Ni yuta, ni tuya, mujer linda es la que lucha

March 15, 2018

Imagen: Restauración de un muro. Maldonado, Uruguay.

 

 

En el marco de este 8 de marzo, realizaré algunas consideraciones acerca de la disciplina performance y cómo esta se encuentra sujeta ante estas variantes de activismo.


El 2017 será recordado por una multitudinaria marcha sobre la Avenida 18 de Julio, así como sus variadas y numerosas intervenciones que fueron realizadas por diferentes agrupaciones artísticas y/o militantes. Este año 2018 también será un evento masivo. Varias organizaciones serán parte de un hecho de independencia feminista que cambiará la historia de las mujeres en Uruguay.

 


Salir, hacer y proceder: performance en el lenguaje político


Salir a las calles implica desde la militancia o el activismo, salir a la lucha. Pelear, establecer el conflicto y resolverlo como en cualquier historia. La diferencia está en que somos producto y hacedores de esta historia. Cómo darle forma, cómo contarla, cómo cambiar el rumbo de los hechos es parte de la creación colectiva. La pregunta es saber cómo hacemos esa lucha y de qué modo lograr la visibilidad. Son muchas interrogantes que enclaustran el modo de hacer un discurso, que puede ser político y transformarlo en un discurso artístico. 


La metáfora de ser actores en este escenario que es el mundo, en este contexto no solo es una figuración simple, sino que es una idea concreta donde prevalece la desarticulación del aparato ficcional, para pasar a la creación desde la realidad con lo real. 


¿A dónde quiero ir con esto? A que el cuerpo, pasa a habitar un lugar que es el de la lucha política, pero también el cuerpo artístico que se convierte en cuerpo político. Sin lugar a duda, cualquier tipo de activismo consiste en poner el cuerpo desde varias plataformas. Poner el cuerpo significa estar, hacerse presente y emitir un mensaje. Ocupar un espacio real, una calle, una plaza, un monumento, consiste en habitarlo y presenciarlo. 


Multitudes: unión, conciencia y lucha 


La concreción de una marcha desde la participación en masa, otorga la posibilidad de debatir y cuestionar un poder. Es la unión de un mismo sentir y pensar de varias personas, que de algún modo se sirven de manifestarse en grupo. La concentración dispone una fuerza de lucha que no tiene la misma carga cuando se trata de individuales.


Judith Butler trabaja sobre el poder de la multitud y considera al respecto, que al haber una multitud concentrada inesperadamente en un espacio público, genera esperanza pero también miedo.


Me detengo en dos ideas importantes que la autora desarrolla con respecto a la multitud, es que la misma puede generar miedo, mientras que también esperanza. El 8 de marzo es parte de esta aglomeración. Cómo una misma acción puede encontrar dos significados distintos es lo interesante, ya que la multitud toma las calles, se apropia de los monumentos y hace suyos los espacios de tránsito diario y rutinario. A partir de aquí puede explicarse el temor, ya que hay una apropiación del espacio y de lo comunitario. La esperanza se reafirma a partir de un sentimiento común dentro de esa multitud. 


Las performances que analizaré se encuentran desarrolladas dentro del marco de multitudes. Distintas agrupaciones militantes y artísticas se hacen presentes en estas fechas para dar una opinión dentro de un mensaje artístico donde interviene el cuerpo. 


Es necesario destacar dos características que la autora describe en estas concentraciones, lo que sucede inesperadamente y en un lugar público. Lo importante a destacar en estas dos palabras es la relación otorgada por lo performático.


La performance como disciplina juega con lo perecedero en lo que refiere a su estructura, realizando una ruptura en las coordenadas de tiempo y espacio. Transcurre en un espacio público y además el tiempo es fragmentario, ya que su duración puede no ser prevista o pautada. Pueden realizarse en cualquier espacio y la duración está sujeta a la atención del público/transeúnte (o espectador emancipado desde la perspectiva de Jacques Rancière)  y el modo de participación de los activistas.


La multitud al inspirar tales sentimientos: la esperanza y el miedo, es necesario preguntarse para quienes. Considero que los partícipes están dentro del margen de la esperanza, mientras los que son sorprendidos en las calles estarían en el margen del miedo. Mi consideración no es tajante, sino que se argumenta a partir de la finalidad del hecho performático. Si soy activista y al estar reunida con doscientos activistas más realizamos un hecho artístico para dar cuenta de un reclamo, pretendo con esto desde mi colectivo fomentar la unión y donde juntos hacemos la fuerza. 


Para ese espectador transeúnte, la sorpresa dentro del estupor puede generar miedo, ya que la multitud desde el volumen y copamiento del espacio, se apropian de lo cotidiano. De todos modos, cabe aclarar que el miedo puede ser algo momentáneo si se está de acuerdo con la multitud, pero puede ser duradero si se está en contra. 


Quiero desarrollar las dos ideas: inesperadamente y lugar público. La primera mantiene intrínsecamente la idea de sorpresa, la misma contiene esta carga significativa debido a la apropiación del espacio común y quizá, la de interrupción de la cotidianeidad del tránsito y de la observación. La segunda tiene un sentido más político, ya que le espacio público es de todos, y resemantizarlo significa apropiarse del mismo, otorgándole no solo una carga significativa, sino alterando clásica relación significante/significado.


