Desconexión, reinserción y socialismo en Cuba

 

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Por Fernando Moyano.

Aunque estrictamente no son imprescindibles, sí son muy poquitos los que luchan toda la vida, si además lo hacen de la mejor manera. Fernando Martínez Heredia falleció el 12 de junio en Cuba a los 78 años. “En el partido hay un prejuicio contra los intelectuales -me dijo-. Pero a mí no me afecta porque yo vengo de otro lado”. Ni le pregunté de qué hablaba ni me lo dijo. Comenzó como militante clandestino del “26 de Julio” bajo la dictadura de Batista, y se formó académicamente y se recibió luego del triunfo revolucionario. Fue uno de los intelectuales más destacados del país, docente, investigador, militante siempre, un marxista de mente abierta, crítico e inquieto. Nunca ocupó cargos burocráticos. Sobre sus posiciones políticas, su forma de reconocer abiertamente los problemas de la revolución, combatir las desviaciones y pensar la estrategia y las soluciones concretas, no diremos nada. Mejor lo leen directamente en este artículo publicado, entre otros muchos lados, en Alfaguara Nro.7, 1994. 
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Desconexión, reinserción y socialismo en Cuba, por Fernando Martínez Heredia (1994)

 

La primera revolución socialista autóctona que tuvo éxito en Occidente fue la cubana. Sin embargo, en 1992 Cuba se ha encontrado en una circunstancia tan compleja y difícil que muchos se interrogan si sobrevivirá su régimen, o si caerá, víctima de una coyuntura demasiado adversa o de una tendencia inexorable del mundo actual Esta experiencia única del socialismo latinoamericano, encuentra en realidad ante tres interrogantes: la de la sobrevivencia de la Revolución, que significa sobrevivencia de su gente en niveles decorosos y sobrevivencia de la soberanía nacional y del régimen socialista; la de la viabilidad de la estructura y la estrategia económicas que se pretenden mantener y desarrollar, ante el cúmulo de dificultades y enemigos que tiene y tendrá y, en íntima relación con las anteriores, la de la naturaleza del sistema que emergerá de las transformaciones de la estructura económica en curso y de sus consecuencias sociales, de la evolución política de su proceso de rectificación socialista, de las luchas más o menos duras y largas a que sea obligado el país, de los contextos y adecuaciones internacionales.

 

Dos cuestiones, muchas veces mal planteadas o manipuladas, ya han sido dilucidadas por los hechos: el régimen político y social cubano no sucumbió como consecuencia de la caída estrepitosa de los regímenes europeos del llamado socialismo real; Cuba sobrevive al fin de las relaciones que ha sostenido con la Unión Soviética durante tres décadas. La naturaleza del socialismo cubano ha vuelto a hacerse clara: es un caso específico de revolución socialista latinoamericana de liberación nacional, antiimperialista y productora de cambios muy profundos y sistemáticos de la sociedad y los individuos. Su especificidad ha sido más fuerte que la enemistad norteamericana y que sus vínculos con el socialismo real. Cuba no era un satélite de la URSS, y la conseja del "subsidio" soviético no sirve para explicar las relaciones que existieron entre ambos países, y evidencia su falsedad ante la capacidad de resistencia cubana tras el fin de esas relaciones.

 

Trataré de sintetizar los elementos de la naturaleza del socialismo cubano que son indispensables para esta exposición. No serán ellos mi tema principal, sino los problemas actuales y las perspectivas de Cuba; pero sin aludirlos al menos, sería imposible entender nuestro presente e intentar prever nuestro futuro. Este breve texto estará centrado en la dimensión económica de la formación social; para ello se referirá también a importantes cuestiones no estrictamente económicas, lo cual no debe extrañar porque sin ellas nunca es posible entender el proceso económico de cualquier país. En este caso otra razón refuerza esa necesidad: no se trata de economía en general, sino de la economía de un país en revolución.

 

La alternativa entre dictadura y libertades civiles, que parecía central cuando Cuba entró en revolución, fue rápidamente superada por la de proponerse la liberación nacional y la justicia social frente a una renovación de la hegemonía capitalista neocolonial como desenlace de la lucha antidictatorial. Esos fines trascendentales fueron posibles porque las formas de dominación previas a la Revolución se deslegitimaron, y porque una nueva van-guardia política interpretó y vivió las necesidades, los anhelos y representaciones de los cubanos y los formuló de maneras viables. La guerra revolucionaria fue su instrumento, el cauce que incorporó a muchos miles de actores populares y exaltó la simpatía y la esperanza de las mayorías; fue la escuela de cuadros del futuro poder, el cemento ideológico del nuevo régimen y el origen de la necesidad de una política nueva.

 

La clave de la fuerza y del triunfo del nuevo poder revolucionario estuvo en enlazar entre sí la soberanía nacional, la justicia social, el imperio de la democracia y el desarrollo nacional independiente, y en convocar efectivamente al pueblo a ser el protagonista, corriendo todas las consecuencias. Las fuerzas populares movilizadas contra la dictadura querían y podían desatarse para rehacer su vida y crear un nuevo país; al reconocer a la Revolución como guía y vehículo idóneo se dio la culminación de un apretado proceso histórico de un siglo de luchas populares, y la corriente de cultura política radical de liberación se volvió dominante.

 

Cuba se transformó radicalmente, mediante acciones masivas organizadas, el ejercicio del poder revolucionario, la concientización general, la gran autoconfianza y el orgullo de ser cubano revolucionario, las nuevas realidades superiores a los más ambiciosos programas previos, la subversión por la práctica del límite de los pensamientos posibles. Y los individuos participantes se cambiaron a sí mismos en muchos sentidos. El régimen es hijo de victorias populares armadas y del armamento general del pueblo; de la expropiación forzada generalizada y la pérdida del respeto a la propiedad privada, sus representantes y sus símbolos; de la creación y el desarrollo de organizaciones revolucionarias muy participativas; de una inmensa movilidad social; de la promoción de los individuos por los méritos y la exaltación del trabajo y el estudio; de la legitimación sostenida del nuevo liderazgo y de la eliminación del sistema político previo y sus ideologías.

