¿Del miedo como un afecto movilizador de la clase dirigente colombiana?

August 16, 2017

Imagen: "El paisaje de Colombia", Fernando Botero, 2004.

 

 

En el contexto colombiano actual en el que se avanza, no sin contratiempos, en la implementación de los acuerdos de paz construidos entre el gobierno colombiano en cabeza de su actual presidente, Juan Manuel Santos, y la guerrilla de las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo) cuya historia subversiva data de 1964, han sido revisitadas al menos dos coyunturas nacionales en pro de precisar causas históricas del conflicto [1] : la que se conoce como la masacre de las bananeras (1928) que marca el inicio del fin de la Hegemonía Conservadora (1880-1930) y la que se conoce como el Bogotazo (1948) que buena parte de la historiografía ubica como el inicio de “La Violencia”, en medio de la cual acaecerá la masacre de los estudiantes (1954) que se reconocerá, a su vez, como antecedente de la politización y autonomización de los intelectuales. En ambas el Estado ha llevado a cabo una “represión preventiva” autorizado por una fuerte ideología anti-comunista, lenta y firmemente fraguada a lo largo de la historia nacional [2]. En este texto recordaremos brevemente esas dos coyunturas para ubicar algunas preguntas problematizadoras que permitan penetrar la compleja historia del país, ingrediente indispensable para esta agenda de reconstrucción social que implica el post-acuerdo de paz.

 

Los cincuenta años de hegemonía conservadora (1880-1930) avanzaban en un clima de mucha tensión por la resistencia que a esta oponían los liberales; pero la circulación de ideas socialistas en el país, aunada a expresiones de inconformismo de los trabajadores de la industrialización naciente y a luchas por la tierra que lideraban comunidades indígenas como las caucanas en cabeza de Quintín Lame, catalizaron la formación de una organización social y sindical que recibiría el nombre del Partido Socialista de la Revolución (PSR) con figuras señeras en la historia de los movimientos sociales en el país como María Cano, Tomás Uribe Márquez, Ignacio Torres Giraldo, entre otros. La seguidilla de huelgas que en la segunda mitad de los años veinte surgieron en Colombia en la búsqueda de mejoras salariales tuvieron un triste punto de llegada el 5 de diciembre de 1928 cuando el ejército en cabeza del general Carlos Cortes Vargas -alumno ejemplar de los procesos de instrucción militar de inspiración prusiana que en Chile formaron a los colombianos- rompiera fuego a huelguistas y simpatizantes (muchos de ellos mujeres y niños) en la plaza de Ciénaga Magdalena; este hecho atroz que produciría más de 1000 muertos y se conocería luego como la Masacre de las Bananeras, sería uno de los símbolos de esa característica excluyente del Estado colombiano que defiende a sangre y fuego los privilegios de clase [3].

 

En la segunda coyuntura que se conoce como La Violencia [4], se enfrentaban liberales y conservadores principalmente en las zonas rurales, según una distinción más imaginaria que ideológica que hizo de los campesinos carne de cañón mientras los poderes partidistas y la iglesia se resguardaba de su responsabilidad incendiaria en la urbe, es decir, el proceso urbanizador latinoamericano se llevó a cabo a sangre y fuego en Colombia porque La Violencia aceleró el desplazamiento del campo a la ciudad ampliando en esta última los cordones de pobreza con los campesinos que llegaban durante lo que se conoce como la primera ola del desplazamiento interno. Ahora, la clase dirigente que en la forma de bipartidismo se disputaba el poder mientras acumulaba tierras de campesinos desplazados, fue fuertemente interpelado en 1953 con el golpe de estado de cariz populista (casi pacífico por el descredito en el que había caído el gobierno cómplice de la violación de derechos humanos que se daba en el campo) propinado por el general Gustavo Rojas Pinilla (13 de junio de 1953–10 de mayo de 1957).

 

Fue durante esta dictadura que el movimiento estudiantil sufrió una fuerte represión que cobró víctimas mortales el 8 y 9 de junio de 1954, de modo que buena parte del estudiantado junto con la clase obrera optaría por unirse a la burguesía para concretar los levantamientos urbanos que el 10 de mayo de 1957 presionaron la caída del dictador. Las publicaciones del momento ilustran el clima de indeterminación vivido en los cortos pero intensos meses que van desde entonces hasta la instauración del Frente Nacional [5] en 1958 cuando al fin la burguesía bipartidista optó por un pacto de elites que iría hasta 1974 [6], lo que si bien puso en entredicho el “momento pre-revolucionario” que creyó ver en ese entonces el movimiento estudiantil, favoreció que esos intelectuales en formación se vieran obligados a construir alternativas que los independizara de los poderes bipartidistas creando, por ejemplo, sus propios medios de comunicación y dotándose de sus propios procesos organizativos [7].

