La conquista de lo inútil. Cómo transportar un barco a través de una montaña

September 28, 2018

Ilustración: Factor30

 

 

Una editorial independiente es una actividad de una o más personas que se reúnen para pensar un catálogo que sea, antes que todo, un aporte cultural.

 

Manifiesto de La furia del libro (Chile)

 

La conquista de lo inútil es el nombre de un libro en el que el cineasta alemán Werner Herzog narra todas las vicisitudes por las pasó para filmar su película Fitzcarraldo. La película cuenta la historia de un apasionado por la ópera que quiere construir un teatro en el medio de la selva peruana. Para ello, tiene que navegar por un río y transportar el barco a través de una montaña, para llevarlo a otro río que finalmente le permita concluir el trayecto. Cuando Herzog concibe el plan de la película y empieza a buscar financiamiento, se reúne con unos productores estadounidenses que le proponen recrear la escena del barco a través de la montaña en un estudio, con un barquito de plástico y unas peceras, todo tuneado con efectos especiales. Herzog se niega rotundamente: la película está centrada en filmar esa proeza verdaderamente. Y ahí reside la inutilidad… Inutilidad para los productores hollywoodenses, no para Herzog. Ese concepto se podría aplicar perfectamente a la edición independiente o a cualquier proyecto que no persigue una lógica mercantil ni una viabilidad a priori certera. Es cierto que no transportamos barcos por la ladera de un monte… Apenas editamos libros. Pero la respuesta sería la misma. ¿Por qué editar libros? Porque sí. Porque no tiene utilidad. Porque podría no hacerse y aun así se decide hacerlo. Porque no tiene contraindicaciones ni afecta la salud (hasta donde sabemos) del prójimo.

 

Nuestro proyecto nació hace dos años. Llevamos publicados doce libros. Cada libro nos deja desplumados y felices. Nuestro sistema es simple. Cuando comenzamos, la idea era publicarnos a nosotros mismos. Asumir el trabajo de edición de forma colectiva, cada uno trabajando para el libro ajeno como si se tratara del propio. Eso, automáticamente, resulta muy sanitario para la condición solitaria del autor. Desde que pone el punto final, comienza esa labor plural de lectura, corrección, diseño, maquetación, financiamiento y venta.

 

El nombre Factor30 no responde más que a una actitud jocosa e insolemne: nuestra editorial nació para asegurarnos una “protección” contra el aburrimiento, la grisura y los proyectos que se quedan pegados entre las cejas como luciérnagas de bajo consumo. El principio motor es la concreción. Para ilustrar lo que creemos que debe ser una editorial independiente, los remitimos al dibujo de arriba. En él verán al protagonista: fosforito, especie de alter ego ígneo de todos nosotros. En la página editorial de nuestros libros, puede leerse: “Todos los torcidos de autor son reservados por Fosforito y sus cómplices. La distribución es libre siempre que se respete la consigna de este proyecto: no lucrar.”

 

Con respecto a los derechos de autor, nos parece fundamental no perseguir ningún afán policíaco que, no solo sirve para engordar a los detectives del arte, sino también para alimentar egos insaciables. El plagio es para nosotros más un eventual reconocimiento que un robo. En todo caso, dicho robo le otorgaría cien años de perdón al ladrón, pues nadie tiene el don adámico de ser el primero que le puso nombre a las cosas (o el primero en lucir un taiere de hojas de palmera, cosa que sí le envidiamos al glamoroso Adán). El plagio entre artistas no es robo. Robar, roba el comerciante.

 

Como verán, para nosotros el centro de la cuestión es el autor y la obra. Son lo que da sentido a todo lo demás. Sin obras ni quienes las escriban, ni siquiera estaríamos hablando de todo esto. En este primer caso, como en todos los demás, creemos que lo independiente se refiere a invertir las relaciones y los conceptos típicos del mercado. Por poner un ejemplo, desde el inicio, nuestra intención era publicarnos solo a nosotros. Hace unos meses hicimos el primer intento de publicar a autores que no pertenecían a la editorial. Nos interesó el proyecto y les propusimos a las autoras pagar la impresión, y luego vender entre todos hasta cubrir los costos del libro. Una vez que logramos el retorno del dinero, dividimos los libros para que las autoras pudieran seguir vendiendo por la suya y, eventualmente, financiar un próximo proyecto para el que ya no necesitarían que nosotros ni nadie pusieran el dinero, lo que les daba una gran libertad y, claro, independencia. Como era un libro infantil, la venta anduvo muy bien. Eso nos permitió implementar lo que podríamos llamar el concepto del “doble proyecto”: generar un proyecto que aporte dinero y otro que lo necesite. En nuestro caso, nos permitió una segunda experiencia con un autor que tampoco pertenecía a la editorial. Pudimos financiar la novela de un joven escritor de 23 años que, seguramente, no se va a vender tanto ni tan rápido como el libro anterior. En resumen, que un proyecto no solo se sustente, sino que también provoque, promueva, respalde y posibilite el nacimiento de otros proyectos; además, que la solidaridad no solo se dé entre personas, sino también entre libros…

