La educación en una década oscura. Efectos en el presente*

August 16, 2017

 Ilustración: Julio Castillo 


 

1. Quisiéramos ofrecer algunas reflexiones a propósito del desafío que nos plantea la revisión de los efectos de un pasado oscuro sobre el presente. Para empezar nos preguntamos: ¿qué significa hablar de educación en una década oscura? La primera cuestión que surge es si podemos plantear que habría alguna particularidad que nos obligaría a pensar a la educación de otro modo en “tiempos de oscuridad”. Para poder responder esta cuestión recurrimos a un texto clásico de Hannah Arendt, “Hombres en tiempos de oscuridad”. Dice la autora:

 

“... creo que el tiempo histórico, los “tiempos de oscuridad” mencionados en el título, es visible a lo largo de todo el libro. Presté la expresión del famoso poema de Bertold Brecht “A la posteridad”, que alude al desorden, al hambre, las masacres y asesinatos, el ultraje por encima de la injusticia y la desesperación “cuando sólo existió lo malo pero no el ultraje”, el odio legítimo aun si nos afea, la bien fundada ira que hace ronca la voz. Todo esto era bastante real porque ocurrió en el espacio público; no había nada secreto o misterioso acerca de ello. Y aun así no era en absoluto visible a todos y además no era nada fácil percibirlo; porque hasta el momento mismo en que la catástrofe se echó encima de todo y de todos, permaneció encubierta, no por las realidades, sino por la gran eficiencia del discurso y el lenguaje ambiguo de casi todos los representantes oficiales, quienes continuamente y en muchas variaciones ingeniosas hacían desaparecer con sus explicaciones los hechos desagradables y la legítima preocupación. Cuando pensamos en tiempos oscuros y en la gente que vivía y se movía en ellos, hemos de tener también en cuenta este camuflaje por parte del establishment, o del “sistema” como entonces se llamaba. Si la función del ámbito público consiste en iluminar los asuntos de los hombres ofreciendo un espacio a las apariciones donde pueden mostrar en actos y palabras, para bien o para mal, quiénes son y qué pueden hacer, entonces la oscuridad se extiende en el momento en que esta luz se extingue por las “lagunas en la credibilidad” y por un “gobierno invisible”, por un discurso que no descubre lo que es, sino que lo esconde debajo de la alfombra mediante exhortaciones de tipo moral y otras que, con el pretexto de defender antiguas verdades, degrada toda la verdad a trivialidades carentes de significado.” (Arendt, 2006: 9-10)

 

Arendt citando a Brecht ubica a los “tiempos de oscuridad” en ese periodo de Europa entreguerras, cuando ésta se encuentra asolada por la emergencia y consolidación de los regímenes totalitarios, principalmente del nazismo y el facismo, aunque no exclusivamente. Y va a caracterizar a ese momento como aquel donde el espacio público, el lugar donde es posible iluminar los asuntos de los hombres según Arendt, se vuelve el teatro de la mentira y la mistificación. En ese contexto, los discursos políticos bajo la apariencia de exhortaciones morales ocultan una realidad de violación sistemática de los derechos de las personas, degradando la política a una concepción simplificada de esta, como defensa de valores morales tradicionales o, en su versión contraria, concebida como una práctica de adoctrinamiento.

 

En este contexto de degradación de la política, la educación tampoco podría dejar de experimentar las consecuencias de este cambio. Si esta pudo ser concebida como la formación de ciudadanos capaces de participar en la esfera pública, ahora que este espacio se encuentra clausurado, la educación parece convertirse en otra cosa.

 

 

2. Para dar cuenta de las transformaciones que se produjeron en la educación en el Uruguay en el período de la dictadura, y en particular en el sistema educativo, vamos a tomar una texto elaborado por la Dirección Nacional de Inteligencia e Información (DNII), donde podremos analizar los sentidos asociados con la educación desde la perspectiva de las FFAA. El texto se intitula: “UJC: Escuela de Comunismo”.

