Ilustración: Alison Rodriguez

 

 

“Acá estamos en una crisis territorial patriarcal importante”

Mensaje de Gabi, febrero 2018

 

Este artículo surge de la invitación de los-as compañeros-as de Hemisferio Izquierdo en el marco de una nueva conmemoración del día Internacional de la Mujer. Es así que primero que nada queremos agradecer porque nos dan la oportunidad de poder generar un texto a muchas voces realizado por algunas de las mujeres del Colectivo Vilardevoz. 

 

A las locas y los locos no se les invitaba a escribir salvo a aquellos-as que estuvieran en el ámbito artístico o cultural. Su destino, la mayoría de las veces, era, y sigue siendo, el descreimiento de lo que se dice culminando en “vosprecisás ayudao en tenés que atenderte, internarte”

 

La locura, encerrada y excluida, no tenía lugar en lo que se denomina circuito comunicacional. Esto que estamos haciendo ahora, escribir un artículo, era impensable décadas atrás. Hacer una radio, y en un hospital psiquiátrico más.

Desde el surgimiento de Vilardevoz en 1997, nos preguntamos sobre qué es la locura y quién define si se está loco/a. En ese ejercicio fuimos dándole otros sentidos a discursos que una y otra vez recibimos de forma denigrante y despectiva:¡Sos loca! ¿qué estás haciendo? ¡estás histérica!, ¡estás ovárica! ¿porqué no te conseguís un marido?!. Estos sonalgunos de los comentarios cotidianos en que se señala a las mujeres, a las “raras”, las diferentes, las que no pertenecen a lo que construimos socialmente como lo común. 

 

¿Y qué es lo común en tiempos de mayor visibilización de las problemáticas que tenemos específicamente las mujeres? ¿qué nos urge ante una crisis territorial importante? ¿A qué refiere? 

 

Intentaremos aquí mostrar algunas de las problemáticas que tenemos las locas. Porque somos locas, nos hemos asumido como tales para poder resistir de forma colectiva y creativa en una sociedad que violenta y excluye.Nuestras voces, muchas veces en un lugar de invisibilidad, se transforman apoderándose de múltiples sonidos y en la enunciación colectiva plantan resistencia. Colectivizar espacios y sentires, permite la conquista de nuevos territorios y también, de aquellos otros, viejos conocidos.

 

 

Pobres, locas y mujeres

 

Basaglia [1] escribía, en relación a la existencia de manicomios, acerca de la condena de ser loco y pobre. A esta suerte de doble exclusión nosotras le agregamos una tercera: la de ser mujeres. Esta triple exclusión surge de la violencia, la vulnerabilización y la patologización constante. 

 

Las mujeres, pobres y locas en Uruguay están en situación de calle y refugios o son internadas en las Colonias y en el Vilardebó. En este último hay un sector para mujeres donde existen pabellones con un promedio de noventa camas. Allí, encontramos mujeres muchas veces sujetas a tratamientos involuntarios, malos tratos y situaciones donde existen múltiples vulneraciones y derechos cercenados. Esto se agudiza en circunstancias donde las mujeres están cursando un embarazo o se encuentran en período de post parto, en estos casos no existen abordajes específicos para acompañar a la maternidad y el puerperio. Ni que hablar de aquellas mujeres que han sido víctimas de abuso o violencia de género y que muchas veces están allí por descreimiento de sus relatos y denuncias, porque la lógica patriarcal y machista hace que se le crea y escuche al agresor o abusador. Entonces,“...a esta loca hay que internarla”. 