 

Volviendo a la idea de invertir la lógica mercantil, que es característica esencial de la independencia; donde el mercado dice propaganda, nosotros decimos propagación; donde dice publicidad, decimos difusión. La difusión es el lector. Es en el encuentro interpersonal donde el libro se encuentra con un lector ávido, que lee, presta, regala, recomienda. Claro que los tiempos y el espectro de expansión no es grande, pero es real, se consolida entre personas de carne y hueso. La necesidad de vender se debe estrictamente a la necesidad de dinero para sacar el próximo libro. Es por eso que, al menos en Factor30, no ponemos ni sacamos un mango. Toda la guita que hacemos con las ventas, está exclusivamente destinado a financiar los libros. Los libros pagan libros.

 

Con respecto a la impresión, hemos optado desde un principio por la imprenta. Esto se debe más que nada a que queríamos mantener una estética y, sobre todo, poder editar una cantidad suficiente (las tiradas son de 500 ejemplares) y tener un stock frente a los imprevistos (ferias, encuentros, toques, etc., adonde nos invitan para poner nuestra mesa). En ese rubro, como en otros, nos relacionamos con otras editoriales y proyectos afines para nuclearnos y si es posible conseguir mejores precios. Esa coordinación se concretó hace más de un año en el Colectivo Sancocho; un grupo de editoriales (artesanales e “industriales”), fanzineros, arte gráfico, música, con los que organizamos ferias (ya vamos por la sexta, que se desarrollará el 6 de octubre en el Cine Universitario). Además, hemos participado junto a esos proyectos de ferias en Montevideo, en el interior, y, hace poco, en la Feria de Editores de Buenos Aires.

 

Cada vez que sacamos un libro, por lo general, si bien todos lo vendemos, es el autor el pivote de las ventas. Apostamos a los círculos pequeños; cada autor aporta su propio grupo de “suscriptores sentimentales”, lo que permite que los lectores fluctúen entre los libros de distintos autores. Otro tanto intentamos que ocurra con los libros de las otras editoriales amigas, con las que vivimos una relación de absoluta promiscuidad (cruzamos autores, vendemos los libros de los demás, coeditamos, compartimos puestos, lecturas, bebidas…). Esa promiscuidad sería una especie de “sinergia altruista”. Los que integramos Sancocho (hasta el momento, pues es una organización totalmente horizontal y proteica, todo el tiempo está cambiando) somos: Distopía libros y encuadernaciones, Editorial Bibliobarrio, Estampita records, Casa de balneario, La coqueta editora, Pez en el hielo, Salvadora editora, Po-ético, Dios dorado editorial, Estela editora, Círculo de pájaros y Factor30 (sancochocolectivo.wordpress.com).

 

La distribución también es un aspecto súper importante, no solo porque implica llegar con tus libros a lectores a los que no llegarías. Estamos en las librerías, pero más a título anecdótico que a los efectos de ver multiplicadas las ventas. De hecho, las ventas en librerías son pocas y sufren el sablazo del 40%. Casi la mitad del dinero es para el librero. Un proyecto a largo plazo, es crear una distribuidora independiente que nuclee a todos los proyectos de Sancocho más todos los que anden en la vuelta. La orfandad de la editorial independiente debe existir con respecto a las empresas y al estado, eso es saludable y hasta deseable; pero no quiere decir soledad. De hecho las ferias que organizamos con Sancocho son espacios alternativos, es decir: no es una postura, sino un posicionamiento. Es crear un lugar donde antes no lo había. Eso nos ha dado visibilidad (pero, otra vez, no comercial). Nos han invitado a ferias en el oeste de Montevideo y a la Noche de las librerías. Y eso es justamente por haber generado entre los proyectos independientes espacios que crecen cada vez más. En la última feria en el bar Tundra había 24 proyectos. Eso habla de un efecto expansivo y de una mayor tendencia a transitar caminos autogestionados y autogenerados.

 

Detrás de todo esto hay mucha pasión y mucha diversión. Diversión en el sentido más profundo: transitar por caminos distintos; vertirse por otros canales, diversos, divergentes, desviados… Inútil, en definitiva. O por lo menos, tan inútil como querer transportar un barco a través de una montaña solo por el placer de conquistarlo. Por ahora, seguimos yendo tras esa conquista. Y, como dice María Galindo: “Nuestra venganza es que somos felices.” Salú.

 

 

*Factor30 surgió en 2016. Publicamos de manera autogestionada y colectiva. Si los libros fueran autos, seríamos burros de arranque. Nuestro mayor anhelo es tener una Combi, pero ninguno tiene licencia de conducir.

Mail: factor30textosenshort@gmail.com

Facebook: Factor Treinta Editorial

Twitter: @_Factor30

Youtube: goo.gl/5GYaBE 

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