 

Ya desde el título es posible identificar un uso del término educación que asume un desplazamiento de sentido asociado a la palabra escuela, como Escuela de... sobre todo si nos remitimos al legado valeriano de este término, donde la escuela aparece junto con un conjunto de características: laica, gratuita y obligatoria que garantizaría que esta Escuela de ….no podría ser otra cosa que la Escuela de la República, o lo que es lo mismo la Escuela de los ciudadanos. Ahora, en el momento en que fue publicado el texto (es interesante que las publicaciones de las FFAA no tienen fecha de edición, como si fueran intemporales, aunque podemos ubicar al texto en el período comprendido entre 1975 y 1980) escuela habría asumido otros significados muy diferentes: la escuela republicana bajo la acción de supuestas fuerzas destructoras se habría convertido en un lugar de adoctrinamiento. De ahí que puede explicarse el surgimiento de diferentes tipos de escuelas en nuestro país: tendríamos una Escuela de Comunismo que sería de la UJC, pero también, tendríamos que recuperar la Escuela de la Patria, esa que se habría perdido bajo la acción de la primera. Escuela de... a partir de ahora es una escuela de partido, o una escuela que no puede dejar de tomar partido según las FFAA.

 

Este cambió habría sido necesario desde la perspectiva de las FFAA, porque atravesamos una profunda crisis (debemos de mencionar que en toda la historia de nuestro país la educación siempre se estuvo en crisis) y además: “Estamos en guerra.”. Pero no cualquier guerra, sino un tipo de guerra particular donde el enemigo se oculta y además actúa con otras armas. Por eso: “Para enfrentar tan poderoso enemigo hay que encarar la lucha con el mismo espíritu que animaron las Cruzadas contra los infieles.”(DNII, s/f: 23-4). Para las FFAA entonces el combate se instala al nivel de las almas. Por esta razón se identifica al escenario bélico con el de las cruzadas y a los enemigos con “infieles”, puesto que la población estaría sometida a la influencias de fuerzas extrañas, extranjeras, que pretenderían destruir “nuestras creencias” y “nuestro estilo de vida”.

 

Y precisando un poco más las características de esta guerra se detalla:

 

“Es un guerra cuya definición pronostica Grondona para el año 2000 y ella será decisiva, final, entre dos concepciones opuestas del mundo y de la vida. En ella, como en todas, habrá vencidos y vencedores. Este concepto debemos fijárnoslo: estamos en una guerra definitiva y total entre dos concepciones que son excluyentes.”(DNII, s/f: 20)

 

Este es el presupuesto de partida. Estamos en una guerra diferente a otras que han existido en la historia de las sociedades humanas, donde dos concepciones del mundo estarían disputándose la posibilidad de su supervivencia. Es una guerra a muerte, porque son perspectivas excluyentes y por tanto solo puede vencer una de estas.

 

“En esta guerra que se ha dado en llamar psico-política, el objetivo es la población, es capturar la mente de cada persona para condicionarla de tal manera que pierda la capacidad de libre raciocinio, transformándola en un fanático del dogma comunista y en un militante consagrado en cuerpo y alma a la “causa”.

Se desarrolla entonces permanentemente en todos los lugares; en la calle; en los sitios de trabajo, en las aulas, en el hogar...

A cada instante en cada diálogo, en cada intercambio de ideas, en cada decisión que tomamos, estamos ganando o perdiendo un pequeño combate de esta guerra”.

“Cuando sabemos contrarrestar con acierto una duda creada en la mente de nuestros hijos por algún maestro o profesor cripto-comunista, o por la lectura de su siempre abundante propaganda, logramos un pequeño éxito, hemos capturado una colina de manos del enemigo.”(DNII, s/f: 22)

 

En la guerra psico-política el objetivo es la población. Se desarrolla en todos los lugares y en todo momento y se trata de ganar a cada persona para la causa transformándolo en un fanático comunista. Los trabajadores, los vecinos, los estudiantes, las familias no están inmunes frente a este flagelo. No existe en la vida social, cultural o educativa una posición neutral. Por eso para las FFAA, la educación es un arma de guerra, tal como lo sostiene el Cnel. Soto. Los padres deben estar alertas frente a la acción que pueden desarrollar los maestros o profesores cripto-comunistas. Ahora estos no son confiables. La subversión actúa en forma encubierta y es necesario desenmascararla. Los profesores y maestros también pueden transformarse en una pieza de la maquinaría comunista; es decir, en parte de esta Escuela de Comunismo que es capaz de hacer perder la “capacidad del libre raciocinio” para enrolar a los sujetos en la nueva “causa” .(El presupuesto es que el Comunismo opera en forma encubierta y por esta razón engaña haciendo pensar a quienes son ganados para su causa que pelean por una sociedad más justa, etc.; porque si se mostrara tal como es, nadie en su sano juicio podría adherir a semejante manera de pensar y actuar. De ahí que se señale la pérdida del libre raciocinio como el presupuesto para su adhesión incondicional después). Por esta razón, todos debemos participar de esta guerra. No tenemos opción. Está en juego el futuro de nuestros hijos y el momento en que la acción comunista se presenta es cuando se plantea la duda, la duda hacia las propias tradiciones que los creyentes no pueden admitir. Cuando esta aparece, la acción de los padres debe combatirla en forma enérgica para que no pueda alimentarse el escepticismo, condición para el posterior desarrollo del comunismo.

