"Mientras hay tantas tierras sin patriotas, bajo la égida perversa de la patria del dinero, tenemos en las ciudades y en la capital los pedazos de patria desflecándose" entrevista a la Brigada José Artigas

November 21, 2016

 

 

Hemisferio Izquierdo (HI): ¿Cómo y con qué objetivos nace la Brigada José Artigas?

 

Brigada José Artigas (BJA): Con y por trabajo voluntario. La Brigada José Artigas de Trabajo Voluntario nace en 2009 desde la comunión de militantes y colectivos de militantes barriales, estudiantiles, trabajadores, de vecinas y vecinos, de los barrios pobres del este y noreste de Montevideo.

 

Nace en respuesta a la asfixiante realidad que viven nuestros barrios, resultado de las anteriores y actuales derrotas de nuestro movimiento obrero y popular, y va transitando a convertirse en otra de las tantas síntesis de la tradición y experiencia combativa del mismo.

 

Desde el principio hemos estimado el trabajo voluntario como nuestra principal herramienta de lucha. Sobre todo porque lo hemos heredado de lo más hondo de la tradición solidaria obrera de nuestros barrios, y en segundo lugar porque es con lo único que contamos.

 

Más tarde hemos comprendido que aquello que para nuestra organización era lo único con lo que contar para llevar a cabo su práctica militante, era en verdad lo imprescindible: el trabajo. Incluso comprendimos que era aquello que había que recuperar en su sentido más hondo, en tanto práctica que construye al género humano. Desde allí el trabajo voluntario no solo sería nuestra principal herramienta de lucha, sino el punto más alto de nuestros objetivos. Construir autonomía, poder popular con trabajo voluntario, para avanzar contra las injusticias, contra la explotación, mientras que la redención de todas las injusticias, de todas nuestras miserias, pasará por la liberación del trabajo, de todo el trabajo. Cuando todo el trabajo sea voluntario. De la decisión e imaginación qué producir o construir, la práctica transformadora y la forma de disfrutar aquello que resulta de la misma, será nuestra liberación, nuestra felicidad.

 

Desde estas prerrogativas hemos ido comprendiendo que las derrotas de nuestro pueblo no solo pasan por las miserias y angustias que día a día debemos enfrentar. Sino también por no considerar a cada momento que lo único que tenemos todos los pobres es lo que realmente nos hace libres. Nuestra derrota estaba en la privación del orgullo que provoca hoy nuestra “pobreza”. El enemigo no triunfa verdaderamente al momento que subsume nuestra vida, nuestra fuerza, nuestra inteligencia y creatividad, sino al momento que nos hace olvidar que toda la riqueza, la existencia misma de la humanidad brota de nuestro trabajo. Triunfa verdaderamente cuando además de pobres nos convence de culpables de nuestra condición y fundamentalmente de que ésta es una deshonra. Cuando nos hace pedir una “oportunidad”, cuando nos hace mirarnos al espejo y reconocernos “problemáticos”, “subdesarrollados”, “marginados”, “excluidos”. Ese odioso e inmundo espejo europeo, liberal y egoísta. Cuando nos convence de que nuestra trayectoria es resultado de nuestro “fracaso” y esto solo es posible cuando antes nos obligó a considerar que nuestra suerte es particular.

 

Pero todas estas máscaras fueron cayendo en la medida de la lucha y la organización. Porque los espejos no eran ya los que nos retan en la escuela, el liceo, la familia, el laburo, la universidad o la TV, sino nuestros compañeros y nuestros propios objetivos. Otros pobres que han corrido la misma suerte de todo un pueblo y que resultamos de una infatigable peregrinación que aunque por veces olvida su trayectoria no deja por eso de caminar. Y que por eso no es suerte, ni la suerte cambia con el “esfuerzo individual”. La “suerte” de cada uno fue tornándose en la historia de todos. Surcada por una gran cantidad de determinaciones y también de alzamientos ante esas determinaciones. Cuando las historias particulares fueron fundiéndose en una historia colectiva de despojos, de las tierras, de nuestros hogares, de nuestras herramientas y hasta de nuestra historia. Y en este recorrido muchos muertos, presos y desaparecidos.

 

Ahora, luego de que como tantos otros habíamos logrado subvertir nuestra imaginación, nuestra perspectiva, nuestra identidad, éramos capaces de reconocer la calidad y dimensión de nuestros objetivos y de nuestra práctica. Exigirles a ellos, a nuestra práctica y nuestro programa, la severa comparación con el ideario y la lucha artiguista. El combate más valiente por el programa que había logrado erigir el punto más alto del poder del pueblo, pero también de realización de sus más radicales aspiraciones, que sigue inconcluso y postergado.  

