Escuchar las voces de los protagonistas. ¿Qué dicen los puteros de la prostitución?*

Ilustración: Ulalume

 

Mientras desde los feminismos nos organizamos, nos asociamos y movilizamos para visibilizar nuestras opresiones, mientras salimos a la calle para que nadie pueda mirar para el costado este 8 de marzo, otros se organizan, se asocian y se movilizan, para mantener sus privilegios. A diferencia de nosotras, lo hacen aprovechándose del silencio, el anonimato y la impunidad, amparados por la complicidad de un Estado y una sociedad que prefiere seguir mirando para el costado, seguir obviando que existe un monopolio del consumo sexual en el que las mujeres y trans solo podemos formar parte de la oferta. Un Estado y una sociedad que decide ignorar que el comercio sexual garantiza el ejercicio del libre goce de la sexualidad como un derecho exclusivo de los varones, en un marco en el cual las mujeres y trans empobrecidas somos objetos de satisfacción ajena y de intercambio:

 

Le pregunte si tenia un teléfono para contactarla y si podía hablar de ella en un foro. ¿Un foro que?, me dijo, un lugar donde tipos como yo comentan cuando conocen a una chica linda como tu bla bla bla […]

 

¿Dónde la encontraste? ¿Cuánto cobra? ¿De qué país es? ¿Cuántos años tiene? ¿Qué puntaje le das a su cara, su cuerpo, sus tetas, su culo? ¿Lo hace sin preservativo? ¿Anal? Son preguntas recurrentes en foros de prostitución de nuestro país, en los que consumidores de sexo (que nosotras llamamos puteros) intercambian respuestas. Hablan de la mercadería, los precios, hacen recomendaciones, se asocian entre ellos y generan estrategias para maximizar la relación costo-beneficio. Son hombres uruguayos, de esos que te podes cruzar a la vuelta de la esquina, que pueden ser el almacenero de tu barrio, tu jefe, tus amigos, tu pareja o tu padre. Escuchalos hablar:

 

A casi me olvido, por favor chicos [...] si salen con ella nada de esas pelotudeces, de porque cogés por esa plata si podrías estar cobrando eso por una hora [...] así fue que terminamos pagando fortunas por minas que antes cogíamos por 500 pesos

 

Chicos vamo arriba, hagan los aportes acá no sean malos, a ver, si yo leo eso el fin de semana antes de llamarla, capaz le saco unos pesos menos [...] yo creo que la naturaleza del foro es beneficiarnos nosotros, pero acá parece que entre fantasmas nos pisamos las sábanas [...]

 

Empujemos para que la calle no decaiga, es de las cosas más rápidas, fàciles y económicas, y para mi gusto de las que tienen más morbo por lejos!!!

 

Es muy raro que las chicas ahora puedan entrar [...] el foro es de los putañeros y en lo personal no tengo ningún interés en relacionarme con una prostituta. La idea de esto es intercambiar datos de precios y de cómo se desempeña [...] le propongo al o la dueña del foro que cierre las inscripciones por un tiempo, ya que nos conocemos todos y sabemos quien miente, quien comenta sin verso, cuales son los fiolines, quienes pasan datos a las prostitutas por favores, quienes le hacen novio [...]

 

Con este texto nos proponemos ingresar por un ratito en la mente de un putero. Queremos analizar la concepción que tienen de las mujeres y trans prostituidas (y por extensión, de todas nosotras). A pesar del asco y la rabia que nos ha generado leerlos, consideramos que se trata de un material fundamental para comprender las lógicas masculinas que construyen y sustentan la prostitución en tanto institución patriarcal que se mantiene incuestionada. De esta manera, pretendemos desplazar el eje de la prostituida al prostituyente, donde creemos que debería centrarse el debate actual.

 

 

“El rubro de la carne”

 

La despersonalización de las personas prostituidas es parte constitutiva de la relación que produce la prostitución. Las transacciones en el mercado del sexo implican que un hombre compre por unas horas un cuerpo feminizado capaz de generarle placer, una mercadería, que como tal se ve despojada de su condición de sujeto de derechos. En otras palabras:

 

El cuerpo de la mujer equivale, entonces, a una mercadería. Y como mercadería, tiene la propiedad de satisfacer necesidades, propiciar gratificación sexual, realizar deseos y fantasías. Sin embargo, no hay deseo o satisfacción sexual por parte de la prostituta […] El hombre, en la compra, busca la realización de sus fantasías y deseos. [...]” (Rodríguez en Rostagnol ,et al; 2015: 10)

 

Esto se expresa claramente en los calificativos que emplean para referirse a las prostituidas, que aluden, no casualmente, al mundo del mercado y el comercio, a la guerra y a los autos. La prostitución se presenta así como perteneciendo a la esfera de lo público, es decir, de lo masculino, lo negociable, lo dominable, lo que da poder, lo que somete y aniquila.

