Encuentro: arte, política y transformación social

Foto: Magdalena Patiño, integrante del Colectivo de Psicología Política Latinoamericana

 

 

El pasado 11 de mayo se realizó el Encuentro: Arte, Política y Transformación Social, en Facultad de Psicología de la Universidad de la República, en la Ciudad de Montevideo.

 

Desde el Colectivo de Psicología Política Latinoamericana, convocamos a una instancia para reflexionar acerca de procesos colectivos de creación artística como actos políticos en ámbitos comunitarios hacia la transformación social.

 

Se abrieron diferentes interrogantes para la convocatoria: ¿Qué efectos tiene la creación artística colectiva en formas de ser, estar y habitar nuestros espacios cotidianos? Desde una mirada latinoamericana, ¿qué entendemos por Política y qué definimos como Arte? ¿Qué intersecciones existen entre lo político y lo artístico? ¿Con qué desafíos nos encontramos para situar a las intervenciones artísticas colectivas como actos políticos? ¿En qué medida las intervenciones artísticas en la comunidad son posibilitadores de procesos de transformación social comunitaria?

 

Se contó con la presencia de los colectivos Asamblea Instituyente por Salud Mental, Desmanicomialización y Vida Digna(1), Colectivo Noctilucas(2) y Pedagogía de la Tierra(3). Y la docente argentina Carolina Wajnerman. En la primera parte del encuentro, los colectivos invitados compartieron experiencias de intervención relacionadas con el arte como herramienta de transformación social y política.

 

A posteriori, Carolina Wajnerman (ARG) desarrolló una propuesta que articuló aspectos teóricos y metodológicos para problematizar lo referente a los desafíos de Arte y Política, a través de la cartografía social. Esta metodología participativa permitió el diálogo mediante la utilización de diferentes objetos de la cotidianeidad, catalizando múltiples significados e interrogantes.

 

Entre algunas de las reflexiones que surgieron en el intercambio entre los participantes, se destaca la posibilidad de identificar diversas manifestaciones artísticas en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, existe cierta tendencia a concebir el arte como algo distante, en algún lugar elevado, producido por personas con ciertas cualidades técnicas que las/os definen como artistas. Se considera relevante habilitar espacios de encuentro para la problematización de estos aspectos.

 

Continuando con estas líneas de reflexión elaboradas colectivamente, se entiende que lo personal es político, dado que la manera en la que se posicione el sujeto desde los diversos atravesamientos políticos, artísticos y comunitarios, va a generar afectaciones en las prácticas de creación colectiva. Se destaca la potencialidad de estos procesos para que las comunidades se constituyan sujetos de transformación de su vida cotidiana.

 

Para posicionar las prácticas artísticas colectivas como herramientas de transformación social y política, se toma el concepto de arte popular de Ticio Escobar (2004), desarrollado por Carolina Wajnerman durante su exposición. Este se caracteriza por la posibilidad de expresar estéticamente ciertos acontecimientos históricos desde el punto de vista de la comunidad, que se identifica en sus signos y se nutre de ellos para comprender dichas circunstancias y actuar sobre ellas. El Arte Popular forma parte de un proceso colectivo ligado a un contexto socio-histórico y por ende inevitablemente vinculado a lo político. En este sentido, la comunidad es partícipe y productora de procesos de micro transformaciones y el arte es una de sus múltiples manifestaciones.

 

A continuación compartimos la exposición de Carolina Wajnerman titulada "Cartografía social. Metodología participativa a través del arte".

 

 

Introducción

 

El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, es una de las referencias teóricas más interesantes en cuanto a alternativas a la sociedad actual. En uno de sus libros (De Sousa Santos, 2005) propone que ante espacios-tiempo que impiden, trivializan o restringen procesos democráticos plenos, es preciso reinventar nuestros espacios-tiempo.

