"...ninguna clase elige una dirección que no muestra saber a dónde se dirige. Ninguna clase va a derrumbar el capitalismo si no sabe para qué y, además, una clase debilitada ideológicamente es presa de cualquier tipo de direcciones. Lo que se trata es de armar a la clase obrera, no de engañarla", entrevista con Razón y Revolución*

 

 

Hemisferio Izquierdo (HI): Su organización ha estado fuertemente abocada a la investigación científica social y la propaganda de las conclusiones para hacer posible la transformación social. ¿Qué dificultades y que ventajas presenta abordar esta labor desde una organización partidaria?

 

Razón y Revolución (RyR): En realidad, y en términos estrictos, toda investigación se hace en el marco de alguna organización y con un programa. Por lo tanto, lo sepa o no, todo intelectual forma parte de algún partido, aunque lo haga en forma más o menos disciplinada. Ese programa y esa disciplina puede quedar muy explícita, como es el caso de los Thinks Tahnks (FIEL, CEMA, etc.) o más velada, como los espacios públicos (Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas, universidades, institutos tecnológicos), pero en ningún caso el intelectual opera individual y aisladamente. Siempre investiga bajo una disciplina y con un programa, es decir, con una perspectiva que obedece a intereses de clase y con una voluntad de intervención en la sociedad.

 

Por lo tanto, si nos ponemos estrictos, lo sepa o no, todo intelectual pertenece a algún “partido”. En nuestro caso, simplemente, lo hacemos consciente y, por lo tanto, no introducimos ficciones ni velos a la actividad y la planteamos tal como es: colectiva y política. Cada investigador tiene en claro que producimos conocimiento útil para la transformación social, con una preocupación sobre las condiciones para la construcción del Socialismo. Cada investigación, a diferencia de los organismos de la burguesía, es sometida a una discusión colectiva y no direccionada por la arbitrariedad de un director, como sucede en el resto de los espacios. Es decir, los investigadores no solo investigan, sino que discuten investigaciones de sus pares. Eso construye, obviamente, una dirección política que permite mayor eficiencia, pero todo miembro tiene la posibilidad de discutir los resultados.

 

Entonces, Razón y Revolución, durante estos 15 años, ocupó un lugar peligrosamente vacío. Por un lado, la investigación se planteaba como “neutral” por el cual se introducía un programa burgués y una disciplina clientelar. Por el otro, los partidos revolucionarios despreciaban la investigación, es decir, la necesidad de actuar con un profundo conocimiento de causa. No se puede hacer la revolución en un país y sobre un sistema que no se conoce. Hacer ciencia, producir conocimiento para la revolución socialista fue un obstáculo histórico a la acción política que intentamos resolver. 


HI: En la actualidad, por diferentes razones y circunstancias, a las izquierdas les resulta muy difícil proponer y abordar temas relacionados con las vías para la superación del capitalismo. ¿Qué elementos o nudos problemáticos deberían formar parte de un programa de pensamiento estratégico de transformación profunda de la Argentina y el mundo actual?

 

RyR: A la izquierda le resulta difícil desarrollar una política revolucionaria por una razón sencilla: no lo intenta. Y no lo intenta por un problema grave: ya no le importa el poder. Eso se ve en tres síntomas. En primer lugar, se apoya en contradicciones secundarias o en intereses inmediatos de la clase obrera. Por ejemplo, en el tercer mundo sostiene que aún la revolución burguesa no se efectuó y, por lo tanto, las contradicciones nacionales son más importantes que las de clase. De cara a la clase obrera, actúan con puro sindicalismo: aumentos de salarios y condiciones laborales, sin ninguna perspectiva política. A eso, se agrega la primacía de cuestiones de género o étnicas e incluso etarias (los “jóvenes”) también por sobre la cuestión de clase.  Entonces, en lugar de proponer una revolución socialista.

 

El segundo síntoma, se deriva necesariamente del anterior: no se anima a combatir al reformismo. En Argentina, la izquierda teme enfrentar al peronismo. Más que temer, tiembla de solo verlo. En Brasil, al PT, y así podemos hacer una larga lista. Entonces, se la pasa conciliando y apoyando, de una u otra manera, a esas direcciones, por más que hayan hecho cualquier tipo de barbaridades en contra de la clase obrera. El temor es no quedar “aislados”. Proponen, entonces, “frentes únicos” contra “la derecha”. El resultado es que no solo terminan construyendo al enemigo, sino que tampoco crecen, justamente porque no le dan motivos a la clase obrera para dejar a esas direcciones y tomar otras.

