De la resistencia y la creación: Modos disidentes necesarios para habitar este mundo

 Ilustración: Alcira Soust Scaffo

 

Ríos de tinta se han escrito sobre la relación entre el arte y la locura. ¿Y qué otra cosa decir? Mucho. Existe siempre la posibilidad de sentir, problematizar y de pensar. De hacerlo palabra, de hacerlo letra. Podríamos expresar que esta posibilidad se extiende mucho más cuando de arte se trata, porque este se vincula de forma intrínseca (y también extrínseca) con la imaginación, con la creatividad, con la posibilidad inventiva de construir lo nuevo, lo diferente; una otredad que se configura con otros códigos, otros lenguajes. Una otredad que molesta al status quo, que revienta límites, que se impone. Pero no siempre.

 

El arte es histórico y político. De eso no cabe ninguna duda. Todo contenido y toda forma, por más inconsciente que sea (y no queremos decir con esto que el inconsciente no es político), es histórico y político. En un mundo como el nuestro, con un sistema capitalista, patriarcal y manicomializante, el arte tiene un lugar fundamental para la batalla cultural; es uno de los medios (en todas sus expresiones y manifestaciones) para mantener consenso y sostener hegemonía. Existen entonces aquellas manifestaciones artísticas realizadas por la clase dominante para ésta. Aquellas realizadas por la clase dominante para los grupos subalternos como el ejemplo de los folletines franceses en el pueblo italiano que describe Gramsci (1930-1932, p. 36). También es visible, en términos benjaminianos, en la actual Industria Cultura (IC), al encontrarse presente constantemente. La IC se vincula con la imposición de cierta cultura mercantilista que fusiona el entretenimiento y la diversión y que logra un adoctrinamiento y así la dominación de los grupos subordinados por parte de las personificaciones del capital, no sólo en lo que respecta a su labor sino además en su tiempo libre. Varios son los ejemplos de IC: ciertos programas o canales de televisión (la Rede Globo es caso), los Shopping Centers, cierta literatura, algunos espectáculos musicales, entre otros. Asimismo existen las expresiones artísticas realizada por los grupos subordinados que imita la cultura dominante y las realizadas por las grupalidades subalternas que se legitiman diferenciándose de las dominante, es decir, de la hegemónica. Es fácil recordar que en el discurso de la sociedad existe la llamada cultura erudita, alta o buena en contraposición de la cultura popular o de masa, baja, mala. En el imaginario social la primera se asocia a lo “realmente” culto, es decir lo dominante, lo que “debe ser” y la segunda con “lo vulgar”, la cultura del pueblo.

 

Si podemos caracterizar al arte en su doble conjunción de contenido y forma, tenemos que ser conscientes en que ambas, forma y fondo, continente y contenido, reflejan un posicionamiento político, una postura política y que debemos hacernos cargo (si no lo hacemos, esa es nuestra postura y posicionamiento). Sanguinetti nos ejemplifica con el teatro: “Una obra que se estrena fuera de los centros hegemónicos de representación, cualquiera sea su tema, supone en sí mismo un acto político de resistencia. Cobrar entradas populares, ir a la gorra, permitir el acceso gratuito y libre, es un acto político. Estrenar obras de autores latinoamericanos y no clásicos europeos, es un acto político. Generar procedimientos de creación horizontales y cooperativos es un acto político. Salir de las salas teatrales para trabajar en espacios no convencionales es un acto político. Reversionar y dislocar el funcionamiento de presentación en los teatros convencionales es también un acto político. Y también lo son sus contrarios: estrenar en centros hegemónicos, evitar la periferia —geográfica y autoral—, fijar precios elevados, hacer publicidad en tal o cual diario o revista”. (1)

 

