"el desafío de las corrientes feministas tanto en Uruguay como en otros países es dotarse de una estrategia dirigida a hacer confluir las demandas postergadas de las mujeres en lucha por su emancipación con la lucha histórica de la clase trabajadora como sujeto social y político en su lucha por la emancipación de las cadenas de la explotación capitalista". Entrevista a Karina Rojas*

 

 

 

Hemisferio Izquierdo: ¿Cuál es el estado actual del feminismo en nuestro país y cuáles son, o deberían ser, sus estrategias?

 

Karina Rojas (KR): El feminismo en Uruguay no escapa a las tendencias internacionales. Hoy vemos un reverdecer en los Estados Unidos del movimiento de mujeres en el que se expresan dos tendencias: por un lado un feminismo liberal (o neo-liberal) a partir del intento de Hillary Clinton y el Partido Demócrata de hacer pie en los movimientos sociales para ejercer una presión al gobierno del derechista y misógino Donald Trump y así re-balancear el resultado adverso obtenido en las elecciones pasadas. Por otro lado, la emergencia de decenas y centenares de nuevos grupos y organizaciones de mujeres que ven la necesidad de nuclearse, cansadas ya de tanta opresión y violencia machista. Mujeres que representan además el sentir de toda una sociedad – que por supuesto incluye a los hombres – que debe enfrentar años de crisis económica, de pérdida de sus trabajos y de los planes sociales estatales, años de incertidumbre y de acuciantes necesidades insatisfechas. Mujeres que, sin proponerse una perspectiva socialista, encarnan la lucha que dio en llamarse “del 99 %” expresando el profundo rechazo al modelo económico de Wall Street y de ese 1 % más poderoso que históricamente dirigió la política norteamericana.

 

En Uruguay también se expresan – con las particularidades locales - esos dos sectores al interior del movimiento feminista. Por un lado un feminismo institucional asociado al financiamiento estatal e internacional, que promueve acciones afirmativas por la igualdad de género pero que políticamente se encuentra subordinado al oficialismo gubernamental (a pesar de tener que realizar críticas debido a la negación del Frente Amplio en su tercer mandato de tomar el conjunto de problemas de las mujeres). Por otro lado, otro sector de organizaciones, colectivos y colectivas de mujeres que, con una postura independiente del Estado y de los gobiernos de turno, proyectan la militancia en los espacios sindicales y comunitarios en pos de la organización femenina. Muchas de ellas bregan en sus discursos por una salida antipatriarcal y anticapitalista, aunque en los hechos esta unidad estratégica cueste materializarse.

 

La convocatoria al Paro Internacional de Mujeres y la decisión del PIT-CNT de realizar un paro parcial de 16 a 22 hs para que varones y mujeres puedan participar de la movilización prevista por la Coordinadora de Feminismos del Uruguay ha sorprendido a muchas – y descolocado a varias – en lo que constituye un hecho progresivo y el resultado de la lucha persistente del movimiento de mujeres. Más allá de las diferencias que tenemos con la dirección del PIT-CNT, la decisión responde al reclamo de que las centrales sindicales tomen las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras – uno de los sectores más explotados de la sociedad – y plantea la posibilidad de que miles de mujeres trabajadoras – algunas por primera vez – puedan participar de las actividades planificadas en el Día Internacional de la Mujer y en especial, en las movilizaciones convocadas. En síntesis, permite concretar la lucha contra el patriarcado y el capitalismo a partir del ingreso en escena de un actor que, de desarrollarse, puede ser explosivo, la mujer trabajadora.

 

En el movimiento feminista uruguayo, el paro del PIT-CNT ha sido tomado en algunos casos alineándose acríticamente con las posturas más oficialistas tanto sindicales como gubernamentales (que en nuestro caso es lo mismo) y en otros tratando de desmarcarse de ellas. Pero en ningún caso se dio la reflexión profunda de que este 8 de Marzo tenemos la posibilidad de que en las marchas del movimiento feminista – movimiento que en los últimos años estuvo muy asociado a los sectores medios e intelectuales de la sociedad – se exprese claramente y como un actor social destacado, la mujer trabajadora. ¿O acaso pensamos que este sector no es clave para luchar contra el patriarcado y el capitalismo?

