Desplegar una nueva imaginación política. Entrevista a Lilián Celiberti*

March 15, 2018

 

 

Hemisferio Izquierdo (HI): Este 8 de marzo se plantea un nuevo paro internacional de mujeres, ¿cuál es el balance del 8 de marzo pasado y qué desafíos representa este segundo paro para el movimiento feminista en Uruguay? ¿Cuáles son los ejes fundamentales de su convocatoria?

 

Lilián Celiberti (LC): El 8 de marzo 2017 marcó un salto cualitativo hacia la masividad del movimiento, rompiendo barreras y pluralizando las protagonistas. El del 2018 reafirma y profundiza la anterior, con mas debates, mas procesos preparatorios, mas colectivos organizados. Se han abierto espacios de construcción política y disputa, donde hasta el momento las perspectivas feministas eran apenas marginales, en particular en el movimiento sindical (con procesos aún incipientes) y se desataron miles de nuevas iniciativas y organizaciones en todo el país.

 

“Si paramos las mujeres,  paramos el mundo”, se constituye un mensaje potente para significar aquellas áreas invisibilizadas de las necesidades sociales que sostienen la vida. La sociedad y la economía siguen desconociendo que el cuidado de la vida humana es una responsabilidad social. El feminismo propone analizar ese vínculo no solo para denunciar la utilización que hace el capitalismo del trabajo gratuito de las mujeres, sino para la revalorización del cuidado como una ética social y ecológica imprescindible a la hora de pensar alternativas. Introducir este debate muestra una vez más que cuando la experiencia social de las mujeres ingresa en el debate público se descubren disonancias y contradicciones, donde había aparentes consensos. Los espacios tomados como neutros y justos como la familia, por ejemplo, dejan de ser inocentes para mostrar sus matrices de desigualdad, dominación y violencia.  Por ello los movimientos antifeministas se identifican con la consigna “a mis hijos no los tocan”, y las acusaciones al feminismo desde las autoridades eclesiásticas es la de destrucción de la familia.

 

Parar en todos los ámbitos de la vida es una consigna que se inscribe en una nueva perspectiva teórica, que cambia el eje de la contradicción capital-trabajo a uno mas amplio de capital-vida.

Los feminismos han desarrollado, a lo largo de su existencia y sus ciclos de desarrollo, un conjunto de categorías propias, expresando lo que no tenía nombre y por lo tanto era inexistente: violencia doméstica y sexual, violación en el matrimonio, acoso sexual, acoso político, división sexual del trabajo, derecho a decidir sobre el propio cuerpo, aborto, derechos sexuales y derechos reproductivos…. Esas dimensiones se han enriquecido y complejizado con  un conjunto de nuevas categorías teóricas y políticas, surgidas y alimentadas por nuevos imaginarios; buen vivir, descolonización, despatriarcalización, interculturalidad crítica e interseccional, territorio, cuerpo político -cuerpo- territorio, economía del cuidado, ecofeminismo. Esta ebullición teórica y política sacude los pilares del pensamiento y pone en cuestión también las formas de hacer política.

 

 

HI: ¿Cómo es posible organizar y potenciar la lucha de las mujeres en los distintos lugares de trabajo y barrios en los que las mujeres (y sobre todo las mujeres más precarizadas) habitamos? ¿Qué estrategias y particularidades plantea llevar adelante una huelga de mujeres en nuestro país?

 

LC: Tenemos varios desafíos a enfrentar para profundizar un proceso de organización plural de las mujeres en todos los espacios, barriales y territoriales, pero el primero y más importante es no mirar y clasificar las experiencias con el manual de la buena revolucionaria feminista.  Las mujeres vivimos necesidades y contextos muy desiguales, y las desigualdades no son una categoría, son vivencias, subjetividades, afectos, lenguajes y mil cosas más. Y hay que dialogar desde estas desigualdades con el mayor cuidado para no clasificar entre correcto o incorrecto. Cuando las mujeres son desalojadas con sus hijos de una vivienda precaria esperan que el Estado ampare su derecho a la vivienda. Cuando una mujer decide interrumpir su embarazo desea estar protegida por un sistema de salud que valorice su derecho al aborto. Entiendo el feminismo como un accionar crítico que se mueve desde la autonomía para exigir a las instituciones del estado el cumplimiento de los derechos. Estamos aún lejos de haber sacudido con el paro el cambio real de las relaciones de género en el quehacer cotidiano de la sociedad. Pero se abrieron debates interesantes que seguirán pluralizando las voces y las argumentaciones. ¿Cuál es el lugar de los hombres? ¿Cuáles son los cambios que ellos deben hacer? ¿Cómo cambiamos la participación y las formas de organización? ¿Cómo enfrentamos el pensamiento conservador en todos los espacios de la vida?

