¿Cuál es la importancia del arte en perspectiva política transformadora?

 Ilustración: Arte y política por Mariana Escobar

 

Son muchos los que han reflexionado acerca de la dimensión transformadora del arte, el pensamiento crítico lo ha tomado como objeto de estudio en varias de sus dimensiones viendo su alcance y sus enramados vínculos sociales. La pregunta está en si el arte puede alterar su existencia y pasar de ser simplemente mímesis, dejar de representar a la sociedad en la que es creado, reproduciendo desigualdades y mercantilizando la experiencia artística para convertirse y ser denuncia, reflexión, revolución. De ahí que antes de preguntarnos ¿Cuál es la importancia del arte en perspectiva política transformadora?, necesitamos responder otra pregunta: ¿Existe arte en perspectiva política transformadora?

 

La pregunta parece tener respuesta obvia pero en tiempos de regresiones, de retorno al fascismo, se hace fundamental un detenimiento que colabore a problematizar y afirmar algunas cuestiones. Y no es exagerado hablar del fascismo hoy, como aquella “expresión política, la sensibilidad social y la formación subjetiva que mejor sirven al propósito de aniquilación de la población sobrante del sistema, es decir, de aquella que no cuenta con un proyecto político y social que la contenga en los mínimos existenciales más elementales. Pero no sólo: el fascismo es también la formación ideológica y política dominante que, en coyunturas de incertidumbre, promete al pueblo un ideal de orden a través de la exacerbación de un sentido identitario nacionalista y conservador cuya diferencia o impugnación es demonizada y aniquilada” (Hemisferio Izquierdo, 2018)1. Por más que resulte obvio o podemos suponer determinado a priori, se hace necesario su desconfianza, realizar una pausa y reflexionar al respecto.

 

Sí. Existe arte en perspectiva política transformadora. Podríamos exponer que la transformación es inherente de todo arte, de toda manifestación artística. El arte en sí mismo, ya sea por ejemplo a través de una hoja y un lápiz como es el caso de la literatura, de una hoja y colores en la pintura, el cuerpo en el teatro o la danza, determinado instrumento musical o la voz en la música, modifica, transforma. Lo que está ahí, esa determinada materialidad, por medio de cierto proceso, se modifica y con esa modificación plantea una transformación.

 

Ahora bien, esa transformación no siempre es vinculable a aquella política transformadora orientada en la colaboración subjetiva de cambiar el sistema que impera y nos domina. Podríamos exponer incluso, más allá de la discusión si se trata o no de manifestaciones artísticas, que la mayoría de estas expresiones tienen como perspectiva política transformadora, la no transformación de la sociedad, el status quo. O peor aún, el retorno de ciertos “valores”, el afianzamiento de una subjetividad conservadora. Esto ya lo analizan muy bien Adorno y Horkheimer en su ensayo Dialéctica de la Iluminación publicado en el 1967 [1998] cuando elaboran el concepto de Industria Cultural. Este término, que utiliza la noción de industria para hacer referencia a la estandarización de la propia cosa y no al proceso de producción en sentido estricto, refiere a la imposición de cierta cultura mercantilista que fusiona el entretenimiento y la diversión y que logra un adoctrinamiento y así la dominación de los grupos subordinados por parte de las personificaciones del capital, no sólo en lo que respecta a su labor (en las fábricas, por ejemplo) sino además en su tiempo libre: “Los productos de la industria cultural pueden contar con ser consumidos alegremente incluso en un estado de dispersión. Pero cada uno de ellos es un modelo de la gigantesca maquinaria económica que mantiene a todos desde el principio en vilo: en el trabajo y en el descanso que se le asemeja” (Adorno y Horkheimer, 1998/1967: p. 172). El arte, como expresión cultural se ve repercutido notoriamente por esto. De esta forma, el arte cobra“valor” (esta expresión nos llevaría a escribir otro texto) en función de estar o no plegada a la Industria Cultural. Fácil es recordar los siguientes adjetivos para hablar de cultura o arte: culto/inculto, erudito/popular o de masa, alta/baja, buena/mala. En el imaginario social la primera se asocia a lo realmente” culto, es decir lo dominante, lo que “debe ser”, “a lo que tenemos que aspirar” y la segunda con “lo vulgar”, la cultura del pueblo.

