Aquelarre

December 19, 2017

Ilustración: Rocío Piferrer

 

 

Si como dice Femenías, la condición de posibilidad para deconstruir la violencia de sexo-género exigió -y exige- que las normas consuetudinarias de relacionamiento social sean desnaturalizadas, podemos aventurar la hipótesis de que estamos en un momento de reconocimiento y visibilización de la violencia contra las mujeres, y que la lucha feminista ha ocupado un lugar protagónico en dicho reconocimiento. Esto es así porque los procesos de deslegitimación de la violencia son posibles gracias a la acción de los actores sociales que junto a factores históricos-sociales específicos reconfiguran escenarios. Lo cierto es que el feminismo está aquí con un énfasis hasta ahora inédito para instaurar lo permanente. Y ha venido para quedarse.

Las brujas de hoy cantamos y bailamos en nuevos aquelarres, conjurando sentidos que nos permitan desentrañar la madeja de significados que las nuevas luchas traen consigo, como continuación de luchas pasadas y porque la opresión hacia las mujeres es tan antigua como su resistencia. Y como la escritura es también acción para el conjuro, arma que nos permite sistematizar la experiencia de lucha, es que desde Hemisferio izquierdo les invitamos a escribir desde la propia praxis feminista y en colectivo, para que todo este bagaje de experiencia acumulada ruede y nos envuelva.


Aquelarre pretende también tender un puente entre la academia y la militancia concreta, porque los estudios académicos son estériles si están aislados del debate político de las propias luchas. Por esta razón, planteamos una serie de preguntas que propicien el debate y nos permitan desentrañar algunos nudos problemáticos y en apariencia inextricables, para ser un modesto aporte en su comprensión.

 

 “no quiero ir nada más que hasta el fondo” escribía Alejandra Pizarnik, y ese fondo es también el sinuoso camino que nos queda por recorrer para sortear la resignación y deshacer el entuerto, por ello invitamos a pensar el feminismo en términos estratégicos, pensar su acción política en relación a todo aquello que pretende cambiar y su lugar como dinamizador del cambio social, pues contiene en sí mismo las prácticas de la sociedad que proyecta. Pensar el feminismo en términos estratégicos supone indagar en las luchas que estamos dando las feministas en la actualidad y el desafío de conectar las luchas concretas con la totalidad: el cambio social.

Para pensar estratégicamente el feminismo es ineludible ponerlo en relación con la tradición de izquierda y la vocación de cambio social. Las tensiones que preexisten entre la izquierda y el feminismo, “un matrimonio mal avenido”, revelan por un lado una izquierda que se resiste al avance del feminismo porque no lo ha entendido, o lo entiende parcialmente, y por ello también le exige que de cuenta de todo aquello que otras expresiones organizadas de lo social no pueden, no llegan o se agotan. Por otro lado, el feminismo ha intentado amplificar sus postulados y su activismo hacia el conjunto de las organizaciones de izquierda aunque no sin dificultades, lo cual ha ocasionado tensiones y una distancia más reactiva que consciente de este divorcio.

Al feminismo se le exige que no fragmente, que impugne y se subleve -pero no tanto-, que no se olvide nunca de la clase, que no se olvide de los hombres, de su labor pedagógica para con ellos y la sociedad toda pues el patriarcado no puede ser un problema exclusivamente de mujeres. Solo resta pedirle que dé respuesta a todos los problemas sociales ya que se lo juzga como se juzga a las mujeres, porque el feminismo enuncia también un sujeto político históricamente silenciado y que ahora se vuelve desobediente y contestatario. Y se le exige todo esto pero apenas se lo conoce. Olvidamos que el feminismo es también parte constitutiva del movimiento de lo social y lo expresa en su heterogeneidad, como respuesta de las oprimidas en nuestro camino de autoconsciencia de la opresión.

Por todo esto nos proponemos conjurar feminismos y cambio social, porque también el feminismo es una lucha dentro de otra lucha. Transversalizando espacios, conmueve y subvierte con sus formas e impugnaciones, y aunque no hemos logrado aún visualizar las implicancias de una de sus premisas fundamentales “lo personal es político”, allí radica también su enorme potencia desestabilizadora.

