Editorial. De regreso a Oktubre

October 23, 2017

 Ilustración: Federico Murro

 

 

“De regreso a Octubre
(Desde Octubre)
Sin un estandarte de mi parte...
Te prefiero... igual, internacional”

(Fuegos de Octubre, Oktubre,

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota)

 

 

2017, para los que habitamos el hemisferio de las izquierdas, es un año especial, plagado de fechas que no pueden obviarse. 150 años de la primer edición de El Capital de Marx, 50 años del asesinato del Che Guevara en Bolivia y 100 años de la revolución rusa. Pero el aniversario es evidentemente una excusa, una oportunidad que esta forma de contar la traslación de la Tierra en torno al Sol nos ofrece para (re)encontrarnos con aquellos episodios que marcaron, y marcan, a fuego nuestra historia.

 

Así las cosas, el centenario de la revolución rusa nos enfrenta a uno de los eventos de mayor significación del siglo pasado, a tal punto que el llamado siglo XX corto (1914-1991), propuesto por Iván Bered y popularizado por el renombrado historiador Eric Hobsbawn, da cuenta del impacto del inicio, desarrollo y declive de la URSS en la historia mundial. Es que si hay algo que caracterizó al experimento soviético, no fue tanto la insurrección y el formidable movimiento de masas (que las tuvo a lo largo de todo 1917 con dos revoluciones en ocho meses), sino el hecho duro y crudo de conservar para sí el poder del Estado. No por acaso cuenta la historia que Lenin bailó en la nieve cuando el gobierno bolchevique superó los 73 días de vida de la Comuna de París.

 

Para la clase trabajadora y los partidos y organizaciones socialistas la apuesta soviética se convirtió tanto en una guía de acción como en un qué no hacer. De hecho la URSS y su balance fue quizás el principal divisor de aguas entre las izquierdas del mundo, haciendo prácticamente imposible no pronunciarse al respecto. Estalinistas, trotskistas, anarquistas, nacionalistas, guevaristas, socialdemócratas, todos tuvieron, y tienen, algo para decir sobre esta peripecia, sea para referenciarse en algún período de su historia, sea para sacar lecciones estratégicas sobre sus “aciertos y errores”, o sea directamente para distanciarse.

 

Pero no sólo para los obreros la revolución rusa se volvió un episodio ineludible. Para la burguesía y sus representantes políticos la URSS expresó, y expresa, la posibilidad de construir una sociedad (sea lo que esta haya sido) sin burguesía. Por eso no dudaron en apoyar a las guardias blancas e invadirla militarmente durante la guerra civil que entre 1918 y 1921 se cobró 4,5 millones de vidas, para luego, una vez terminada la guerra, intentarla asfixiar económicamente. Tampoco dudaron en dejar librados a su suerte a los pueblos soviéticos durante la invasión nazi, abriendo el segundo frente en 1944 (en el famoso “Día D” tan publicitado por Hollywood) solo cuando se volvió evidente que el Ejército Rojo estaba ganando la guerra. Pero la corta primavera que produjo la alianza anti-Eje duró muy poco tiempo, y rápidamente el conflicto con la URSS tomó forma en la guerra fría con enfrentamientos más o menos tangenciales (Corea, Cuba, Vietnam, Afganistán) y en una feroz campaña anti-comunista a lo largo y ancho del mundo. Finalmente, la caída del muro y el desmembramiento de la URSS, fue significado por el pensamiento burgués como el fin de la historia y de las ideologías, con la conclusión, también aceptada por socialdemócratas y comunistas conversos, de que íbamos hacia un mundo globalizado y capitalista hasta el fin de los tiempos.

 

Es que la revolución rusa, sus hazañas y sus miserias, sus fermentales polémicas y sus juicios de Moscú, su carrera espacial y su colectivización forzada, atravesaron todo el siglo XX y siguen siendo motivo de álgidos debate entre las izquierdas. Rememorar, repensar, analizar y reflexionar en torno a tamaño hito histórico no es tarea sencilla, más bien es casi imposible. Sin embargo, tampoco es posible no volver a debatirla en el centenario de aquella gesta, puesto que el experimento soviético, sea el balance que se haga del mismo, se considere que fracasó y/o fue derrotado, fue para las izquierdas el primer gran intento de escala mundial de transcender el modo de producción capitalista.

 

Este número de Hemisferio Izquierdo intenta transitar por este difícil pero desafiante camino de regresar a Oktubre, haciéndonos cargo de su legado y sus enseñanzas estratégicas, no con nostalgia ni evocación, sino con la mira puesta en el socialismo.

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