Siguiendo esto, debemos prestar especial atención al uso que se le da al arte en diferentes ámbitos o espacios de la Salud Mental. Cuando nos referimos al arte como herramienta, en un sistema capitalista, patriarcal y manicomializante, ¿herramienta de qué? ¿De mantener consenso y hegemonía? ¿De ser funcional a la lógica psiquiatrizante y biologicista? Debemos ser cautelosos/as ya que muchas veces, puede suceder que hagamos del arte, una estrategia de dominación. Y en la Salud Mental esto sucede. Muchas veces se utiliza al arte como contención (en el sentido de atrapar, calmar y no dejar ser), asistencialismo y pasatiempo. No se piensa de forma colectiva en una consigna, en un por qué y en un para qué y así se continua operando y alimentando esa lógica. El término técnica acuñado por Benjamín para la literatura como “aquel concepto que torna los productos literarios accesibles a un análisis inmediatamente social y por tanto materialista” (traducción propia) (Benjamin, 1987/1934: p. 122), es decir, lo que permite la diferenciación entre la entre tendencia política y cualidad literaria colabora a la identificación de cómo el arte es usado, o en otros términos (intentando escapar de la idea utilitarista del mismo), cómo el arte puja o no con las lógicas maincomializantes.

 

Pero aún así, también es cierto, que el arte permite (o es en sí mismo) una línea de fuga. En el acto creador en sí mismo, en la imaginación volcada por ejemplo a la palabra, a la pintura, al cuerpo, al canto, a la escultura, habilita algo diferente. Y es esa diferencia que empuja y molesta. Como la locura. La locura se rechaza. En nuestra sociedad, se mantiene el imaginario que el loco y la loca (quien carga aún más con con todo esto porque le tocó ser mujer en una sociedad patriarcal) debe ser excluido, debe ser aislado porque peligra la estabilidad social. En el imaginario de la sociedad, la loca, el loco es al que le faltó disciplina, enderezamiento, rigor, límites. El tutor, aquel palo que se le pone a la planta para que crezca derecha, no funcionó.

 

Pero los imaginarios, están para romperse. Y no sólo. Están para ser transformados. La conjunción del arte y la locura nos permite romper y transformar. No solo por su efecto canalizador, no menor, al permitir ser una vía en el que el delirio se habilita, se deja ser y fluir sino también por su efecto político disidente, porque cuestiona la naturalización de los modos de ser en el mundo, porque pega donde duele (en esa tranquilidad ciega y ese quietismo vacío), porque rompe y en esa rotura va haciéndose escuchar, va buscando su lugar, va resistiendo y creando. Así, el sujeto, la sujeta, conjuntamente con el arte, va haciendo(se) y siendo en el mundo. Varios situaciones pueden ejemplificarse; en lo personal recuerdo a un usuario de un Centro Psicosocial, que luego de conocer la corriente vanguardia del Dadaísmo comenzó a escribir creativamente, actividad que no abandonó. Uno de sus poemas se llama “Una locura en libro” y versa de la siguiente manera:

 

ESTANCADOS EN LA OSCURIDAD DEL PLACER

PAGINAS COMPLETAS DE ESTUPIDECES

PAGINAS SIN NUMEROS Y OJAS SIN PRÓLOGO

SON BARIOS LOS ESCRITORES, ESCRITORES QUE NO EXISTIERON

ESCRITORES DE BIBLIAS DEL INFIERNO

ESCRITORES DE PESADILLAS

PESADILLAS EN OJAS DE PAPEL

EDITADAS POR BESTIAS LAMADAS LETRAS DE MANICOMIO

UN LIBRO LOCO SIN ESPERANSA Y DE VIDA RUTINARIA

EN LAS PACIONES DE LOS ESCRITOS HAY SANGRE

EN CADA VERSO HAY UNA REJA

EN CADA REJA ESTA ATRAPADO UN PARRAFO

EL PARRAFO ESTA BIEN, PERO EL EDITOR NO LO QUIERE

NO QUIERE EL EDITOR, NO QUIERE LA BIOGRAFIA

EL DEMOÑO LO BISITA, DISE PUBLICA

¿PUBLICA QUE?

