Cómo avanzar en la lucha en la etapa actual (Vale la pena encender al país) (II de II)

 Diego Rivera, The flower carrier, 1935 

 

Las formas de lucha

 

Las formas de lucha en el caso de los procesos revolucionarios pueden ser de naturaleza múltiple, aunque ellos se alinean (aún hoy) a los principio establecidos tanto por Lenin (Qué hacer) como por Rosa Luxemburgo en su libro Huelga de masas, partido y sindicatos en donde quedan claramente establecidos los métodos para impulsar con éxito esos procesos revolucionarios. De ahí la afirmación de que dichos métodos y formas de lucha pueden ser varios y diversos y que eso permite adecuarlos a las condiciones que los procesos de lucha van presentando. Pero hay principios genéricos que, hoy, se establecen como básicos para caracterizar la lucha, y que El Zenzotle (“Cualidades y alcances en la organización de pueblos y colectivos”, 12/X/15) define de la manera siguiente: "Defender el territorio rural y urbano, comunitaria y colectivamente, encontrar y llevar la verdad y la justicia contra la impunidad de los opresores y construir el poder de comunidades y pueblos desde abajo y desde ahora, son tareas de los pueblos que cumplen a corto, mediano y largo plazos. Las formas y los ritmos de hacerlo las marcan las cualidades que construyen los pueblos y colectivos:

  1. La capacidad y frecuencia en que el colectivo de una comunidad u organización se expresa, propone, decide qué hacer por su cuenta (…) 

  2. La forma en que se acercan y tejen relaciones de hermandad, acompañamiento y compromiso con otras fuerzas de comunidades, colectivos y organismos en lucha (...) 

  3. El forismo y frentismo, la corrupción, o contrainsurgencia en direcciones, o consejeros de las organizaciones, así como las peleas doctrinarias, han pospuesto el acuerdo, la práctica y evaluación en común (...)"

 

Pero, sin duda, ello nos conduce a plantear una pregunta: ¿los actuales son tiempos adecuados para que esos principios de lucha esenciales se apliquen? No, desde luego que no, los tiempos de hoy son radicalmente diferentes a aquellos en los que se da la lucha cuando Marx y Engels vivían (la comuna de Paris), y un poco después (la revolución rusa, la Alemania en lucha de principios del XX) y que se caracterizan por la utopía que hoy nos domina y que Bordoni (en el libro Estado de crisis que escribió con Bauman) describe así: "Se consumaba así la revelación de la capacidad de los seres humanos para pensar, soñar e imaginar su propio destino y romper con el molde del pasado (...) El componente fuertemente utópico de este supuesto pareció corroborarse con las tendencias observadas en la sociedad de las décadas de 1970 y 1980, en las que una conjunción de diversos factores (como el desarrollo tecnológico, el postfordismo y la desmaterialización del trabajo, amén de la explosión del consumismo y la difusión de las comunicaciones) abrió a la sociedad a la participación colectiva".

 

Mas una participación colectiva extraña y que hasta hoy ha contribuido, básicamente, a mostrarnos de qué manera el capitalismo, particularmente el Estado capitalista, se ha fortalecido para contribuir así a incrementar las tendencias acumulativas actuales del modo de producción dominante: polarizar a un grado extremo la acumulación de la riqueza (Oxfam lo dice así: … las 85 personas más acaudaladas del mundo acumulan tanta riqueza como la mitad de la población más pobre del planeta junta) y para ello ha sido necesario fortalecer a los cuerpos represivos (ejército, marina, policías) de una manera impresionante, dotándolos de adelantos tecnológicos que los vuelven virtualmente invulnerables y que pueden penetrar con relativa facilidad a las organizaciones que se les oponen por más supuestamente cerradas y clandestinas que ellas se crean.

 

De allí, la necesidad de pensar en formas de lucha totalmente diferentes a las hoy experimentadas. Es decir, o pensamos en un marxismo para el siglo XXI o el fin del capitalismo se anuncia para largo tal y como lo afirmaba a principios del XX Rosa Luxemburgo (en Rosa Roffinelli, “Siglo XXI: Socialismo o barbarie”): “Sin la voluntad consciente y la acción consciente de la mayoría del proletariado no puede haber socialismo”. O socialismo o barbarie, algo que no hemos aprendido. Y asimismo, en otro sentido, el presente complejo lo plantea así el maestro Francisco Fernández Buey (“Marxismos: continuidad y discontinuidad en el cambio de siglo”): "Desde 1990, y en mayor medida durante esta última década, el principal segmento social que sostuvo a los partidos comunistas de Europa durante décadas, la clase obrera, ha ido abandonando el espacio social-comunista para situarse o en el espacio social-liberal, que es el espacio que ha venido a ocupar lo que tradicionalmente representaba la socialdemocracia, o directamente en el espacio neo-liberal y populista conservador (como se ve, sobre todo en Francia y en Italia), o bien en el ámbito, más complejo y oscilante, de la abstención política (…). Aunque no es el único factor explicativo (sin duda ya había otros: la pérdida de peso del proletariado industrial frente a categorías emergentes de asalariados; la fragmentación acelerada de las clases trabajadoras en las últimas décadas; el paso de la organización fordista del trabajo de fábrica a una organización posfordista o toyotista, etc.) la derrota del socialismo autodenominado “real”, el hundimiento de la Unión Soviética y la desaparición de lo que se llamó el mundo socialista son motivos que han acabado teniendo una influencia decisiva en la inflexión antedicha".