 

La primera coyuntura que narramos evidenció un pacto que será de larga duración entre el Estado colombiano y los intereses extractivos norteamericanos, siendo beneficiada la United Fruit Company antes que sus trabajadores. La segunda coyuntura evidenció la capacidad de negociación que tuvo la clase dirigente dividida en conservadores y liberales para reunificarse en un pacto paradójicamente legitimado por la población (plebiscito del 1 de diciembre de 1957), abriendo sólo formalmente el escenario político con la legalización del Partido Comunista que había sido decretado como ilegal en la dictadura de Rojas Pinilla, pero que en los hechos sería un nuevo ejercicio de exclusión social y política porque la participación estaba negada a terceras fuerzas, lo que sumó condiciones históricas para la radicalización de izquierda y refrendó la tesis de que en Colombia es extenso el bache entre “el país formal y el país real”[8].

 

Ambas coyunturas, sin embargo, dan cuenta de la fuerte solidaridad de clase en Colombia, pero ¿cuáles son las causas determinantes de esa solidaridad? ¿Se trata de una afinidad profunda respecto al proyecto económico neoliberal o existen aspectos culturales y subjetivos susceptibles de identificar? ¿Es posible pensar el miedo al comunismo como un afecto movilizador de la dirigencia? ¿Miedo a la perdida de los privilegios económicos y políticos que permite la exclusión de las mayorías? ¿Miedo como motor subyacente de prácticas crueles e irracionales llevadas a cabo, por ejemplo, por sectores militares contra presuntos o potenciales militantes de izquierda? El acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC-EP genera, enhorabuena, condiciones para asumir en términos teóricos y sobre todo prácticos estas preguntas y sus implicaciones.

 

 

* Sandra Jaramillo es investigadora del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas (CeDInCI/UNSAM) y está cursando el Doctorado en Ciencias Sociales de la UBA con beca CONICET.

 

 

Notas

 

[1] Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, (2015), Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, tomado de: https://www.mesadeconversaciones.com.co/comunicados/informe-comisio%CC%81n-histo%CC%81rica-del-conflicto-y-sus-vi%CC%81ctimas-la-habana-febrero-de-2015.

 

[2] Para esto es posible confrontar la obra del profesor Gerardo Molina en títulos como Breviario de ideas políticas (1981), Las ideas socialistas en Colombia (1987), entre otros.

 

[3] Meschkat, Klaus. (1983). La herencia perdida. Movimientos sociales y organización revolucionaria en la década de 1920: el caso del Partido Socialista de Colombia. En: Varios. El Marxismo en Colombia. Memorias Simposio Departamento de Historia Universidad Nacional de Colombia-Fescol. Uribe, María Tila, (2007), Los años escondidos. Sueños y rebeldías en la década del veinte, Ediciones Antropos, Cestra, Bogotá.

 

[4] La clásica periodización habla de antecedentes desde 1930, un punto de inicio en 1946 y una acentuación en 1948 con el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán. Pero el ya clásico libro sobre este periodo que cito a continuación, muestra los antecedentes que tuvieron lugar en los años 30 y 40 a partir de información empírica muy novedosa en su momento. Guzmán, Germán (Ms.); Fals Borda, Orlando; Umaña Luna, Eduardo; (1962), La Violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, Ediciones Tercer Mundo, Facultad de Sociología Universidad Nacional, Bogotá.

 

[5] El Frente Nacional fue una coalición política concretada en 1958 entre el Partido Liberal y el Partido Conservador. Respondía a la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla quien a su vez se legitimaba en la promesa de ponerle fin a la Violencia. Los representantes de ambos partidos: Alberto Lleras Camargo (Partido Liberal) y Laureano Gómez Castro (Partido Conservador), se reunieron para discutir la necesidad de un pacto entre ambos partidos para restaurar la presencia en el poder del Bipartidismo. El 24 de julio de 1956, firmaron el Pacto de Benidorm en tierras españolas, donde se estableció como sistema de gobierno que durante los siguientes 16 años, el poder presidencial se alternaría, cada cuatro años, entre un representante liberal y uno conservador, permitiendo la participación ejecutiva de miembros del partido que no estuvieran en el poder. La Junta militar, gobierno de transición tras la caída de Rojas, citó a los colombianos para que votaran a favor o en contra de la propuesta y mediante un plebiscito, el pueblo colombiano modificó la Constitución para permitir la ejecución del "Frente Civil", que más tarde pasaría a llamarse "Frente Nacional" (FN), además de inaugurar el sufragio universal y establecer la carrera administrativa para funcionarios públicos. Con este plebiscito, como mecanismo de participación ciudadana, se le otorgó a las mujeres el derecho al voto y, con un 95.2% de favorabilidad, se aprobó el Frente Nacional. La Junta gobernaría hasta el 7 de agosto de 1958 y fue sustituida por el primer gobierno del FN a cargo de Alberto Lleras Camargo; su último gobierno fue conservador con Misael Pastrana Borrero y concluyó el 7 de agosto de 1974.

 

[6] Palacios, Marco, (2012), Violencia pública en Colombia 1958-2010, Fondo de Cultura Económica, México.

 

[7] Urrego, Miguel Ángel, (2002), Intelectuales, Estado y Nación en Colombia. De la guerra de los Mil Días a la Constitución de 1991, Ed: Universidad Central Departamento de Investigaciones, Siglo del Hombre Editores, Bogotá

 

[8] Montaña Cuéllar, Diego, (1963), Colombia, país formal y país real, Editorial Platina, Buenos Aires.

 

 

 

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