 

La importancia del origen revolucionario de las relaciones, instituciones y representaciones características del socialismo cubano es decisiva. La formidable redistribución sistemática de la riqueza social, la dignidad que genera no ser objeto de esa redistribución sino actor que la ejecuta, el intenso proceso educacional que ha elevado las capacidades de contingentes enormes en tan breve plazo, las formas de poder popular y los avances del ordenamiento legal, le han dado continuidad a aquel origen. Todos los anteriores operan también como factores contrarrestantes, tanto de las insuficiencias debidas al subdesarrollo y a otras desventajas provenientes de las relaciones internacionales del país, como de los errores, deformaciones, detenciones e incluso retrocesos registrados en diversos campos en el curso del proceso.

 

La expropiación generalizada de los empresarios nativos y extranjeros y la eliminación del poder neocolonial de los Estados Unidos sobre Cuba fueron imprescindibles en el caso cubano. Frente a la suspensión muy brusca de las relaciones económicas y la agresividad permanente de los Estados Unidos, la economía cubana contó para sobrevivir con la inmensa concentración de poder que se produjo y la decisión del pueblo, masiva y resuelta, de defender la liberación y el proyecto de desarrollo socialista. Sin esas dos realidades no habríamos sobrevivido ni podido acometer las transformaciones y las tareas formidables que hicieron funcionar a la economía sobre nuevas bases de relaciones, de objetivos y de actores. con un cambio tan profundo de la orientación de sus relaciones internacionales. Sin ellas hubiera sido imposible proyectar y realizar - como se ha hecho en grados muy notables- estrategias de desarrollo económico efectivamente nacionales y dirigidas al bienestar de la población.

 

Aspectos favorables de la coyuntura internacional implicaron a la Revolución Cubana. El apogeo de la ola anticolonialista, las autoidentificaciones del Tercer Mundo, el rechazo múltiple que recibían las torpezas, abusos y salvajadas neocoloniales del capitalismo transnacional adolescente, fueron el ambiente propicio para un proyecto que estaba obligado a trascender el ámbito nacional. América Latina es la región natural y cultural de pertenencia de Cuba, y ha sido campo privilegiado de sus actuaciones, pensamientos, gestiones y sentimientos, tema que no puedo abordar aquí. El internacionalismo consecuente es uno de los aspectos fundamentales de la experiencia cubana, que ha ampliado y fortalecido su cultura socialista mucho más allá de lo alcanzable en una perspectiva restringida a lo nacional.

 

La salida de las marinas mercante y de guerra soviética a los mares del mundo, el gobierno Kruschef - quizás el último que incluyó consideraciones ideológicas revolucionarias y audacia en aquel país- y los intereses y rivalidad del tiempo de la Guerra Fría, configuraron una situación favorable a la Revolución Cubana. Por primera vez en nuestra historia la relación exterior principal provino de intereses y necesidades de Cuba, y no de la imposición extranjera. Armas e intercambios económicos se acompañaron ahora de soberanía, amistad política y afinidades ideológicas.

 

La formación nacional cubana obtuvo, precisamente en el momento de su liberación, el inicio de una etapa de relativa "desconexión" del sistema del capitalismo mundial, al relacionarse en Europa Oriental con un espacio diferente a ese sistema. La alianza de treinta años con la URSS tuvo un valor general inestimable para Cuba en su enfrentamiento moral y permanente con el imperialismo norteamericano. También le permitió atenuar los efectos tan negativos que tiene para cada país subdesarrollado su inserción en el sistema capitalista mundial, y mitigar las consecuencias, muchas veces perjudiciales, que las acciones económicas de los países desarrollados traen a los subdesarrollados.

 

Liberada y excluida a la vez. Cuba aumentó de manera excepcional su capacidad de decidir sobre su propia economía. Así ha sido en cuanto a que ella tenga como objetivo inalienable el bienestar popular, y a que esté en función del proyecto socialista nacional.

 

Se han podido elaborar estrategias nacionales de desarrollo, aunque muy condicionadas por los grados de subdesarrollo existentes en los diversos momentos, y por la vulnerabilidad de la economía cubana ante las estructuras y las prácticas del capitalismo mundial y ante las opciones y limitaciones impuestas por las relaciones de Cuba con la URSS. Se han conseguido programas económicos y ciertos niveles de planificación, con avances en la integración de los sectores de la economía y el grado y calidad de la industrialización.

 

Hacia inicios de la década de los setenta, a Cuba se le tomó imposible sostener una posición suficientemente autónoma en sus relaciones económicas internacionales y su estrategia de desarrollo; sus relaciones con la URSS se volvieron entonces mayores y más profundas. Cuba ingresó en el CAME (1972) y sujetó su vida económica y sus proyectos de desarrollo a esa asociación. La férrea necesidad rigió esa elección, pero ella obligó a Cuba a adoptar un modelo que perspectivamente cerraba puertas a un desarrollo económico armónico, autónomo y sostenido. La práctica y la ideología económicas fueron influidas cada vez más por el llamado socialismo real, lo que afectó negativamente a la dirección económica, la eficiencia de los actores, el papel de la actividad económica en las transformaciones socialistas de los individuos, de las instituciones y la sociedad en su conjunto, y al proyecto socialista nacional.

 

Es general el reconocimiento que hacen hoy las fuentes más diversas de los avances trascendentales logrados por Cuba desde 1959, en las diversas condiciones del período y a partir de esfuerzos extraordinarios y sistemáticos. Paso a mencionar resultados, características. dificultades e insuficiencias del desempeño económico cubano. Ellos constituyen una riquísima y singular experiencia de puesta en práctica de políticas liberadoras y de desarrollo desde un poder popular en América Latina, durante un tiempo prolongado.