Un ejemplo de ello es un muro ubicado en las inmediaciones de un barrio de Maldonado donde asesinaron a la joven Yamila Rodríguez en noviembre de 2014. La hermana de la víctima, Natalia Rodríguez pinta la siguiente frase: En el barrio y sin permiso, soy mujer y me organizo. A partir de esta escritura no solo entiendo la ideología marcada, donde se encuentra acompañada de la frase: Tocan a una, tocan a todas, también entiendo que en la zona, en el barrio, alguna agrupación militante (Feministas Autoconvocadas de Maldonado) está tomando voz a partir desde los muros. Directamente me habla de las mujeres de ese barrio y además que está fuertemente ligada a una ideología y a una postura política. 


Es importante aclarar que este muro ha mutado, anteriormente tenía la siguiente frase: Manya gallina, zorra mía, realizado por la misma persona. Dicho cambio se dio a partir del duelo realizado y de tomar otra postura ante el conflicto. El espacio no es solo el lugar para copar, sino que es el lugar donde la polis se organiza. Con respecto al caso citado, quisiera hacer hincapié que la víctima, Yamila, fue descuartizada y sus restos fueron desplegados por el asesino en lugares escondidos. Los perros callejeros de la zona fueron los encargados de visibilizarlos. Relato este detalle para ahondar en el anclaje pertinente del espacio, del barrio y de este como protagonista, donde alberga a una comunidad política pero que a su vez queda influenciado por los hechos. Para este 8M ese muro volvió a pintarse con las convocatorias pertinentes para esta instancia.


En primer lugar la aglomeración de gente desestabiliza cualquier idea que se le oponga, de acuerdo con esto, considero que la defensa de la equidad de género, así como también, la posibilidad de derrocar un poder contrario como el machismo, pone en cuestión las ideas. La unión de estas y de una opinión conjunta, llevada a cabo por una gran multitud moviliza al poder. Se pone en cuestión una ideología que va más allá de lo político, sino de un modo de comportamiento naturalizado desde el pensamiento machista.


Ante la mediatización y la naturalización de recursos como huelgas, pancartas y marchas, se debe apelar a otros mecanismos que dennoten el mensaje de ese colectivo. ¿Qué hacer con la unión e intercambio de ideas? No basta con ser un colectivo, sino como el colectivo se organiza ante una lucha política.


La lucha y el mensaje deben buscar nuevas formas de hacer llegar al pueblo y generar conciencia. El arte interviene para acercar a más militantes, para involucrar al transeúnte, y para otorgar una idea más explícita de lo que se busca en esa lucha. 


Por eso la performance. Porque performance significa acción pero además, al ser una disciplina artística híbrida, que toma préstamos de otras artes y donde el cuerpo es el signo protagonista, determina la falta de apropiación y se sostiene la fuga de la cotidianeidad. La performance democratiza porque cualquiera puede ser parte de ella desde el activismo, donde prevalece la voluntad política sobre la voluntad artística.

 


Performance: una aproximación al concepto desde los préstamos con el teatro


La performance ha sido estudiada desde la óptica del ritual religioso y chamánico, dentro de una tribu y en diferentes civilizaciones. También se le ha dado enfoque desde el surgimiento de las vanguardias artísticas al comienzo del siglo XX e inclusive los primeros estudios en los años 60 con autores como Schenner, hasta Diana Taylor a comienzos del siglo XXI. Al ser una disciplina híbrida, se sirve de varias artes, trazando su espacio en las artes visuales, pero lo importante a destacar aquí es su familiaridad con las artes escénicas.


Erika Fscher Litche considera que una performance puede experimentarse in situ pero que escapa a la reflexión. Si tenemos en cuenta sus orígenes, el teatro debe conmover produciendo en su espectador la catarsis. Podríamos preguntarnos qué es lo que nos lleva a la reflexión. En teatro se nos cuenta una historia y la performance condensa la historia en sensaciones. Lleva a emparentarse con la idea de Artaud de destruir la literatura para llevar adelante simplemente las emociones.


Los espectadores demuestran una actitud oscilante, desde la perspectiva porque deberá ser activo, su permanencia no es tan restringida como en el caso del teatro convencional, ya que en el espacio público tiene más estímulos y es se decisión ser parte o no del ritual.


Debe entenderse que ante el acto performativo se instauran dos cuestiones importantes, la primera es que se sustituye el concepto de obra por el de acontecimiento, dando un desplazamiento de la realización escénica a la performance.


A partir de esta postura, podemos determinar que lo performatuvo radica en la presencialidad. En el momento en que una acción interrumpe el tránsito en la calle y nos atenemos a lo que suceda, estamos dando cuenta de la presencia del otro. Le damos lugar, lo observamos y pertenecemos a la esfera de lo que sucede con él.


El cambio de roles puede ser entendido como pérdida y adquisición de poder que involucra a los artistas y a los espectadores. Lo primeros renuncian al poder de ser únicos creadores, de este modo imponen un nuevo tipo de conducta, privándolo de la posición de simple observador, para darle inicio a la crisis del espectador. 


