"La principal tarea de los feminismos sigue siendo transformar radicalmente los imaginarios, las subjetividades, los deseos, los modos de producir y reproducir la vida". Entrevista a Lilián Celiberti*

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hemisferio Izquierdo (HI): ¿Cuál es el estado actual del feminismo en nuestro país y cuáles son, o deberían ser, sus estrategias?

 

Lilián Celiberti (LC): Dice la feminista brasileña Betania Avila que el feminismo “no es movimiento que ordena, que centraliza o define modelos a seguir” y es por eso que el activismo feminista y también sus elaboraciones teóricas, se encuentran siempre en revisión y resignificación, desde los cuerpos, subjetividades y prácticas.

En Uruguay el feminismo se ha desarrollado desde la recuperación democrática en torno a agendas múltiples, y en espacios muy diversos. Llevamos mas de 35 años cuestionando, reflexionando, desmontando mitos y disputando sentidos comunes patriarcales naturalizados. Es una mirada, una sensibilidad que atraviesa el cuerpo y las subjetividades. Por ser una polifonía, es también un espacio de disputas que se expresa tanto en el plano teórico, como en el campo político de la praxis, las alianzas, prioridades y consignas. Son debates que surgen de diferentes lugares de enunciación, experiencias sociales, dolores y marcas, que surgen de cuerpos disidentes, antirracista, antinormativos y conforman un movimiento que cambia radicalmente la mirada y la comprensión de los problemas. El encuentro de experiencias políticas y prácticas culturales subalternas, es un campo de interacción cuya originalidad consiste en la diversidad  y el cruce, de varias identidades, subjetividades y territorios.  Estas prácticas fronterizas hace necesario revisar las categorías y los mapas de ruta con los cuales hemos interpretado los problemas, condición necesaria para abrir nuevas perspectivas críticas y generar nuevos intersticios y espesores.  

 

En Uruguay, como en otros países de la región, hay un feminismo que atraviesa los cuerpos de las mujeres y va mas allá de las expresiones  políticas y organizativas del movimiento y tiene muchos rostros, jóvenes, impacientes y atrevidos.  Es un feminismo capilar que surge de una nueva subjetividad de las mujeres. La principal tarea de los feminismos sigue siendo transformar radicalmente los imaginarios, las subjetividades, los deseos, los modos de producir y reproducir la vida. Las estrategias son tan diversas como la diversidad del feminismo y por ello es riesgoso querer “representar a los feminismos” o querer darle una voz única. A pesas de las diferencias, desde mi punto de vista, existen puntos comunes que nos colocan a todas las corrientes en un campo de las disputas contrahegemónicas aunque las estrategias y prioridades sean diferentes, ya que se relacionan con la perspectiva política de los diferentes núcleos organizados. En términos exclusivamente descriptivos identifico tres grandes corrientes dentro de feminismos muy amplios. Hay grupos feministas que como propuesta política define la lucha contra el capitalismo heteropatriarcal, desconfía de las instituciones y el estado y cuestiona el involucramiento con las políticas públicas y el estado. Hacen un aporte radical que personalmente valoro pero con el cual no me identifico plenamente. El segundo grupo es un feminismo crítico que parte de las luchas concretas, sea por cuidados para atacar la división sexual del trabajo, paridad en la representación y en los espacios de representación sociales y políticos, aborto y derechos sexuales y derechos reproductivos para consagrar el derecho a decidir,entre otras. Es un espacio muy plural y no exento de debates pero la diferencia con el anterior se relaciona con el valor que se da a la articulación y alianzas con las feministas o mujeres sensibles en los espacios institucionales y otros movimientos sociales para incidir en la dirección de las políticas sin perder la autonomía. El tercer grupo, siempre hablando de definiciones analíticas que son bastante menos esquemáticas en la realidad, es un feminismo más identificado con las políticas de género y las trasformaciones estatales pero con una apuesta secundaria a la organización de las mujeres como protagonistas de su propia historia. La convivencia de todas estas corrientes contribuye a ese cambio de imaginarios y deseos, y hace de las mujeres protagonistas de su historia que confronta con un machismo ancestral y violento. Basta leer para comprobarlo, los comentarios en redes sociales frente a cada acción feminista o en apoyo a la lucha de las mujeres.  

