"Cualquier replanteo ante el agotamiento y la desilusión tiene que partir de lo que hoy habita, vive y lucha en la izquierda uruguaya."

November 21, 2017

 

Hemisferio Izquierdo (HI): En este número de HI, la izquierda al diván, queremos repensarnos como sujetos políticos. Nos interesa hacer un recorrido por el mundo de las izquierdas y que no se salve nadie de la crítica y la autocrítica. ¿Qué crítica/autocrítica se puede hacer sobre las diferentes tradiciones/espacios de izquierda que existen en Uruguay?

 

Sebastián Valdomir (SV): Tomando un marco temporal arbitrario, ubicado en el entorno de la última década y media, entiendo que una autocrítica posible es que las tradiciones y corrientes de la izquierda uruguaya han discutido relativamente poco entre ellas, acerca de temas no estrictamente coyunturales. Sin duda que existen pujas y debates, procesos de discusión en espacios políticos, sindicales, estudiantiles, territoriales y culturales, pero no me estoy refiriendo a este tipo de discusiones. Apunto más a ese tipo de discusión ideológica y estratégica que  se enriquece necesariamente a partir de las diferentes perspectivas que se definen de izquierda. Y esa ausencia de discusión entre las corrientes de las izquierdas de este período, lo veo en relación a etapas anteriores, en las cuales creo que esto existía más nítidamente. Un período rico en ese sentido fue el previo a la Dictadura, y más hacia acá en el tiempo, también la década de los ´90 supo tener momentos de discusión ideológica muy importantes.

 

Tener menos discusión entre las perspectivas y corrientes dentro de la izquierda me parece que afecta no solo a las diferentes “tribus” sino fundamentalmente al conjunto del  movimiento popular uruguayo y sus posibilidades de liberación. El nivel se achata porque se termina discutiendo dentro del micro-clima de cada espacio, y ello en definitiva afecta la profundidad y solidez de los enfoques. Se pierde filo por ausencia de fricción. La pregunta hacía referencia a pensar desde la idea de sujetos políticos, y esto creo que remite a ámbitos y procesos de socialización política, donde van madurándose los planteos para cada etapa. En Uruguay tuvimos esos espacios de socialización política, de durísimas discusiones pero con códigos. Hoy creo que esos espacios ni abundan ni funcionan, tal vez por desinterés o quizás porque se están priorizando otras formas y otros mecanismos. Me estoy refiriendo a los debates que históricamente se procesaron en diferentes contextos políticos e históricos en la región y Europa, y que en nuestro país colaboraron en el trabajo de parto de muchos avances y muchas resistencias; libertarios, comunistas, maoístas, social-cristianos, corrientes de izquierda nacional, socialistas, anarquistas, troskos, etc.

 

 

HI: Parece que actualmente la izquierda uruguaya en sus orgánicas políticas, o bien es la pata subalterna de una alianza policlasista (el Frente Amplio) que empieza a tensionarse con el fin de la bonanza económica de la última década, o bien ocupa un espacio marginal del tablero político (la llamada “izquierda radical”), configurando un escenario nada prometedor. ¿Comparte este diagnóstico? ¿De qué forma se puede destrabar esta situación?

 

SV: El repliegue de la acción de masas por parte del campo popular no es algo que solo se viva aquí en Uruguay sino que es algo más general. Esto tiene que ver tanto para lo que en la pregunta se plantea como el Frente Amplio por un lado y la “izquierda radical” por otro. Asumiendo como válido ese enfoque por un momento, díria entonces que la “subalternidad” del primero como la “marginalidad” de la segunda tienen un rasgo común que es el reflujo político de la acción de masas.

 

Pero la crisis de representación política no abarca solo a la izquierda. La lectura del momento histórico que estamos viviendo aquí no tendría que cerrarse a observar lo que está sucediendo en la región. Ahora, dicho esto, el pueblo uruguayo, la clase trabajadora, necesita construir un nuevo proyecto político para disputar la hegemonía en la sociedad. Decir esto no va en la línea de que el Frente Amplio ya no sirve para nada o que se agotó lo que podría provocar en términos de transformaciones sociales. Y decir esto tampoco equivale a decir que un nuevo proyecto político va a instalar necesariamente una sociedad socialista.

 

Una situación como la actual no se destraba teniendo dirigentes más o menos audaces, élites más o menos inteligentes, un ministro de aquellos por acá, un subsecretario allá o dos intendentes más allá. El tema no creo que pase por ahí. Para lo máximo que el proyecto político de izquierda actual alcanzó fue para tener a Pepe Mujica de presidente, y cuando hablo de “proyecto político” lo digo en un sentido amplio, que no solo incluye a aquellas sensibilidades de izquierda que se identifican dentro del Frente Amplio sino también aquellas que no están dentro de ese marco. Mujica es resultado histórico de ambas patas.

 

Y creo que fue lo más avanzado que pudo generar por la roncha que despertó, -no ya dentro de la derecha o los sectores conservadores- sino dentro mismo del Frente Amplio. De las ideas o proyectos más desarrollistas de Pepe, en la “intelligentsia” gubernativa o política no se quiere hablar mucho. Esto me parece llamativo porque en vez de enterrar una determinada propuesta o conjunto de ideas, lo que queda más en evidencia es la característica de pensamiento único con la cual se intenta conducir la economía.