 

 

HI: ¿Cómo ven el estado actual de la lucha por la tierra, los distintos colectivos que se ocupan del tema, y el vínculo con otras reivindicaciones del campo popular que son asunto de la militancia de la Brigada?

 

BJA: En primer lugar hay que decir que una mirada dogmática, libresca, radicada en las categorías ortodoxas, concluirá fácilmente que nuestro tiempo está signado por un reflujo fenomenal en la lucha por la tierra. Pocos o muy pocos rastros de estas se podrán encontrar en la realidad. Escasos estertores espasmódicos de un Uruguay que camina firmemente al “desarrollo”.

 

Sin embargo este es otro de los vástagos resultantes de una concepción que vuelve a convertirse en hegemónica en nuestro país. Una concepción del mundo de clara vocación europeísta, de espaldas completamente al interior del mismo y a la “barbaridad” de una Latinoamérica mestiza, que clama por integrarse al mundo central y difunde por todos los rincones su clase, sus gustos, su estilo, su encanto educado y doctoral. En el mejor de los casos, entre los más avanzados, habrá pequeños grupos de estos que incorporados en su declarativa sensibilidad progresista proclamarán en discusiones de boliche su firme compromiso con los cambios. Eso sí, denostando abiertamente los métodos bárbaros y desorganizados de algunos pobres que o no llegaron a comprender su complejo discurso o no fueron lo suficientemente prudentes y se lanzaron a lo inmediato.  

 

Sin embargo, a nuestro humilde entender y en nuestra escasa experiencia hemos sido privilegiados de varios cachetazos de nuestro pueblo que muchas veces emerge donde no lo esperamos y otras lo hace de formas que no imaginamos, señalando con severidad que no estuvimos donde deberíamos o que traíamos barretines de soñadores. Así hemos llegado a la conclusión de que la lucha por la tierra no espera. Encuentra como el río el bajo donde ganarse. Sobre todo porque todas las luchas son afluentes de ella. El problema es en definitiva para las organizaciones del pueblo. Somos nosotras, organizaciones, las que debemos comprender esto, las que deben construir los causes. Sobre todo cuando muchas veces la complejidad de organizarse invita a ubicarse en el lugar de organizadores, privándonos del lugar del pueblo organizado. Nos inscribe como observadores cuando es nuestro lugar el de los observados.

 

Tantas veces los “sabedores del camino anti sistémico” nos hemos encontrado caminando, por calles, que el pueblo silencioso ha abierto a la propiedad privada, ocupando tierras para construir una alternativa de resistencia, llamadas cantegriles o asentamientos. ¿O acaso no son estas las actuales luchas del pueblo? Pero la autocrítica no da soluciones si no se modifica rápidamente la práctica.

Es allí donde se articulan las luchas, cuando el pueblo en plena acción toma lo que le pertenece, y define con la única verdad, la practica que la lucha de nuestros vecinos es la lucha por la tierra para vivir y para trabajar, que es también la lucha por un proyecto nacional y por todas las violencias que engendra esta sociedad.

 

Hemos visto ponerse de moda las discusiones sobre la pobreza, sobre los pobres, pero siempre sin los pobres y sobre ellos. Nunca con los pobres y sobre la riqueza. Muchos intelectuales aparentemente consustanciados con las causas populares han logrado invertir los términos, diseñando y aplicando investigaciones y categorías sobre el pueblo, sobre la miseria, hasta el punto en el que la consecuencia del problema pasó a ser el problema. El problema ya no son los ricos opulentos que se devoran el mundo sino la forma en que los pobres repartimos las miserias que nos dejan, las consecuencias. Allí como caso desviado de lo normal se estudia la pobreza y la violencia. La violencia es resultado de quienes no se ajustan dócilmente al lugar que la “pacífica y civilizada” sociedad en la que habitamos nos depara. Ya nadie ve nada bueno donde hay violencia y nadie es capaz de sostener con convicción y sin parecer ridículo, que la violencia es un componente intrínseco del sistema en que vivimos y que muchas veces es el terreno donde dirimir una lucha agobiante donde la política no bastó (elemento que los poderosos nunca olvidaron). Creemos que es momento de una insurrección del objeto de estudio.

