De murguistas y murguistos*

March 11, 2019

 Ilustración: Natalia Comesaña

 

Las mujeres, siempre desde las trincheras, generan acciones también en lo artístico y cultural, que reivindican la autonomía socio-cultural como su afirmación de identidad, desarrollo de autoestima y posibilidad de contar con organizaciones propias, especialmente en un medio dominado por varones como sigue siendo la murga. Si bien hemos estado asistiendo a una creciente incorporación de mujeres a esta categoría del carnaval, aún sigue siendo necesario el sustantivo en aposición cuando se constituye íntegramente por mujeres, como si algo de esa integración la quitara identidad: “Una murga de mujeres es una murga, pero todavía se necesita remarcar (…) porque muchos siguen dando por sentado que este género es “de hombres”, con argumentos como la tímbrica y la fuerza del coro” (Cordo 2018).

 

De hecho, son devoluciones de este tipo las que han tenido las mujeres murguistas, tanto en murgas de mujeres, como en murgas mixtas, así lo comparten Sofía Mieres de la Murga Cero Bola “nos dijeron [el jurado]: Cantan afinado, pero corren con una clara desventaja con respecto al coro de murga. Como que a la paleta de un pintor le faltara un color” y Soledad Castro de Falta y Resto “Eso es una falacia, una falla muy zarpada porque no hay una tímbrica vocal única en la murga. El concurso avala un montón de tímbricas, desde los Patos Cabreros a Cayó la Cabra. El problema es que somos mujeres, no cómo cantamos” (Cordo 2018b). Como comenta Yúñiga, para la democracia patriarcal es necesario justificar como natural y constitutiva la desigualdad entre varones y mujeres, en este caso, si es cuestión de timbre vocal, no parece haber forma de remediarlo. Las mujeres tienen derecho a formar parte de una murga, y que incluso la misma este constituída exclusivamente por mujeres, no existe ningún estatuto de carnaval que diga lo contrario. Esto es la dimensión objetiva del ejercicio de derechos, mientras que la dimensión subjetiva, es decir, la forma de ejercer ese derecho, no está exenta de dificultades (Vargas 1999).

 

Esta dimensión subjetiva aparece justamente con lo que se denomina ciudadanías incompletas. La ciudadanía es un proceso dinámico, altamente atravesado por las características de exclusión e inclusión de momentos históricos determinados, y debemos reconocer que amplios sectores de nuestra sociedad aún no pueden ejercer la misma en todas sus dimensiones (política, civil y social). Para el caso de las mujeres murguistas, interesa especialmente la noción de ciudadanía social, que se refiere al derecho a participar activamente en la herencia social y cultural de un territorio. Si bien a partir de la Revolución Francesa se instala la cuestión de los "derechos del hombre y del ciudadano”, los cuales se han ido complejizando incluyendo diversidad de representaciones del concepto de ciudadano, para las mujeres siempre ha sido necesario una declaración aparte. Desde Olympe de Gouges, quien tuvo que redactar la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, en cuyo epílogo reconocía lo poco justa que había sido con las mujeres la Revolución: “¿Qué ventajas habéis obtenido de la revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más visible”, lo que le valió la guillotina. Como ciudadanía incompleta, las mujeres, no acceden de manera efectiva a los derechos consagrados para el conjunto de la sociedad de la que forman parte, y deben entonces tomar conciencia del “derecho a poseer derechos” (Vargas 1999: 127).

 

De esa toma de conciencia que se realiza siempre en un proceso de abajo hacia arriba, fueron las mujeres quienes lucharon por gozar de los derechos inherentes a la dimension social de la ciudadanía, que otros sectores de la socidedad ya gozaban. Serían lo que Fraser define como públicos subalternos, ya que están politizando sus necesidades “desde abajo”, cuestionando su lugar subordinado por interpretaciones tradicionales (1994: 20).