 

Una revolución agraria transformó radicalmente el teatro de mayor explotación del trabajo y mayor concentración de miseria del país. Ella triplicó el número de pequeños propietarios, liquidó el latifundio y todo el sistema capitalista neocolonial que regía en el campo, elevó al 80% el total de la tierra en empresas estatales y garantizó al campesino contra toda colectivización forzosa. El área agrícola se duplicó, y se produjo una revolución en regadío, mecanización, fertilización, humanización del trabajo y capacitación de la fuerza laboral, calidad de la vida en el campo y relaciones del sector agropecuario con la economía nacional. El país volcó sus recursos humanos y materiales a esa transformación: la población rural se organizó y participó de manera decisiva en todo este proceso.

 

La industria azucarera, eje de la economía exportadora desde hace doscientos años, aumentó un 40% su producción promedio 1981-89 comparada con 1951-59, pero hizo ahora sus zafras con sólo el 20% de obreros agrícolas, y llegó a un 74% del corte y un 100% del alza de cañas mecanizados. Fue necesario rehabilitar, ampliar y modernizar las viejas fábricas, crear una industria mecánica azucarera, resolver complejos problemas químicos, inventar y producir cortadoras de caña, dedicarle la mitad de la tierra arada de Cuba a ese cultivo, formar una multitud de técnicos y cuadros, etc.; inversiones enormes de recursos se hicieron para conseguir esos logros. Hoy se proyectan y se fabrican centrales con más del 60% de componentes nacionales; 60 fábricas de derivados producen torula, alcohol, tableros de bagazo, y 200 plantas producen tres millones de toneladas de alimento animal por zafra. El bagazo es eficaz como combustible de la fábrica.

 

El desarrollo de la producción de cítricos hasta alrededor de un millón de toneladas anuales es un logro muy importante de la Revolución, articulado con el sistema de estudio-trabajo masivo de los adolescentes desde hace veinte años. Otras ramas, como los casos de la industria mecánica, el cemento y los textiles, se han desarrollado mucho. Se ha creado una infraestructura muy notable. Entre 1959 y 1987 la inversión estatal bruta sumó 58.635 millones de pesos, un 13,9% del producto social global; los gastos por seguridad social, educación y salud entre 1959 y 1988 sumaron 49.527 millones. La economía creció, a precios constantes de 1965, al 4.3% promedio anual en 1959-88; la productividad bruta del trabajo en 1960-88, al 2,6%. El PIB per cápita creció al 3,1% anual entre 1960-85, mientras que para el resto de América Latina el promedio anual del período fue de 1,8%. La distribución del ingreso cambió radicalmente: el 30% más pobre pasó del 4,8% del ingreso en 1953 al 18,5% en 1986; el 5% con ingresos más altos pasó del 26.5% en 1953 al 10,1% en 1986.

 

La nueva relación entre la economía y la sociedad se afirmó y desarrolló, caracterizada por pleno empleo y por ingresos reales altos, asignación sistemática de amplios recursos para el desarrollo social, participación y consenso de la población en las actividades y políticas económicas, y relación permanente de éstas con las necesidades sociales. La opción socialista implica un modo de ser en la economía que es irreductible a la racionalidad y las exigencias de la economía del capitalismo.

 

Motivaciones. mediaciones, asignaciones de recursos, la lógica misma, registran transformaciones, transiciones, contradicciones. El sentido general, en el caso cubano, ha sido que la economía forme parte y se inscriba en la lucha de la sociedad por un proceso de cambio cultural total que vaya creando un campo diferente y opuesto a la manera de vivir del capitalismo, que éste no pueda reabsorber, en el que predominen los vínculos de solidaridad y la dirección de los procesos sociales por parte de la mayoría.

 

En el breve lapso de una generación se han producido cambios trascendentales en la preparación de las personas, absorbidos sobre todo por los jóvenes (el 55% de la población tiene menos de 30 años). En los últimos quince años se avanzó de la escolarización masiva al predominio del nivel secundario y superior en las matrículas, y creció raudamente la escolaridad promedio de los trabajadores; más de la mitad de los técnicos y profesionales son ya jóvenes. Muchos retos están implícitos en esas cifras y en otras realidades de su formación, pero es obvio que son un potencial invaluable para transformaciones cualitativas desde la economía. En un aspecto crucial, la investigación científica y su aplicación técnica. Cuba ha realizado un esfuerzo tenaz y ambicioso que ya está dando frutos que la colocan entre los países desarrollados en ese campo; los jóvenes serán decisivos para el éxito de esos programas.

 

Frente a todo lo anterior, hoy vemos más claramente lo que no se ha podido conseguir, y los errores. La agricultura no dejó de ser extensiva todavía; la caña compensa sus rendimientos insuficientes tomando demasiadas tierras. La alimentación es el talón de Aquiles de una ganadería vacuna satisfactoria en otros aspectos; la masa es hoy menor que hace 24 años. La autosuficiencia alimentaria, estrategia temprana de la mayoría de los países desarrollados actuales y requisito indispensable para Cuba, fue abandonada como meta durante demasiado tiempo. El mimetismo nos llevó a asumir lo que fue una necesidad - entrar al CAME en 1972- como las esperadas ventajas de una supuesta "división internacional socialista del trabajo", cuando ésta nos impelía a especializamos en vender más azúcar, más níquel que contiene cobalto, más cítricos, para comprar alimentos, materias primas y los necesarios combustibles y equipos.