 

La palabra “cartografía” aparece con tanta frecuencia hoy en el ámbito académico, que casi podríamos hacer una cartografía sobre los usos de la misma. En este escrito apelaremos a una forma específica de concebir esta palabra, enmarcada en un conjunto de modos de producción colectiva de sentipensamiento entrecruzada con las artes. Si bien las corrientes teóricas que desarrollan la noción de cartografía distinguen entre cartografía y mapa, la palabra “mapa” resulta más familiar y cercana en los contextos en los cuales no es de uso tan corriente la de cartografía.

 

En definitiva, cartografiar tiene puntos en común con la acción de elaborar un mapa; en el modo de abordaje que compartiremos aquí, hay diferencias en cuanto a los objetivos y la forma. Cartografiar es el arte de estar haciendo mapas y, en este “estar haciendo”, incluimos la disponibilidad para transformarlos y recrearlos en función de las diferentes situaciones que se plantean en la turbulencia de las realidades. En el modo en el cual abordamos la cartografía en este escrito, trabajamos con mapas que no buscan consolidarse a lo largo del tiempo y que tampoco –necesariamente- nos van a permitir comunicarlos fácilmente a otras personas que no participaron de su construcción. La cartografía nos invita a instalar mapas dinámicos, vivos, que se caracterizan por acompañarnos a generar en forma colectiva una conciencia especial acerca de nuestro lugar, nuestros sentires y pensamientos en relación a un territorio. De este modo, las cartografías son un proceso y una producción de sentidos intensa, colectiva, artística, cuyo efecto principal es poder registrar y plasmar diferentes puntos de referencia, de modo tal que también podamos reflexionar y potenciar posicionamientos de diferentes actores sociales.

 

El intento del presente texto es compartir algunas ideas y trayectos acerca de un modo específico de abordaje de la Cartografía social como una propuesta que permite producir pensamiento situado y posicionamientos en forma colectiva. Cartografiar es algo que podemos hacer cuando queremos comprender colectivamente un área temática o problemática de la realidad en la cual venimos siendo partícipes y que deseamos transformar. Es decir que una de las primeras decisiones es qué queremos cartografiar, seleccionando una porción de la realidad sobre la que queremos tratar. ¿Quiénes pueden cartografiar? Un conjunto de personas que constituyan una red, una organización, un grupo específico, y también personas que estén compartiendo un espacio y un tiempo en base a algún interés en común.

 

Este texto nace a la luz después de un trayecto de algunos años de ir implementando esta propuesta junto con grupos y organizaciones de lo más diversos y en distintos sitios del continente americano. Las principales cómplices para que esta propuesta se consolidara y expandiera han sido y son las integrantes del Colectivo Artecipación (Maia Berzel, Paula Bernengo, Luciana Rabotnikof y Silvia de Piero), y las psicólogas comunitarias Paulina Játiva y Elena Romero Zurita (Ecuador).

 

 

Nociones introductorias que acompañan

 

En este texto, comprendemos la Cartografía social como una propuesta que incluimos entre otras Metodologías participativas a través del arte. Introduciremos muy brevemente los conceptos de Metodología, Participación y Arte para dar pie a la Cartografía social. Hablamos de una metodología porque ya sea para diferentes ámbitos y/o momentos, o bien como tronco y eje central de un proceso colectivo, existe un conjunto de dispositivos que conforman una metodología: una forma de hacer, un modo de abordaje. Para que podamos concebirlo como metodología, esta forma de hacer debe poseer cierto grado de sistematización y fundamentación, a partir de estar articulado con marcos teóricos adecuados. Además, es esperable que esa Metodología combine en forma estratégica diferentes técnicas entre sí, concibiendo que las mismas puedan ser parte de un mismo proceso. Participación, o el componente participativo de la metodología, se refiere al rol protagónico y activo que se otorga a las personas. Según propone Marilé Di Filippo (2018), investigar y escribir sobre el cuerpo “requiere explicitar los modos en que nuestros propios cuerpos transitan esa hazaña” (Di Filippo, 2018: 53). La socióloga propone retomar a Haraway (1995) y producir un conocimiento encarnado, corporeizado. Siguiendo los desarrollos de la epistemología crítica y las teorías decoloniales, y podríamos decir, muchos otros antecesores en este sentido, un pensamiento situado implica no solamente dar cuenta de las georreferencias sobre un dónde se produce el conocimiento, sino constituirnos como sujetos culturales y situarnos, para erradicar la violencia epistémica (Haber, 2011). De este modo, una metodología puede ser una práctica ensamblada, de articulación cambiante, interminable y que contiene elementos heterogéneos. En consonancia con la noción de dispositivos, buscamos transformar mecanismos de control social en un modo de hacer ver, recuperando la reflexión que permite a sujetos construir intencionalmente las subjetividades y los poderes (Salazar Villaba, 2003).