 

 

3. ¿Cómo se puede ganar esta guerra? “Para enfrentar a tan poderoso enemigo (…) no utilizaremos la espada sino el intelecto y la voluntad. Nuestras armas deben ser el libro y la decisión de vencer.” (DNII, s/f: 22-3). Para un nuevo tipo de guerra se requiere también una nueva estrategia para vencer al enemigo. Si lo que están en disputa son concepciones del mundo antagónicas, esta confrontación no podría darse sino en el terreno del intelecto y la voluntad. De ahí también la centralidad que van a adquirir nuevas armas: el libro. Según las FFAA: “Hay que estudiar, estudiar... hasta llegar a penetrar ese mundo extraño y ese lenguaje feo, oculto, árido del comunismo y sus procedimientos” (DNII, s/f: 23-4) como la manera de mostrar la “verdadera” verdad, esa que permitiría descubrir que “el comunismo es intrínsecamente preverso.”

 

 

4. Cómo puede observarse las FFAA van a reconceptualizar el significado de los términos pedagógicos. Palabras como escuela, profesor, maestro, estudio, van a querer decir otra cosa en el marco de esta “guerra total” a la que se vieron, nos vimos, obligados a enfrentar según las FFAA. Y la educación también va a cambiar su sentido, así como el sentido de la ignorancia. Conocer para las FFAA era aprender a descubrir cómo opera el enemigo, puesto que su acción había ganado posiciones en todos los ámbitos de la sociedad. Y la educación no habría permanecido al margen.

 

“La Educación era pues, un objetivo de primera línea; ganar posiciones en el aparato educativo, infiltrándolo a todos los niveles, educandos y educadores, atacar al país a partir de una educación en sus manos, iba a ser un factor de poder de incalculable valor, más teniendo en cuenta el papel que ella ha tenido en el Uruguay construido en base a concepciones liberales y humanísticas.” (DNII, s/f: 74)

 

En el marco de esta guerra total entre dos concepciones del mundo, la educación además era “un objetivo de primera línea”, la cual en manos comunistas se convirtió en “un factor de poder incalculable”. Y la acción de las FFAA apunta precisamente a combatir en este terreno. Esto queda en evidencia cuando recorremos las diferentes publicaciones de las FFAA. Desde el “Proceso Político”, pasando por “Testimonio de una Nación Agredida”, hasta la “UJC: Escuela de Comunismo”, nos encontramos con el mismo relato. Un factor fundamental que explica la “Crisis Nacional” es la “Infiltración Comunista en la Enseñanza”. Pero este relato no solo es un relato del pasado construido desde el pasado, sino que se transforma en una clave de lectura de la historia que pretende persistir en el tiempo. Esto puede verse cuando leemos una publicación del Circulo Militar reciente (2008), titulada “Nuestra Verdad” “La lucha contra el terrorismo (1960-1980)”, donde las FFAA, nuevamente se embarcan en una lucha historiográfica tratando de desenmascarar las mentiras impuestas por “la izquierda revolucionaria” devenida ahora actor político [1] (la corrección política del lenguaje no oculta que la posición que asumen es la misma que 30 años atrás). En ese texto nuevamente nos encontramos con la misma versión de la historia.