"[...] desde chiquititas nos han enseñado

que no hay rincón de luz más anhelado

que encajar bien en el molde fabricado

para no salirse al colorear

del dibujo que ya viene delineado

en el libro de pintar

 

traemos un comunicado

no entendimos nada

y acá estamos

de nuevo en la farándula de momo

mire usted

soñando ser la tapa

de la revista Cuplé" [1]

 

Su participación implica entonces, ocupar un lugar en la esfera pública, siendo mujeres en un rol diferente del tradicionalmente asignado; no están sobre el escenario como cuerpo de disfrute de un espectador varón, sino en el lugar que tradicionalmente han ocupado los varones. Lo interesante es que no funcionan como simple reemplazo, sino que están allí para hablar de otros temas, vimos a una Cero Bola hablar del orgasmo femenino y a las mujeres de la Falta protagonizar una canción para defender qué tipo de sociedad desean: “Hoy nos mueve el deseo y la decisión/De que este canto se haga revolución/Porque un país posible tiene que haber/Donde no falte nadie por ser mujer”. Incluso en sus acciones y discurso terminan rechazando el propio concurso oficial como es el caso de la murga Cero Bola: “(…) que ya no quieren presentarse en el Concurso oficial. Habiendo ganado por Murga Joven en 2007, 2008 y 2009, con integración completamente femenina, Mieres recuerda que, tras haber entrado al Concurso en 2012 –pero no pasar a la última de tres instancias, conocida como “liguilla”-, no pasaron la prueba de admisión para concursar ni en 2013 ni en 2015” (Cordo 2018b). Si bien en Murga Joven la representación de mujeres es superior, llegando al 25, contra 16 de un total de 289 murguistas en el concurso oficial. Pareciera que continuara cierto infantilismo, en donde las mujeres pueden participar mientras es parte de un “juego de niños” pero no cuando se trata de murga “en serio”.

 

Según Lechner (1996) existe una ciudadanía activa que “(...) suele estar asociada a una mayor participación en las organizaciones sociales, mayor confianza interpersonal y social y una mayor percepción de reciprocidad”. Las mujeres murguistas en la construcción de ciudadanía activa, desarrollaron el Primer Encuentro Nacional de Murgas de Mujeres en febrero de este año, en donde desde la convocatoria se reafirma este objetivo: “es resignificar a las mujeres murguistas y el trabajo que realizamos las murgas cambiando una narrativa heteronormativa impuesta en el Carnaval Uruguayo” (ENMM 2018). También expusieron en entrevistas otros objetivos como: “reivindicar el lugar de la mujer en el espacio de carnaval, fortalecer los lazos entre los grupos autoproclamados como femeninos y hacer un relevamiento de carácter nacional” (TV Show 2018).

 

A partir de este primer encuentro en el que se llevaron adelante talleres y espectáculos abiertos al público en general, continuaron desarrollando su participación con talleres de formación en diferentes disciplinas vinculadas al oficio murguista, como ser letrista, batería de murga, arreglo coral. Estas acciones revisten el valor que tiene para otras mujeres poder verse reflejadas en estas artistas y docentes, como figuras simbólicas habilitantes de lugares hasta el momento protagonizados por varones.

 

Las acciones hasta ahora descritas implican algunas de las dimensiones de la ciudadanía activa. Como ser la dimensión política del ejercicio ciudadano, dado el compromiso con lo público tanto desde la ampliación de derechos, como de la posibilidad de garantizar los mismos a través del reconocimiento de su participación en la esfera pública. Esto implica el desarrollo y fortalecimiento de sujetos colectivos, pero se debe exigir para fortalecer el ejercicio activo de la ciudadanía, coincidiendo con Yúñiga, la intervención de los Estados (150). En este sentido, considero que es clara la acción de abrirse del concurso oficial por parte de algunas murgas de mujeres, cuando de hecho ya les "anulaban" la participación. Podríamos caer en este sentido en solicitarle al Estado acciones afirmativas, como establecer una “cuotificación” para murgas constituidas exclusivamente por mujeres, ¿corregiría de alguna manera el resultado inequitativo del acuerdo social establecido permitiéndoles la participación?... Claramente no afectaría el marco general que origina esta inequidad (Fraser 1997: 38). De hecho, ya se realiza una acción afirmativa de carácter simbólico, un premio por el que no se compite en demasía: la mención al mejor espectáculo que promociona la igualdad de género. Es de lo que adolecen estas acciones, no logran modificar la estructura que sustenta la inequidad. Lo hemos visto en el cambio entre “Reinas” a “Figuras del carnaval”, que si bien considero es un gran logro, en la búsqueda por dejar prácticas que cosifican a las mujeres, se eligieron chicas (salvo un varón) que cumplen con los estereotipos de belleza. A los ojos de quien desconocía el cambio de nomenclatura y modalidad del concurso, quienes desfilaron en los carros abriendo los desfiles, seguían siendo reinas.