 

No ha sido posible aprovechar mejor una de las primeras reservas de hierro y de níquel del mundo, separar el cobalto, beneficiar el níquel, crear un complejo siderúrgico. No hemos contado con recursos para explotar el potencial petrolero nacional; con gran esfuerzo logramos una producción modesta desde hace unos años. Tampoco producimos motores eléctricos, apenas comenzamos con los automotrices. Son muy recientes las producciones notables en algunos derivados de la caña y subproductos de la industria azucarera, pese a que desde hace décadas tenemos grandes avances en la investigación de derivados. Es insuficiente la relación de la planta industrial cubana con los demás sectores de la economía. Los escasos avances en la sustitución de importaciones han pesado contra nuestra balanza comercial. El dispendio de combustibles fue consecuencia de las características de ineficiencia de las tecnologías y los vehículos que pudimos adquirir, y pésima escuela de relación con las máquinas para obreros y técnicos noveles.

 

Mientras nos han faltado tecnología y otros medios para establecer industrias a partir de materias primas nacionales, numerosas industrias cubanas dependen de materias primas importadas.

 

La necesidad de exportar más a áreas de moneda convertible, para atenuar o resolver parle de los problemas nacionales, no fue satisfecha; Cuba llegó a descender en un 25% en la parte de su azúcar exportada al mercado libre en 1975-85. El déficit de la balanza comercial creció sensiblemente desde 1984.

 

El deterioro de los términos de intercambio con países del CAME se tomó importante en los primeros años ochenta, y se agravó desde 1986. El bajo rendimiento de los fondos básicos y la tendencia al débil crecimiento de la productividad del trabajo completaban la evidencia de las grandes limitaciones que tenía el modelo vigente, de crecimiento extensivo, bajos rendimientos e intercambios externos distorsionantes. Pero factores de crisis en las finanzas externas a mediados de los ochenta, y sobre todo la dinámica política, llevaron al país a un viraje de consecuencias trascendentales.

 

El proceso político de rectificación de errores y tendencias negativas, iniciado en 1986. se propuso combatir y erradicar las deformaciones de la transición socialista provenientes de la amplia penetración de instituciones, influencia e ideas del llamado socialismo real, sucedida durante los quince años precedentes, pero no sólo eso. La rectificación consistió también en el intento de enfrentar con métodos y soluciones socialistas los problemas de la coyuntura adversa, a la vez que revisar a fondo la estrategia, las valoraciones y las creencias acerca de la estructura y funcionamiento de la economía y del sistema en su conjunto.

 

El significado de esta lucha por profundizar el socialismo está dado por su modo de actuar: convocar a la actividad del pueblo organizado en defensa de sus intereses y de su proyecto. Sintetizo la características principales de la rectificación, atendiendo a sus definiciones públicas:

  • ser un proceso prolongado de movilizaciones, persuasión, educación y reeducación, y no una solución providencial, administrativa o represiva. Esto implicaba reconocer el enraizamiento relativo de las deformaciones ideológicas y de los intereses creados; y defender: determinados métodos y negarse a utilizar otros, como condición sin la cual nunca se producirán los cambios sociales e individuales socialistas;
     

  • apelar a los valores creados por la Revolución, y a su proyecto de solidaridad tan diferente al socialismo real, valores y proyectos que matizan las expectativas personales y unifican a los diversos grupos sociales;
     

  • mantener la política de que el régimen socialista es un puesto de mando sobre la economía. No liberalizar la instituciones económicas, sino ejercer control estatal y popular sobre ellas. Utilizar a la política socialista como única alternativa práctica capaz de reconocer y enfrentar las coyunturas más difíciles y sacar adelante a la economía cubana. Demostrar la falsedad de la antinomia entre socialismo y eficiencia;
     

  • renovar y continuar la obra de la liberación nacional, por medio de: fortalecer la base popular de la unión nacional, salvaguardar las conquistas sociales del pueblo, abandonar la copia parcial del socialismo real y pensar con cabeza propia los problemas, recuperar el proyecto original de la Revolución y la fuerza e identidad del socialismo cubano, convocar a todos a expresarse y obrar, propiciar más unidad y cohesión en defensa del sistema y de la independencia nacional frente a los Estados Unidos;
     

  • proclamar como objetivo la democratización socialista y luchar por ella, defender el crecimiento sostenido y sistemático de la participación masiva de la población en el conocimiento, en los controles y en las decisiones en todos los ámbitos de la sociedad.

Una gran ola de reanimación de las ideas y de enriquecimiento de la política socialista se produjo, precisamente antes del estallido y la caída del sistema europeo oriental. El rechazo a las combinaciones de burocratismo, mercantilismo y tecnocratismo que rigieron en nombre de la ideología "socialista" de procedencia soviética, preparó la conciencia más reciente de que la lucha es doble y simultánea: contra el socialismo burocratizado que promueve grupos privilegiados posrevolucionarios, autoritarismo, clientelismo, dogmatismo y desinterés, desmoralización y rechazo de las mayorías; contra el socialismo mercantilizado que juega a ir ampliando instituciones e ideología capitalistas desde el poder hasta que la imposición de las reglas capitalistas, el lucro y la ambición desmantelan el régimen.

 

Las tensiones entre el deber ser de la rectificación expresado en la relación precedente, y la política práctica y los comportamientos, intereses, ideas y percepciones tan diversos de los actores reales, configuran el contenido del período 1986-89, con sus avances, detenciones y complicaciones del proceso.

 

La caída repentina, escandalosa y sin honra del socialismo europeo, con el descrédito consecuente para las ideas y experiencias socialistas en todo el mundo, ha tenido también consecuencias muy perjudiciales para Cuba. El súbito final de la bipolaridad y unos Estados Unidos victoriosos y necesitados de predominio mundial ponen en grave riesgo la seguridad de Cuba. Amenaza recrudecerse la política de violencia sistemática que es el bloqueo económico que ya dura 30 años, una clara negativa a admitir la soberanía y la autodeterminación de los Estados más débiles si no actúan como exijan los Estados Unidos. Se trata de aislar a Cuba. debilitarla en su capacidad económica hasta la asfixia gradual, deteriorar su vida social cada vez más, alentar de todas las formas posibles el descontento, el derrotismo y la desmoralización. Que la propaganda y los estereotipos que se difunden sobre Cuba sean consumidos y repelidos hasta tomarlos de sentido común, combinado con el aislamiento, las penurias, el deterioro de la capacidad de resistencia y de la voluntad de resistir, son los procedimientos y los pasos por los cuales se consuma hoy la agresión a la experiencia cubana.