 

La retaguardia es su fuerte, lo tiene ancho, no pulido y con celulitis y todo. Pero bueno hoy en dia, es muy difícil encontrar algo de carrocería impecable.

 

“[...] consumí a esta chica hace 3 semanas

 

El hombre autómata, anestesiado de sentimientos, se exige a sí mismo reiteradas pruebas de virilidad (que luego exhibirá ante sus iguales), que pasan por negar al “otro” femenino. En la prostitución, consiste en aislar a la prostituida de sus deseos, sus miedos, sus proyectos, su humanidad… despojarla de todo aquello que pueda interpelar, de lo singular que hay en ella, para reducirla a un cuerpo-máquina que obedece y actúa como un canal para alcanzar el goce consigo mismo:

 

“La mina HABLA DEMASIADO y DICE DE TODO UN POCO, sobre todo “cosas inconvenientes” [...] es claro que la mayoría de las chicas con las que salimos y cogemos lo hacen por necesidad, pero cuando salimos vamos a ponerla y no a escuchar un alegato sobre las necesidades de nadie [...]”

 

“Le vino una cosa y enseguida bajo las luces de la habitación..todo bien pero este es el rubro de la carne. Tengo que apreciar visualmente lo que estoy tocando”

 

Incluso, algunos de ellos manifiestan preferir el “sexo pago” antes que relacionarse de manera igualitaria con mujeres, dado que esto implica, además de un gasto mayor (de acuerdo a la mentalidad prostituyente del varón proveedor), tomar en consideración a la otra persona: atender a sus demandas afectivas, respetar su falta de deseo sexual, dedicar una mayor cantidad de tiempo al encuentro. Estableciendo así una división, entre aquellas cuyo consentimiento puede ser comprado y las que no, en una descarada defensa de la cultura de la violación:

 

[...] cada tanto salgo con una amigota de esas que todos tenemos, con la que te vez cada tanto para salir y voltear “gratis”. La última vez la pase a buscar en taxi [...] casi 3 gambas, movie fin de semana 700 las dos entradas, hasta acá no se si notaron que casi gaste un palo y ni miras de ponerla [...] La cuestión es que me dice ¿No te jode si lo dejamos para otro día? [...] Pero supongamos que todo hubiera salido bárbaro, igual hubiera terminado gastando la misma plata, pero encima, cuando uno coge “gratis” hay que hacer buena letra, previa, algo de romantiqueo, preocuparse por que la mujer también disfrute bla bla bla [...] Moraleja: nada es más barato que el sexo pago.

 

En los comentarios del foro, salta a la vista la falta de seguridad que sufren mujeres y trans prostituidas, tanto en los locales como en la calle. Asombra la naturalización con que los puteros narran estas situaciones y cómo son incapaces de situarse a sí mismos como parte del problema, causantes y generadores de la violencia que experimentan las personas prostituidas. Dentro de una habitación, arriba de un auto, atrás de un árbol, no existen garantías. La posibilidad de elegir al putero, de establecer las condiciones, de cuidar la salud y la integridad mental y física no pasan de una ficción que ellos mismos confirman. Mediante la manipulación y la amenaza de dejar de consumir incentivan a la flexibilización del “servicio” brindado y la protección exigida, exponiéndo a múltiples riesgos y enfermedades a las prostituidas:

 

Mientras estaba recorriendo los pasillos siento gritos: seguridad, seguridad! [...] La flaca me contó que un plancha la encaró, y luego de entrar al cuarto la tiró a la cama, le tapó la boca y la empezó a manosear cuando ella lo apartó y empezó a gritar [...] la seguridad no se movió, los pibes desaparecieron y la chica nueva quedo preguntando ¿esto siempre es así?”