 

La Industria Cultural corresponde a determinadas expresiones culturales, entre ellas artísticas, creadas por la clase dominante para los grupos dominados con el objetivo de mantener la hegemonía que en términos gramscianos refiere a la imposición subjetiva de la ideología dominante. En términos de Williams (2000/1977) “no es solamente el nivel superior articulado de la “ideología” ni tampoco sus formas de control consideradas habitualmente como “manipulación” o “adoctrinamiento”. La hegemonía constituye todo un cuerpo de prácticas y expectativas en relación con la totalidad de la vida (...) Es un vívido sistema de significados y valores (fundamentales y constitutivos) que en la medida que son experimentados como prácticas parecen confirmarse recíprocamente. Por lo tanto, es un sentido de realidad para la mayoría de la gente de la sociedad, un sentido de lo absoluto debido a la realidad experimentada más allá de la cual la movilización de la mayoría de los miembros de la sociedad (en la mayor parte de las áreas de sus vidas) se torna sumamente difícil”. (p. 131, 132). Estas expresiones son las más masivas y las que más se imponen. Fomentan la naturalización de la realidad en la que se vive y por tanto, la manifestación artística de la realidad como “algo dado”: “La producción capitalista los encadena de tal modo en cuerpo y alma que se someten sin resistencia a todo lo que se les ofrece. (...) Las masas tienen lo que desean y se aferran obstinadamente a la ideología mediante la cual se les esclaviza” (Adorno y Horkheimer, 1998/1967: p. 178). La Industria Cultural, de esta manera, lejos de liberar, reprime.

 

Además, existen manifestaciones artísticas creadas por la clase dominante para ésta, la realizada por los grupos subalternos que imitan las manifestaciones artísticas de dominante y la realizada por los grupos subalternos que se legitima diferenciándose de la cultura dominante, es decir, de la hegemónica. Es ésta la que tiene una perspectiva transformadora en clave revolucionaria, que busca con dichas manifestaciones el cambio radical de la realidad y la provocación en fomentar la creencia de que existe la posibilidad de un mundo otro. Es un arte que nos obliga a cuestionarnos en tanto lo que somos en determinado contexto, nos impulsa a problematizar la realidad en el entendido de derribar el supuesto de su naturalización, de que la realidad “es así y listo”, de pensar en ella y de impulsar la aventura de animarse a sentir y reflexionar la necesidad de una otra realidad. Una auténtica transformación. De todas formas podemos sostener que la la obra de arte puede ser concebida desde el poder reflejando el parecer hegemónico y sin embargo observar esa obra y resignificarla desde un perspectiva transformadora ya que la obra puede tener un gran potencial más allá de su origen tanto en las experiencias que despierte en el espectador como en su análisis.

 

Lo importante para expresar es que dichas manifestaciones artísticas no necesariamente tienen que ser una alegoría a las ideas que promulgan. De ser así únicamente cierta corriente realista del arte correspondería dentro de estas expresiones. En Uruguay por ejemplo, el canto popular sería un ejemplo claro de estas expresiones así como la literatura de Mario Benedetti o Eduardo Galeano y no la literatura extraña, insólita, fantástica, no realista. Sin embargo ésta literatura también puede considerarse como una expresión artística en perspectiva política transformadora en tanto, partir del orden realista, distanciarse de ella y crear un mundo posible generando siempre el cuestionamiento de la realidad de la persona que lee el texto. ¿Acaso las creaciones de Masliah, sin ser realista, no tienen perspectiva política transformadora? Tal como expone Benítez sobre el arte hoy, en una coyuntura de avance del fascismo: “A mi me parece que la mera existencia de un componente fascista es un acontecimiento inquietante al que el arte dará respuesta, no necesariamente directa, no francamente nombrada, pero también bajo esas formas” (Hemisferio Izquierdo, 2018)

 

El arte que busca transformaciones es múltiple heterogéneo, pero al mismo tiempo en su diversidad tiene en común una profunda certeza: la de habitar un mundo injusto y desigual al que es necesario cambiar y para esa batalla es necesario tomar las armas que el arte nos brinda. Esa pelea es en campos accidentados y es cuerpo a cuerpo, está el artista que es gestado en el mundo hegemónico museístico pero que logra dejar de reproducir esa lógica y ser o es contestatario, está el museo o la editorial que mercantiliza el discurso subalterno y lo coloca en las vidrieras de las librerías y en las paredes de las galerías.