 

Generalmente, el énfasis en lo participativo emerge en función de situaciones en las cuales se juega algún aspecto de marginación, exclusión u opresión. El abordaje metodológico participativo tiene una serie de componentes y características cuyo detalle excede el marco de este escrito; lo más importante a recalcar es que se orienta a que las personas implicadas en una problemática sean parte, tengan parte y tomen parte, por lo que se ponen en juego la pertenencia, la identidad, el compromiso, la incidencia política y, desde ya, cuestiones de poder. Muchos de los proyectos que trabajan en lo vinculado a arte y transformación social remarcan y ejercen el componente participativo. Cardarelli y Rosenfeld (2005) trabajan el concepto de participación para analizar sus alcances y limitaciones y proponen exceder los modelos tradicionales que evalúan la participación en función de la cantidad de participantes, grados, situaciones grupales limitadas y fuera de contextos histórico-politicos. Existen muchísimos tipos de metodologías participativas, que ponen en juego diferentes aspectos de lo humano. Cabe decir que los modos de abordaje que proponen, no solamente son un medio para otro fin, sino que en estos modos en sí mismos hay promoción de salud, de bienestar y de derechos, tales como el juego, el deporte, la organización colectiva, la comunicación, entre otros.

 

Cuando elegimos implementar metodologías participativas que incluyan el arte, estamos apostando a abrir camino a los múltiples lenguajes que nos habitan y que, por ende, están permanentemente presentes. Lo visual, lo corporal, lo sonoro, la palabra, lo espacial, son registros y dimensiones presentes en los procesos colectivos en todo momento, sólo que en muchas instancias no lo incluimos en forma consciente. En las Metodologías participativas a través del arte, es importante qué concepción de arte traemos, y cómo la vinculamos con la noción de la población con la que trabajamos. En la Cartografía social, dado que buscamos potenciar la participación de las personas, apelamos al arte como lenguaje cotidiano y propio de todo ser humano. Tomamos el arte como punto de llegada pero también como punto de partida y como preexistente. Al presuponer el arte, convocamos y provocamos la potencia artística en los procesos, aún cuando no necesitemos enunciar que “vamos a hacer arte”, ya que esto puede llevarnos a las formas hegemónicas, a las ideas sobre el concepto de arte, que traiciona tantas veces a la función política del arte (Wajnerman, 2013).

 

Según Ciornai (2004), son muchas las cualidades del arte. La expresión artística como lenguaje humano, fortalece el despliegue de lo subjetivo, a través de la posibilidad de la acción, el desarrollo del arte como realidad alternativa (Kreitler y Kreitler, en Ciornai, 2004). Ante aquello que podría percibirse como amenazante, la arteterapeuta brasileña propone el arte como apertura a la multiplicidad de niveles de significado, como intermediación, la vehiculización del contacto con vivencias pre-verbales, y el establecimiento de puentes a los aspectos positivos y saludables del ser humano.