“[...] encaro a una que no tendría más de 20 (y que solo tiene una cara agradable y cuerpo con algún kilito de más) [...] y me dice que empezó ayer y que estaba seleccionando la gente [...] que mientras ella pueda pagar la habitación va a seleccionar la gente. Ja ja, durará 2 días (y le va a quedar debiendo a Nana). Este caso es un ejemplo de una mina que va ahí sin tener la menor idea de lo que es el trabajo

 

“[...] la chupó sin forro, al principio no, después del primero y yo con algunos alcoholes arriba, precise un incentivo para levantar al amigo, y la muy buena accedió a chuparla sin forro, pero solo hasta que se te ponga dura me dijo, esto contesta la pregunta de que no recibe la milk en la boca

 

“[...] aclaró que anal no hacía en aquel momento (Por la descripción de servicios al parecer ahora lo hace, se ve la plata mueve ánimos)”

 

 

Las opiniones de estos hombres no son excepcionales, reproducen un ideario de mujer objeto que el sistema patriarcal sustenta y legitima a través de la hipersexualización de los cuerpos feminizados en los medios de comunicación, en la pornografía, los desfiles de modas y las publicidades, por mencionar solo algunos de sus mecanismos de reproducción.

 

Somos catalogadas en base a los valores simbólicos que la sociedad nos atribuye, al reconocimiento social que los demás nos otorgan y los recursos con los que contamos, ya sea nuestro físico, nuestra clase o nuestra nivel educativo, dividiéndonos en diferentes estratos en los que nunca estamos al mismo nivel que los hombres, ya que son ellos quienes detentan la posibilidad de definirnos y quienes establecen los criterios.

 

Las lindas y las feas, las blancas y las negras, las putas y las santas, las madres y las hijas de su madre, las para casarse y las para cogerse, las que lo hacen por necesidad y las que quieren plata fácil.

 

Somos para ellos carne, fragmentos de cuerpos, mujeres partidas. Nuestra humanidad, para los puteros, sigue estando en cuestión.

 

Puntaje general:7, Cara: 9, Cuerpo: 6, Actitud y simpatía: 8, Tetas: 4 (pocas y no se sacó el sutien), Cola 7 (chica pero formadita), Higiene: 9”

 

“[...] de cuerpo no estaba super espectacular, tenía un pequeño rollito en la panza.. buenas tetas que no se le han caído y con aureolas grandes color chocolate mmm, ahora deben de estar rosadas después de las chupadas que les pegue, conchita juvenil bien depilada [...]”

 

“no fue tanto la atención lo que no me gusto.. fue que la vi mas desmejorada de lo que la conocí cuando era una pendeja divina [...]”

 

“ [...] piel bien blanca, hermosos ojos verdes, bien menudita, flaca [...]”

 

“Estuve hace unos días con R y coincido con varios de los comentarios, le gusta todo y es bastante putita [...]”

 

La gordofobia, el racismo y gerontofobia, golpean nuestros ojos, los cuerpos deseables son los flacos pero exuberantes, los jóvenes (aniñados), los blancos. El mercado del sexo jerarquiza dichas características, remunerando de manera diferenciada a quienes no se ajustan a ellas, y expulsándolas a los márgenes de la sociedad (por edad, discapacidad, extrema pobreza, deterioro de la salud, adicciones). Es un espacio privilegiado de la reproducción forzada de los estereotipos, que demanda de las prostituidas estar a la altura de las exigencias del mercado sexual para poder seguir siendo “rentables”. La silicona industrial, por ejemplo, es uno de los causantes de cáncer de mama y muchos proxenetas y tratantes exigen este tipo de modificaciones riesgosas en el cuerpo de las prostituidas para aumentar las ganancias. Los puteros las quieren con tetas grandes como en el porno.

 

¿Qué posibilidades tienen de elegir a los puteros y de establecer las condiciones en que realizan su actividad la mayoría de mujeres y trans que son consideradas “desechables”, que no se ajustan a los cánones de belleza del mercado sexual? ¿Hasta qué punto pueden negarse a hacer lo que los tipos se les antoja, cuando de ello depende su sustento? ¿Quiénes son en realidad los que eligen y establecen las pautas?

 

Por otro lado, la pedofilización de la demanda es un fenómeno que viene alimentado desde la industria pornográfica, donde las mujeres son representadas de forma infantilizada (colegialas, hijastras, nietas), con sus cuerpos totalmente depilados, simulando ser niñas o adolescentes que disfrutan de ser abusadas por hombres adultos. Los puteros buscan satisfacer estas fantasía a través de la prostitución, requiriéndolas cada vez más jóvenes e inexpertas, indefensas y dominables... sin diferenciar entre las registradas, las víctimas de trata y de explotación sexual (incluyendo las menores).