 

El idealismo nos ha traicionado. La vieja discusión entre reformismo y la revolución termina por obstaculizar las posibilidades de construir juntos un marco de acción y un programa real para la lucha por la tierra. Porque es tan evidente que hemos retrocedido en cuanto al programa históricamente necesario de la reforma agraria, como que hemos logrado que se constituya por primera vez en la historia un Sindicato de Peones de Estancia y la conquista de ocho horas para todos los trabajadores del campo. Es tan evidente que se ha logrado dignificar muchas de las condiciones de trabajo en el campo como el hecho de que ésto es producto de la mayor inmersión de nuestro país en el capitalismo dependiente, y que ha implicado la destrucción de alrededor de 12000 productores familiares en poco más de una década. Es tan evidente la conquista de derechos sindicales para los trabajadores del campo como el hecho de que hoy la tierra está mucho más lejos para todos nosotros.

 

Sin embargo no podemos hacer de algunas de las contradicciones en el seno de nuestro pueblo diferencias insalvables que de forma sectaria y menospreciando la necesaria independencia de clase, nos divida frente a un enemigo común, que por esta división y por las mismas condiciones que la provocan, se hace cada día más fuerte.

 

Es evidente que mientras para algunos productores familiares la llegada de explotadores extranjeros ha implicado el despojo absoluto de sus medios de vida, para un conjunto de trabajadores ha implicado un salario más digno o muchas veces un salario. Insistimos, no podemos hacer de estas contradicciones en el seno de nuestro pueblo una diferencia insalvable, porque el momento particular por el que transitamos pasará (y que por cierto parece dar visos de agotamiento) y quedaremos otra vez cara a cara frente al enemigo de siempre (y si para muestra falta un botón habrá que observar lo que sucede a otros compatriotas latinoamericanos).

 

Como solución a esta condición nuestra organización se propone un horizonte de alianza, no ya desde la declaración ideológica, por más radical y alineada con nuestros principios que parezca, sino desde la práctica y desde la base del pueblo. Construyendo un programa guía para la acción, en el que la mejora de las condiciones inmediatas, el salario y las condiciones de trabajo, la vivienda, no implique abdicar de las tareas históricamente necesarias, como la independencia y el socialismo. Y viceversa, que los objetivos más lejanos, las grandes aspiraciones nos hagan discurrir en grandes discusiones que impliquen la postergación de aquellas miseras inmediatas que agobian a nuestro pueblo. Porque además, si hay muchos aprendizajes en el proyecto artiguista que deben ser indelebles en la memoria colectiva de nuestro pueblo oriental, hay uno que debe ponderarse entre ellos: la identidad que hay entre los términos de la revolución de independencia y la revolución social.  

 

 

HI: ¿Cómo se explican la situación actual de concentración de la tenencia y uso de la tierra? ¿Qué planteos les parece que están pendientes de concreción con respecto al tema de la tierra? ¿Cuál es la propuesta de trabajo en torno al tema? 

 

BJA: En 2015, a 200 años del “Reglamento Provisorio para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados”, la Brigada José Artigas de Trabajo Voluntario construyó un breve documento programático(1), con el objetivo de disparar el debate, entre los que habíamos participado de lo que fue para nosotros la primera marcha por la tierra, dirigida a la sede de la Asociación Rural del Uruguay. Dejamos a continuación el documento íntegro de aquella instancia que para nosotros guarda aún absoluta vigencia.

 

Obviamente este reglamento es de carácter absolutamente preliminar y provisorio, sujeto al enriquecimiento por vía del intercambio, representando sobre todo el espíritu y modelo de nación a la que aspiramos.

 

Consideramos que es totalmente intolerable e ignominioso que mientras para nuestro país los productos extraídos de nuestra tierra representan la absoluta mayoría de nuestras exportaciones (2), las riquezas de éstas poco se distribuyen entre los patriotas. Por el contrario, se concentran y contribuyen al enriquecimiento de los mismos maturrangos pelucones y gringos de siempre. Contribuyen a la expulsión del campo de nuestros compatriotas así como a la extranjerización y la concentración del principal medio de vida, la tierra. Lo que tiene por otro resultado nuestro actual hacinamiento en los márgenes empobrecidos de las ciudades y la capital.

 

Consideramos que la tierra es un medio de vida indispensable, antes y más allá de implicar el principal medio de producción (el medio de producción por excelencia).

En ese sentido poco podremos hacer con esas reservas internacionales, que en definitiva son papelitos verdes llamado “dólares”, controlados por la potencia imperial que imprime estos a troche y moche en una guerra de divisas, si no contamos ya con tierra para trabajar ni para vivir, con alimentos que comer.

 

En este panorama, consideramos que comenzar a mudar nuestras reservas internacionales de ese tan especulativo y volátil respaldo que implican los dólares, es no solo necesario, sino estratégico.