 

 

Los inicios

 

Un vislumbramiento y alumbramiento para el modo en el cual vengo aplicando la propuesta de Cartografía social fue el enfoque sobre Psicodrama Comunitario que brindaban Guillermo Castañeda y Héctor Quevedo en el curso de Juego y Psicodrama Social para el Trabajo Comunitario (JUPSI para TRACOM) en la Casona Cultural Humahuaca que inició en el año 2011 en Buenos Aires. Mediante propuestas lúdicas y estéticas que incluían múltiples recursos y lenguajes artísticos, dicho curso de formación se unía y era otra puerta de inclusión al trayecto y experiencia cultural comunitaria de la Casona de Humahuaca en la zona del Abasto. Con telas enormes, brillantes y de colores, dentro del salón del curso así como en eventos callejeros, Guillermo y Héctor compartían y creaban sus formas de invitar a otros/as a ser partícipes de tejer historias, narrar escenas y generar territorios en común. Lo cartográfico de su propuesta, era el modo específico de invitar a poblar los espacios, en los que se desplegaban mapas múltiples, invitando a funcionar en el plano imaginario las lógicas que operaban en los temas sociales. Esa búsqueda permanente perdura en el área comunitaria de la Casona de Humahuaca hasta hoy -con el aporte de Mariela Jungberg y de otras personas que se fueron sumando- con el desarrollo de metodologías participativas que logren visibilizar y multiplicar las miradas en territorio.

 

Otro de los antecedentes infaltables en esta propuesta es el recorrido viajero y profundo del psicólogo y psicodramatista Mario Flores Lara. De identidad chileno-cubana, Mario ha llevado propuestas de Teatro Espontáneo y Psicodrama comunitario a lo largo de todo el continente, incluyendo comunidades desde México, pasando por Colombia, Ecuador, Bolivia y Chile. Mario es quien ha optado por denominar Cartografías Humanas y Cartografía social a múltiples modos de plasmar colectivamente microescenas, miradas, preguntas y “mapearlas” corporal y espacialmente. Su recorrido por varios países y su articulación con los movimientos sociales indígenas y con colectivos y organizaciones vinculados con la psicología (psicología comunitaria, psicología de la liberación y psicodrama) dejó una fuerte impronta por la creatividad y osadía política de su modo de trabajo.

 

También podríamos haber comenzado este recorrido histórico con otras expresiones de las culturas populares que bien podríamos llamar cartografías, que son tan participativas y tan artísticas que ambas palabras resultan una acotación o una clausura a su plenitud de sentido. Los carnavales americanos, los rituales y las fiestas de los pueblos nativos del continente, los modos de curarse en la sabiduría popular, están plenos de tejidos cartográficos. Los pueblos recrean y plasman simbólicamente su territorio mucho más frecuentemente de lo que alcanzamos a concebir. Sin embargo, hay instancias en las cuales pretendemos olvidar de dónde venimos y hacia dónde vamos, y entonces, pareciera que no habitamos un suelo, un cuerpo y un tiempo. Es allí que necesitamos otros modos, y cabe proponer el cruce entre saberes, entre ciencia y arte, que se condensa en las cartografías.

 

 

Propuesta metodológica

 

Lo más interesante de la cartografía social es que no hay un solo modo de hacerla, sino múltiples modalidades. He oído de cartografías hechas con hojas en la zona selvática del Ecuador, o dibujando con tiza en el suelo para un documental sobre memoria en un pueblo de San Luis, Argentina, y he participado de enormes cartografías con telas gigantes, en las calles del Abasto.

 

Como pasa con las mejores recetas, cada quien que la redescubre va condimentando y utilizando los ingredientes a gusto, en función de las disponibilidades, condiciones y deseos que varían en cada situación. Lo que comparto en este apartado es mi modo de intentar dar forma a una metodología que va cambiando en forma constante.

