"Un pensamiento y acción de izquierda que no tome la concepción de bienes comunes o colectivos (...) culminará por cuestionar su condición de izquierda", entrevista a la CELTA-FEUU*

July 26, 2018

Imagen: CELTA - FEUU

 

 

Hemisferio Izquierdo (HI): ¿Qué debemos entender por bienes comunes y cuál es su relevancia? ¿Lo común y lo público son la misma cosa?

 

Comisión de Estudiantes en Lucha por la Tierra y el Agua (CELTA): Cuando hablamos de bienes comunes buscamos problematizar la lógica mercantilizadora hegemónica, la concepción de bienes comunes es crítica de la propiedad privada y mercantil y a la exclusión y explotación entre personas, y va aún más a fondo trayendo una mirada que viene del sur, de abajo, no necesariamente de la academia, haciendo temblar el edificio patriarcado-modernidad-colonialidad-capitalismo y de las relaciones entre saber y poder.

 

Entendemos que la concepción de bien común es profundamente política y se encuentra en ella implícita una visión del mundo contrahegemónica, considerando que el capitalismo tiende a la destrucción del ser humano y de la naturaleza, y que el desarrollo histórico del mismo se ha basado en la apropiación, transformación y devastación de los bienes comunes sin los cuales nuestra vida no sería posible.

 

Existen diferentes aportes teóricos que nos ayudan a pensar la categoría de bienes comunes. ¿Qué son? y ¿qué nos aportan? es una discusión muy reciente y abierta. Además también visibiliza las diferencias que existen para pensar las mismas cuestiones entre académicos de los centros y de las periferias, es decir existen diferencias en cómo concebimos “lo común” producto de la colonialidad del saber, que muchas veces descalifica las ideas o experiencias que tenemos sobre nuestros propios problemas. Nos “venden el problema” y también nos quieren “vender la solución”.

 

Bienes comunes son (o deberían serlo) los elementos esenciales tangibles y no tangibles para la supervivencia, como son la Biodiversidad, el Agua, el Aire, la Tierra, pero también son parte de estos el conocimiento y las culturas de la humanidad y los bienes y servicios esenciales necesarios para la vida en nuestras sociedades actuales: vivienda, salud, educación pública y seguridad social, etc.

 

Que el capital avance por ejemplo sobre el agua, entendiéndola como “un recurso, escaso, finito y explotable”, habilitando su tratamiento como una mercancía más, implica que avance sobre nuestras propias vidas, pues esta es indispensable para la reproducción de la vida. Lo cual implica la transformación de este recurso en algo exclusivo, como se ha hecho en numerosos territorios mediante el acaparamiento de tierras y aguas y en los cuales gran parte de la población accede en mínimas proporciones o en condiciones de contaminación (agrotóxicos, microplásticos, tóxinas de microalgas, químicos industriales, etc.).

 

Hablar de bienes comunes implica que las relaciones con todo aquello que identificamos como tales sean repensadas. Es necesario poder lucubrar la gestión como forma común o colectiva. Pero esto resulta problemático en el marco de las relaciones actuales. ¿Existe la posibilidad de que algo sea efectivamente un bien común en el marco de las sociedades actuales? ¿Es posible concebir a un bien sin pensarlo como mercancía? La concepción de “bien” ¿no tiene ya implícita una concepción mercantil? ¿Cuales son las posibilidades reales de que algo sea un bien de todos y todas? Creemos que es necesario realizar un esfuerzo teórico y práctico por construir desde la actualidad las formas de relacionamiento, entre nosotras y con la naturaleza, más justas que anhelamos para la sociedad.

 

Esto nos lleva a pensar en qué tipo de gestión es la que defendemos para algo que entendemos como bien común.

 

Actualmente se está llevando a cabo la juntada de firmas convocando a un referéndum con el objetivo de revocar las modificaciones a la Ley de Riego aprobada en 2017. Entre los argumentos de mayor peso se encuentra la mercantilización y privatización de un recurso que es de todas y todos, de un bien común. Lo cierto es que desde los movimientos sociales y no sin álgidos debates, decidimos que la gestión del agua, actualmente se encuentre en manos del Estado. Visualizamos en la gestión pública una forma con características más justa que la que podría realizar un privado. Pero nos preguntamos: ¿basta con que el agua sea un bien de gestión pública para que se cumpla en términos reales el acceso por parte de toda la población sin que este bien se deteriore? ¿Lo público es sinónimo de lo común? Creemos que no, que un bien sea gestionado por el Estado no asegura su condición de común ni su sustentabilidad. Por esto entendemos como un desafío encontrar en cada lucha concreta actual, las posibilidades de pensar un futuro nuevo, sin que este nos inmovilice. Es necesario luchar para que se respete el artículo 47 de la Constitución, puesto allí por fuerza popular, sin dejar de ver que nuestro horizonte, construido histórica y colectivamente, debe estar más allá e intentando que nuestras acciones concretas caminen hacia ese objetivo.