 

Hay realidades, pues, que están cambiando y que si no las tomamos en cuenta, nuestras luchas no van a tener razón de ser, y de ahí la necesidad de tomar en cuenta los cambios que, cada vez más aceleradamente, está registrando el mundo contemporáneo y que conduce, obvio, a pensar e impulsar las luchas que buscan darle otro sentido a la vida cotidiana actual. Pero, una de las cuestiones que no han cambiado respecto a la organización y los principios de lucha es, primero, que todas las formas para hacer frente al enemigo de clase es la necesidad de desplegar todas las formas de lucha a nuestro alcance; segundo, utilizar esas formas de lucha con un sentido estratégico, y tercero, centralizar el control de esas luchas sin restarle autonomía a lo local.

 

Así, en el marco antes descrito, en México las formas de lucha que se manifiestan con mayor vigor son las siguientes.

 

(a) En el arcoíris existente hasta hoy de las formas de luchas en que se manifiesta la resistencia al capitalismo, está la lucha en la calle, cuyos orígenes son remotos y que manifiestan éxito con la toma de La Bastilla, las comunas o las revoluciones de principios del XX. Es a Rosa Luxemburgo (sobre todo en Huelga de masas, partido y sindicatos) a quien toca desarrollar en la práctica y la teoría los principios de esa forma de lucha y que, en su base, conlleva la puesta en práctica de un proceso de violencia paulatino que comienza en la oposición y resistencia al Estado en la calle y desde la calle, y, si tiene éxito, culmina con el derrocamiento de ese Estado y su régimen de producción. Ese proceso comienza con la lucha de calle y culmina con la revolución(1). En la actualidad (para ser más preciso, desde la lucha armada de 1910-1917 hasta hoy), en México, desde tiempo atrás las luchas de resistencia al Estado capitalista han iniciado y manifestado sobre todo en la calle y no han podido pasar de esa etapa, con todo y que a lo más que han avanzado es a la lucha guerrillera tanto en el campo como en la ciudad, sin pasar por la etapa previa de la huelga general o de masas que conlleva el sabotaje generalizado de los procesos productivos y/o económicos, mientras que en lo político no alcanzan aún el grado de las barricadas extendidas (armadas para así resistir el embate de las fuerzas represivas), que obligaría necesariamente a otro tipo de negociación con el Estado. Pero, de una u otra manera, la lucha en la calle sigue siendo hegemónica a la hora de manifestarse un descontento social que no ha terminado de generalizarse pero que esporádicamente en la actualidad se torna paulatinamente más agudo en el sector rural y entre los maestros del país. Esa lucha en la calle, en las etapas recientes ha tenido como actores principales a los estudiantes (que han tenido que pagar con sangre su rebeldía, como sucedió hace poco con Ayotzinapa) cuyas luchas altamente significativas sólo de manera escasa han logrado conmover las estructuras políticas del sistema, para nada las económicas.

 

Mas también ha habido otros sectores que han utilizado esa forma de lucha para manifestar su descontento: ferrocarrileros, telegrafistas, petroleros, mineros, campesinos y particularmente maestros, quienes hoy, por ejemplo, están luchando arduamente en varios estados del país, oponiéndose con suerte diversa a las reformas neoliberales del gobierno en turno, y mostrando de manera paralela el aún hoy lento y escaso impacto de esa lucha que no logra impactar sino poco a la vida económica del país, pues sus acciones impactan al sector terciario que es donde se concentran los empleos precarios de gran parte de la población (los maestros y la población también han tenido que pagar con sangre sus luchas de resistencia). Mas como sea, ninguna forma de lucha puede despreciarse por más leves que sean sus efectos. Si la lucha en la calle sigue siendo la forma más socorrida de luchar porque la población considera que es la más adecuada, a ella hay que seguir apostándole y concentrando esfuerzos para impulsarla, al margen de que ella, resistiéndose de raíz a cualquier forma de centralismo por considerarlo como una intervención nociva que le resta autonomía a las masas quienes, desde el punto de vista de quienes impulsan desde la base y a la izquierda, este tipo de lucha son las únicas que deben decidir el qué hacer y el sentido de las acciones y por lo tanto toda centralización y partidarismo son nocivos. Pero, ¿si no hay centralización será posible una vida más orgánica de los movimientos que se cobijan bajo el paraguas de la lucha en la calle? ¿No será por carencia de esa centralización que la lucha en la calle no ha avanzado hasta hoy? Son preguntas que se lanzan al aire, con objeto de pensar en el qué hacer inmediato.