 

Es esperable, acorde a la complejidad de los tiempos que corren, ir agregando elementos e ir escogiendo el modo de representar la visión, poniendo los elementos en relación con otros. Es así como las sensaciones, ideas, afectos, se plasman en el espacio, dando forma a los objetos, y de ese modo se comparten, interactuando unas con otras en un mapa construido colectivamente. De este modo, la consigna invita a poblar un espacio con rastros y huellas que se tornan significativos a partir del sentido otorgado por quienes lo crean. En la propuesta que hacemos, cartografiamos en el piso en lugares con amplitud, dejando sillas y mesas a los costados para generar un espacio de cartografía.

 

En general, venimos distinguiendo tres tipos principales de cartografías: las territoriales, las temáticas y las temporales.

 

En las cartografías territoriales, lo que plasmamos toma como punto de partida el territorio. Por ende, suele comenzar con ubicar los ejes cardinales en el espacio que se utilizará y algún punto de referencia en común y vinculado con el encuentro (ej.: situar la delimitación territorial que nos interesa abordar, o el espacio en el que estamos en dicho momento). Luego solemos comenzar ubicando un punto de referencia que sea conocido y a nivel personal (ej. “me paro en el lugar en el que vivo”) como para ir situándonos y generando un mapeo entre los cuerpos. Posteriormente, podemos hacer otras preguntas que vayan acompañando a quienes participan a ir reconociendo el terreno: puede ser caminarlo y percibir sensaciones en diferentes sitios, visitar algún lugar que deseen visitar y quedarse allí unos minutos, etc. Luego, nos colocamos en los sitios que queremos referenciar según los objetivos que nos planteamos en la cartografía; esto puede ser “me paro en donde está mi organización”, por ejemplo. A partir de allí, podemos utilizar diferentes materiales para darle forma a aspectos que se quieran profundizar, vinculado a aspectos del territorio en los que querramos enfocar o bien en cuestiones que querramos invitar a transitar a las personas que participan de la cartografía (ej.: “plasmo lo que quisiera hacer o impulsar en ese territorio”).

 

En las cartografías temáticas, nos planteamos una pregunta o un área temática para trabajar. Podemos por ejemplo, plantearnos “qué cuestiones nos parecen importantes en la relación entre arte y transformación social” o “qué desafíos tenemos en el trabajo comunitario en este barrio en este momento”. Previamente, acomodamos objetos diferentes entre sí y que por su forma, por su color o por una implicancia simbólica, puedan ayudarnos a representar diferentes aspectos de un tema. Los dejamos disponibles y visibles, ya sea en una mesa o banco que se acomode cerca o bien delante de sillas en las que nos sentemos en círculo. Haciendo una presentación sobre cómo se trabajará y el objetivo de “mapear” o “cartografiar” el tema elegido, proponemos que de a una, las personas puedan responder a la pregunta mediante la elección de alguno de esos objetos, y que pueda situarlo en el mapa en relación a otros que se vayan agregando. Cada persona debe prestar atención a cómo acomodar ese objeto, y comentar al resto de participantes qué representa el mismo. De ese modo se va conformando una cartografía plena de sentidos, ya que nos convocamos al acto de “instalar” objetos de una manera especial, para que narren y expresen sentidos que pasan a ponerse en común.

 

En las cartografías temporales, que recrean la propuesta de generar “líneas de tiempo”, podemos plasmar momentos de la historia de un colectivo, grupo o red. En algunas de estas cartografías, situamos algún hito para comenzar, ya sea el inicio del grupo, o bien también, el presente, para poder ubicar objetos que representen la visión y recuperación del pasado y la proyección y deseos para el futuro.

 

En este modo de cartografías, la forma de cerrar el trabajo suele ser invitando a quienes participan a recorrer la misma y en ese trayecto, ir reconociendo sensaciones y emociones en ese transitar. Cuando no es posible recorrerla, lo podemos hacer imaginariamente. Y al final, nos proponemos elegir un lugar desde el cual pararnos: “¿en cuál de todos los sitios elegís pararte aquí y ahora en esta cartografía?”. De este modo, hacemos la invitación a posicionarse, a comprometerse con alguno de los puntos de referencia en lo colectivo. Desde allí, el compartir las reflexiones mediante la circulación de la palabra posterior, suele darse en un clima de escucha y sinceridad aún en grupos en los cuales no es lo más corriente.