 

La crisis de las relaciones económicas cubano-soviéticas se precipitó a partir de los incumplimientos de suministros soviéticos y de las modificaciones introducidas por ellos en las normas y prácticas de esas relaciones. El problema más grave y visible es el del combustible, porque Cuba dependía casi totalmente de la importación desde la URSS. En 1990 se pactaron 13,3 millones de toneladas, pero sólo llegaron diez. Se pactaron diez para 1991, y sólo suministraron 8,6 millones, sin embargo lo fundamental fue el derrumbe del último trimestre y la posición rusa de que los intercambios se rigieran por los precios del mercado mundial.

 

La situación del resto de los suministros soviéticos fue mucho peor. Al comparar 1991 con 1989, se constata una contracción brutal: las importaciones totales descendieron a un 30,3%, excluidos los combustibles no llegarían al 20%. Dos tercios de la reducción sucedieron en 1991, cuando el incumplimiento en alimentos fue de más del 50%; las materias primas, partes y piezas, y otros productos muy necesarios para la industria, la construcción, la agricultura y el transporte casi desaparecieron. Cuba debió gastar, además, más de 150 millones de dólares como parte de la transportación de un millón de toneladas de mercancías que anteriormente trasladaba la URSS. En 1991 las exportaciones cubanas a la URSS se redujeron a un 38% de las de 1989, después de haber sido casi un 25% mayores en 1990 que en 1989.

 

El impacto del fin precipitado de unas relaciones externas principales durante tanto tiempo, que aumentaban hasta el 83% del total mundial de Cuba en 1985, solemnizadas y teóricamente planificadas hacia el futuro, ha sido terrible para la economía cubana. En dos años las importaciones totales se redujeron a la mitad y las exportaciones a un 38%.

 

Muchas industrias pararon por falta de materias primas o por ahorrar combustible. La maquinaria y los insumos agrícolas, el transporte, la construcción, los servicios, han sido muy afectados. Cálculos no oficiales dan un estimado de caída del producto social global de alrededor del 25% en 1991. La gran obra de la central electronuclear, convenida con el CAME, tuvo que paralizarse; en ella y en otras obras cruciales para los planes de desarrollo. Cuba ha gastado miles de millones y el trabajo de decenas de miles de personas durante años. La dependencia cubana de combustibles, materias primas, manufacturas, equipos, piezas, alimentos, ha sido tan grande como enorme es ahora el daño que nos causa su abrupto final.

 

Más allá de reconocer el obvio decrecimiento del producto económico y constatar sus efectos durante 1992, no me parece significativo el resultado de medir los años posteriores a 1991 comparándolos con los quince que les precedieron. La serie histórica de la estadística formada por los años del poder revolucionario hasta 1974 es sucedida por otra, la de los años en que Cuba estuvo vinculada efectivamente al CAME. Ni siquiera tenemos certeza al cuantificar este segundo período, al menos hasta que se conozca mejor el régimen de relaciones que determinó durante esa etapa los precios de intercambio, la magnitud y los rubros de lo intercambiado, las estructuras de coordinación económica, las transportaciones, la estadística económica, etc. Por otra parte, una nueva etapa de la formación económica cubana está comenzando, en la que la estrategia de desarrollo, las exigencias de la sobrevivencia, las motivaciones de los actores, el papel de la inversión extranjera, entre otros factores, registran diferencias notables respecto a la anterior.

 

Durante 1992 el comercio con los países europeos que pertenecían al CAME se redujo a intercambios totales por valor de 830 millones de dólares, un 7% del que llegó a ser; un millón de toneladas de azúcar por 1,8 de petróleo intercambiados con Rusia constituyeron más de la mitad de ese comercio. En noviembre de ese año se firmaron entre Cuba y Rusia acuerdos económicos que facilitan las relaciones comerciales a precios de mercado mundial; se revisará la colaboración en la planta electronuclear y en otros objetivos. El interés de ambos países, al parecer, favorecerá ciertas relaciones, lo que aminoraría algo el daño causado a Cuba por el abrupto final que ellas tuvieron, y le aportaría tiempo para la diversificación de sus relaciones económicas, un elemento fundamental de su estrategia actual. La variable tiempo resulta principal para el éxito de los esfuerzos cubanos, en ese como en otros campos.

 

En 1992 las importaciones totales continuaron reduciéndose; su valor fue de unos 2.200 millones de dólares. Se importaron un millón y medio de toneladas de alimentos - el 10% del comercio físico total del país -; 6.100.000 toneladas de combustibles significaron en valor casi el 40% de lo importado. En muchos productos sensibles los precios han resultado más adversos para Cuba que los del mercado mundial: el trigo un 40% mayor; el petróleo, un 30%; el pollo, un 20%. Las exportaciones de azúcar promediaron precios un 7% menores que los de 1990, y los precios del níquel continuaron su actual tendencia a la baja. El bloqueo económico norteamericano también ha hecho más adversos los precios internacionales para Cuba en las nuevas condiciones que enfrenta.