 

 

5. Ahora nos proponemos plantear algunos puentes hacia el presente. Pero antes de avanzar en esta dirección creemos necesario comprender un poco más las diferencias que existen en el lenguaje pedagógico que utilizan las FFAA con el pasado predictatorial, tratando de explicitar la ruptura que significa contra el fondo de la tradición pedagógica uruguaya. (Un paréntesis: también es necesario señalar, aunque no podemos en este trabajo desarrollarlo, que la concepción acerca del peligro del comunismo en la Enseñanza Secundaria, por ejemplo, es bastante anterior al golpe de Estado. Existe un texto de la Prof. Celia Reyes de Viana, publicado en 1969 pero que presumiblemente es bastante anterior, que profundiza a propósito del modo en que actúan los profesores sociocomunistas, con un nivel de detalle que ni siquiera lo hicieron las FFAA. Esta Prof. fue además primera en la lista “Educación Democrática” a las elección al Consejo de Enseñanza Secundaria en 1964, acompañada por el Prof. Julio Vilar del Valle y el Prof. Livio H. Marziali. El segundo de la lista fue consejero del CESB a partir de 1974. Por tanto, podemos decir que estas fuerzas operaron organizadamente bastante antes del golpe y su manera de ver el mundo no puede ser atribuida exclusivamente a las FFAA.)

 

a) El primer cambio importante que se puede constatar es la separación del termino escuela y educación; o en otras palabras, que no exista una identidad entre estos dos términos. La historia de la modernidad podría escribirse como la identificación progresiva de la institución escolar como el espacio privilegiado donde la educación debía advenir; o dicho de otra forma, la identidad entre escuela, educación y civilización. Si bien en el lenguaje corriente la palabra “buena educación” siguió siendo sinónimo de “buena crianza”, no obstante, para el sentido común difícilmente alguien que no hubiera transitado por una escuela podría considerarse como una persona educada. En cambio, en la dictadura, la escuela puede convertirse en un espacio destinado a romper con la transmisión de valores morales. Esto hace que se vuelva un término que no tiene una carga valorativa positiva sino que todo lo contrario: dependiendo del objetivo en función del cual actúa la escuela (el cual se define por el termino posterior a la preposición escuela de...) se puede asumir como una institución “civilizada” o por el contrario como una forma que la niega, como es el caso de una “Escuela de Comunismo” (o “Escuela de Subversión”). En este contexto el significado de escuela se expande y puede abarcar espacios no escolarizados de la sociedad civil, con características muy diferentes, pero que los definiría como tales en tanto cumplen con la función de combatir por la imposición de ciertos valores frente a otros. Pocas veces la partidización de la palabra escuela alcanza cotas tan altas. En el lenguaje militar escuela y civilización pueden ser términos opuestos.

 

b) La educación como ámbito específico históricamente identificado con el sistema educativo aparece como infiltrado por los comunistas, del mismo modo que el profesor y el maestro se convierten en potenciales o actuantes cripo-comunistas. Esta caracterización permite establecer una cadena de equivalencias donde el sistema educativo se transformó en una escuela de comunismo, y por tanto, para las FFAA es necesario realizar una operación militar de “limpieza” que elimine todos los factores que contaminan el desarrollo de una educación del patriota. De ahí la necesidad imperiosa de intervenir el sistema educativo (recordemos que el SE fue intervenido en 1970 por primera vez, pero se vuelve a realizar una nueva intervención en 1975).

 

c) Las FFAA al enfatizar la dimensión antagónica de la educación la transforma en un asunto de carácter estrictamente ideológico. Para las FFAA, la función política de la educación implica la afirmación de una determinada concepción del mundo o la destrucción de la concepción enemiga. La educación desde esta perspectiva no puede hacer otra cosa que afirmar o destruir valores; o mejor dicho, al afirmar ciertos valores combate otros y viceversa. Por consiguiente, la educación es un arma de guerra. Esto supone recuperar al sistema educativo para utilizarlo al servicio de la nueva causa de la defensa de los valores y tradición de la nación. Y esto nos permite entender la intervención de las FFAA desde la acción que se desarrolla desde la Comisión Asesora de Textos prohibiendo materiales, como en la destituciones de docentes y estudiantes impidiendo que puedan ejercer su trabajo o tener contacto con los adolescentes, hasta en la desaparición física de algunos docentes y estudiantes considerados como peligrosos.

 

 

6. Para avanzar en el puente hacia el presente vamos a señalar algunas consecuencias que traen aparejadas estas transformaciones del lenguaje pedagógico.