 

 

HI: ¿Cómo evaluar el llamado ciclo progresista en América Latina tomando en cuenta su vínculo con los bienes comunes?

 

CELTA: Para realizar una evaluación del ciclo progresista en relación a los bienes comunes, es necesario profundizar en el lugar que estos han ocupado en el mismo.

 

El progresismo es considerado como un momento histórico encabezado por gobiernos de “izquierda” que tienen algunas características similares en los países de la región en cuanto a las políticas económicas, sociales y también en relación al lugar que ocuparon en las economías los bienes comunes.

 

A los inicios de la década del 2000, casi todos los países de la región vivieron épocas de crecimiento de sus economías, en base a la implementación de un modelo extractivista de los bienes comunes, como el agua, los hidrocarburos, minerales entre otros, mediante megaproyectos como la minería a cielo abierto, los complejos de fábrica de celulosa, el monocultivo de soja, caña de azúcar para el combustible, por mencionar algunos. Este crecimiento económico se vio posibilitado por el alto precio de las materias primas a nivel internacional.

 

Para esto, los Estados profundizaron en el marco legal propio del neoliberalismo y generaron nuevas medidas tendientes a la atracción de la la Inversión Extranjera Directa (IED), siendo esta la dinamizadora del proceso de crecimiento económico. Se profundizó la matriz económico-productiva de la región continuando con nuestro rol de oferentes de materias primas (en fuerte relación con todos lo bienes comunes naturales), ahora a una mayor escala.

 

Otra de las características del progresismo es la generación de Políticas Sociales Compensatorias posibilitadas por este crecimiento económico. Se abandona el combate a la desigualdad por un combate a la pobreza. Se crean políticas sociales focalizadas en las poblaciones más pobres, de carácter no redistributivo y con el establecimiento de contrapartidas. Estas son las mismas en toda la región y se encuentran dentro de las recomendaciones para “el combate a la pobreza” del Banco Mundial. Las mismas generan un marco de legitimación y ampliación de los márgenes de gobernabilidad.

 

El progresismo llega al gobierno culminando el ciclo de lucha en contra del neoliberalismo, llevado a cabo por organizaciones sociales y populares. Estas optaron por la estrategia de dirigir el Estado, como herramienta para alcanzar mayores grados de justicia social. En un momento en que los referentes de las organizaciones sociales formaban también parte del gobierno, las medidas aplicadas por este encontraron mayor legitimación, consenso, provocando la desmovilización social.

 

En síntesis, los progresismos se han sostenido en base a un modelo extractivo de los bienes comunes encontrando un contexto internacional favorable que permitió el crecimiento económico. Manteniendo niveles de estabilidad social entre el capital internacional, nacional y los sectores populares.

 

En la misma línea frente a mayores niveles de movilización social y en un contexto internacional desfavorable en relación al precio de la materias primas, se llevaron a cabo medidas para recuperar esa “paz social” reclamada por el capital internacional. Entre ellas ajustes salariales, decreto anti-piquete, cláusula de paz en los convenios salariales, medidas represivas que favorecen al capital en detrimento de los derechos y libertades populares.



HI: ¿Qué desafíos organizativos y programáticos tiene una izquierda que tome la defensa de los bienes comunes como bandera? ¿Es posible avanzar hacia un programa que desmercantilice los mismos?

 

CELTA: Tomar los bienes comunes como bandera es en primer lugar reconocer que lo que es común a todas las personas, a la humanidad o a determinados territorios no debe ser propiedad privada ni estatal, sino colectiva. Es en segundo lugar reconocer que la autogestión colectiva de estos bienes (en sus diferentes formas y a diferentes escalas) es superior a la privada, ya que es la única que es capaz de generar relaciones sociales de reproducción y producción justas y ecológicamente sustentables.

 

En este sentido, la defensa de los bienes comunes, la re-comunalización de los bienes que lo fueron una vez, así como la comunalización de “nuevas esferas y materialidades” de la realidad (producidas por el desarrollo tecnológico y por su alcance de degradación de cada territorio y del Sistema Tierra en su conjunto), deberían ser prioridades organizativas y programáticas para la izquierda.