 

Consideramos que la dimensión transformadora del arte está habitada de contradicciones y las mismas pueden ser abordadas desde diferentes perspectivas. Puedo ver una obra de arte producida en el seno de la elite artística y que eso tenga un perspectiva transformadora y también puedo tener prácticas artísticas con una perspectiva social y ser absorbida o financiada por el mercado del arte. Sucede que el artista y el objeto (no –objeto) de arte transformadores no siempre son efectivo y en el caso de que lo sean los efectos pueden ser muy difíciles de observar. El deseo transformador no siempre se concreta, el mensaje no siempre llega, porque de hecho el arte no es sinónimo de comunicación.

 

Asimismo, más allá de su efecto, pensar críticamente las manifestaciones artísticas es parte de abordar el arte desde una perspectiva que busque la emancipación. Reflexionar sobre el arte es pensarnos como sociedad, sus miserias, sus superficialidades, contradicciones e injusticias, son síntomas, observarlos nos permite observarnos. Por eso al igual de importante es observar el fenómeno artístico desde una perspectiva crítica y decolonial. Creemos que cada uno de los lugares en los que nos podemos posicionar con respecto al objeto artístico (y al no objeto artístico) son potencialmente transformadores. La del público, la del productor y la del teórico.

 

Ahora sí, ¿Cuál es la importancia del arte en perspectiva política transformadora? Sostenemos que la importancia es mucha y es radical. Para empezar, este arte es crucial para comprender la realidad. Konder (2013) expresa: “Admitido el valor cognitivo del arte, seremos forzados a concluir que éste proporciona un conocimiento particular que no puede ser suplido por conocimientos proporcionados por otros modos diversos de aprehensión de lo real. Si renunciamos al conocimiento que el arte -y solamente el arte- nos puede proporcionar, mutilamos nuestra comprensión de la realidad” (p. 25) (Traducción nuestra) . El arte en perspectiva política transformadora no solo colabora en la comprensión de la realidad sino que nos impulsa a continuar avanzando en la convicción de que es posible otro mundo. Que es posible, que no se trata de una ilusión sino que es una posibilidad dentro de nuestra materialidad concreta y real. Y más aún: “El arte prueba modos de ser en el mundo diferentes al existente” (Pagano Artigas, 2018). El arte prueba. Eso mismo, habilita el espacio para, a través de las determinadas expresiones artísticas, generar otras subjetividades que en tanto política prefigurativa creen otras posibilidades a los modos de ser actuales. En ese sentido no se trata solo de un arte en perspectiva sino en materialidad transformadora. Varios son los ejemplos que colaboran a este sentido: la literatura del MST, la red de Escuelas de Teatro Político y Video Popular “Nuestra América” o las performances feministas (un ejemplo puede ser La caída de las campanas). En palabras de Bönhenberger (2003/ 2001): “El arte es por tanto el factor que unifica por la belleza y da creatividad a los pasos que damos en busca de la construcción de una nueva sociedad” (Bönhenberger, 2003/2001) (Traducción nuestra).

 

Existen artistas que sin negar la tradición artística comprometida lleva adelante prácticas que socavan los pilares en los que se sostiene el sistema del arte: la autoría, la obra, la exposición, son desplazados por otras formas colectivas y comunitarias. En estas experiencias de arte social se construyen procesos creativos y transformadores donde lo importante no es el resultado final. La práctica social del arte aquellas prácticas que explícitamente participan de acciones sociales con una perspectiva emancipatoria, que no se enmarcan en un estilo o en un formato, que pueden prescindir de objetos, pero que introducen prácticas en el mundo del arte colaborativas, relacionales y comunitarias dándole un peso mayor a los procesos y a las experiencias. Este lugar explícito es el de un arte militante, que busca reflexionar acerca de la realidad en la que es producido, irrumpir, dislocar. Este tipo de prácticas artísticas se posicionan políticamente, nos pone en tarea, nos obliga como comunidad a hacer y a involucrarnos en la transformación. Esto nos recuerda a la noción benjaminiana del autor como productor (1987/1934). No como aquel que tiene un don y en función de ese don crea, lo que lo hace distinto y superior a los demás sino como aquel que produce en tanto que crea y en tanto que participa activamente en la lucha de clases. De esta manera, el arte se convierte en una herramienta de lucha.