 

En este 8 de Marzo tenemos la oportunidad, como dicen las feministas de Estados Unidos Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya(1), de resignificar la historia de nuestro día reconociendo que la efemérides recuerda la lucha de las mujeres trabajadoras por sus propias demandas, tanto en su condición de obreras como de mujeres y, como se gritaba en las luchas de las mujeres norteamericanas de aquella época, por el Pan y por las Rosas.

 

HI: ¿De qué manera crees que puede integrarse el feminismo a los diferentes espacios del movimiento popular que históricamente han despreciado sus demandas?

 

KR: Desde el Feminismo Socialista históricamente hemos peleado por que las organizaciones de masas – en especial los sindicatos pero también las asociaciones estudiantiles – tomaran las reivindicaciones de las mujeres, en especial las mujeres trabajadoras, las más explotadas dentro de los explotados, y las “proletarias de los proletarios” como decía la gran Flora Tristán. La emancipación de las mujeres no se conseguirá si no es de la mano de la clase trabajadora – vale decir femenina y masculina – como así también los trabajadores mismos no podrán aspirar a su liberación del yugo de la esclavitud asalariada si no son capaces de tomar las demandas de los sectores más explotados y oprimidos de la sociedad y, ubicándose como nueva clase dirigente, proponer la más plena satisfacción de estas reivindicaciones en una sociedad gobernada por la mayoría obrera y popular, demostrando que la clase obrera, a diferencia de la burguesía, no tiene ningún interés en seguir manteniendo ningún tipo de opresión (ni de género, sexual o étnico).

 

Desde este marco teórico y político estratégico es que las feministas socialistas nos preocupamos por la organización de las mujeres trabajadoras en los sindicatos, no para que sean las “secretarias” de los sindicalistas, sino para que se apropien de la herramienta sindical para la lucha por sus derechos, para que conquisten grados de autonomía, para que experimenten la organización democrática desde las bases, para que se voten y se promuevan como delegadas y representantes de todos sus compañeros de trabajo, para que se destaquen como dirigentes de su clase, para que combatan el machismo al interior de estas organizaciones y para que, en ese camino, vayan forjando una sólida organización revolucionaria que sirva para preparar, dirigir y concretar la toma del poder y la instauración de un gobierno obrero y popular, como momento transitorio a una sociedad sin ningún tipo de explotación ni opresión.

 

Por otro lado, consideramos que organizar a las mujeres trabajadoras es también recuperar la historia de los orígenes del movimiento feminista nacional e internacional. No olvidemos que en Uruguay, por ejemplo, las primeras mujeres feministas de fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX, se propusieron organizar a las mujeres empleadas en las industrias y que debían sufrir jornadas extenuantes de trabajo sin ningún tipo de derecho ni beneficio, bajo el constante abuso patronal y que además pesaba sobre ellas la carga de la “doble jornada laboral". Mujeres como las anarquistas Virginia Bolten o Juana Rouco Buela se convirtieron en dirigentes de otras mujeres, de la clase trabajadora y de sus propias organizaciones políticas, a pesar de muchos compañeros varones que veían en estas luchadoras una amenaza en la pérdida de sus privilegios de género, además de no ver la potencialidad política en la misma organización de la mujer trabajadora.

 

En síntesis, desde la Agrupación de Mujeres Pan y Rosas consideramos que el desafío de las corrientes feministas tanto en Uruguay como en otros países es dotarse de una estrategia dirigida a hacer confluir las demandas postergadas de las mujeres en lucha por su emancipación con la lucha histórica de la clase trabajadora como sujeto social y político en su lucha por la emancipación de las cadenas de la explotación capitalista.

 

 

Notas:

 

(1) Profesoras universitarias y firmantes del llamado a sumarse al Paro Internacional de Mujeres desde Estados Unidos. Disponible en: http://www.laizquierdadiario.com/La-lucha-de-las-mujeres-en-la-era-Trump-pelear-por-el-pan-y-por-las-rosas

 

Bibliografía utilizada:

 

CUADRO CAWEN, I. “Anarquismo e identidades de género en el Uruguay del novecientos.” XVII Congreso Internacional de AHILA, Freie Universität Berlin, 9-13 de septiembre 2014


D'ATRI, A. “Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo”. Nueva edición corregida y aumentada. Ediciones IPS. Buenos Aires. 2013

* Agrupación de Mujeres Pan y Rosas Uruguay

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