 

i. El significado de escuela que aparece en el discurso de las FFAA nos remota a antes de la modernidad donde la identificación entre una concepción del mundo (religiosa) no podía separarse de la política y de la conversión forzada. Las superación de las guerras religiosas supuso una tregua en la definición de una religión de Estado, que posteriormente el liberalismo lo consagró en torno al concepto de laicidad. La educación para las FFAA debe identificarse con un conjunto de valores que no pueden ser puestos en cuestión, sin que esto no signifique el riesgo de que se consideren amenazados. Volvemos antes de Descartes: si dudamos, dejamos de existir. Las discusiones en torno al “derecho de la Iglesia Cátólica” a defender su posición en relación a temas.

 

ii. La educación se convirtió así en un campo de batalla. Esto resulta por demás paradójico, puesto que bajo estas circunstancias la educación se terminó identificando con aquello contra lo cual combatió metafóricamente, desde su consolidación como proyecto republicano, superando una manera de plantear la política donde los conflictos políticos se resolvían a cuchilladas. Las FFAA proponen trasladar el antagonismo nuevamente a la educación. La educación se transforma en la barbarie.

 

iii. El lenguaje pedagógico pierde especificidad, y se vuelve irrelevante; y la educación solamente se convierte en uno de los tantos frentes de la guerra contra la subversión.

 

iv. La educación en este contexto pasa a cumplir otros fines que son ajenas a ella misma, y resulta casi imposible acordar una visión sobre su sentido puesto que las perspectivas son irreconciliables: al enfatizar el antagonismo, se instala en la educación la lógica amigo-enemigo.

 

v. Por último, frente a la partidización extrema de la educación, se abandona el proyecto político de la educación como espacio de formación de los ciudadanos para intervenir en la esfera pública. El único agente emisor de comunicados en la esfera pública fueron las FFAA y el receptor el Pueblo Oriental. En el medio no debían aparecer distorsiones a la comunicación. En este contexto volviendo a Arendt, el espacio público se convirtió en el escenario de la mistificación y la mentira. Una frase del presidente designado Aparicio Méndez ilustra esta posición: “En un gobierno democrático lo hombres de bien no hablan de dictaduras ni de derechos humanos” 23/7/1977 citado por Aroxta, 1985)

 

 

7. Ahora sí, brevemente me gustaría referirme a algunos posibles efectos que tuvo esta desarticulación del lenguaje pedagógico en la actualidad. Un laboratorio privilegiado para hacer esta observación fue la crisis del 2002. En ese contexto desde un equipo de investigación que se desarrolló en el Instituto de Educación de la FHCE, pudimos darnos cuenta que el concepto de escuela se había transformado en forma significativa. En particular analizamos este desplazamiento de sentido asociado a la idea de educación en una escuela de “contexto crítico”, donde como se puede ver vuelve a aparecer la idea de escuela de.... como si la característica de aquello a lo cual se refiere, en este caso el contexto, definiera lo que allí puede ocurrir. (Por supuesto que no es lo mismo, pero este desplazamiento se produce en la dictadura y no antes. La única diferenciación entre escuelas anterior a la dictadura era entre escuelas urbanas y rurales. Durante la transición comienza a fragmentarse la idea de escuela pública y empiezan a aparecer categorizaciones que distingue tipos escuelas como escuelas de: “requerimiento prioritario”, “contexto crítico”, “contexto desfavorable”, etc. Incluso el gobierno de izquierda mantuvo esta caracterización, hasta que sustituyó “escuelas de contexto crítico” por la denominación escuelas A.P.R.E.N.D.E.R., la sigla de “Atención Prioritaria en Entornos con Dificultades Estructurales Relativas”; cómo puede verse, “el mismo perro con distinto collar”.)

 

En la crisis, lo que ocurrió fue que una noticia permitió expresar que lo que ocurría en una “escuela de... contexto crítico”, “donde los fines de semana los niños comen pasto”; en otras palabras, lo que allí se revelaba es que el teatro donde lo humano debería advenir por medio de la educación, no podía tener lugar porque el Estado estaba permitiendo que las familias terminaran tratando a sus hijos como animales (si comen pasto y no comida, entonces quiere decir que están más cerca de los animales que de los humanos). No vamos a discutir la veracidad de la noticia, ni la gravedad de la situación de las familias en un contexto de una crisis tan aguda como la que ocurrió en el 2002. Nos interesa mencionar que en ese contexto la escuela comienza adquirir otro significado, puesto que lo que le ocurría esos niños es que no podían ser educados y que lo que la escuela debía hacer era otra cosa diferente a educar. Incluso, se llega a plantear que la educación en un contexto crítico la deben desarrollar otros técnicos, especialistas en dificultades de aprendizaje y otras patologías, no maestros.