 

La producción azucarera alcanzó los siete millones de toneladas, esfuerzo notable en la rama que siguió siendo la principal aportadora de recursos al país. El níquel se sostuvo bien - la producción aumentó un 8%, según fuente no oficial- a pesar de complejos problemas de mercado, tecnología e insumos, y es campo de inversiones en busca de mayor eficiencia y producción. Los cítricos, rama en que Cuba es productor mediano a escala mundial, tratan de abrirse paso a las nuevas condiciones en asociación con capital extranjero. El turismo siguió creciendo: respecto a 1991, los turistas aumentaron un 32% y los ingresos un 37%; la rama aportó a la economía unos 400 millones de dólares, casi el doble que en 1988. La industria médico-farmacéutica y biotecnológica, en la que se han invertido más de 300 millones de dólares en 1988-92, ya ha recuperado esa inversión con sus exportaciones; su anticolesterol PPG, sus vacunas contra la meningitis meningocócica y la hepatitis B, entre otros productos, expresan su nivel mundial y los logros de Cuba en el desarrollo a partir de las revoluciones científicas y técnicas contemporáneas.

 

La producción de alimentos para el consumo nacional - estratégica para la sustitución de importaciones, el bienestar popular y la seguridad nacional- es el teatro de uno de los mayores esfuerzos cubanos actuales, y el que más presencia tiene en la vida cotidiana. La gran escasez de recursos ha afectado muy duramente a la alimentación animal, la fertilización, la mecanización y la disponibilidad de herbicidas y pesticidas. La producción de viandas y hortalizas es la más exitosa, con un 16% más en 1992 que en 1990; el sector estatal creció mucho más, mientras el campesino decrecía. En 1992 sólo se produce un 45% de la leche obtenida en 1989; la producción de carne también decreció mucho. Otras producciones registran resultados diversos. Una extraordinaria movilización sistemática de trabajadores urbanos voluntarios enfrenta el brusco ascenso de la necesidad de fuerza de trabajo; grandes avances en organización, utilización de bueyes, multiarados, producción masiva de biofertilizantes, biopesticidas y semillas, son factores fundamentales de una batalla decisiva para el país.

 

La vida cotidiana se ha tomado muy difícil. Los alimentos y otros bienes de consumo importados, y productos nacionales de materias primas importadas, han sido víctimas de la contracción; unos faltan del lodo y otros muchos escasean. El transporte sigue sufriendo sucesivos recortes ante la falta de combustibles, piezas y equipos: el servicio de ómnibus en La Habana se redujo a un tercio. Un millón de bicicletas recientes, y las que siguen entrando o produciéndose, cambian la fisonomía urbana. El consumo de energía eléctrica está racionado severa mente, con apagones programados.

 

Los aires acondicionados recesan, disminuyen los horarios de la televisión, la red comercial y las actividades nocturnas, y se racionaliza el alumbrado público.

 

Las medidas tomadas por los órganos de dirección del país frente a los agravamientos de las dificultades han sido una decisiva ratificación de la opción socialista. Consumos racionados en vez de aumentos de precios, aumento estatal de la distribución equitativa, disminución de actividades laborales y paro sin dejar abandonados a los trabajadores afectados, exigencia de austeridad a todos los niveles, enérgica acción judicial contra los infractores, intangibilidad de los servicios gratuitos de salud y educación, y de la seguridad social, configuran un cuadro insólito en el mundo actual, que fortalece al sistema y a las convicciones socialistas.

 

Dos aspectos resaltan sobre lodo en esa situación extraordinaria: el orden y el consenso generales. Las medidas de racionamiento, reducción de servicios, etc., se han ido tomando y cumpliendo muy ordenadamente, con informaciones precisas, sin desorden ni irregularidades. Con laboriosidad y efectividad, sin estridencias, se llega a decisiones respecto a recursos, actividades de producción y servicios, etapas. En la práctica atenazada por tantas dificultades se está abriendo paso el antiguo reclamo de eficiencia, con ostensible aumento de los niveles de res-ponsabilidad, exigencia y conciencia de los actores.

 

Existe una conciencia generalizada de que está en juego la vida del país y la manera de vivir forjada entre todos. La dirección revolucionaria es identificada por la mayoría de la población, a mi juicio, como conductora de los esfuerzos nacionales, de la política en general y la defensa de las conquistas sociales, y de las transformaciones de estructuras que resulten necesarias. Muchos miles de personas vuelven activo este consenso al asumir con mayor eficacia sus responsabilidades, o al concertar sus iniciativas y capacidades individuales para realizar esfuerzos sistemáticos tan diversos como el trabajo voluntario agrícola o la invención o adaptación de productos y procedimientos que solucionen problemas de la industria y los servicios. Sin acudir al formalismo vacío y los rituales que han lastrado tanto nuestros lenguajes y prácticas en muchos terrenos, la mayoría de la población relaciona sus estrecheces y acciones cotidianas con los compromisos trascendentales de defender su patria y su proyecto solidario y socialista.

 

Un conjunto de factores internos operan en sentido diferente, entorpecen o se oponen al cuadro favorable apuntado arriba. Ante todo, ni el grado de desarrollo material y de satisfacción de las necesidades materiales y espirituales, ni el desarrollo real de muchas instituciones de la sociedad y de las ideas relativas a ellas, se corresponden con la enorme ampliación de las capacidades de las personas - sobre todo de los jóvenes- que ha provocado la propia Revolución, ni con la consiguiente maduración relativa de actitudes y relaciones propias de una cultura socialista. Esto es fuente de tensiones, insatisfacciones, frustraciones y contradicciones. Las deformaciones y limitaciones que la adopción parcial del llamado socialismo real trajeron al proyecto socialista cubano agravan los efectos de las insuficiencias referidas arriba y, lo que es peor, pueden confundir o hacer vacilar en la coyuntura actual respecto a la validez del socialismo como vía para continuar, o a la necesidad de auspiciar formas efectivas y muy amplias de participación popular precisamente para garantizar la continuidad del socialismo.

 

Por otra parte, diferentes motivaciones provenientes de las relaciones sociales en que están envueltos, o de los grupos de los que forman parte, tienen a disgregar o a apartar del socialismo a cierto número de personas. Los resultados pueden ir desde el alejamiento de las definiciones y prácticas políticas, la identificación con actividades sociales o especializadas que se oponen a lo político, hasta una gama de inclinaciones o posiciones antirrevolucionarias.