 

En este sentido, en los comentarios presentados en el foro se evidencia el aumento de las mujeres extranjeras en situación de prostitución y el fetiche de los puteros por el “consumo exótico”:

 

“Charla va, charla viene, que de donde eres, soy cubana dijo ella

 

“[...] cubana pero bien blanca de piel

 

“Realmente envidio a los que viven en Maldonado (aunque pensándolo bien si viviera ahi me fundiria) por la razón de que siempre aparecen chicas nuevas por lo de Nana, esas que están un par de días y se van

 

¿Es posible que como país lo único que tengamos para ofrecerle a las mujeres pobres y extranjeras sea la prostitución? ¿Es justificable que nuestro Estado conociendo esta situación haga oídos sordos? ¿Qué pasa con la supuesta fiscalización que según la ley de “trabajo sexual” debería realizarse en todos los establecimientos? ¿Por qué no se hacen públicos la cantidad de casos de trata de mujeres extranjeras en los últimos años? ¿Y de las menores encontradas en los prostíbulos?

 

Las políticas de combate al proxenetismo tienen como punto de partida la aceptación por parte de la persona prostituida de que se trata de una situación contraria a su voluntad. ¿No es iluso creer que bajo amenazas, extorsión y ausencia de garantías, alguien puede declarar ser víctima de trata o explotación sexual? Hacen falta políticas públicas reales que garanticen la seguridad de quienes logran huir de las redes y su posterior inserción en la sociedad. ¿La profundización de la regulación del mercado sexual puede considerarse una solución cuando el Estado no es capaz de implementar correctamente las políticas ya existentes? ¿Qué garantías de derechos puede darle a las prostituidas cuando no es capaz de accionar frente a claras situaciones de trata y explotación? ¿Continuaremos legitimando un mercado que nos expone, cosifica y explota? ¿No es mejor apostar por políticas públicas de salida de la prostitución y desincentivo del consumo de nuestros cuerpos?

 

Podríamos decir que la prostitución es la “política pública” a través de la cual el Estado garantiza el derecho de los hombres a acceder sin restricciones a los cuerpos de mujeres y trans, sin importar que ese derecho traiga aparejado la vulneración de los derechos de estas últimas. El Estado, al mismo tiempo que se constituye como un Estado de clase (representante de los intereses de la clase dominante), es también un Estado de género (masculino), que asegura que los intereses de los hombres sean percibidos como el interés general, y las relaciones de subordinación, como contratos libres entre partes iguales. El Estado moderno se funda sobre el contrato sexual (Pateman, 1988).

 

Al considerar la ley que las mujeres dan su consentimiento en las mismas condiciones que lo hacen los hombres, e ignorar la pobreza estructural de la población femenina, se reafirma una visión mercantilista y liberal del sexo (la misma que tienen los puteros), en que la mujer puede ser legalmente reducida a un objeto, dada su “aceptación” del “intercambio”, como si ambos participantes -prostituida y prostituyente- estuvieran en igualdad de condiciones, y las consecuencias fuesen las mismas para los dos (mientras los hombres lo viven exclusivamente como sexo, para las mujeres es precisamente la anulación de su deseo sexual, es decir, violencia de género).

 

 

Ahora, ¿qué hacemos con esto?

 

En primer lugar, y de forma urgente, debemos estar juntos/as y en la calle para exigirle al Estado políticas públicas que faciliten la reinserción de las mujeres que quieran salir de la prostitución, a la par de insistir en que el foco se ponga en la industria sexual y en los puteros, y no en las prostituidas.

 

Debemos denunciar a un Estado que recauda impuestos a costa de los cuerpos de las mujeres y trans empobrecidas, en lugar de generar oportunidades de trabajo y estudio genuinas, profundizando la feminización de la pobreza y la precariedad de nuestras vidas.

 

Apostamos por un cambio cultural que desnaturalice la prostitución y todas las formas de violencia sexual que se ejercen hacia los cuerpos feminizados. Creemos que son necesarias campañas de concientización y una educación sexual enfocada en desincentivar el consumo de sexo pago y promover formas de vivir la sexualidad basadas en el deseo y el disfrute mutuo.

 

Consideramos también que esta tienen que ser una reivindicación de todo el movimiento de mujeres y de los diversos colectivos sociales que luchan por una sociedad más justa.

 

El 8 de marzo paramos también por esto. No queremos más prostituidas. Nuestros cuerpos nos pertenecen. No se compran.

 

 

* Llamamos puteros a los hombres que pagan por acceder al cuerpo de mujeres y trans prostituidas. En ocasiones, empleamos también el término “prostituyente”. No les decimos clientes porque no consideramos que el sexo sea un servicio, ni las personas mercancía.

 

** Somos un grupo de mujeres que busca visibilizar los casos de desapariciones de niñas y mujeres en Uruguay, denunciando las situaciones de trata y explotación sexual. Encontranos en: https://www.facebook.com/dondeestannuestrasgurisas/

 

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