 

Esta clave de lectura que plantea de que en ciertas escuelas existen resultados que pueden ser explicados por el contexto, parecería que recién se empieza a discutir; aunque también, como contrapartida, parece que para jerarquizar las propuestas educativas necesariamente uno está obligado a decir donde se desarrollan estas y con qué jóvenes trabajan.

 

En estos contextos las escuelas comenzaron a desarrollar un conjunto de actividades que poco tenían que ver con su tarea pedagógica. Pero el problema no es este, sino condicionar la posibilidad de los aprendizajes a que estas tareas se pueden desarrollar. Cuando se instalan estás políticas lo que termina ocurriendo es que la educación pierde sentido y la escuela adquiere otras significaciones. En términos políticos esto sucede cuando la política educativa se subsume y termina transformándose y subordinándose a la política social. Los problemas que ocurren en la escuela no son problemas pedagógicos, por lo tanto los educadores poco pueden hacer, o bien lo que pueden hacer es otra cosa o esperar que otros hagan lo que es necesario para que la educación tenga lugar.

 

Cuando la educación se convierte en política social, ya sea para combatir la pobreza u otras cuestiones alejadas de su sentido de formación política, entonces seguimos no pudiendo restituir el lugar que la educación pública ha tenido en la construcción de la República. Cuando ubicamos a los jóvenes en programas educativos fuera del sistema educativo como espacio destinado a combatir su situación de no pertenencia a ningún espacio, (en ese caso habría que preguntarse de quien es la responsabilidad y si las respuestas no refuerzan los presupuestos de partida) también seguimos renunciando a este proyecto del sistema educativo como el lugar privilegiado para formar a los niños y jóvenes para participar en la esfera pública que la dictadura desarticuló. Quizás en este efecto nos encontremos con una de las peores consecuencias de lo que ocurrió en tiempos de oscuridad: la imposibilidad de restituir el ámbito público como el lugar donde es posible “iluminar los asuntos de los hombres ofreciendo un espacio a las apariciones donde pueden mostrar en actos y palabras, para bien o para mal, quiénes son y qué pueden hacer” (Arendt), porque sin restituirle a la educación el lugar político que esta ha tenido difícilmente esto pueda volver a ocurrir.

 

* Texto presentado en las jornadas: "40 años del golpe de Estado y la Dictadura. ¡Nunca más! Derechos Humanos, Justicia, Verdad , Memoria en el Uruguay" (26 de junio de 2013). Una versión de este texto se publicó en el suplemento "Tiempos de Crítica".

 

 

** Antonio Romano es profesor del Instituto de Educación de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República. Investigador del Sistema Nacional de Investigación (ANII) Nivel I. Trabaja en temas de historia de la educación.

 

 

Notas:

 

[1] En ese texto, las FFAA buscan intervenir en el debate historiográfico debido a que “gran parte de la población conoce los hechos del pasado tan solo por referencias, en general sesgadas pues el silencio de las FFAA, sumado la prédica constante de (...la izquierda) llevó a tergiversar muchos hechos en el imaginario popular.”(Centro Militar, 2008: 5). En la nota introductoria que presenta “Nuestra Verdad”, se insiste en que: “La izquierda revolucionaria, al ingresar en la arena política, busco lavar su imagen ante la opinión pública, y gracias la pluma de avezados escritores, fue tejiendo un entramado de medias verdades que constituyen la peor de las mentiras.” (Centro Militar, 2008: 5). Por tanto, la obra se plantea la necesidad de contribuir a ofrecer la perspectiva de las FFAA y para esto van a recauchutar “El Proceso Político. Las FFAA al Pueblo Oriental” y “Testimonio de una Nación Agredida”.

 

 

Bibliografía:

 

Arendt, Hannah (2006) Hombre en tiempos de oscuridad. Barcelona: Editorial Gedisa

 

Dirección Nacional de Información e Inteligencia (S/F) UJC: Escuela de Comunismo. Montevideo: División de Publicaciones y Ediciones. Universidad de la República.

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