 

En Vilardevoz la temática del género se ha ido incluyendo a través de testimonios y diversas estrategias que van desde la realización de programas radiales, ciclos especiales, hasta la participación en talleres y diversas actividades. Algunos de los programas conducidos por mujeres y que tratan diversas problemáticas, entre ellas la violencia de género, el abandono, las imposibilidades y dificultades para vivir la maternidad, entre otras, son: “Granitos de Arena” por Olga Azikián, “Brotes de la realidad” por Rossana Bertini, “Semáforo Feminista” por Alba Villalba y Gabriela Calvo, “Coopevilardevoz” por Alba Villalba y “La globa-antipatriarcal” donde se habla de deporte femenino de la mano de Gabriela Calvo. Desarrollamos también el Ciclo “Vilar Mujer” donde se entrevista a mujeres referentes, militantes, luchadoras de diversas causas feministas, así como a organizaciones representantes del movimiento feminista en el Uruguay. También hemos creado programas de debate y espacios de reflexión para trabajar el machismo presente en todos-as nosotros-as, al mismo lo denominamos “Machistas en Recuperación”. Todo esto ha sido consecuencia de identificar la necesidad de desatar un proceso de formación interna que califique el debate sobre las temáticas mencionadas.

 

Por otro lado, en el Movimiento de Radios Comunitarias, específicamente en AMARC Uy [2], la temática de género ha sido una línea de trabajo importante a la interna de la red, contando con un área específica de Género. La reflexión y el debate por la participación de las mujeres en las radios, programas y centros de comunicación y producción ha sido promovido de forma constante. Particularmente queremos reconocer como promotora, impulsora y referente de estos espacios de discusión a la compañera Elena Fonseca, la querida Elenota para nosotras. Elenota es una comunicadora uruguaya, feminista, especialista en DDHH y, fundadora del colectivo Cotidiano Mujer [3].

 

Cabe destacar que Vilardevoz ha tenido desde sus primeros años una participación muy activa en la Red de AMARC, y es así que mediante la participación de Talleres y actividades de formación en género a la interna de la Red en Uruguay como con la Red mujeres a AMARC América Latina y el Caribe y el intercambio con otros colectivos nos fuimos formando, a la vez que nos dimos cuenta que nuestra voz es importante porque ayuda a:

 

  • Visibilizar y problematizar sobre los lugares y roles asignados a las mujeres en las radios.

  • Repensar las relaciones de género a la interna de nuestro colectivo e incorporar la perspectiva feminista en nuestro proyecto comunicacional.

  • Analizar los atravesamientos locura-género-diversidad

 

A partir del año 2015 Belén Itza y Andrés Jiménez, compañera-ro del colectivo formados especialmente en la temática, realizaron una serie de talleres en Vilardevoz donde se trabajó la perspectiva de género en salud mental posibilitando un aprendizaje vivencial y reflexivo sobre el modo en que se producen nuestros cuerpos. Al mismo tiempo, propició el diálogo de saberes de los movimientos sociales como estrategia de formación. En el marco de la necesidad de realizar lecturas integrales de los fenómenos de desigualdad social, y de la importancia de articular y generar horizontes y luchas comunes. Allí identificamos como ejes para seguir trabajando la exclusión que se padece por ser mujeres, pobres y locas, las situaciones de violencia que atraviesan muchas mujeres en condiciones de internación y encierro en los hospitales psiquiátricos, y la relación locura-violencia de género. A la vez, comenzamos a profundizar en discusiones preguntándonos ¿cómo llegamos a las condiciones de nuestra producción subjetiva? y de esta manera se impuso la necesidad y la convicción de comenzar a participar y adherir como colectivo a las distintas convocatorias, campañas y marchas tanto a nivel nacional como internacional (aborto, diversidad, ni una menos, alertas feministas, 8M).

 

En este marco queremos resaltar algunos temas que nos preocupan especialmente.