 

 

HI: ¿Sobre qué elementos políticos crees que el movimiento feminista y de mujeres puede unificarse para fortalecer la lucha de las mujeres, sobre todo en su dimensión internacional?

 

LC: Las perspectivas feministas se han confrontado con una cultura de izquierda y del pensamiento crítico, que continúa marginando campos del activismo político y tiende a reproducir una división obsoleta, teórica y prácticamente,  entre “lo político” como gestión del Estado, y las relaciones sociales cotidianas en las que la exclusión social y el patriarcado impactan en los cuerpos de las mujeres, sea con la violencia de género, el abuso sexual o la discriminación a la disidencia sexual. La izquierda ha tendido a minimizar las dimensiones que atañen a las raíces patriarcales de las relaciones entre hombres y mujeres, la heteronormatividad, el sexismo y el racismo. A pesar de ello, estas dimensiones comienzan a  expresarse con fuerza y constituyen algunos de los ejes más radicales que cuestionan e interpelan sus limitaciones teóricas.

 

Desde las calles y los territorios, las “Ni una menos “, las luchas de resistencias al extractivismo, o por la legalización del aborto, generan nuevas escuelas políticas en acción, que modifican las consignas y orientan la reflexión a visiones más radicalmente anticapitalistas.

 

Tenemos una tarea inmensa para articular dimensiones que han crecido en mundos paralelos. Construir esa palabra colectiva supone combatir en nosotras lo que aún queda de pensamiento hegemónico colonialista, universalista, egocéntrico. Parece una tarea sencilla, pero las disputas entre diferentes corrientes pueden debilitar el accionar político de los feminismos si no de tejen puentes de respeto a la pluralidad. Reconocernos en nuestras radicales diferencias, con nuestras historias y desigualdades, es un punto de partida para alianzas, complicidades y potenciaciones. Las luchas sociales reúnen subjetividades y miradas diversas, y sólo cuando pueden unir sus voces aunque digan cosas diferentes, es cuando el escenario unipolar hegemónico comienza a cambiar.

 

Los esfuerzos deberían estar dirigidos a desplegar espacios colectivos, re-inventando resistencias a la cultura capitalista en todas sus manifestaciones consumistas, individualistas, violentas, racistas, colonialistas y patriarcales, para explorar el espacio de la invención política creativa escapando al juego político del estado y de la representación. Ello no implica desatender la crítica, o el cuestionamiento a las formas tradicionales de la política y los estados, pero solo reconstruyendo acción política desde la comunidad, podremos construir formas de vivir más cercanas a un imaginario transformador. La necesidad de reconstruir “los tejidos comunitarios agredidos y desintegrados por la intervención colonial primero ultramarina y mas tarde republicana” dice Rita Segato, coloca la acción feminista en los territorios, para construir,  desde allí , lazos de solidaridad entre mujeres que puedan frenar la violencia machista.

 

Necesitamos desplegar una nueva imaginación política crítica capaz de enfrentar al mismo tiempo los fundamentalismos, políticos, religiosos, y económicos. Ello implica abrir espacio a la creatividad y la imaginación transgresora, perturbar las disciplinas y la disciplina, cultivar la risa, la ironía, el humor y el amor. Reconocer y reconocernos en un campo de subjetividades plurales, diversas, y ojalá que dialogantes.

 

* Lilián Celiberti es mujer, maestra y feminista uruguaya. Integra la Intersocial Feminista

 

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