 

La extrema complejidad y diversidad de los factores que he mencionado nos remite a campos de la vida cubana que no son asunto de este texto. Pero es imprescindible apuntarlos al menos aquí: la actividad económica no puede ser comprendida ni ejecutada sino como parte de la actividad total de los individuos y las colectividades. Esta forma un complejo social determinado, en cuya trayectoria puede resultar más influyente o determinante en cada momento significativo un aspecto de la formación social, que puede ser o no el económico.

 

La crisis ha sido enfrentada no sólo con medidas de emergencia, sino con una estrategia ambiciosa.

 

Más que sobrevivir, se busca viabilidad para combinar la satisfacción de necesidades con la creación de un autoabastecimiento alimentario y con una reinserción progresiva en la economía internacional que permita comercio, recepción de capitales y renovación tecnológica funcionales a la continuidad del sistema socialista cubano. El aprovechamiento de los logros obtenidos por el país -altos niveles culturales y técnicos, infraestructura, ramas productivas, investigación científica aplicada, salud, gran cohesión social -, de recursos naturales valiosos, y de las posibilidades que brinda el régimen social vigente, son factores cruciales en esa estrategia.

 

Cuba está modificando muchas de sus instituciones económicas - y las jurídicas y sociales que resulta necesario- en busca de una adecuación a las nuevas condiciones. Por ejemplo, las ramas del níquel, el acero, la aviación, la pesca, el cemento y algunas otras, operan con gran autonomía respecto a su actividad exportadora y los recursos que obtienen, aunque bajo control del Estado y decisión suprema de éste sobre sus fondos. Se estimula a otras instituciones a buscar mediante la actividad hacia el exterior las divisas que les son necesarias. El comercio exterior, que se descentraliza, registra relaciones con casi 3.000 firmas de 84 países. En octubre el gobierno comenzó una reforma que incrementará en breve los precios mayoristas en no menos del 50%; la reforma busca acercar esos precios a la medida internacional para eliminar subsidios por esa vía a las empresas estatales y establecer un nuevo criterio de eficiencia y rentabilidad. El Ministro de Precios declaró que nunca habrá automatismo entre los precios mayoristas y los minoristas, en defensa de la po-lítica social que hasta hoy ha tenido la Revolución.

 

El país se abre a la inversión de capital extranjero, un reto crucial para el socialismo cubano. Quiero destacar siete características de este proceso de asociación con empresarios extranjeros de despliegue reciente:

1) Las ganancias y los activos de la parte cubana pertenecen a la nación, no a la empresa creada. Los recursos generados son distribuidos por el Estado en función del desarrollo de esa actividad o de otras convenientes al país.

2) Los cubanos dirigentes en esas empresas no pueden disponer de ellas; son asignados por el Estado y a él responden. Los trabajadores cubanos no participan de las ganancias. Unos y otros mantienen los derechos y beneficios del sistema social cubano.

3) Los inversionistas extranjeros reciben numerosas facilidades - por ejemplo, la exención de impuestos sobre ingresos brutos y la libre remisión al exterior de sus utilidades. Hay pocas restricciones previas, las regulaciones van estableciéndose sin prisa y pueden ser casuísticas.

4) Los logros del país relacionados arriba, más el orden y la estabilidad social, la responsabilidad y honestidad de la parte cubana, constituyen ventajas adicionales para el inversionista.

5) Cuba propone la asociación allí donde entiende que es más conveniente a sus intereses nacionales: turismo, industria básica, sideromecánica, materiales de construcción, textiles, agricultura, industria farmacéutica, son las ramas principales en la actualidad.

6) Los objetivos fundamentales buscados son: mercados, divisas, mayor aprovechamiento de recursos, tecnologías y organización de la producción más avanzadas, insumos. Cuba ofrece en cada caso los elementos propios que resulten significativos.

7) Existe gran interés en muchos países por los negocios con Cuba, aunque es contrarrestado activamente por el gobierno de los Estados Unidos con medidas de recrudecimiento de su ilegal bloqueo económico y con presiones sobre empresas y países a lo largo del mundo.

 

La actitud norteamericana implica una clara elección: ahogar al socialismo cubano más bien que apostar a su erosión a mediano plazo. Se oponen así incluso al interés de empresarios de su país, y a las subsidiarias norteamericanas que han más que triplicado sus compraventas con Cuba en los últimos años (718 millones de giro comercial en 1991, según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos).

 

El control que tiene el régimen cubano sobre la economía nacional, el lugar y el papel que le toca a la economía en las ideas dominantes en el país, los mecanismos y ciertos avances logrados en cuanto a planificación del desarrollo, operan fuertemente a favor de una reinserción exitosa en la economía mundial. La capacidad negociadora de Cuba se potencia por la concentración de sus recursos, sus fuerzas y sus objetivos. Una inserción dirigida, organizada, le evita al país la suerte que correrían la economía y los recursos de una pequeña nación de pasado neocolonial si son disgregados y sometidos por el capitalismo internacional. Riesgo incomparablemente más grave cuando se sufre el súbito desplome de las relaciones económicas internacionales fundamentales, como es el caso cubano.

 

La coyuntura sigue siendo, sin embargo, crítica. Se anuncia un 1993 por lo menos tan duro como 1992, o peor, con una producción azucarera menor, los mismos factores adversos de precios y otros, y más fuerte bloqueo norteamericano. Se va haciendo claro que es necesario un tiempo prolongado para superar esta etapa, aunque las nuevas experiencias y la autoconfianza que aporta la sobrevivencia favorecen al proceso. Se acumulan también, en sentido contrario, factores negativos.

 

La distribución y el consumo basados en el fracionamiento y en los principios socialistas son atacados duramente por la gran escasez de productos y servicios y el consiguiente exceso de circulante. El complejo de actividades ilícitas que ya existía, para extraer productos y servicios de la economía socialista hacia consumos individuales, ha crecido, y también el mercado negro crece, más no sólo sucede eso.