EL LIBRO DEL MANICOMIO, EL LIBRO DE LA LOCURA

 

La literatura, por medio de la escritura creativa le devolvió autonomía, reconocimiento y saber ser singular en el mundo: “El párrafo está bien, pero el editor no lo quiere”

 

El arte para el psiquismo cobra un papel fundamental: “Freud siempre sostuvo que la actividad artística de creación es una experiencia saludable, benévola para el psiquismo. Representa el triunfo sobre las fallas psíquicas y sus padecimientos, sobre la angustia y la destructividad. La libertad interior vence sobre las inhibiciones y represiones y produce una placentera experiencia narcisista. Se recuperan situaciones pasadas, se satisfacen deseos y la memoria fantasiosa encuentra escenarios novedosos.” (Melgar y López Gomara; 1988: 63). En el caso de la locura o de la psicosis el arte entonces funciona como medio, como materia tangible para sujetar y expresar no sólo lo que llamamos locura sino lo que que esta sociedad hace con ella: la exclusión, el aislamiento y la deshumanización: “El arte del psicótico es a la vez un arte ritual, repetitivo y mágico y una investigación imaginativa y fantástica de su propia naturaleza interior y de la naturaleza de la materia” (Melgar, López Gomara, 1988: 68). El arte en la locura es la cancioncilla para el niño en la oscuridad: “Un niño en la oscuridad, presa del miedo, se tranquiliza canturreando. Camina y se para de acuerdo con su canción. Perdido, se cobija como puede o se orienta a duras penas con su cancioncilla. Esa cancioncilla es como el esbozo de un centro estable y tranquilo, estabilizante y tranquilizante, en el seno del caos...La canción ya es en sí misma un salto: salta del caos a un principio de orden en el caos, pero también corre constantemente el riesgo de desintegrarse” (Deleuze, Guattari; 2010: 318).

 

Otro ejemplo, siguiendo con la literatura es Alcira Soust Scaffo, poeta uruguaya, nacida en Durazno en marzo de 1924 y fallecida en Montevideo en 1997. De esos 73 años, 36 los pasó en un México de movilizaciones sociales, enmarcado en gobiernos neoliberales con políticas represivas como las de Ordaz. Se rodeó de intelectuales y artistas como León Felipe, Emilio Prados, Roberto Bolaño, quienes la impulsaron a escribir y de estudiantes organizados con quienes conjuntamente se manifestaban en contra del gobierno mexicano de turno. Fue allí entonces que desarrolló su vida de artista y de militante social, específicamente en el campo de la poesía a través de lo que llamó Poesía en Armas, hojas mecanografiadas con poesías de su autoría o poemas de otros escritores, comentarios de texto, traducciones o mensajes referidos a la coyuntura universitaria y social del momento. Su vida también estuvo rodeada de locura; en los 80, luego de varias internaciones psiquiátricas se le adjudica el diagnóstico de esquizofrenia paranoide. Alcira Soust Scaffo es en México hito de resistencia. Un mito que grita y se opone a toda opresión e invasión militar ya que en setiembre de 1968 cuando los militares ingresaron a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Alcira se escondió en uno de los baños de la Facultad de Filosofía y Letras y resiste allí casi 15 días, a agua y papel higiénico. Hay quienes dicen que es la madre de todos los poetas mexicanos o la Maga pero hay quienes no saben quién es. En el resto de los países de Latinoamérica, Alcira es casi olvido. ¿Por qué? ¿Por qué la historia que conocemos, que estudiamos, que vivimos no incluyó a Alcira en sus cuentos? ¿Qué se esconde detrás de todo esto? Los olvidos no son inocentes, no son ingenuos. Ellos buscan construir hegemonía, consenso, silencio, dominación. Pero ante la hegemonía, contra-hegemonía. Ante el olvido, memoria. Memoria viva de una ausencia que se hace presente, que grita y empuja. Alcira logra, en sus creaciones poéticas no sólo resistir y habitar este mundo sino además innovar en el uso del lenguaje. Allí su disidencia, allí su legado. Observemos:

 

En este hoja mecanografiada (2), perteneciente a lo que ella llamó “Poesía en Armas, Amigos de El Jardín Emiliano Zapata, Secretaría de la defensa de la luz”, percibimos algunas características que se hacen presente en la obra de Alcira. La referencia a otras literaturas, en este caso, referenciando unos versos de Federico García Lorca, como epígrafe de su poema. El ubicar mayúsculas en la mitad de las palabras: “redOnda”. Cierto juego que hace del lenguaje al intercambiar letras y cambiar por tanto el contenido así como prolongar determinadas palabras. Lo primero es apreciable, por ejemplo en los siguientes versos: “o la rosa amarilla (amar...i...ya)” o “que flor...e...se en nuestro jardín Emiliano Zapata”. Lo segundo es observable en los últimos versos de la segunda versión: “aquí en la Sol...i...dar...i...dad/ de nuestra Un...i...ver...si...dad/ Vamos todos Sol...i...da riooo”. Pareciera que se quisiera inmortalizar a través de la letra, de la forma en que se escriben dichas palabras, una forma de decirlas, quizás a través de un grito, intenso y profundo, dando la sensación de eco y por tanto, de eternidad. No debemos dejar de observar que la palabra solidario cuenta con tres “o” que fusiona con una “s” en el siguiente verso y que la “i” presenta diversas líneas que simulan ser pájaros. Este es un aspecto que se repite en varias de las producciones líricas de Alcira Soust Scaffo; una auténtica batalla poética (3).

