizar las lógicas en las que se basa el sistema. Un feminismo en movimiento, que pueda combatir las lógicas del monopolio en todos sus sentidos, sobre todo el centralismo tan impuesto en nuestra sociedad. Es por eso, que los encuentros no pueden quedar estancados ni centralizados, porque no tienen propiedad, porque son todo lo que el sistema hetero-patriarcal capitalista detesta. Porque se construye una convivencia que rompe con sus lógicas de relacionarnos dominada por la cultura de la violación. Porque sentimos la necesidad de cuidarnos y no hablamos del cuidado asignado a las mujeres directamente como lo maternal, sino desde una autonomía que responde al deseo individual que en estos encuentros se vuelve colectivo, porque hay una necesidad de estar bien, de sentirnos bien. Y el desafío es seguir construyendo espacios donde no existan estas lógicas de dominación. Nos queremos separar de eso y sino existe lo queremos inventar, donde se valide nuestra manera de ver, sentir y leer al mundo, que sea diferente de como siempre nos han leído por ser “mujeres”. Queremos separarnos de esa lógica, que nos asignó a un lugar determinado, existe la necesidad también de nombrarnos diferente, por eso decimos que no somos mujeres o en todo caso como aprendimos de una de nuestras madres “no se nace mujer, se llega a serlo”.

 

Mujer: una palabra que tiene una identidad política y un sentido también político, está cargada de descalificativos y responsabilidades, que han respondido históricamente a complacer a los hombres y a mercantilizar nuestros cuerpos. Por eso reivindicamos la importancia del lenguaje, porque es importante nombrarnos o revalidar esas formas en que históricamente nos han nombrado y que hacen hoy a nuestras identidades.

 

“Cuando vivimos fuera de nosotras, y con esto quiero decir basada solamente en directivas externas, en lugar de vivir basadas en nuestros conocimientos y en nuestras necesidades internas, cuando vivimos alejadas de las directivas eróticas que vienen desde adentro de nosotras mismas, entonces nuestras vidas permanecen limitadas por formas externas y alienantes y terminamos ajustándonos a una estructura que no está basada en las necesidades humanas. Pero cuando comenzamos a vivir desde adentro hacia afuera, conectando con el poder de lo erótico adentro, permitiendo que ese poder informe e ilumine nuestras acciones en el mundo, entonces empezamos a ser responsables de nosotras mismas en el más profundo sentido.” (Audre Lorde, Lo erótico como poder, 2016).

 

De esta forma también luchamos contra esas “directivas externas” que quieren hacernos creer que hay sólo una manera de hacer las cosas: la de ellos. Luchamos porque sabemos que hay otra forma de vivir y estos encuentros son una demostración de eso. Practicar la memoria activa, recuperar la memoria ancestral, practicar la libertad y que se multiplique, que se contagie.

“Ni las más variadas adversidades van a impedir que nos juntemos” decían en el ENM, por eso, nos seguimos y seguiremos encontrando.

 

 

* Nota publicada originalmente en La Subversiva:

https://m.facebook.com/notes/la-subversiva/resistir-desde-el-encuentro/559570867840850/

 

** Feministas autónomas, integrantes de la comisión organizadora del 1er Encuentro de Mujeres del Uruguay.

 

 

Referencias bibliográficas:

 

· Amanda Alma, Paula Lorenzo. Mujeres que se encuentran (2006). Feminaria Editora.

· Audre Lorde. Lo erótico como poder y otros ensayos. (2016). 1era edición: Abril 2016, Córdoba - Argentina. 1era reimpresión: Julio 2018, Sauce Viejo, Santa Fe - Argentina.

· Frente de Artistas del Borda, Manifiesto basura. (2016).

· Iván Illich, La reivindicación de la casa. (1985).

· ENM Documental, Nuestras vidas, nuestras luchas en 26 años. Pewen Producciones. (Diciembre de 2011).

· Proclama del 2do Encuentro e Mujeres, lesbianas y trans. (2018)

· Tiqqun. Llamamiento. (2017) Título original: Apple. (2003) Francia.

· Vanessa Martínez y Marianela Gamboa, Esterogamia, Inscribiendo una posible concepción de compañeras museres. (2017) Catamarca.

 

 

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