 

 

a) Medicación, sexualidad, amor

 

Tanto en la internación como con la prescripción de medicación el ciclo de las mujeres no importa. El mismo no se respeta y se altera constantemente, hecho que incide en los procesos del ciclo menstrual, en la ovulación, impidiendo que nosotras podamos elegir, por ejemplo, si ser madres o no. Esto genera muchas cosas. Miedo porque si dejamos el tratamiento farmacológico ¿qué pasa con nosotras?. Preocupación porque tener hijos es una responsabilidad muy grande a asumir y casi siempre sin mediar ningún criterio nos ven como peligrosas para nuestros-as hijos-as, y no se piensa en que quizás en la mayoría de los casos alcanzaría con lograr transitar una maternidad con apoyo y contención. A esto se le suma que por el tratamiento medicamentoso no podemos amamantar, no existiendo tampoco abordajes alternativos que prevengan esta imposibilidad. Interrogantes porque accedemos a cuestionarnos sobre los diferentes mandatos, como el de ser madres, por el solo hecho de ser mujeres. 

 

Por otra parte, con la medicación nuestros cuerpos cambian y se inhibe el deseo sexual así como se pueden presentar diversas distorsiones: peso, apetito, humor. Las mismas son desestimadas si los abordajes a nuestras problemáticas son únicamente biologicista y no integrales.

 

Y en el amor, vivimos muchos abusos donde podemos pasar raṕidamente de ser víctimas a victimarias. En una sociedad patriarcal la mujer sigue siendo culpable de todo (de lo que le pasa a los hijos-as, al marido o por no querer tener marido ni hijos-as) donde es más fácil decirnos:“mirá lo que hiciste loca de mierda”, “ mirá lo que me hiciste hacer”.

 

 

b) El aislamiento, la ruptura de redes, el derecho a las visitas

 

Hay diferentes formas de aislar, cuando una mujer-pobre-loca es internada pierde la intimidad y la capacidad de tomar decisiones y literalmente, según si se porta bien o no, puede pasar por un aislamiento en alguno de los calabozos que aún existen en el Vilardebó pese a haber denunciado su uso y existencia en más de una ocasión. Entonces nos referimos a un encierro oscuro, asfixiante, en penumbras, y mucho más enloquecedor y violento que lo que seguramente generó el ser llevada allí. El maltrato y la violencia, tanto física como psicológica, está tan naturalizada que no se reconoce como tal.

 

Esta especie de destierro va quitando el derecho a ser, a vincularnos con nuestros seres queridos, a pensar, crear y habitar un mundo que se nos vuelve lejano y se proyecta tras las rejas. El derecho a un acompañante se pierde, la posibilidad de ver a los-as hijos-as en muchos casos también, así como no existen las visitas conyugales.Todo esto aunque la Ley No 19.529 de Salud Mental en el Capítulo II Artículo 6 (Derechos) plantea en: “literal E) Ser tratada con la alternativa terapéutica indicada para su situación, que menos restrinja sus derechos y libertades, promoviendo la integración familiar, laboral y comunitaria. I) Estar acompañada, durante y después del tratamiento, por sus familiares, otros afectos o quien la persona designe, de acuerdo al procedimiento indicado por el equipo tratante. G) Tomar, por sí o con la participación de familiares, allegados o representantes legales, decisiones relacionadas con su atención y tratamiento”

 

Las internaciones aún siguen siendo realizadas desde un modelo sanitario y anacrónico, donde el modelo hospitalario trata como si fuera lo mismo una crisis en la salud mental que el estar internada por una operación quirúrgica, donde es necesario hacer quietud en una cama por cuestiones orgánicas que impide realizar otras actividades. Nos cuestionamos: ¿por qué tienen fuerza algunos discursos que insisten en que en la internación en salud mental no debe haber actividades de ocio y de rehabilitación? ¿Acaso los avances científicos no llegan a instituciones donde el abandono y la desidia sigue primando a pesar de esfuerzos individuales y colectivos?

 

Definitivamente, nuestros cuerpos en la institución psiquiátrica se vuelven rehenes, están cosificados, olvidados, prisioneros, vulnerados. 

