"reconstruir la izquierda, romper el cerco político en el cual nos han (¿nos hemos?) encerrado y poner ante los ojos del pueblo un horizonte post capitalista"

December 19, 2017

 

 

 

 

Hemisferio Izquierdo (HI): ¿Qué balance político se puede hacer del año que termina?

 

Nicolás Yeghyaian (NY): El eje en relación al cuál se comparan los procesos hace que cambie sustancialmente la valoración. Se tendrá una valoración del año si se compara a Uruguay con el resto de Latinoamérica, otra si se lo compara con Europa y otra si se lo analiza en términos de correlación de fuerzas entre clases sociales. Este último enfoque será el que determine nuestras respuestas. 

 

Estamos en un momento político caracterizado por la ruptura del consenso. Ocurre a nivel mundial, con Presidentes como Trump, Macri, Peña Nieto, Temer, y ocurre a nivel nacional aunque el FA aún sea gobierno. Si en el S. XX la crítica al capitalismo aparecía cristalizada por una alternativa de futuro posible y necesario llamada socialismo, ya en la década del 90 esta alternativa se desvanece y se vuelve hegemónico un discurso basado en los derechos humanos. Tras un período de auge de este discurso con las izquierdas sistémicas en el gobierno, ha emergido el capitalismo con su rostro más honesto, despojado de todo ropaje ideológico, como una máquina fabricante de psicópatas que solo pueden producir y consumir, la “economía de mercado” subordina a la política y por lo tanto todas las decisiones que se toman pasan a estar subordinadas por lo que el mercado demande.

 

Con la prudencia necesaria de escribir desde una izquierda desorientada, nos animamos a arriesgar tres características de este año 1) El capital avanzó sobre nuestra vida; 2) La principal resistencia fue protagonizada por nuevas organizaciones sociales aún dispersas; 3) Fuimos incapaces de resistir la avanzada sobre los derechos de las y los trabajadores.

 

El capital también ahí. Pese a la falsa imagen de país pacífico, levemente ondulado, la violencia campea en Uruguay y las víctimas son siempre nuestros hermanos y hermanas de clase. Somos el quinto país mundial en tasa de feminicidio, este año fueron asesinadas tres mujeres por mes a causa de violencia de género; los presos viven en condiciones infrahumanas en las cárceles, en las que este año fueron asesinados tres hombres al mes; hubo decenas de obreros muertos durante el trabajo y se trabaja en condiciones de esclavitud en el ámbito rural; desaparecieron decenas de niñas en los barrios de Montevideo; solo en el primer semestre fueron asesinados 102 hombres y 28 mujeres; a la miseria que se ve en las calles y que se vive en los barrios más humildes se suma la presencia del narco que domina parcialmente algunos territorios; la crisis de la educación condenada a ser el galpón de los problemas sociales, y una triste lista de etc. Al incluir todos estos hechos a la hora de un balance político, sin creer que esto responda a la gestión de uno u otro gobierno, hacemos uso del derecho que tenemos como clase de impugnar políticamente este estado de cosas llamándolo “capitalismo”. 

 

La resistencia dispersa. Las “alertas feministas” fueron la lucha de calle más constante y consecuente que hubo este año en Uruguay, y aunque el paro del 8 de marzo fue parcialmente apoyado sobre la hora por el PIT CNT, las movilizaciones constantes que las organizaciones feministas realizan ante cada feminicidio son ignoradas por la dirección sindical, así como también fue rechazado el apoyo al Encuentro de Mujeres (EMU).

 

Otro mojón importante en el año lo marcaron los futbolistas. Estos también, por fuera del PIT pararon el fútbol, su reivindicación era quitar a la directiva burócrata que defendía intereses ajenos a los trabajadores, y a partir de esto se desató una telenovela de enredos que desnudó los oscuros vínculos del FA con la mafia.

 

Algunos gremios estudiantiles y sindicatos intentaron, sectorialmente, resistir el avance de la burguesía a través de manifestaciones que incluyeron la ocupación de hospitales, liceos, bancos, etc. Estas luchas, también constantes, fueron más de las de las que aparentan a simple vista e involucraron decenas de miles de trabajadores, aunque hayan sido dispersas. En general la cúpula sindical también aquí se mantuvo al margen o intentó frenar las movilizaciones que enfrentaban al gobierno. Es de destacar que las nuevas organizaciones estudiantiles son conformadas por jóvenes que nunca militaron en el FA, no tienen que hacer ningún duelo, no le deben nada a nadie. 

 

Eppur (non) se muove. No pudimos detener el avance sobre nuestros derechos cristalizado en el llamado “decreto anti piquetes”, el uso abusivo del decreto de esencialidad, el 85% de los acuerdos salariales con “cláusulas de paz”, la amenaza hacia los trabajadores en lucha con aplicar diversos artículos que atentan contra las libertades sindicales. Incluso se entregó la rendición de cuentas en un hecho insólito, sin negociar con los sindicatos. Mientras tanto los dirigentes del PIT y el gobierno buscaron la manera de hacer protocolos para “evitar conflictos”. 