Al desmarcarse de la organización estructurada como de los modos más clásicos de incidir en la política (realpolitik), el feminismo queda por momentos marginado y recluido a lo artesanal, con enormes dificultades de congregar a los feminismos autóctonos -institucionalizados o no- en un programa unificado [1]. Pero la necesidad de dar respuesta inmediata a la violencia patriarcal con escasos recursos y sin aparatos que medien habla de una asombrosa capacidad organizativa y de accionar de la mujeres. A comienzos de siglo, Luisa Luisi escribía esa misma potencia:  “Por debajo de la herencia, el hábito, el prejuicio (...) comprenderse capaz de inmensas cosas”, y en ello clama lo más rico de nuestras experiencias, eso que nos permite  “saber que hay una perla iridiscente” como reflejo y convergencia de todas nuestras luchas.

El feminismo comienza a hablar otro lenguaje, incide desde otro campo de significaciones y va gestando una nueva semántica política sobre la cual abordar nudos problemáticos como género y clase, capitalismo y patriarcado, discute los modos de articulación de las distintas opresiones en un horizonte común, preguntándose cómo pauta nuestra acción política la clase, la raza y el género, y cómo desde estas particularidades es posible reivindicar la emancipación de la humanidad toda. Por ello abrimos algunas preguntas a modo de disparadores: ¿cuáles son las implicancias que tiene hacer política desde las identidades? ¿en alguna medida la centralidad sobre los problemas identitarios le dificulta tender puentes con otros sectores o actores sociales?¿qué tienen en común todos los feminismos? ¿es posible pensar conjuntamente una línea de acción entre todos ellos? ¿sobre qué ejes es necesario articularnos? ¿es posible pensar un programa político del feminismo? ¿cuáles son los problemas del feminismo hoy?¿cuál es la acción política posible para la desarticulación del patriarcado?

Este conjunto de interrogantes a la vez que nos aproxima, nos devuelve más preguntas sobre el qué hacer del feminismo en nuestro tiempo y sobre qué implica pensar el feminismo desde un registro político-estratégico. Problematizar el patriarcado y la acción política en torno a él es ya un ejercicio de esto, preguntarnos qué lugar ocupa el feminismo en el cambio social y cómo se articulan antipatriarcado y anticapitalismo políticamente, ¿es el feminismo el cambio en sí mismo? ¿es parte de una estrategia general de clase? ¿cómo dialoga la especificidad política de su lucha con otras luchas? ¿de qué forma estas luchas en apariencia parciales dinamizan otras luchas?. ¿Cómo salir del lugar impuesto de víctima que muchas veces llevamos a cuestas y desplegamos nuestra potencia como movimiento? ¿Cómo tejer redes e instrumentar la sororidad a pesar de las diferencias? ¿Cómo organizamos un movimiento tan amplio como el feminista sin morir en el intento? ¿Cómo podemos dar respuesta a las múltiples manifestaciones de la violencia contra las mujeres? ¿Cuál es el vínculo de los feminismos y el Estado? ¿Es el Estado un interlocutor o necesitamos construir prescindiendo de éste? ¿Es preciso exigirle? ¿Qué desafíos programáticos y organizativos enfrenta la reciente masificación del feminismo? ¿Cómo se configura nuestro movimiento y cómo interactúan los feminismos nativos entre sí? ¿Cómo lo hacen con el feminismo islámico, negro e indígena? ¿Cómo instrumentamos modos de hacer política en femenino desde los espacios que habitamos? ¿Qué estrategias nos damos las feministas para habitar políticamente los espacios mixtos? ¿Cómo politizamos nuestros afectos y sexualidades?

 

Aquelarre invoca a todas las brujas a continuar profiriendo hechizos, a seguir preguntándonos y profanar con palabras los esclerosados sentidos del patriarcado. Aquelarre es un llamado al grito y al vuelo de todas nuestras brujas, de las que ya no están pues nos las arrebataron, y de las que aún seguimos- y seguiremos- gritando hasta cambiar todo aquello que deba ser cambiado, porque todas somos nosotras.

 

Notas

 

1. Esto no es característico del movimiento feminista en particular sino de muchos movimientos sociales, pero no queríamos dejar de señalarlo como un punto del análisis a tener en cuenta.

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