 

En tiempos actuales, de coyunturas de aprobaciones de leyes pero también de retrocesos y avances fuertes del conservadurismo en la región, se hace necesario, más que nunca, aliarse al arte ya que la conjunción de arte y locura puede devenir entonces en un acto de sublevación que resiste y desafía nuestra actualidad. Melenotte (2016) expresa: “La sublevación, solicitada en préstamo a Foucault, lleva a una práctica del análisis liberada de la negatividad trágica de la falta de ser formulada como deseo” (Melenotte, 2016: 1). Bifo (2014) por otra parte, refiere a la sublevación como el levantamiento de los cuerpos, explotados, estresados y deprimidos frente a la situación actual de la humanidad caracterizada por la hiper-abstracción digital y financiera. En La sublevación (2014) investiga en las posibilidades subversivas del lenguaje que nos alejan del individualismo digital y nos devuelven al otro. Así lo es la escritura literaria que según Bifo (2014) “es el lenguaje de lo no- intercambiable (...) es la insolvencia en el campo de la enunciación: se rehúsa a las exigencias de la deuda semántica” (Bifo, 2014: 40). Reafirmamos la potencialidad que tiene el arte, en este caso, la literatura en sus diferentes expresiones, usos y apropiaciones. La literatura, con estas experiencias y muchas otras, revela que es un arma, no en términos metafóricos, sino de literalidad.

 

 

*Magister en Ciencias Humanas. Psicóloga y Profesora de Literatura. Integrante del Consejo Editor de Hemisferio Izquierdo.

 

 

Notas:

(1) En: “Entre lo sublime y lo espurio. Breve exposición sobre el concepto de yuxtaposición como procedimiento de montaje político” de Santiago Sanguinetti: https://www.hemisferioizquierdo.uy/single-post/2018/09/28/Entre-lo-sublime-y-lo-espurio

(2) Estos y otros archivos son gentileza de Agustín Fernandez Gabard

(3) Este poema tiene, al menos, dos versiones, otra de las características de la obra de Alcira Soust Scaffo. Acompañada de la indicación de la primer y segunda versión, se encuentra una explicación que también es observable en varios textos de Alcira. En muchos textos se observa algo así como un preámbulo que da cuenta del cuándo, dónde y por qué. En este caso, la primera versión indica que fue escrito en los jardines de la Universidad, un jueves de Semana Santa o de Turismo. La segunda versión explica que fue creada cuando el escritor e historiador Arturo Azuela ocupó el cargo de Director de la Facultad de Filosofía y Letras. También se percibe una dedicatoria en la primer versión, también común en los textos de Alcira.

 

Referencias bibliográficas:

Benjamin, W. (1987). Magia e técnica, arte e política. Ensaios sobre literatura e história da cultura. Obras escolhidas. Volume 1. San Pablo: Brasiliense. (Trabajo original publicado en 1934)

Berardi, F (Bifo) (2014). La sublevación. Argentina: Hehkt

Deleuze, G; Guattari, F (29010) Mil mecetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-textos.

Gramsci, A (2011) Antología Antonio Gramsci. Buenos Aires: Siglo Veintiuno

Melenott (2016). “Cuestiones de vocabulario”. École lacanienne de psychanalyse. Disponible en: http://ecole-lacanienne.net/wp-content/uploads/2016/07/Argumento-Melenotte-2016.pdf

Melgar, M; López Gomara, E (1988) Imágenes de la locura. Buenos Aires: Ed. Kargieman.

 

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