 

Como expresamos más arriba, no sólo está la obra o el artista (productor) “en escena”. La obra, o el arte es un fenómeno que involucra otros actores. Existe una dimensión en las prácticas artísticas que tiene que ver con la relación con los espectadores y espectadoras, con quienes observan y al mismo tiempo interpretan. Hay un aspecto que además de la materialidad misma del objeto creado se ve modificada pero lo lo creado tiene un efecto en las personas que perciben. Este rol es fundamental porque la importancia del dispositivo también está en la construcción de una actitud frente al arte que nos permita interpelarlo, sus productos, sus instituciones sus mecanismos de reproducción. Interpelarlo y ser lo suficiente antisistémico como para dedicarle tiempo a la experiencia estética en un sentido que supere las teorías hegemónicas de lo bello.

 

En estos tiempos es necesario recordar las teorizaciones sobre el arte y el fascismo de Benjamin “Esta idea del arte como una herramienta de lucha puede estar vinculado a la concepción que Benjamin tenía de arte vinculado a la lucha contra el Fascismo. Consideró que el fascismo promovía un esteticismo de la vida política permitiendo que las masas se expresaran pero no así manifestaran sus derechos. De ahí el Comunismo debía responder con la politización del arte (Benjamin, 1989/ 1972: p. 57). Esto implicaba un llamado a que los artistas utilizaran el arte como herramienta de transformación social” (Pagano Artigas. 2018)

 

La importancia del arte en perspectiva transformadora se vuelve crucial porque no solo se trata de una perspectiva sino de una materialidad que hoy no solo es importante sino absolutamente necesaria

 

 

*Docente. Integrante del Consejo Editor de Hemisferio Izquierdo

**Mag.Psic. Prof. de Literatura. Integrante del Consejo Editor de Hemisferio Izquierdo

 

 

Notas:

1. Recomendamos la lectura del número dedicado a los Fascismos.

 

Bibliografía:

Adorno, T; Horkheimer, M (1998). Dialéctica de la Ilustración. Madrid, España: Trotta (Trabajo original publicado en 1967).

Benjamin, W. (1987). Magia e técnica, arte e política. Ensaios sobre literatura e história da

cultura. Obras escolhidas. Volume 1. San Pablo: Brasiliense. (Trabajo original publicado en

1934)

Benjamin, W (1989). Discursos Interrumpidos I. Argentina: Taurus. (Trabajo original publicado en 1972).

Bönhenberger, Ê. (2003) “A importância da arte para o MST”. En Colectivo Nacional de Cultura del MST. Enraizar é fundamental Brasil: MST. (Trabajo original: 2011). Circulación interna.

Hemisferio Izquierdo (2018). Editorial: Fascismos hoy. No pasarán. https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2018/10/22/Editorial-No-pasar%C3%A1n-fascismos-hoy

Hemisferio Izquierdo (2018). "El arte es libertad y el fascismo es, naturalmente, hostil a un arte genuino erigido en la libertad". Entrevista a Hebert Benítez Pezzolano. https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2018/10/22/El-arte-es-libertad-y-el-fascismo-es-naturalmente-hostil-a-un-arte-genuino-erigido-en-la-libertad-Entrevista-a-Hebert-Ben%C3%ADtez-Pezzolano

Konder, L. (2013) Os marxistas e a arte. San Pablo, Brasil: Expressão Popular

Pagano Artigas, E. (2018). De lo imposible utópico a lo posible real: Poemas del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil. Tesis de Maestría. Texto aún no publicado.

Williams, R.(2000) Marxismo y Literatura Barcelona, España: Península. (Trabajo original publicado en 1977).

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