 

En la capital y en otros lugares del país crecen las actividades económicas operadas mediante dólares.

 

Productos y servicios que en muchos casos son escasos o inexistentes para la población se ofrecen en esa esfera; miles de cubanos trabajan directamente en ella y otros muchos reciben sus influencias de las más diversas maneras. Nuevas relaciones sociales se establecen alrededor de estas actividades económicas dolarizadas, y muchas personas van variando las ideas que tienen acerca del consumo, el status, la retribución al trabajo, la eficiencia, el papel del Estado, la organización económica de la sociedad, con tendencia al alejamiento de las ideas que hasta ahora han sido dominantes en esos campos.

 

Un complejo de actividades lícitas e ilícitas – las fronteras son además imprecisas- ligadas a la esfera dolarizada debilitan el papel de la distribución estatal de productos y servicios, alimentan el mercado negro, deterioran el poder adquisitivo del peso cubano, y por tanto, el significado material y moral del ingreso obtenido en esa moneda, y erosionan en alguna medida la confianza en la economía socialista. La cuestión es más grave y compleja por estar íntimamente vinculada a las prácticas mediante las cuales el país está enfrentando con éxito la súbita desaparición de sus relaciones económicas internacionales fundamentales y sus consecuencias tan negativas.

 

Las estrechas relaciones que existen entre sobrevivencia, viabilidad y naturaleza del sistema resultante - como planteábamos al inicio -, se dan también entre los problemas que esos tres procesos confrontan. La falta de decisión podría comprometer esfuerzos fundamentales, pero tan cierto como eso es que pasos erróneos en materias esenciales comprometerían el futuro de la sociedad como un todo. Por tanto, resulta hoy imprescindible la reafirmación del carácter planeado del socialismo y del papel decisivo de la participación.

 

La situación cubana presenta una disyuntiva ante la estrategia que se ha puesto en marcha y los eventos y realidades que ella debe forzosamente producir: promover efectos inducidos por la conjunción activa del pueblo y el poder en defensa de la continuidad socialista, o esperar efectos producidos por el curso de los acontecimientos con la esperanza de que resulten positivos para el país.

 

En mi opinión, la primera opción es la acertada. Y ella exige que la información y el debate cumplan sus papeles de multiplicadores de la fuerza masiva, consciente y organizada, sin la cual no es posible que la transición so-cialista prevalezca.

La proliferación de la economía mercantil lo erosionaría todo si no operan a favor del socialismo mecanismos extraeconómicos fundamentales. La participación popular calificada en la economía y en todos los terrenos de la sociedad, y un poder socialista muy fuerte y cohesionado que mantenga el rumbo y utilice a las nuevas instituciones y relaciones como instrumentos de la transición socialista y no como sus enterradores, son los elementos indispensables.

 

Resulta muy significativo que al terminar bruscamente la etapa cubana de desconexión relativa permanezcan dominantes, a pesar de la crisis, las características fundamentales de esa sociedad: un poder muy fuerte y movilizador, de consenso mayoritario y participación muy organizada, y un proyecto muy enérgico de desarrollo socialista de liberación nacional. Y también que la acumulación social - económica, política, ideológica- que ha realizado le permita defender su soberanía y seguridad nacional, sus políticas públicas de desarrollo de la calidad de la vida y la cultura, y los intereses de su economía nacional, con cierto número de variables a su favor, una notable cohesión interna y bastante capacidad negociadora.

 

Para un plazo que transcurrirá sin remedio, pueden irse adelantando nuevas interrogantes centrales: ¿cómo sucederá la integración paulatina de Cuba a una economía internacional que está dominada en sentido general por el capitalismo transnacional y su ideología? ¿Qué efectos tendrá ese proceso sobre su régimen socialista? ¿Podrían desarrollarse las transformaciones estructurales necesarias y la continuidad del fortalecimiento de la cultura de vínculos solidarios, socialista, de manera que esta última controle y se sirva de las primeras? Puedo parecer especulativo, y en Cuba hay tales urgencias y dificultades en este momento, y tantos trabajos, preocupaciones, convicciones y esperanzas,

que parecería lícito posponer la reflexión sobre aquellas interrogantes. También es probable que al reflexionar y al actuar sobre problemas más cercanos, contribuyamos entre todos a cambiar a nuestro favor en alguna medida los datos de los problemas más mediatos. Estimo, sin embargo, imprescindible para el socialismo cubano plantearse sus problemas perspectivos desde ahora, como garantía de llegar a tiempo a ellos y de resolverlos acertadamente.

 

También en este campo es Cuba un laboratorio inapreciable acerca de las posibilidades del socialismo de ser la alternativa para los pueblos. Ayuda a la vez a la tarea indispensable de seguir pensando, entre todos los latinoamericanos, qué naturaleza tendrá la sociedad hacia la que pretendan ir los movimientos y las luchas populares, dado que las sociedades capitalistas existentes son desoladoras. Opino que a los proyectos y a los procesos popu-lares de liberación se les va a hacer cada vez más clara la necesidad de construir campos culturales y vínculos solidarios socialistas contra el campo cada vez más totalitario del capitalismo transnacional.

 

Las experiencias cubanas - y entiendo que no sólo ellas- muestran que las vías para la superación del férreo determinismo económico que hoy parece reinar contra toda esperanza de las mayorías no dependen solamente de los indicadores y las iniciativas económicos, e incluso que estas iniciativas económicas tampoco cumplirán sus objetivos si se basan únicamente en las condicionantes y las normas económicas. El reto está en que los movimientos y las sociedades organizados e inspirados en fines de liberación y de solidaridad, sean capaces de ir más lejos y de "dar más" de lo que las circunstancias y las posibilidades parecen permitir.

 

 

 

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