 

Si consideramos las propuestas del reglamento podemos ver que solo con el aumento del precio de la tierra en 2014(3), si estas reservas fueran nuestra tierra, hubieran crecido alrededor de 12% en ese año. Mientras, las reservas internacionales apostadas en un banco internacional, prestadas a la especulación financiera, solo pagan un 1% de intereses anuales y están sujetas al juego del gobierno de los Estados Unidos.

 

Si consideramos que los compatriotas que viven en el medio rural disperso y los que viven en poblados de menos de 500 habitantes son alrededor de  220.000, con la mitad de las reservas internacionales y poco más estaríamos haciendo un poco más posible una patria justa, aunque no aseguremos aún la esperanza de todos. Si estimamos en un promedio de 4000 dólares la hectárea, se necesitarán 8800 millones de dólares para que esta pequeña porción de valientes compatriotas continúe resistiendo y contribuya a que el pueblo oriental sea un poco más capitán de su destino. En este momento el Uruguay cuenta con reservas por alrededor de 16.000 millones de dólares y con la mitad de esta cantidad y poco más los orientales podríamos alcanzar las 2.200.000 hectáreas, es decir el 13,5% de las tierras productivas del Uruguay (16.227.088 hectáreas productivas).    

 

En la actualidad, mientras tanto (y de lo que sabemos ya que en gran parte la propiedad de la tierra está en mano de sociedades anónimas), solo 27 grupos empresariales extranjeros son dueños de 1.640.000 hectáreas, lo que representa alrededor del 11% de la tierra productiva del país. Además, si la propiedad de tierras determina absolutamente la distribución de las riquezas, el poder y la suerte de los que vivimos sobre y de ella, la injusticia y la explotación es el resultado. Sabemos que las explotaciones de más de 500 hectáreas mientras son solo el 17% de las explotaciones, abarcan el 78% de las tierras nacionales, mientras que las menores a 500 hectáreas, que son el enorme 83% de las explotaciones, solo ocupan el 22% restante. Podemos explicar así la pobreza de las mayorías y las inacabables riquezas de unos pocos.

 

En estas condiciones no hay patria posible. Mientras hay tantas tierras sin patriotas, bajo la égida perversa de la patria del dinero, tenemos en las ciudades y en la capital los pedazos de patria desflecándose. Otros, casi en la soledad de un “cada vez menos”, resisten. Unos amontonados en las periferias sin tierra para vivir ni para trabajar, otros cada vez más pocos frente a la tormenta de la codicia del capital. Siendo poco más de tres millones de compatriotas, contando con más de dieciséis millones de hectáreas productivas, estamos alrededor del 95% de la población en las ciudades y solo alrededor del 5 o 6% en el campo. En estas condiciones no son ni siquiera imaginables las posibilidades de crecimiento de la población en nuestro país, cuando por otro lado la inmensa mayoría de nuestros hijos nace en condiciones de abrazadora miseria amenazando el porvenir nacional.

 

Es por todo esto que consideramos ineludible la vuelta a la tierra y absolutamente forzosa la reforma agraria. Es ineludible como nunca y como siempre que los históricos dueños de la tierra dejen de serlo para que todo el resto podamos ser los dueños de nuestra suerte. De ella dependen no solo nuestras mismas esperanzas de vida digna, sino ya la viabilidad de la nación.

 

Notas

 

(1)  https://www.facebook.com/photo.php?fbid=839362896167311&set=pcb.839366056166995&type=3&theater

 

(2)  El 78% de las exportaciones se compone de: 36% de soja, 14% de carne bovina, 9% de madera y productos de madera, 7% de productos lácteos, 4% de arroz, 3% de cueros y sus manufacturas, 3% de subproductos cárnicos, 2% de lana y tejidos. Datos extraídos del informe de abril del Instituto Uruguay XXI al día de 8 de octubre, disponible en http://www.uruguayxxi.gub.uy/exportaciones/wp-content/uploads/sites/2/2015/05/Informe-de-Comercio-Exterior-de-Uruguay-Abril-2015.pdf.

 

(3) "El año pasado, el precio promedio de un inmueble rural se situó en US$ 3.934 por hectárea –11,8% por encima del valor de 2013–, según los datos divulgados por la Dirección Estadísticas Agropecuarias (DIEA) que comprende el registro de todas las operaciones concretadas de 10 o más ha. La suba cortó la racha de desaceleración que se venía produciendo desde hacía dos años tras el aumento de apenas 1,3% en 2013 y de 8,7% en el año anterior.” Disponible en El Observador, día de 8 de octubre de 2015 en http://www.elobservador.com.uy/precio-la-tierra-crecio-12-2014-pero-agentes-auguran-baja-n302357.


 

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