 

Es así como las cartografías son una posibilidad de reinvención de los espacios y los tiempos, los modos y las potencialdades. A sabiendas de que las personas habitamos y desarrollamos constantemente múltiples lenguajes, la cartografía es una forma de registrar, exteriorizar y simbolizar los sentipensamientos y vincularlos con una acción comprometida.

 

 

* Espacio interdisciplinar e intersectorial conformado por diferentes actores sociales, estudiantes, egresados y docentes de diferentes disciplinas, que busca articular redes de reflexión y acción, realizando actividades de enseñanza, investigación y extensión, vinculadas con la Psicología Política Latinoamericana o Psicología de la Liberación. El Colectivo integra el Programa de Psicología y Derechos Humanos del Instituto de Psicología de la Salud, Facultad de Psicología, Universidad de la República.

 

**Lic. en Psicología (UBA). Especialista y becaria de investigación en el Posgrado de Arte Terapia (UNA). Especialista en Organizaciones de la Sociedad Civil (FLACSO).Maestranda en Políticas Públicas para el Desarrollo con Inclusión Social (FLACSO). Docente en la Especialización en Psicodrama (USAL) y. en la materia Intervención en Psicología Comunitaria, Facultad de Psicología (UFLO). Coordinadora general del seminario “Arte, comunidad y participación”. Secretaría de Extensión (UBA). Coordinadora del equipo de salud mental y comunitaria de la Sala de Salud Almafuerte, Municipalidad de La Matanza, Prov. de Buenos Aires. Autora de "Arte popular y transformación social comunitaria. Cuaderno en bandada alimentando vuelos."

 

Referencias:

Ciornai, S. (2004). Percursos em arteterapia: Atelie terapéutico, arteterapia no trabalho comunitario, trabalho plástico e linguagem expresiva, arteterapia e historia da arte. Sao Paulo: Summus Editorial.

Cardarelli, G. y Rosenfeld, M. (2005). Las Participaciones de la pobreza. Programas y proyectos sociales. Buenos Aires: Paidos.

Colombres, A. (2005). Teoría transcultural del arte: hacia un pensamiento visual en independiente. Buenos Aires: Del Sol.

De Sousa Santos, B. (2005). Reinventar la democracia. Reinventar el Estado. La Habana: Editorial José Martí.

Di Filippo, M. (2018). “La corporalidad política de (y en) la fiesta. Reflexiones en torno al carnaval”. Revista Latinoamericana de Estudios sobre Cuerpos, Emociones y Sociedad. 26, 10, 52-63.

Salazar Villaba, C. (2003). “Dispositivos, máquinas de visibilidad”. Anuario de Investigación 2003. UAM-X, 291-299

Wajnerman, C. (2009). El arte como herramienta de la psicología comunitaria. Su relevancia y potencialidades. I Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología. XVI Jornadas de Investigación. Quinto Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Buenos Aires: Facultad de Psicología - Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

Wajnerman, C. (2013). Arte popular y transformación social comunitaria. Cuaderno en bandada alimentando vuelos. Buenos Aires: Ediciones Artes Escénicas.

 

Notas:

(1) En la Asamblea participan Organizaciones Sociales, Colectivos académicos, universitarios, trabajadores, usuarios, familiares vinculados al campo de la Salud Mental. 

(2) Cooperativa socio cultural que propone la creación de espacios de encuentro, construcción colectiva y transformación

(3) Colectivo auto gestionado de Educación Popular y ambiental. Se propone contribuir a la construcción de procesos de reflexión, integración, participación y acción comunitaria.

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