 

Las estrategias de creación, de mantenimiento, de uso, de defensa y de desmercantilización de diferentes bienes comunes son numerosas alrededor del mundo y evidentemente muchas desconocidas, listamos solo algunas como ejemplos. Hasta ahora las experiencias que existen no han sido ni masivas ni inmutables, sin embargo la única manera de transformarnos es actuar sabiendo que determinadas acciones prefiguran ciertos escenarios, y que algunas de estas nuevas ideas han llevado y llevan a acciones que consolidan prácticas políticas que pueden performar un horizonte impensado hasta que se llevan a cabo.

- Diferentes luchas e iniciativas contra la privatización de bienes y servicios públicos o comunes, como pueden ser educación, sanidad, energía, agua, territorios, tierras, transportes colectivos, telecomunicaciones, crédito, etc.

 

- Grupos y redes cooperativas o colaborativas de producción y/o consumo, son espacios que tienden a comunalizar determinados medios de producción y/o comercialización, como por ejemplo son en nuestro país el Mercado Popular de Subsistencia, la Asociación Barrial de Consumo, la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas, y muchas otras; existen también iniciativas más integrales como son la Cooperativa Integral Catalana en España, la Confluencia de Alternativas en India, o las Iniciativas de transición.

 

- Iniciativas que buscan transformar la “economía” en un bien común mediante prácticas de comercio justo como pueden ser las monedas sociales, la banca ética, iniciativas como Fair Coin, o hasta las gratiferias; en un plano teórico también encontramos propuestas clásicas de la izquierda pero renovadas como son diferentes corrientes de economías alternativas, desde la economía solidaria, la desobediencia económica, o la democracia económica de Schweickart en Estado Unidos o Fernández-Steinko en España entre otras.

 

- Trabajos solidarios, mingas, etc.

 

- Iniciativas autogestionadas como la gestión de y acciones en espacios espacios públicos, las huertas barriales y comunitarias (Red de Huertas Comunitarias del Uruguay), la defensa del patrimonio edilicio y ecológico, etc.

 

- Movimientos y luchas por la defensa territorial y la justicia ambiental y climática.

 

- Iniciativas por el acceso libre a la cultura y la información: en la sociedad de la información este es un ámbito novedoso en el que se ha recuperado en parte para lo común y también objeto de dura disputa e intento de enajenación y control; son por ejemplo: la educación pública; las radios comunitarias y alternativas; las intervenciones de colectivos de artes en los espacios públicos; laxamente, la internet; la creación y defensa del contenido libre paradójicamente a través de licencias de derechos de autoría no convencionales, izquierdos de autor, desde la más hegemónica Creative Commons a la Licencia de Producción de Pares o las licencias para software libres como GPL; los servidores y contenidos de acceso abierto, como lo es Hemisferio Izquierdo, Wikipedia, Guerrilla Translation y muchas otras publicaciones, con respecto al conocimiento científico en nuestro país existen valiosas herramientas como son el Portal Timbó y el Portal Colibrí (aunque en una medida radical y coherente frente a la propiedad y privatización del conocimiento científico un grupo de personas ha creado el portal Sci-hub en el cuál podés acceder libremente a la mayoría de las revistas científicas); servidores y redes de comunicación y sociales gratis y seguras como pueden ser Telegram, Diaspora y ProtonMail.

 

Estas diferentes iniciativas no están exentas de contradicciones internas y entre ellas, pero prefiguran otras relaciones entre personas basadas en lo común y lo compartido, nos muestran caminos de desmercantilización y puesta en valor de uso de los bienes comunes. Cuando decíamos que hablar de bienes comunes tiene una fuerte connotación política nos referíamos justamente a esto, a la posibilidad que nos habilita de pensar en horizontes poscapitalistas. Así mismo, la superación de estas contradicciones necesita primeramente de reforzarlas a medida que se las radicaliza y se las teje, con organización en las bases y los territorios pensando una sociedad distinta y llegando a ámbitos de coordinación globales. Un pensamiento y acción de izquierda que no tome la concepción de bienes comunes o colectivos e intente mediante diferentes formas y estrategias cuestionar y superar la propiedad privada, las bases del ser individual y la mercantilización de todo, así como una izquierda que su objetivo sea el gobierno y realizar cambios sociales únicamente a través del estado o estructuras partidarias, culminará por cuestionar su condición de izquierda.

 

 

*Comisión de Estudiantes en Lucha por la Tierra y el Agua (CELTA), perteneciente a la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU).

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