 

En definitiva, el capital busca limitar las herramientas políticas a los trabajadores, y esto lejos de encontrar a una clase trabajadora fuerte (como podría suponerse luego de 12 años de gobierno frenteamplista) encuentra una clase trabajadora debilitada, aunque el PIT haya crecido en cantidad de afiliados, tiene poca capacidad de resistencia y un margen legal cada vez más estrecho para luchar por sus derechos. Aunque de a poquito lo nuevo empieza a surgir. 

 

 

HI: ¿Qué perspectivas ves para 2018? ¿Cuáles son las principales tareas y desafíos a enfrentar?

 

NY: Seguramente en el próximo año se irá configurando el escenario electoral. La principal meta del gobierno será la llegada de inversiones extranjeras como UPM, para lo cual dispondrá todo el aparato del Estado, desarrollará infraestructura, realizará el gasto necesario y retaceará los derechos laborales que le exija el capital extranjero. El 85 % de los trabajadores del sector privado tendrán ronda de consejos de salario y se votará la rendición de cuentas. La neutralidad económica, personificada en la cara de Astori, seguirá siendo la clave que determine las acciones del Frente Amplio, lo que puede aumentar la desazón de sus militantes críticos. La derecha no frenteamplista insistirá con denuncias de corrupción, seguramente busque sacar más tajada del vínculo entre el gobierno y empresarios, con el riesgo de salpicar a muchos de sus miembros. Ante el posible crecimiento electoral de esta derecha el brazo sindical del FA seguramente intente alinear a todos los trabajadores en la defensa del gobierno, acuse de divisionista a todo aquel que tenga un planteo clasista y rompa la unidad donde no sean mayoría. Es probable que parte de la izquierda se limite a pensar la política desde lo electoral. 

 

Justo cuando el capitalismo se ha vuelto más salvaje, cuando el mundo de las mercancías brilla deliberadamente más que los seres humanos, ha desaparecido la potencia impugnadora de la izquierda. La síntesis electoralista mejor construida en la historia del Uruguay, el Frente Amplio, ha demostrado los límites de la vía electoral. Tenemos la necesidad de enfrentar el avance sobre nuestra clase y generar las condiciones para ganar posiciones de ofensiva; reconstruir la izquierda, romper el cerco político en el cual nos han (¿nos hemos?) encerrado y poner ante los ojos del pueblo un horizonte post capitalista. Tal vez tengamos que recoger lo mejor de la historia y empezar desde el principio: 1- Repensar una forma de hacer política que no se base en la disputa electoral; 2- Buscar el consenso a partir de un nuevo programa (pensemos que el programa del año 65 fue la última síntesis de diversas corrientes de la izquierda y este programa no solo ha quedado obsoleto para resolver los problemas actuales sino que tampoco hay consenso en la izquierda en torno a él); 3- presentar estrategias viables para superar el capitalismo. 

 

La década del 90 ha dejado su huella posmoderna de condena ante un pensamiento político que se pretendía universal, dando por buenas a las luchas que se limitan a su particularidad. Esta visión aún está presente y es necesario superarla de una vez, apuntar nuestra mira a aquello que tienen en común los fenómenos diversos entre sí, sin perder la fuerza que tienen las luchas particulares. En este proceso cumplen un papel fundamental, las organizaciones sociales y las políticas. Estas se retroalimentan, pero son esencialmente diferentes entre sí. Las organizaciones sociales piensan política de lo particular a lo general y no deberían estar identificadas con una u otra organización política. A las organizaciones políticas le corresponde pensar política de lo general a lo particular, su estrategia y forma organizativa debería estar determinada más por el objetivo general a partir del cual se constituyen que por la coyuntura o el estado de ánimo de los militantes, pues de la mediación entre lo general y lo particular deriva la acción política.

 

La movilización popular es imprescindible, pero no alcanza, esto ha quedado claro tras las multitudinarias marchas por la educación. Estas luchas favorecen un proceso de presión y acumulación de fuerzas, pero este proceso se aborta cuando la burguesía lo dispone. Solo a través de la construcción de verdaderos órganos de poder popular, desde los cuales el pueblo imponga su organización y resolución, podremos garantizar el cumplimiento de nuestros objetivos. Se vuelve fundamental fortalecer en cantidad y calidad a las organizaciones de la clase en cada lucha reivindicativa.

 

Se me ocurren algunas preguntas para pensar los nuevos desafíos: 1) ¿En qué forma se podrá articular mejor las nuevas experiencias de lucha? 2) ¿Cómo hacer para sumar a la lucha a los resignados y aprovechar las grietas de la derecha? 3) ¿Cómo garantizar que este proceso no se extinga ni sea cooptado por el Estado o por una lógica capitalista? 4) ¿Qué posibilidades tenemos de hacer política por fuera de lo electoral y existir políticamente?

 

* Militante del Movimiento Liberación

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