 

Independientemente de los aditamentos con los que se suele acompañar la política económica de los gobiernos del Frente Amplio (referidos a aspectos como la gestión responsable e informada, que procura evitar voluntarismos, sostenerse en la solidez de los diagnósticos técnicos, visiones y aplicar mecanismos de política derivados de todo lo anterior), no se puede hacer como que no existe una lógica de “coto privado” que determinadas visiones dentro del FA tienen sobre la economía. En primer lugar, aquellos aditamentos antes mencionados, son aspectos de forma más que de contenido.

 

Lo que se ha logrado por parte de la conducción económica es hacer pasar estos elementos de forma como parte del contenido y de los objetivos de la orientación económica, y esa es una primera discusión ideológica y política sobre la cual estas visiones hegemónicas anotan un primer poroto. Luego viene el resto, las decisiones concretas que se adoptan; ahí se van el resto de los porotos y el juego se acabó. En segundo lugar, es bravo no problematizarse aunque sea un poquito el hecho de que se dejan otras visiones de la economía totalmente por fuera, excluyendo y marginando visiones alternativas, y cerrando el debate. Por ese barrio no pasó la autocrítica de la cual hablábamos en la pregunta anterior. Esto me parece que dice más de la lógica con la cual se conducen las visiones hegemónicas que de las excluídas, porque las excluyentes son las primeras.

 

Por otro lado, los atisbos de un debate sobre “post-frentismo” como proyecto político no son representativos ni maduros, tanto dentro del Frente como fuera de el, así que para eso parece que todavía falta bastante.

 

 

HI: ¿Visualiza un proceso de agotamiento en la actual configuración política en las izquierdas? De la mano de esto, ¿comienzan a haber actores emergentes y nuevos espacios de politización?

 

SV: Bueno, pero si partís de conceptualizar a la izquierda en torno a la noción de fragilidad y del esfuerzo permanente por la amenaza de la derrota de los sectores subalternos, en realidad siempre estas enfrentando al agotamiento y con la necesidad de repensarte. Porque el poder lo tienen otros.

 

No veo actores emergentes ni tampoco espacios nuevos de politización. Esto es parte del problema, pero no todo el problema. Por suerte muchos en la izquierda saben que una cosa es acertar en el diagnóstico y otra distinta formular la táctica adecuada para el momento que te toca vivir. Son menos los que reparan que tener el diagnóstico acertado no significa que la táctica que se está aplicando también lo sea. Y por eso cualquier replanteo ante el agotamiento y la desilusión tiene que partir de lo que hoy habita, vive y lucha en la izquierda uruguaya.

El análisis concreto de la realidad concreta que nos toca es este marco histórico y político de avances, tropezones, caídas y vuelta a levantarse del pueblo uruguayo y particularmente de las organizaciones de izquierda. Por esto a veces me parece simpático y bien intencionado el análisis que se hacen de otras experiencias de movilización y radicalidad política en marcos históricos y territoriales distintos al nuestro, pero que en definitiva no aplican para enfrentar a los sectores dominantes de aquí y ahora.

 

Pero en los términos planteados en la pregunta, hay una rutinización bastante evidente en las izquierdas. Más o menos se siguen haciendo las mismas cosas siguiendo los mismos procesos y llegando a lugares básicamente ya conocidos. Por ejemplo, uniendo esto con la otra cuestión relacionada a actores emergentes o nuevos espacios, no creo que la manifestación social y política del No a la Baja haya sido una novedad absoluta respecto a otras grandes manifestaciones juveniles anteriores. Por ejemplo, la movilización estudiantil de los años 96 a 98 contra la Reforma Educativa del segundo gobierno de Sanguinetti. Obviamente que en el No a la Baja jugaron elementos propios de la época política y de comunicación de masas que 15 o 20 años atrás no existían. Además un proceso se dio en el marco de un gobierno neoliberal de derecha y el otro en el marco de un gobierno del Frente Amplio. Pero los fundamentos de ambas movilizaciones me parecen bastante próximos uno del otro.

 

Así que, rutinización por un lado, y permanencia de actores sociales y políticos por otro. El desgaste viene de dentro, y puede llegar a ser estimulado desde fuera; es decir, el desgaste se manifiesta dentro de la propia izquierda, y en segundo término, puede ser agudizado por la reacción de la derecha.

 

En el primer punto, entiendo que todavía no se ha hecho un análisis profundo de los cambios en la sociedad que provocó el proceso del Frente Amplio en el gobierno. Las condiciones de reproducción social se modificaron, al igual que las expectativas de consumo, las demandas sociales, las luchas por derechos. Hasta tanto este análisis no sea realizado en términos ideológicos y estratégicos, vamos a seguir interactuando con un pueblo que cambió, en algunas cosas para bien, en otras para peor, pero que cambió. Por ende, tiene que cambiar también nuestra estrategia de acumulación, para disputar la hegemonía en la sociedad.

 

En relación al segundo tema, las expresiones políticas de los sectores conservadores, los  partidos de derecha, pueden aprovechar que la izquierda se continue dividiendo, que esta se descanse en supuestos mejores estándares alcanzados, y de repente ganen una elección. Un contexto así provoca mayor desgaste, necesariamente, porque la realidad te golpea la puerta. Un ejemplo de ello fue la elección presidencial argentina en la que ganó Macri.

 

Para terminar, creo que a veces se reitera un tipo de análisis que subraya que el poder te desgasta: “al Frente lo desgastó tener el gobierno”. Pienso que no es así, para nada. Lo que te desgasta es no tener el poder. Y la izquierda uruguaya, una parte importante de ella, gobierna, pero no tiene el poder. Así que el desgaste es compañero permanente del camino.

 

 

* Sebastián Valdomir es Sociólogo y militante político

 

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