 

La memoria de nuestras luchas y reflexiones es fundamental para comprender diálogos y rupturas en el pensamiento y en la acción. También tenemos diferencias en cómo valoramos los caminos colectivos. Llevó 20 años denunciar las violencias sexuales en las cárceles de la dictadura pero cuando se pudo hacer, recogió el pensamiento teórico del feminismo y los conceptos acuñados en las luchas feministas.

 

Miles de acciones realizadas en tantos años de militancia feminista han contribuido a pluralizar y ampliar los feminismos.

 

 

HI: ¿De qué manera crees que puede integrarse el feminismo a los diferentes espacios del movimiento popular que históricamente han despreciado estas demandas?

 

LC: Las feministas formamos parte de todos los movimientos pero obviamente la incidencia en las agendas y prioridades se hace visible en aquellos que por la flexibilidad de sus estructuras son mas permeables a las miradas feministas. Algunos movimientos sociales del llamado campo popular, continúan siendo espacios inhóspitos para las mujeres y sus reclamos. Por ello nos pareció interesante convocar al PIT CNT a apoyar la lucha feminista, en este 8 de marzo. El hecho de que el movimiento sindical tenga una dirección casi exclusivamente masculina sin ninguna mujer en el secretariado y apenas 9 en la mesa representativa constituye una de las debilidades de la participación social y política del Uruguay.

 

En los últimos 30 años en América Latina una diversidad de movimientos sociales han contribuido con sus luchas y demandas, a la creación de instituciones simbólicamente ricas e innovadoras como las defensorías, los presupuestos participativos, leyes de participación ciudadana y control social o contra la discriminación y el racismo, comisiones de la verdad, matrimonio igualitario, derechos de la naturaleza, plurinacionalidad, pueblos indígenas, derechos sexuales y reproductivos, que coexisten sin embargo con políticas extractivistas y neodesarrollistas, y con prácticas y culturas políticas misóginas que continúan viendo a las mujeres como actores secundarias.

 

Los feminismos se confrontan con una cultura política de derecha pero también de izquierda que continúa marginando algunos campos del activismo político a un lugar secundario, reproduciendo una división obsoleta teórica y prácticamente entre “lo político” como gestión del Estado, y las relaciones sociales cotidianas en las que la exclusión social, el racismo, el sexismo y la heteronormatividad afecta la vida de las personas de carne y hueso. Resulta escandaloso e indignante la forma cómo el patriarcado se expresa sobre los cuerpos de las mujeres que mueren porque hay hombres que aún sienten que las mujeres son de su propiedad, y se mantiene un círculo social que tolera estas prácticas. Las estructuras elementales de la violencia como las define Rita Segato continúan afianzándose porque las relaciones sociales cotidianas y las relaciones de poder en todos los campos se mantienen como un tema secundario en la sociedad uruguaya.

 

Los movimientos que pretenden un cambio social deberían identificarse por la radicalidad de sus propuestas para crear nuevos imaginarios capaces de crear otras relaciones sociales entre las personas y de éstas con la naturaleza. Pero estas premisas son parte de las disputas políticas de todos los días. Cuando todos los representantes de los movimientos sociales son hombres, seguiremos sintiendo que hay mucho camino por recorrer y muchas relaciones de poder que desmontar.

 

Para estos feminismos de mil rostros diferentes, sigue siendo importante poner en diálogo imaginarios construidos en las luchas y fortalecer las alianzas e interacciones con otros movimientos sociales.

* Lilián Celiberti es mujer, maestra y feminista uruguaya. 

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