 

El tercero es la ausencia del Socialismo en la agitación política. La izquierda se niega a proclamar su nombre y sus objetivos. No le dice a la clase obrera qué quiere construir, a dónde la quiere llevar. Cree que lo fundamental es fomentar el espíritu combativo y luego, cuando el Estado haya caído, le dirán qué hacer. Es realmente un suicidio político, porque ninguna clase elige una dirección que no muestra saber a dónde se dirige. Ninguna clase va a derrumbar el capitalismo si no sabe para qué y, además, una clase debilitada ideológicamente es presa de cualquier tipo de direcciones. Lo que se trata es de armar a la clase obrera, no de engañarla. Por eso, es necesaria una izquierda que explique dos cosas. Uno, queremos construir una sociedad socialista. Dos, eso se hace con una revolución.


HI: Por último, no resistimos la tentación de consultarlos sobre la actualidad política de la izquierda argentina, particularmente sobre el FIT. Ustedes se han comprometido fuertemente con esta experiencia, no sin críticas y polémicas fuertes. ¿Qué riesgos hay de que el FIT, en tanto vaya ganando adhesión de masas, suelte las amarras que le atan al tradicional discurso de Revolución Social y empiece a asimilarse a otros partidos que se han propuesto gestionar el capitalismo y que ahora mismo están en declive?

 

RyR: El Frente de Izquierda y de los Trabajadores se conformó con la confluencia del PO, IS y el PTS. Resultó un gran paso adelante, en la medida en que logró reunir a los partidos más grandes de la izquierda en una intervención común y, lo más importante, se declaró como un frente de lucha. Más allá de que no haya funcionado como tal, la sola declaración muestra una presión de la militancia y permite una serie de debates. El FIT es un avance por su sola constitución, porque permitió durante un período y, sobre todo, porque potencialmente permite aglutinar a todos los elementos revolucionarios.

 

Lamentablemente, no ha pasado de ser una potencia. Como frente, tuvo un origen y un objetivo puramente electoral: se juntaron los partidos para evitar el 1,5% del piso mínimo exigido en las PASO y en las elecciones nacionales. Ese tinte electoralista nunca fue abandonado. Fuera de las elecciones no hubo una intervención sistemática en la política argentina. Solo hubo unos cinco comunicados en cinco años de existencia del frente. Ni siquiera el FIT funcionó como bloque legislativo, ya que el PTS escindió sus diputados, sin sanción alguna. Tampoco el PTS recibió sanciones cuando marchó a defender al kirchnerismo.

 

En la medida en que cada partido privilegia su propia construcción en términos administrativos antes que programáticos, el propio crecimiento electoral desencadena la crisis.

 

Las causas reales de este desgranamiento e inactividad obedecen a que el FIT no abandona el electoralismo y se niega a fijarse una dirección. Es decir, una unidad de comando. La constitución del frente de lucha de tres partidos trotskistas es un primer paso de un proceso que, lógicamente, debería llevar a la unificación partidaria. Que ello es así, y que esa consigna flota en la militancia, lo atestiguan los llamados del PTS y el PO a congresos o formas de unificación, aunque hayan sido una mera expresión simbólica sin consecuencias reales. La resistencia a esa unificación provoca la disolución real del frente y la reiteración de una política electoralista. La clase obrera pierde, en ese sentido, un importante destacamento de lucha.

 

A pesar de concentrarse en la lucha meramente electoral, el FIT ha mostrado malos resultados incluso en ese campo. Malos resultados cualitativos y cuantitativos. Cualitativos: porque no utilizó la campaña para una agitación socialista, sino para levantar reivindicaciones sindicales. Por lo tanto, tampoco se sabe el contenido político de ese millón y medio de votos (3,5%). Cuantitativos, porque su mejor elección redundó en un 3,5% de los votos, en 2013, que no pudieron ser superados.

 

Frente a la amenaza de las PASO, nadie procuró medir fuerzas mediante un congreso de militantes. Con lo cual, el FIT quedó a merced del enemigo y de la retaguardia del frente. Además de facilitar las aventuras electoralistas con posiciones de tipo democratistas y autonomistas (Del Caño). 

 

La ausencia de una clara delimitación política (una agitación socialista) y del establecimiento de una disciplina, a través de la construcción de una dirección puso al FIT en un estado de crisis aguda. El factor de disgregación más grande es el PTS, pero el PO, al negarse a una política revolucionaria en este campo, no puede operar como factor de reconstrucción, sino que más bien se suma al problema. 

 

El FIT tiene sentido en tanto logre impulsar la formación de un partido único del conjunto de la izquierda revolucionaria, con libertad de fracciones y tendencias.

 

* Razón y Revolución es una organización política y cultural argentina. Su sitio web es razonyrevolucion.org

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