Tal como sucede en el teatro, la permanecia del público es imprescindible para su desarrollo y en este caso el desarrollo de la misma queda sujeta a la espontaneidad y entrega del espectador. 


En las últimas alertas feministas se realizó una performance, la misma consiste en una intervención donde se leen los nombres de las víctimas por violencia de género, así como la razón y el autor de su fallecimiento. Pasa una chica al frente dentro de la ronda en la que se desarrolla y se tira al suelo, simulando el cuerpo fallecido de la víctima. 


En estas instancias las chicas que pasan al frente y se acuestan en el cemento son partícipes de la marcha realizada previamente, y miembros de las diferentes agrupaciones feministas. Es decir que quien se arroja al suelo es aleatorio y está sujeto al compromiso de los participantes. En este caso el poder del espectador, podría decirse que es total, pero que al involucrarse hace que la performance pautada se concrete completamente. 


Es necesario comprender que en cuanto a la estética de lo performativo es difícil realizar precisiones nítidas a nivel conceptual, debido a su hibridez y desajuste en cuanto al campo y objeto de estudio. Solo para empezar, si tomamos al cuerpo como plataforma, y como signo, ya es conflictivo. No solo nos alcanza con el cuerpo presencial, sino también con el cuerpo ciborg, el cruce del cuerpo con instrumentos, entre otros desafíos teóricos.


En este punto me detengo en lo dicho anteriormente acerca de la función de la multitud. Como tal puede brindar esperanza y a su vez miedo y estos dos sentimientos son visibles en la medida que la performance como disciplina está sujeta desde los parámetros políticos e instaurada desde un colectivo militante.


Mi clasificación en principio se basa en la acción que está sujeta a ensayo o a improvisación. La primera corresponde a la clase de performance que ya se encuentra demarcada a nivel coreográfico, mientras que la segunda dependerá exclusivamente de la reacción, participación y compromiso del espectador.


Es necesario aclarar que las performances mencionadas han sido pautadas, sin embargo las mismas sufren algunos desajustes en el momento de la representación, debido a la ejecución en el espacio urbano.

 
Este espacio desafía al activista, ya que no es un escenario donde está todo diagramado. La ciudad como escenario es un lugar incontrolable, se resemantiza todos los días y el transeúnte tiene a disposición varias decisiones.


En el teatro al apagarse las luces, al escuchar los aplausos, al resolverse la historia, entendemos que la obra finalizó. En performance también se marca un final, pero de alguna manera ese final se determina a partir del cambio del foco de atención. En el ejemplo citado anteriormente, las mujeres que representan a las víctimas al caer finalizan la performance no solo cuando se nombra a la última mujer, sino cuando el foco de atención deja de estar en los cuerpos y pasa a estar en la lectura de la proclama característica de cada alerta.


He aquí otro problema y es el del texto en performance. Cuando está la presencia del texto, no es para contar una historia como podría ser en el teatro, ese texto está en función del cuerpo, al servicio de ese signo que cobra protagonismo. A partir de la dramaturgia actoral, entre otras técnicas, se apela a la creación del texto global desde la improvisación del actor, entonces el texto, puede tornarse algo secundario. Pensemos el Grotowski o en Barba, sus técnicas son de pura teatralidad donde lo primordial es lo físico. 


¿Cuál es la diferencia de esta clase de teatros con la performance? Como ya aclaré anteriormente, las precisiones en esta disciplina son tramposas, y funcionan como falsos amigos, útiles en determinadas circunstancias, pero ante la tensión empírica de otro elemento, pueden caer. Se me viene a la mente la percepción de Antonin Artaud acerca de la literatura, para él a nivel teatral, esta es prescindible y lo que realmente debe subyacer son los conflictos de modo extremo. La performance queda determinada por la creatividad y la improvisación sin ser servil a una plataforma previa a la que deberá someterse. 


En este mismo marco, donde prevalecen la inversión de los roles, la singularidad y vulnerabilidad del cuerpo, se debe considerar la posibilidad que fuera de los parámetros clásicos de la representación, el cuerpo tiene dominio y toma la lucha activista. 


Desde mi punto de vista puede determinarse una división de estas acciones activistas: el testimonio y la divulgación. En el caso del primero es la interpretación de la muerte de una mujer por violencia machista. El testimonio es un modo de conocer este problema. La divulgación es la interpretación no de algo sucedido, sino de una idea a modo de metáfora. Un ejemplo de ello es  de una performance realizada en otra alerta feminista, donde varias mujeres salen con escobas a barrer la calle, diciendo algunas palabras como patriarcado y heteronormatividad, vemos que desde este lugar se divulga lo ideológico en sentido poético intentando barrer con conceptos que se tornan opresores.

 

* Docente en Literatura, maestranda en Teatro, coordinadora del Colectivo de Investigación Teatral (CIT). Su línea de investigación es: Performance y activismo- Los 8 de marzo en Montevideo (2015-2017). Actualmente trabaja como docente de Literatura Iberoamericana en el Consejo de Formación en Educación (CFE). 

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