Considero que la realización del ENMM, al comienzo constituyó de alguna forma una acción afirmativa, buscando el lugar alternativo al concurso oficial. Pero al construirse desde abajo, por las propias protagonistas, y desarrollarse como proceso que va edificando no sólo resistencias sino potencias, termina por constituirse en una acción transformativa en su totalidad. Lo que empezó por un Encuentro, ha generado talleres, en vínculo además con organizaciones y movimientos feministas, abiertos a todo público, pero en los cuáles son las mujeres quienes están en el lugar protagónico, poseen los saberes y las prácticas para transmitir.

Ahora bien, si uno de los nudos estructurales de la violencia de género es la cultura del privilegio apoyada en los valores patriarcales dominantes, pareciera que aquí las mujeres murguistas no han tenido más opción que construirse un encuentro aparte. Lo que constituye una politización de las necesidades, pero el Concurso oficial sigue siendo un lugar de poder y ellas deben accionar en las márgenes. Sería interesante pensar en una acción absolutamente transformativa que desarmara el concurso oficial en tanto concurso, generando un encuentro de conjuntos, sin prueba de ingreso. Los intereses que unen patriarcado y capitalismo en ese evento tienen tal manejo de poder que la propuesta de la acción casi da risa. Solo como ejemplo si repasamos las reacciones que generó en el presidente de DAECPU, organización que integra la Comisión de Jurados, el cambio a “Figuras de carnaval”, nos podemos imaginar que desarmar el concurso puede significar el apocalipsis carnavalero: “si quieren poner una reina trans, que hagan un concurso trans; si quieren poner a un puto, que hagan uno de putos; y que no se olviden y hagan de bufarrones, porque si no hay bufarrones no hay maricas" y el periodista luego concluye “Espert es partidario del concurso a la vieja usanza", ejemplo claro de cultura del privilegio. Las acciones afirmativas en la medida que de alguna manera todavía contemplan la estructura que sostiene la inequidad son más aceptadas, incluso vistas con cierta simpatía. Las acciones transformativas, tienen costos altos, pero el feminismo ha nacido imaginando la utopía y arriesgándose por conseguirla. Ahí están las murguistas, arriba del escenario, dándonos voz a quienes las aplaudimos.

 

 

* El título del artículo hace referencia al juego de palabras y género instaurado por la Murga Cero Bola. El presente artículo fue presentado como trabajo en el marco del Diploma superior de Género y Políticas públicas de FLACSO- Uruguay y publicado en Liminial- Plataforma de Arte Político:https://liminalpap.wixsite.com/liminal/publicaciones 

 

** Sabrina Speranza es Magister en Ciencias Humanas opción Teoría e Historia del Teatro, docente de literatura y actriz. Cursa el diploma superior en Género y Políticas Públicas de FLACSO Uruguay. Forma parte del colectivo Liminal

 

 

Nota:

 

[1] Murga Cero Bola (2015) "Guía práctica para personas que no encajan en el molde", Inédito: cedido por la murga.

 

 

Referencias bibliográficas:

 

Cordo, A. (2 marzo 2018) Tímbrica de acá. Primer Encuentro Nacional de Murgas de Mujeres. Brecha

------------b. (15 marzo 2018) La murga que desentona con el machismo. Latfem. WEB. Disponible en http://latfem.org/la-murga-que-desentona-con-el-machismo/

De Gouges, Olympe (1789). Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana. WEB. Disponible en <http://clio.rediris.es/n31/derechosmujer.pdf> accedido 25 julio 2018

Fraser, N (1994). La lucha por las necesidades. Propuestas nº 3, Entre Mujeres.

------------(1997) Iustitia Interrupta. Siglo del Hombre Editores.

N. Lechner (1996). “Nuevas Ciudadanías” en ¿Por qué la política ya no es lo que fue?, en revista Foro 29, Bogotá.

Oficina de Planeamiento y Presupuesto. (2017). Sistemas de género, igualdad y su impacto en el desarrollo de Uruguay al 2050. Serie Divulgación nº 1, Montevideo

Primer Encuentro Nacional de Murgas de Mujeres (ENMM) (2018) [Facebook]. Disponible enhttps://www.facebook.com/events/328066741046005/

TV Show (2018) Preparan encuentro nacional de murgas de mujeres. WEB. Disponible en:https://www.tvshow.com.uy/musica/preparan-encuentro-nacional-murgas-mujeres.html

V.Vargas. (1999). “Ciudadanías globales y sociedades civiles”. Revista Nueva Sociedad, nº163, pág 125. Venezuela.

Zúñiga Añazco, Y. (2010). Ciudadanía y Género, Revista de Derecho Universidad Católica del Norte, Año 17 N° 2, Coquimbo, Chile.

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