 

 

c) Mujeres y calle

 

El porcentaje de mujeres en situación de calle es menor al de los hombres así como la cantidad de mujeres internadas o presas. Eso se relaciona muchas veces con otro tipo de aislamiento como el que genera la violencia de género o cumplir con los mandatos de cuidar hijos o tener que alimentarnos obteniendo trabajos precarios. Las mujeres, gracias al patriarcado y a la desigualdad social, somos destinadas a quedarnos aisladas en nuestras casas o ser invisibilizadas por el sistema. Si llegamos a la calle es porque hemos perdido todo y lo que nos queda es volver a empezar. Los refugios del MIDES protegen de la noche dura, en caso de ser admitidas, y el estar en la calle todo el día nos lleva a ser vulneradas constantemente a través del acoso o la estigmatización donde la comparación loca y puta es lo más frecuente. Estando en calle somos permanentemente humilladas con frases como “andá a bañarte sucia” o “andá a trabajar ocho horas” así como ser tratadas como objetos donde cambiar sexo por dinero es lo que se espera de nosotras. 

 

A todo esto tampoco tenemos derecho a expresar nuestras emociones. Si estamos tristes y lo manifestamos, seguramente escucharemos frases como “ahhh, estás triste, andá al psiquiatra a que te de una pastillita”. Si nos cansamos y la forma de demostrarlo es agrediendo o no haciendo lo esperado en el refugio la sanción es la suspensión, y si nos violentamos en la calle: la emergencia del Vilardebó o la cárcel. 

 

 

Locura y resistencia

 

Nos han enseñado que las mujeres tenemos que resistir, ser fuertes y no bajar los brazos, quedarnos calladitas y seguir adelante a pesar de todo. Las mujeres que nos hartamos, que no resistimos y no cumplimos con los mandatos sociales somos señaladas y tratadas como locas. ¿Y saben qué? Lo peor es que cuando no nos creen nos enloquecemos más.

 

Las mujeres somos valientes sí, por nuestra fuerza y nuestros corazones que a veces se rompen con golpes y/o maltrato verbal, y porque tenemos la capacidad de reinventarnos, de rebelarnos. Las mujeres somos activas, pachurrientas, lindas, feas, alborotadas, ordenadas, feas, flacas, altas, bajas, tenemos sentimientos, cuerpo y merecemos vivir. Tenemos derecho a ser tratadas con respeto y a vivir dignamente. Nos merecemos ser felices y libres en esta sociedad patriarcal-machista-cautivadora [4] que tenemos que poder cambiar entre todos, todas y todes. 

 

Las alianzas de la medicina, la justicia y los grandes medios de comunicación siguen siendo en clave patriarcal a pesar de los avances en derechos y de la presión social a cargo del creciente movimiento feminista. El poder decidir algo cuando no tenes derecho a nada es de las cosas más preciadas que en este proceso hemos aprendido a valorar. El poder alzar la voz, hacer con otros y otras y poder caminar juntos y juntas es nuestra locura más hermosa. 

 

Porque no es lo mismo ser loca que loco, ¡salud 8 de marzo!

 

 

* Integrantes del colectivo de mujeres de Radio Vilardevoz

 

 

Notas

 

[1] Psiquiatra Italiano en la década de los 70.

[2] Asociación Mundial de Radios Comunitarias Sección Uruguay. 

[3] Colectivo feminista dedicado a la Comunicación y a los Derechos Humanos.

[4] Además de patriarcal y machista con sociedad cautivadora nos referimos a todo el aparataje tecnocapitalista que, como los espejitos de colores, engaña y "cautiva" tanto a hombres como mujeres a través de esteriotipos de género consolidados, aceptados y reproducidos permanentemente como, por ejemplo, en el amor romántico con sus cenas, flores y joyas. Sin pensamiento crítico y el poder pensar con otros-as, el riesgo es quedar cautivados-as en los espejitos que históricamente han sido usados como herramientas para colonizar nuestros cuerpos y nuestra subjetividad así como para mantener la desigualdad y la opresión.

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