 

(b) Una segunda forma de lucha, totalmente opuesta a la anterior, es la lucha electoral, de la cual la izquierda (así, genérico) estuvo excluida durante muchísimos años, pues la burguesía en México consideraba que esa izquierda era un peligro para sus intereses en este país, lo que no impidió que particularmente el PCM (la fuerza hegemónica, entonces, de la izquierda en el país) se concentrara (¿para bien?) en la lucha sindical, obrera y clandestina…, hasta 1968 en que el movimiento estudiantil (hegemonizado por el PCM) le impone al Estado con su lucha de resistencia una serie de modificaciones en los aparatos políticos de representación electoral, que culminan formalmente en 1977 con la reforma electoral de ese año que le otorga a la izquierda, hasta entonces excluida de la representación electoral, un reconocimiento formal que, léase como se quiera leer, la obliga a entrar a ese juego, que sólo propicia posteriormente la corrupción de todos los organismos partidarios de esa izquierda electoral (esto no impidió que subsistiera de manera paralela la lucha guerrillera que Rubén Jaramillo mantuviera durante años o que varios grupos guerrilleros surgidos de las luchas de Madera y del 68 se mantuvieran actuantes durante varios años). Como sea, hasta hoy la lucha electoral en el país sólo ha redituado a la izquierda una estela de fraudes y corrupción continuos, que la inocencia de algunos (pensando en el cono sur o en algunos, escasos, ejemplos de otros países) consideren todavía un camino factible para obtener el poder, lo que inhibe así la lucha por medios que realmente enfrentan a los poderes establecidos, pues hasta hoy esas luchas electorales poco, muy poco han aportado a un cambio verdadero de la situación social hoy hegemonizada a nivel mundial por el capitalismo.

 

(c) No se ha olvidado (quizá desde la postrevolución del 17) la lucha militar como una forma de expresión de la izquierda revolucionaria que, con muy poca suerte, ha incidido en la vida social del país, quien se ha pasado por alto la Constitución del 17 (concebida y redactada por anarcosindicalistas en muchos aspectos) y, así, ha propiciado el capitalismo salvaje que desde entonces mantiene al país sometido de manera brutal, provocando hoy, entre otras cosas, que más del 50% está en pobreza y sus derechos sociales desaparecidos, razón (una entre varias) para que varios grupos a lo largo y ancho del país mantengan las armas listas para rebelarse ante el estado de opresión en que el 50% de la población sufre. Esa es la razón principal que mantiene hoy en México vigente la lucha armada que, como Genaro, Lucio y el EZLN, consideran y consideraron válida para enfrentar al Estado y al sistema en México.

 

Principios de lucha en esta etapa (hacer de la lucha un arma cargada de futuro)

 

De hecho, pues, luego de cien años, existe la lucha en contra del poder postrevolucionario en México y se ha incrementado de 1988 en adelante. No es pertinente, aquí, reseñar esa lucha, sino sólo expresar, luego del balance realizado, algunos puntos relevantes sobre cómo construir una estrategia que permita ir más delante de lo hasta hoy alcanzado y que, sobre todo, haga más contundentes y efectivas las luchas hasta hoy realizadas. De allí entonces que lo que aquí se plantea sería lo siguiente, tomando en consideración lo que escribe recientemente Massimo Modonesi (La Jornada, 10, IX, 16): “Con todo, en medio de chispazos y apagones, no se puede descartar que, desde afuera del circuito, en el horizonte del fin de sexenio, como en tiempos no muy lejanos, se aproxime una tormenta eléctrica”.

 

Desde luego, esa tormenta eléctrica de que habla Modonesi no será automática a menos que no se induzca y ése, hasta hoy, pareciera ser desde muchos años atrás uno de los problemas principales de la resistencia social ante la situación de derrumbar del poder a la clase burguesa en el país. ¿Un problema de organización o de formas de lucha? Dos hipótesis posibles: ¿una, será que mientras el peso de la lucha recaiga en la lucha en la calle y la lucha electoral, la lucha de resistencia social seguirá sin rendir los frutos deseados; o dos, el problema será más bien que lo que está fallando desde tiempo atrás es la forma organizacional en que se han basado desde los años veinte del siglo pasado las tres formas de lucha en que se ha venido expresando la lucha de resistencia social (tema que tocaré más ampliamente en un ensayo en preparación) que eso, entre otras cosas, origina la atomización continua de la izquierda? ¿Autodestrucción o estrategia de lucha capitalista? Desde luego, mi punto de vista se basaría en la segunda hipótesis y sobre ella giran las propuestas con que concluirían estas notas, las que serían las siguientes.

 

Para poder avanzar en esta etapa en la lucha social en nuestro país, que nos conduzca a modificar sustantivamente su situación social, se sugiere tomar en cuenta lo siguiente:

 

(i) Si bien es cierto que en todo el país y desde principios del siglo XX se han manifestado continuamente luchas de resistencia social múltiples, al igual que hoy, esas luchas por pequeñas y aisladas impactan escasamente la situación social. ¿Por qué? No sólo por su pequeñez y aislamiento, sino por la manera poco orgánica con que se manifiestan. Quizá si existiera un órgano centralizador pudiera ser una opción válida, que sin romper la autonomía de movimientos y organizaciones, fije conjuntamente entre todos los miembros de ese consejo una línea estratégica que de manera paulatina vaya logrando la unificación de los grupos y el carácter orgánico de las acciones, que sin desechar ninguna de las formas de lucha aquí mencionadas (y aquellas otras que se consideren eventualmente pertinentes), logre enfrentar con efectividad todo el accionar de la burguesía capitalista en el poder, hasta establecer un nuevo poder que cambie las reglas que rigen al sistema social actual(2).

 

(ii) Un segundo punto de urgente atención son las bases de arranque del órgano centralizador mencionado en el punto anterior, tomando en cuenta el deseo de todos de ir hacia un cambio radical de forma de vivir y de arreglar la vida social que nada tenga que ver con la actual forma de gobernar la sociedad. Del régimen actual de vida nada hay que salvar, y ésa debe ser la consigna central de todos aquellos movimientos (agrupados en el órgano centralizador) que quieran avanzar desde la izquierda en contra del opresivo estado de cosas actual.

 

(iii) Respecto a las formas de lucha, se dará validez a todas, siempre y cuando ellas se sometan a las líneas estratégicas que trace el órgano centralizador aquí propuesto (clandestino de preferencia, al menos en su etapa inicial), el que, finalmente, de acuerdo a las líneas estratégicas mencionadas, verá cómo deben operar ellas y cuál de ellas, en un determinado momento, adquirirá más o menos peso, a la vez que cambiarán o modificarán sus formas de actuar de acuerdo a las sugerencias que al respecto haga el órgano centralizador.

 

(iv) El dilema si mucha teoría o mucha práctica, si intelectualismo dirigente o dirigir desde abajo tendrá necesariamente que disolverse al interior del órgano centralizador, el que finalmente le dará tanto a la teoría como a la práctica el peso que cada una deberá tener.

 

Finalmente, lo anterior no es un dogma a seguir. A lo más son notas que sugieren posibilidades y opciones. Ojalá y estas notas, pues, pudieran discutirse entre todos aquellos camaradas que sea posible y estén interesados en seguir avanzando en la lucha por estos días arduos y complicados.

 

Ciudad de México, septiembre de 2016

 

Notas

(1) Es interesante anotar que desde que el capitalismo comienza a operar en el siglo XVI (con el ocaso del feudalismo) hasta hoy, nada ha conmovido la hegemonía capitalista. No ha sido posible, de ninguna manera, lograr romper esa hegemonía.

(2) Nótese que lo aquí sugerido no es nada nuevo. La historia nos marca la existencia de múltiples experiencias de tal naturaleza en diferentes momentos. De las más destacadas (si no es la más destacada) está la de los bolcheviques y la revolución de 1917, que alcanzaron el triunfo basados en tal estrategia.

Etiquetas:

Please reload

Hemisferio es una plataforma virtual que pretende fomentar el pensamiento crítico y los debates estratégicos de izquierda, con foco en la realidad nacional.
hemisferioizquierdo.uy
hemisferioizquierdo.uy@gmail.com

SECCIONES

ESPECIALES

  • White Facebook Icon
  • White Twitter Icon
  • Blanco Icono de Instagram
  • White YouTube Icon

Montevideo, Uruguay.

  • White Facebook Icon
  • White Twitter Icon
  • Blanco Icono de Instagram
  • White YouTube Icon